viernes, 10 de octubre de 2014

CHAPUZAS CRIMINALES

“No hay mal que por bien no venga”, dicen que dijo Franco, dando muestra fehaciente de una altura moral aún menor que la física, cuando se enteró de que su amigo Carrero Blanco había volado por los aires a manos de ETA. Salvando todas las distancias, infinitas entre una situación y otra, y dado que es frase hecha y sobada que lo mismo vale para un roto que para un descosido, eso mismo podríamos decir, si lo analizamos con mediana sensatez, del embrollo con todos sus pormenores que se nos ha venido encima a partir del contagio por virus de Ébola de la auxiliar de enfermería Teresa Romero. En unos pocos días ha habido tal acumulación de noticias, sucesos, declaraciones, dictámenes, medidas, actuaciones y medias verdades que no encontraba manera de aclararme ni de saber, con un poco de calma desinteresada, si tenían razón los unos, los otros o ninguno de ellos. De modo que para poder adquirir razón (si es que esto es posible en este caso) he tenido que bucear en el maremágnum de una información apabullante -y tantas veces sesgada por la ideología o el pesebrismo- intentando separar el trigo de la paja. Y ni aún así creo haber salido airoso del trance. Pero, bueno, si de este asunto, manipulado por aquí y por allá, han opinado (y ahí va mi primera valoración) un consejero de Sanidad ceporro y disparatado, y una ministra del mismo ramo insípida y berzas, por qué no voy a poder hacerlo yo.

Desde mi punto de vista y (recalco para los cerriles) a partir del contagio de la auxiliar de enfermería Teresa Romero, la primera víctima irreversible del desconocimiento o del cinismo de las autoridades encargadas de gestionar la crisis ha sido el perro de la enferma, Excalibur, al que han matado por si las moscas. Una vez que se supo que la decisión estaba tomada, las movilizaciones que se organizaron para impedir una muerte a todas luces precipitada les vinieron a los mandamases como anillo al dedo, así desviaban el foco de atención desde su inoperancia hasta la algarada callejera de unos desaprensivos que, etiquetados así por corifeos de uno y otro pelaje, ‘valoran más la vida de un perro que la de una persona’, siendo esto último absolutamente demagógico y falso, pues los manifestantes sólo trataban de impedir una muerte en principio innecesaria. (Si se me permite la digresión, puestos a elegir y dependiendo de qué persona estemos hablando, en más de un caso yo me quedaría con el perro sin el menor atisbo de duda). Una de las razones que se esgrimieron para la felonía fue que la Comunidad de Madrid no dispone de instalaciones adecuadas para poner al animal en cuarentena. Leo en “La Razón”, (y cito al medio sólo para evitar suspicacias paranoicas), que en esa Comunidad, en Valdeolmos,  existe un animalario nivel 4, que depende del INIA-Ministerio de Economía y Competitividad-Gobierno de España, capacitado para acoger a Excalibur. Se negaron a hacerlo puesto que ya estaba dada la orden para su sacrificio. Pues eso, ¡fuera bicho!, aunque muerto el perro no se acabó el ébola, valga la salida facilona.

