sábado, 23 de junio de 2012

LOS NUEVOS PEDRINES

Muchas de las aventuras que amortiguaban la melancolía de tantas tardes dominicales de mi infancia, protagonizadas por Roberto Alcázar, el intrépido reportero español, y su avispado ayudante Pedrín, eran rematadas con una viñeta que venía a ser el paradigma de la horterada carpetovetónica de la época. Cuando nuestros héroes habían logrado poner a buen recaudo a los malvados Kuripachas, a pillos y maleantes de la calaña de los que integraban el club de los cachiporras, o al terrible y diabólico doctor Pat, y la policía del país indeterminado que había sufrido sus desmanes les entregaba la suculenta recompensa que se ofrecía por su captura, nuestro generoso amiguito, con los brazos en jarras, inquiría: “Este dinero lo repartiremos entre los niños pobres, ¿verdad Roberto?” A lo que éste contestaba henchido de orgullo: “Claro que sí, Pedrín”. Para después, dirigiéndose a la concurrencia, apostillar: “Este Pedrín tiene un corazón de oro”. Fin de la aventura. 

Ha venido a mi memoria esta cursilada empachosa al leer la noticia del acuerdo aprobado por la Mesa de la Asamblea, con los votos de PP e IU, de rebajar en un 5% el sueldo de los diputados regionales y de destinar su importe a obras de beneficencia, esto último también con el consenso del PSOE. Ya ven, me han llevado cincuenta años atrás en un verbo. Y, además, para no salir del pasmo con estos "Pedrines" reconstruidos, porque el asunto será sublime pero yo no lo comprendo. Según mi corto entender, esta nueva medida se enmarca dentro del plan general y obsesivo emprendido para reducir el déficit que nos ahoga. Aquí se está recortando de una manera salvaje para no sólo no gastar más de lo que se ingresa, sino para gastar menos aún. Y nos justifican el atropello por la necesidad de llevar a cabo una política de ahorro que suponga una merma efectiva en el gasto público. Y hasta ahora yo creí, de acuerdo con el diccionario de la RAE, que ahorrar era “reservar alguna parte del gasto ordinario o evitar un gasto o consumo mayor”. Pero hete aquí que llegan estos portentos de la semántica y encuentran un nuevo significado a la palabra, ampliando el sentido del concepto con un oxímoron estrambótico, de manera que para ellos ahorrar es “dejar de gastar, gastando”. Porque, en el caso que nos ocupa,  el presupuesto no varía cuantitativamente, sólo hay un cambio en la aplicación del gasto. El dinero que se iban a gastar en cañas se lo dan al pobre de la esquina, de modo que el remanente de la hucha no aumenta. Lo cual, que “para puta y en chancletas, estate quieta”. Más les hubiera valido no organizar esta pantomima y dar a los diputados un cursillo acelerado de caridad para orientarles sobre el destino de la limosna, siempre bajo la máxima cristiana de que tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha, nunca mejor dicho esto de izquierdas y derechas, si se me permite el tópico.

Si, dado este galimatías conceptual, de entrada, el asunto no pintaba bien, la puesta en escena ha sido de aurora boreal. Empezando por lo de “12 meses, 12 causas solidarias”, que es para ir a mear y no echar gota, y siguiendo por el sermón que nos larga el inefable Sr. Manzano, presidente de la Asamblea y, por tal, primo de su chófer. Porque vamos a ver, la rebaja efectiva que supone a cada parlamentario esta medida engañosa es de 200 euros al mes, menos de lo que le cuesta a un empleado público mileurista el aumento de horas de trabajo, el aumento del IRPF y la supresión de la carrera profesional. Mientras que estos benefactores desinteresados verán reducido su salario a, sólo, 4.100 euros mensuales. Sin contar otros ingresos. Y esta tomadura de pelo nos la vende el primo de su chófer  como una muestra de la actitud solidaria y sensible de la Asamblea ante la difícil situación económica, y para que seamos conscientes del “esfuerzo de cada parlamentario para arrimar el hombro por los extremeños”. Este hombre delirante debería hacerse un llavero con la imagen de su ombligo esculpida, para poder mirárselo sin descamisarse y besuquearlo a su antojo, como si fuera un relicario. Porque no señor, mire usted. Los que están arrimando el hombro por los extremeños y pagando el pato de sus dislates son los propios extremeños: los jubilados que tendrán que pagar sus medicinas; los enfermos que se han quedado sin servicio de urgencias; los funcionarios que han visto reducido su salario y aumentada su jornada laboral y los interinos que se verán en la puñetera calle por ello; los alumnos que no podrán disfrutar de beca; los agricultores sin seguro; los profesores y alumnos que verán mermada la calidad de su enseñanza por al aumento del ratio por aula y los interinos que se irán a la puñetera calle por ello; los parados actuales y los que vendrán; los autónomos que cierran y que cerrarán  y, en fin, todos los que tendremos que pagar  45 millones más al año por el aumento del precio del agua y de la gasolina. Y usted, sacamuelas de baratillo, nos habla de los doscientos euros de sus "Pedrines" como un ejemplo de solidaridad y sacrificio. En cuestión de demagogia relamida y populismo cutre anda mojándole la oreja al mismísimo Solís Ruiz, que ya es ansia. Lo dicho, cincuenta años atrás. Pero sin tebeínos.

