sábado, 21 de noviembre de 2015

TRANSPARENCIA OPACA

El pasado jueves se debatió y se rechazó en la Asamblea de Extremadura, la propuesta de elección de la nueva directora de la Corporación Extremeña de Medios Audiovisuales, cuyo proceso de preselección ha sido machaconamente publicitado por la Junta de Extremadura y el PSOE como innovador modelo de transparencia y objetividad. A tal efecto detergente, en su día se convocó un concurso público mediante el “procedimiento de concurrencia competitiva”, resuelto a favor de Carmen Santos Garaicoechea que, por su currículo y experiencia parece estar, a criterio de quienes la eligieron por unanimidad, sobradamente preparada para el cargo. O, al menos, más preparada que su antecesora, aunque esto tampoco sea como para tenerlo muy en cuenta. La mecánica, a partir de aquí, sigue siendo la misma que antes, de acuerdo con la Ley 3/2008, de 16 de junio, que la regula.

Fue el pasado día 30 de octubre cuando supimos, por boca del presidente Fernández Vara, el nombre de la ganadora del concurso: Se presentaron 50 personas a este proceso de concurrencia pública, de los cuales 28 no pasaron el proceso selectivo debido a que no cumplían con los requisitos establecidos en las bases, una persona las presentó fuera de plazo y 21 pasaron al proceso selectivo al cumplir los requisitos..., dijo textualmente. Echo en falta, en aras a esa transparencia tan enarbolada, algo que es común a todos los concursos públicos de los que yo tengo conocimiento hasta la fecha, cual es la publicación del nombre de admitidos y excluidos, con indicación de las causas que han motivado dicha exclusión y, a partir de ahí, la apertura de un plazo de 10 días para posibles reclamaciones. Bien es verdad que la norma cuarta que rige este proceso hace referencia a la Ley de Protección de Datos pero, hablando de un concurso público para elegir director general de una empresa pública, tendría que haberse compaginado ese derecho a la “confidencialidad” con el derecho que tenemos los ciudadanos a saber no sólo el nombre y currículo del ganador sino, también, de los no bendecidos. Sigue diciendo el presidente: ... y, a partir de ahí, se produjo una baremación que, finalmente, resultó como más valorada, Carmen Santos Garaicoechea, que será nuestra propuesta a la Asamblea de Extremadura. Pues no me cuadra. Si baremar es “valorar algo aplicando un baremo previamente establecido” y la base tercera de la convocatoria del tan piado concurso, en donde se enumeran los méritos a evaluar, no está baremada, ¿en base a qué baremaron, qué criterio siguieron? Y, de seguir alguno medianamente computable, ¿quién marcó la pauta? Y, de haber alguna, ¿por qué esa y no otra? No encuentro solución a este trabalenguas enigmático, a esta aberración lógica, a mayor abundamiento si uno de los requisitos a estimar es tan etéreo como la claridad, coherencia y adecuación de la propuesta estratégica del solicitante a la realidad social de la región, así como a sus valores históricos, culturales y educativos, en toda su riqueza y variedad. ¡Agárrame esa mosca por el rabo, chichinabo!


Continúa el presidente: Hay gente que a lo largo de este proceso pensaba que esto era un paripé para finalmente hacer lo que nos hubiera apetecido, y nadie entiende que alguien pueda llegar a un gobierno y que no quiera poner al director general de la tele. Yo no he tenido interés ninguno en que así fuera y he tenido con esta señora una conversación para comunicarle que ha sido la elegida… Veo bastante extrañeza por todo lo que ha ocurrido porque nadie se cree que yo renuncie expresamente a designar a la persona que quisiera para la dirección general de la tele y la radio pública. Pues dirá no, pero es que sí, porque al final es lo que ha hecho. De acuerdo que, aunque ésta sea misteriosa y oculta, han seleccionado de una lista, pero de una lista que ha salido de un concurso resuelto por él y por su Consejo de Gobierno. Y ahí es donde está la trampa y el paripé. Si de objetividad se trataba, ¿por qué se han erigido en juez y parte no solo proponiendo, sino eligiendo a quién proponer? ¿Por qué no fue un tribunal independiente formado por técnicos en la materia quien resolviera? ¿Qué conocimientos tienen él y sus consejeros sobre el tema para valorar y ponderar, que no baremar, 21 currículos? ¿Gozan de ciencia infusa? Y, ‘ainda mais’, siendo él como es presidente-consejero, ¿acaso votó dos veces? Vistas las trazas del asunto, incluso dudo de que alguno de los aspirantes no se haya presentado al concurso como las conferencias antiguas, digo, con preaviso. Y la impresión que me queda es que estamos ante el mismo mojón arbitrario de antes, pero envuelto en papel de lujo y con vaselina. ¿Objetividad y transparencia?… Sí, Juan Palomo, y un jamón con chorreras.

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