Siendo lo anterior grave, la cadena de chapuzas, improvisaciones y despropósitos que ha llevado a que Teresa se contagie y haya podido contagiar a otros, entra de lleno en el terreno de lo criminal. Empezó mal, con el ingreso de los dos misioneros en el Carlos III a cargo de un equipo médico que denuncia la falta de formación recibida y la insuficiencia de las medidas de seguridad: Equipados con trajes de protección nivel 2, cuando los indicados para estos casos son de nivel 4, obligados a quitárselos en un cuchitril de 1x1,20 metros y, en el día en que presuntamente la enferma se contagió, sin otra persona que la vigilara ni cámara grabando como es obligatorio. Y siguió peor, con la surrealista situación de ‘vigilancia pasiva’ a la que pasó después de la muerte de ambos misioneros, en la que se le permite hacer vida normal, sólo obligada a tomarse la temperatura dos veces al día y, si tuviera fiebre, a llamar al Servicio de Prevención de Riesgos Laborales de La Paz. Así lo hace el día 29 de setiembre, pero como la temperatura no alcanza los 38,6º que indica el protocolo sui generis de Sanidad, y a pesar de que dicho Servicio tenía constancia de sus antecedentes de exposición al virus, se le indica que vaya a su médico de familia, cosa que ella hace al día siguiente sin contarle su situación al no pensar, quizás por la pasividad del mencionado Servicio, que pudiera estar infectada. Le diagnostican gripe y le recetan antipiréticos y analgésicos. En la madrugada del 6 de octubre se encuentra peor y llama a Emergencias. Un epidemiólogo de Salud Pública le hace telefónicamente la encuesta protocolaria y descarta el riesgo de ébola. No obstante un médico de Emergencias la visita y, viendo su estado, ordena su traslado en ambulancia al hospital Fundación Alcorcón. La ambulancia es la habitual y los profesionales que realizan el traslado no adoptan ninguna medida precautoria, dado que la alerta por ébola no está activada. Es en el hospital de Alcorcón donde, tras conocer sus antecedentes, la aíslan y, tras dos análisis, confirman el contagio por virus de Ébola. A todo esto la ambulancia sigue realizando traslados, hasta siete, antes de ser desinfectada. A partir de ahí, el vía crucis para Teresa, que lucha por salvar su vida, y la inquietud para trece personas ingresadas en observación. Y la riada de declaraciones mostrencas o silencios ominosos de los impresentables políticos de turno, mamarrachos que con su inoperancia han puesto en jaque la salud y la vida de un puñado de ciudadanos y para los que la destitución sería apenas un regalo navideño.


Ojalá que Teresa consiga salir airosa de esta lucha con la muerte y los demás ingresados salgan indemnes del riesgo corrido, a pesar de que parece que nuestras incompetentes autoridades sanitarias han actuado en contra de tan buenos deseos. Mientras tanto Rajoy, el jefe de la tribu, levitando en su mundo virtual, nos comunica orondo que sus colegas europeos le han felicitado por lo bien que España está gestionando esta crisis esperpéntica. Seré generoso y pensaré que semejante idiotez es consecuencia de su desconocimiento idiomático. Igual le han dicho inútil y pringue zorra y él, impertérrito en su ignorancia, les ha contestado con un “zanquiu” mayestático. Ya te digo.

sábado, 4 de octubre de 2014

ELECCIONES EN LA UNIVERSIDAD DE EXTREMADURA


Para que el ambiente se adecúe al color sepia retroactivo, el siguiente párrafo deberán ustedes leerlo, escuchando la sintonía de cabecera del No-Do, con solemnidad impostada tipo David Cubedo:

 “El próximo día 29 del presente mes de octubre, la Universidad de Extremadura va a vivir la fiesta de la democracia. Al cabo de casi cuatro años de las últimas elecciones, la comunidad universitaria volverá a tener la oportunidad de votar a la persona, y con ella  al equipo, que regirá sus destinos durante otros cuatro años más. Hasta entonces, los dos catedráticos que han formalizado sus candidaturas para ocupar el puesto de Rector (que, como cualquier atento lector de estas líneas seguro que ya habrá descubierto, es la recompensa que se dilucida en este incruento combate), estarán inmersos en la vorágine de una campaña electoral intensa, en la que tendrán la oportunidad de exponer a los electores su programa de gobierno y sus palpitantes propuestas, innovadoras o renovadas, para que la docta institución siga caminando, al tiempo que se engrandece, por la senda de la sabiduría, el conocimiento compartido y la formación de esta nuestra briosa juventud que es la esperanza del futuro regional e, incluso, patrio. Ambos candidatos saben que la Extremadura y la España del mañana están en sus manos y, con vocación y desprendimientos dignos del mayor encomio, se aprestan a la apasionante tarea de convencer a un electorado ilusionado y riguroso para que la balanza se incline a favor del latido de uno de los dos generosos corazones que, si bien ahora y por mor de la pugna electoral se sienten circunstancialmente rivales, son, sin embargo, confluyentes en el sacrificio altruista de la búsqueda del progreso común y el desarrollo de nuestra querida y entrañable Universidad”.