sábado, 2 de junio de 2012

EL TREN DE LOS ESCOBAZOS

He visto en Internet a una niña canadiense de 12 años, Victoria Grant, explicando, con un desparpajo y un aplomo impropios de su edad y de lo complicado del tema, el perverso mecanismo que mueve nuestro sistema financiero, engranado para esquilmarnos. No sé si el discurso ha salido de su cabeza o simplemente lo ha recitado pero, en cualquier caso, la  repajolera niña es un prodigio de clarividencia o de memoria o de las dos cosas. “Resulta obvio, incluso para una niña de 12 años, que estamos siendo robados y timados por el sistema bancario y un Gobierno cómplice.” “Los bancos dan un dinero que no tienen, aprietan un botón en el ordenador y generan un dinero falso en el aire. En realidad, no tienen nada en sus cámaras.” “He descubierto que los bancos y el Gobierno se han confabulado para esclavizar financieramente a la gente.” Son algunas de las perlas que desgrana la criatura en una perorata que dura 6 minutos, en la que da una visión clara y precisa de la crisis y sus culpables y que, si tienen interés en ver, pueden encontrar en Internet, introduciendo en Google su nombre. Quien sí debería ver el video y tomárselo como un ejercicio de aprendizaje es Mariano Rajoy. No digo yo que para imbuirse de la enjundia de su pensamiento, que eso sería un milagro y no estamos en Lourdes, pero sí, al menos, para aprender a aparecer ante las cámaras con la seguridad y la confianza que la niña desprende. Porque Rajoy, cuando no huye de ellos despavorido, comparece últimamente ante los periodistas tal que si fuera a entrar en el tren de los escobazos: mirando desconfiado a todas partes, con los ojitos sin vida fuera de las órbitas como si hubieran sido sometidos a una concienzuda sesión de dilatación pupilar, inseguro, temeroso, disperso, encogido, sin la marcialidad impostada de andarín pinturero que antes esgrimía. Después rompe a hablar y se completa la imagen desastrosa, porque lo hace con una falta tal de convencimiento incapaz de disimular, que sube el pan, la prima de riesgo y el propio riesgo.

Cuando calla o manda callar, la cosa se pone peor. Ya me dirán, si no, si el silencio  impuesto en el turbio asunto de Bankia ha servido para algo más que para que la prima de riesgo se encarame a la estratosfera y el Ibex viaje con el profesor Lidenbrok al centro de la tierra. Aunque estos portentos sigan echándole la culpa del descalabro escalonado a Grecia y su incertidumbre, es evidente que las causas no van por ahí, que hay una relación directa entre Bankia, como paradigma de nuestro sistema financiero,  y el ascenso de la prima. Y el hecho de no querer explicar el fondo del asunto ha agravado la contundencia del batacazo. Cuando, además, este silencio apesta cada vez más a “omertà”, porque el concepto de familia de Don Vito Corleone es “peccata minuta” (valga el chiste fácil) comparado con el entramado de primos, cuñados, sobrinos, cónyuges, paniaguados, protegidos y conmilitones que concurren en Bankia y en la mayoría de las cajas de ahorro españolas. Y todos chupando del bote hasta provocarse boqueras. Los activos tóxicos son un lastre para el sistema financiero español, pero los pasivos mamones no son un problema menor. Ahora, poco a poco, nos vamos enterando del desmadre millonario de sueldos y pensiones que se gasta esta panda de desalmados, tanto presidentes como vocales de los consejos de administración y vigilancia trufados, “of course”, de  políticos y sindicalistas más listos que el hambre. Para arreglar la situación del moribundo, el director de Banco Central Europeo, Mario Draghi, se descuelga con unas declaraciones que son una colleja al Gobierno de España por haber actuado en Bankia “de la peor manera posible”. O sea, redbull para la prima de riesgo española. No es de extrañar que actúe así, porque  este tío es italiano y los italianos ya tienen las barbas en remojo, de modo que el pájaro pita para casa y a España que le vayan dando. Lo dicho, ¡viva la Unión Europea!