Aunque les haya podido parecer excesivamente caricaturesca la puesta en escena, la democracia universitaria, en cuanto a la elección de Rector se refiere, resulta aún más cochambrosa que la relamida perorata anterior. Y la calidad de la misma anda pareja con la orgánica de Franco, aquella de Familia, Municipio y Sindicato. En el caso que nos ocupa, para disimular la aberración, se ha sustituido el mecanismo franquista por otro aparentemente más aséptico pero igual de engañoso y discriminatorio. Estoy aludiendo al llamado “voto ponderado”, eufemismo maquiavélico por el cual, a pesar de que el Rector sea elegido por sufragio universal y directo, algunos votos son más universales que otros. Transcribo el artículo 92.2 de los estatutos de la Uex, para que comprueben la magnitud de la boñiga: “El voto para la elección del Rector se ponderará, por sectores de la comunidad universitaria, en la siguiente forma: 51 por ciento para los profesores doctores pertenecientes a los cuerpos docentes universitarios, 16 por ciento para otro personal docente e investigador, 23 por ciento para los estudiantes, y 10 por ciento para el personal de administración y servicios”. Según esto, el día 29 se podría dar el caso, muy improbable pero no imposible, de que votara un sólo PDI doctor y lo hiciera al postulante A, mientras que los más de 21.000 electores restantes lo hicieran al postulante B. Aplicando el birlibirloque trilero saldría elegido el primero al obtener el 51% de los votos, o dicho en su jerga, “el apoyo proporcional de más de la mitad de los votos a candidaturas válidamente emitidos, una vez hechas y aplicadas las ponderaciones contempladas”. La ponderación y la Ley Orgánica de Universidades es lo que tienen, y vienen a poner las cosas en su sitio con total justicia y equidad porque de todos es sabido que el voto de un doctor, cum laude por supuesto, es infinitamente más valioso, dónde va a parar, que el de un administrativo o un conserje, posiblemente sin capacidad de discernimiento y que bastante tienen con poder votar sin que les escupan. Y, ahora que pienso, anda el redentor coletudo atizando a la casta de su imaginario populista, cuando resulta que tendría que haber comenzado por lo que le rodea en su lugar de trabajo como docente, empezando por él mismo. Pero el tipo, ya se sabe, ve casta en cabeza ajena y no ve caspa en la suya.

En fin, hace cuatro años, con motivo de las anteriores elecciones, ya escribí un artículo en la misma línea que éste que no pensaba escribir para no repetirme. Pero en habiendo empezado la gestación de este paripé democrático, comenzaron las tripas a hacerme chiribitas y he sido incapaz de contenerme. Y es que me resulta incomprensible hasta la náusea que a las alturas en las que estamos de siglo y de civilización, pueda seguir perviviendo este sistema clasista y repugnante en los cimientos de una institución que debería ser ejemplo de todo lo contrario. Y que a los rectores no sólo no se les caiga la cara de vergüenza por el método discriminatorio, injusto y denigrante por el que son elegidos, sino que no hagan nada, en esas sonadas reuniones de la CRUE en donde demandan subsidios, para erradicarlo promoviendo los cambios legislativos que sean precisos. Quizás es que, así, sólo tengan que centrar sus esfuerzos de campaña en satisfacer las aspiraciones, generalmente cuantificables, de sus compañeros de departamento o de centro, doctores como ellos y con un voto per cápita que es oro líquido, y en donde la endogamia y el amiguismo resulta práctica común. Posiblemente los demás votantes tan solo sean vistos por estos señoritos engreídos como figurantes necesarios, pero prescindibles, de esta  mascarada insultante. Pues eso, que conmigo no cuenten. Que los voten sus iguales parnasianos o, en su defecto, su tía la del pueblo.

sábado, 27 de septiembre de 2014

PRESUPUESTOS CON TRUCO

Este pasado miércoles Fernando Manzano, a la sazón presidente de la Asamblea de Extremadura y, por tal, primo de su chófer, ha presentado en rueda de prensa los presupuestos de la misma para el próximo ejercicio de 2015. Dado que, por sus inefables actuaciones públicas que siempre me dan pie a un íntimo regocijo, siento hacia el personaje una especial predilección, articulísticamente hablando digo, y toda vez que en la prensa regional he leído titulares e informaciones que me han puesto en alerta sobre la posibilidad de encontrar chicha en sus palabras, he accedido a la página web del organismo para oír de viva voz sus explicaciones al respecto. Ya que estaba en faena, y para absorber datos y conocimientos sobre el menda, abrí la pestaña que dice “El Presidente”.Todo una hallazgo idiosincrásico. El primer apartado, “su lado más íntimo...”, no tiene desperdicio. Una vez informados de su currículo como profesor de formación profesional, curiosamente sin especificar el área docente de su magisterio, a partir del segundo párrafo se nos ofrece una semblanza personal, benévola y edulcorada, del personaje. Así nos enteramos de que es un “hombre risueño y de gesto amable, que siempre tiene una sonrisa para su interlocutor. Afable, buen conversador, optimista, amante de su familia, de su pueblo, de los vinos extremeños y de los platos de cuchara”. Además practica deportes como el pádel (muy propio), el ciclismo de montaña y la pesca de la tenca, esto último no a la buena de Dios, quita, quita, sino en el Monumento Natural de “Los Barruecos” en Malpartida de Cáceres, vayan ustedes a creer. Y para cerrar con broche de oro esta impagable biografía intrínseca, nos informan de que “comparte con sus hijos adolescentes el gusto por la lectura, e incluso han llegado a compartir más de un libro”. A lo mejor dos. O hasta tres. En fin, a pesar de que leyendo este panegírico empachoso me ha parecido estar ante un anuncio de esas empresas que andan en busca de la pareja ideal para sus clientes, la impresión que dejó en mi cacumen reblandecido por el exceso de melaza es que, para su apologeta, el tipo es una joya rezumante, un diamante en bruto, dicho sea lo de bruto sin ningún atisbo de ironía ni de segundas lecturas.

La rueda de prensa que pude ver en su integridad más exasperante, a la que se presentó atildado y repeinadito, con esa estética de fotografía color sepia estilo ‘florido pensil’ que gasta, (sólo le faltaba la pizarra detrás y el globo terráqueo en la mesa para una perfecta ‘perfomance’ retro), empeñado como estaba en demostrar que los presupuestos de la Asamblea en la presente legislatura habían seguido una senda restrictiva y austera, (“austeridad absoluta”, repetía como un mantra lingüísticamente chirriante), acabó siendo un galimatías atolondrado de cifras mal utilizadas, lecturas penosas, (decir ‘consuetudinario le costó tres intentos), y un batiburrillo pitagórico en el que llegó a confundir una simple operación aritmética de suma y resta con una regla de tres. Pasen y vean: “ El presupuesto actual en vigor, el del año 2014, tuvo un crecimiento del 5,3% con respecto al 2013, y el que les estoy presentando tuvo un crecimiento del 4,3% con respecto al actualmente en vigor. Si estos dos aumentos ustedes los suman, el del presupuesto actual en vigor y el borrador para el año 2015, tendríamos con respecto al presupuesto del año 2013 un aumento de 9,6%. Esto es muy sencillo, es una regla de tres. Si teniendo la referencia de las reducciones de los presupuestos 2011,2012 y 2013, descontando los dos aumentos, el del presupuesto actual y el del borrador de 2015, tendrán ustedes que todavía esta cámara legislativa, con respecto al presupuesto de 2010, tiene una deducción del 12,7%, 12,7% con respecto al presupuesto de 2010”. ¡Agárrame esa mosca por el rabo y a ver cómo te lo explico para que tú te enteres!  En suma, nunca mejor dicho, una muestra más de las carencias del figura no sólo en el manejo de la oratoria sino, lo que es peor, en cuanto a la más rudimentaria capacidad de comunicación verbal se refiere. Y de la aritmética mejor ni hablamos.

A lo largo de toda esa comparecencia que parecía interminable, el susodicho nos obsequió con un alarde de verborrea monótona, soporífera, repetitiva y torpe. Y además, para más escarnio, tramposa desde su inicio. Y digo tramposa porque si de las cuentas de esta legislatura hablaba, ¿por qué escogió el muy pillín, como dato inicial de la comparativa, el presupuesto de 2010 elaborado bajo el gobierno del PSOE en la legislatura anterior y, a un mayor abundamiento por él recalcado, igual al de 2009? ¿Por qué no, un poner, el de 2005 o el de 2008? Pues me malicio que fue porque, al ser el más alto de los últimos años, es el que más le convenía para intentar llevarnos al huerto de su tesis milonguera de contención del gasto. Tesis, por otra parte, falsa de toda falsedad dado que el presupuesto de la Asamblea en la presente legislatura no sólo no ha disminuido, sino que ha aumentado en 99.830 euros, los que van de los 14.400.170 del ejercicio de 2012, a los 14.500.000 del 2015. Un 0,42%. O sea, un cuarto de hora de matraca presupuestaria reducida a pura filfa embaucadora, maldita sea mi estampa. Una mentira larga, pelmaza y, sin embargo, de cortas piernas. Tan cortas, quizás, como las entendederas del caballerete que la soltó, sin el menor reparo, en sede parlamentaria, a plena luz del día, ante testigos con micrófonos y, no se lo pierdan, sin despeinarse. No puedo hacer otra cosa que lamentarlo porque este portento ‘recalcitrante’ (¿se acuerdan?) es, hoy por hoy, la segunda autoridad de la región y de su partido. Para ir a mear y no echar gota, vamos.

sábado, 20 de septiembre de 2014

ADIÓS, COMPAÑERO


Se me vinieron de golpe
sus tardes y mis recuerdos
cuando vislumbré la muerte
en los ojos de mi perro.


Hay, en la historia de cada cual, fechas malditas, odiables, envueltas en la neblina o en la certeza de la angustia. Al menos, amontonadas a lo largo de los años, yo acumulo varias, demasiadas. El 17 de setiembre, por culpa de un sueño recurrente y terco que me atormentó durante una larga temporada, es una de ellas. La pesadilla, opresiva, desapareció de mis noches tal como había venido, pero el día quedó grabado en mi cerebro y cada año, cuando llega, mi aprensión adquiere la forma de un desasosegante y prolongado mal presentimiento. Hasta este año todo había sido nada y del presagio solo me quedaba la resaca insegura de una inquietud renovable y anual. Hasta el último miércoles, en que ese 17 fatídico adquirió trágica carta de naturaleza.

¿Se acuerdan de mi perro, Chaqui? En un artículo publicado en estas páginas el mes de diciembre pasado hablaba de su historia: de cómo hace más de trece años apareció, asustado y esquelético, en la cancela de nuestra casa; de cómo logramos, con paciencia franciscana, que confiara en nosotros hasta que accedió a formar parte de nuestras vidas, de nuestro aire y de nuestra familia; de su espíritu indócil y libre, rebelde y único, que le hacía rechazar cualquier tipo de collar o de arnés que oprimiera sus ansias de viento y vida. Feliz persiguiendo gallinas y destrozando aspersores, al menor descuido escapaba de los límites del jardín, demasiado estrechos para su corazón y, sordo a nuestras llamadas, regresaba a casa cuando su santa voluntad así lo quería. Le cantaba a la luna con un ladrido sordo y prolongado y las orejas tiesas como escarpias, igual que un trovador romántico e iluso. Cuando llovía, ya fuera a mares o livianamente, se tumbaba en el césped y disfrutaba dejándose empapar, igual de imperturbable que una estatua. Se divertía viviendo, feliz, despreocupado, y así contagiaba de vida nuestro jardín y nuestros corazones. Envejeció bien, con dignidad, llevando con resignación las limitaciones que los años habían impuesto a sus fuerzas y, sabiamente, supo adaptar el ritmo de sus arranques a unas posibilidades cada vez más mermadas. Si acaso, en su mirada, podría adivinarse un deje de añoranza, un algo de melancolía mientras miraba, quizás al tiempo de recordar su juventud exultante, la marcha de las nubes o las piruetas traviesas de los gorriones nuevos. Pero nunca fallaba recibiéndonos o diciéndonos adiós pegado a la cancela. Era un viejo mimoso y entrañable, mi buen Chaqui. Y adoraba a mis hijos como pudiera hacerlo un hermano mayor.


Vivió dichoso hasta este mes de julio en que empezó el declive, lento pero constante. Cada vez más inmóvil, más triste, menos él... Irregular en su evolución, alternaba días de postración con otros en que parecía que la sombra de la muerte se hubiese disipado. Pero de cada recaída salía con menos vida. El martes 16 lo encontramos tumbado debajo de la morera, respirando de forma agitada y convulsa e incapaz de mantener la cabeza erguida. Parecía insensible a mis caricias y a mis palabras hasta que, tal vez exhausto por una batalla tan cruel como desigual, la respiración adquirió un ritmo sosegado y se durmió. 24 horas después seguía en el mismo sitio y casi en la misma postura, acaso algo más contorsionada. Sus ojos, perdidos en los míos, me corroboraron que no había nada que hacer. Mi hija Ángela, (pobre mía), llamó a la clínica para que vinieran a terminar con su agonía. Me arrepiento de haber tardado tal vez demasiado en tomar la decisión, al tiempo que lo hago de no haber tenido paciencia para esperar un poco más. Y me arrepiento, sobre todo, de no reunir el coraje suficiente para acompañarlo mientras moría, seguro como estoy de que él lo hubiera hecho. En el furgón que habría de llevárselo para siempre lo acaricié, lloroso, mientras le decía adiós, y quise ver en su mirada una rendición consciente y agradecida, agotado ya de lucha sola y de tristeza suya. Antes de cerrar la puerta, sabedores los dos de que no volveríamos a vernos, me miró por última vez, dulcemente, como apiadándose de mí y de mis lágrimas. Viendo cómo el coche se alejaba hacia el gris de la tarde y de su ausencia, recordé este hermoso poema de Yupanqui, mi Valhondo del otro lado del mar, dedicado a su viejo caballo, su alazán, en una situación similar a la que yo sufría ahora: “Inmóvil y de pie, sobre una loma, / manteníase apenas. Su figura / parecía evocar con desventura / su antiguo tiempo de potranca y doma. / Por entre un pastizal de blando aroma / me acerqué a contemplar su desventura. / Sólo a su lado mi piedad segura / y el vuelo ocasional de una paloma. / Miré su pelo sucio, deslucido, / su belfo triste, su mirar vencido, / todo eso suyo de animal hundido. / Y al contemplar su soledad serena / sentí que estaba, como yo en el mundo, / sin más sostén que el de su propia pena”.


viernes, 12 de septiembre de 2014

CUESTIÓN DE SUPERVIVENCIA

Continuando con la enumeración iniciada en mi artículo anterior, otro de los motivos que me impidieron el sosiego necesario en mi paréntesis vacacional además del caso Pujol, al que me refería en él, ha sido el seguimiento de las atrocidades cometidas por el llamado Estado Islámico, cada vez más rutinarias en su salvajismo, y a la expansión de sus dominios en Irak y Siria donde ya abarca, según algunas estimaciones, casi 90.000 quilómetros cuadrados. Con unos efectivos, convencidos o forzosos, de más de 30.000 hombres, que manejan artillería pesada, lanzadores de cohetes, ametralladoras, baterías antiaéreas, tanques y vehículos blindados, y con una financiación producto fundamentalmente de la venta de petróleo y gas de los campos que controla que le permite disponer de unos 2.000 millones de dólares en efectivo. En los territorios invadidos extermina, de todas las formas imaginables e inimaginables, en metódica y brutal limpieza étnica y religiosa, a todo aquél, musulmán o no, que disienta de su doctrina fanática, mientras que las mujeres no musulmanas son tomadas, regaladas o vendidas como esclavas sexuales, cuando no asesinadas directamente. La ablación vuelve a ser práctica común por obligatoria. En fin, un horror creciente que los gobiernos occidentales veían por televisión con una pasividad preocupante hasta que los EE.UU. reaccionaron, empezando en solitario una serie de bombardeos más o menos selectivos contras los monstruos, quizás conscientes del fiasco final que ha supuesto su invasión de Irak, a la que han dejado dividida, militarmente enclenque y a merced de los yihadistas que ahora tratan de comérsela.

Tras este primer paso dado por los americanos se ha formado, afortunadamente, una coalición internacional de 40 países para luchar contra el EI. Diez árabes, entre ellos Irán, además de Francia, Alemania, Reino Unido e Italia entre otros. ¿España? Pues no, España no. Porque a pesar de que nuestro pasmado y pasmoso presidente ha reconocido que en Irak y Siria existe “una gravísima amenaza... que también afecta a nuestra seguridad”, a pesar de que no va a haber despliegue de tropas y de que el grado de colaboración depende de lo que quiera el país colaborador según su mejor saber y entender, (apoyo logístico, espacio aéreo, entrenamientos, servicios de inteligencia, armas o ayuda humanitaria), Rajoy ha dicho que no, que por el momento que les vaya bien, que España si acaso, mañana, ya veremos a ver... Las palabras de Alejandro Alvargonzález, secretario general de política de defensa explicitan nítidamente, a pesar del circunloquio, la verdadera razón de la espantada: “No está España en una situación todavía como para pensar en acciones militares en Irak. En el imaginario colectivo español el tema de Irak es complicado”. Quiere esto decir, o al menos yo así lo veo, que la causa de la deserción de España de la defensa común y, por ende, de la suya, no ha sido más que un ataque agudo de cagalera electoral de su presidente, que piensa en Irak y en el 11M, con la elecciones municipales a la vuelta de la esquina, y se nos va por la pata abajo. En cualquier caso, y hay que hacerlo notar, una decisión encomiable de gran estadista, sereno y ponderado, no superada por ninguna de las tantas a que nos tenía acostumbrado su insigne predecesor en el cargo. Gracias a ella seguro que la confianza en nuestro país ganada a pulso en los círculos internacionales por el suricato antecesor, a partir de ahora seguirá brillando, más refulgente si cabe, como la de un aliado fiable en el seno de la OTAN y del mundo occidental.

Ironías aparte, lo que estos mastuerzos parece que no comprenden o no quieren comprender, o sí,  es que este asunto no tiene nada que ver ni con Irak, ni con el imaginario colectivo ni con otras falacias que nos quieran hacer tragar creyéndonos tontos. Es mucho más, tanto más como que viene a ser una cuestión de supervivencia. De supervivencia no sólo de nosotros, ni siquiera de ellos, que mira tú, sino de la cultura occidental como la hemos conocido y disfrutado hasta ahora. Sirva como dato que casi el 10% de los integrantes de esas mesnadas de asesinos son occidentales, han crecido en nuestras calles y en nuestras ciudades, y se han fanatizado en el odio al amparo de una permisividad tan bobalicona como suicida. Y habrá que saber qué tanto por ciento se ha quedado entre nosotros esperando su oportunidad. Y escuchar sus intenciones: “No disfrutaremos de la vida, no descansaremos hasta que todos los prisioneros musulmanes sean liberados, hasta que conquistemos Al-Andalus por la fuerza y no con las palabras. Estableceremos el estado islámico, que se expande día a día, con bombas y explosiones. El califato ha regresado. Los corazones de los infieles están llenos de terror. Los bombardeos no pararán hasta que la cruz sea destruida, los cerdos asesinados y la ley islámica restablecida. Volveremos al islam a través de la coerción, moliendo a palos vuestras narices y cortando vuestros cuellos”.


Este es el panorama y este es el enemigo. La contundencia de sus intenciones no deja ningún resquicio para los paños calientes. Repito, esto es una cuestión de supervivencia de ellos o de nosotros, de vivir en el siglo XXI o volver a la Edad Oscura. Pero aquí parece que estamos a otra cosa: el registrador cachazudo con su tancredismo cobarde a verlas venir, y la progresía de casino sacando pecho con su laicidad militante de una sola dirección, eliminando crucifijos de escuelas y hospitales mientras asustan a monjas por las esquinas y se meriendan a curas con sotana y todo. Dicho esto desde mi más que pertinaz agnosticismo. Pero es que una cosa es ser agnóstico y otra muy diferente ser idiota.