En fin, que entre las inseguridades de unos, la desfachatez  de otros y la inutilidad de tantos, la cosa pinta bastante mal. Estaría ya hundido en lo más oscuro de un pesimismo irreversible, si no fuera porque todavía hay una pequeña rendija abierta a la esperanza. Es menester que nuestros dirigentes actuales sepan aprovechar esta oportunidad que les brinda la historia, y actúen con  amplitud de miras y alejados de cualquier atisbo de sectarismo e intransigencia, porque el futuro y la viabilidad del país dependerá de ello. El único problema que da pábulo a mi angustia es que este hito histórico no tendrá lugar hasta el próximo otoño, y no sé si para entonces nuestra situación será ya irreversible. Y es que para el mes de octubre del año en curso, tras una exitosa gira que le ha llevado a impartir una conferencia y participar en un coloquio sobre la crisis económica, el anterior presidente del Gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero -¿se acuerdan?- tiene prevista la publicación de un libro de economía, que será un riguroso y preciso estudio sobre la génesis, desarrollo y soluciones al problema crítico que nos tiene en este sin vivir. No sé si será prologado por Jordi Sevilla que fue el que, en dos tardes, llevó a este ser de mente preclara de indocto a erudito en la disciplina que nos ocupa. Por el bien de España y de todos los españoles espero que llegue a tiempo. Que así sea.









sábado, 12 de mayo de 2012

PARECIDOS RAZONABLES

El pasado viernes 27 de abril, presenté en las casas consistoriales el libro ganador del XXX premio de poesía “Ciudad de Badajoz”. Escrito por Manuel Jurado López, se titula Crónicas de Atenas, y es eso, una crónica urgente, personal y a pie de calle de los sucesos que conmovieron a Grecia desde diciembre de 2008, fecha en que la policía asesinó al joven Alexandros Grigoropoulos, hasta finales de 2010. Dos años convulsos en aquel país que son los mismos que tardó el autor en escribirlo. Entre otras cosas, decía: “Cuando leí por primera vez este libro, el verano pasado, pensé: ‘¡Qué lejos está Grecia!’ Y veía y sentía su drama con la sensible conmiseración que otorga la distancia, con la solidaridad facilona del que mira. Ahora que, para esta presentación, lo he releído, he descubierto que Manuel Jurado López, al escribirlo, ofició, no sé si conscientemente, de vate, en las dos acepciones que el diccionario de la RAE da a esa palabra: poeta y adivino. Poeta para nuestra satisfacción, por habernos regalado este hermoso libro. Y adivino para nuestra desgracia, que también es la suya. Porque, sin ser exhaustivo, no hay más que sustituir, y pruébenlo al leerlo, la mitología griega por personajes de la España mágica, Quijote y Lazarillo incluidos; al PASOK por el PSOE; a los coroneles por Franco; la plaza Síntagma por la Puerta del Sol,  Papandreu por ZP y el ouzo por el sol y sombra, y no hay ni que cambiar los relojes de hora. El decorado sería el mismo: el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo, Bruselas, los mercados, la prima de riesgo, las agencias de calificación. El coro lúgubre de los banqueros cómplices, vampiros insaciables, también nos sirve. Y la dómina teutona con sus botas de cuero y tacones de punta, fustigándonos con el látigo del déficit cero hasta dejarnos la espalda en carne viva y la espina vertebral al aire de sus tuétanos, también. El libro pasaría a llamarse Crónicas de Madrid y el barbero Pepe en vez de Spiros, pero el sufrimiento sería el mismo para los mismos. Porque, llegados a este punto, qué mas dan los nombres, qué más da el país.”

Este domingo se celebraron elecciones legislativas en Grecia. Los resultados han sido preocupantes, incluso en algún caso, terroríficos. El voto atomizado, la abstención, las tripas, el encabronamiento, han dibujado un panorama incierto. Tanto que es muy posible que estas elecciones no hayan servido para nada bueno y sea necesario convocar otras el mes que viene. A pesar de lo disperso del voto hay, no obstante,  una mayoría que castiga a los partidos favorables a los ajustes inmisericordes que vienen desde Berlín, vía Bruselas, que han bajado, sin contar los 50 escaños que se asignan “de regalo” al partido ganador,  nada menos que 102 escaños: 33 Nueva Democracia y 69 el PASOK, o sea, siguiendo con el posible paralelismo, el PP y el PSOE respectivamente. Tras el fracaso de Nueva Democracia para formar gobierno, también se estrella el segundo partido más votado, Coalición de Izquierda Radical, una especie de IU versión Marinaleda. Le toca el turno al PASOK. Si tampoco lo consigue,  tercer aviso y el toro a los corrales de nuevas elecciones.

Siendo esto inquietante por lo mucho que pueda afectar a la UE, la desazón se transforma en escalofrío con los 21 escaños conseguidos por Amanecer Dorado, un partido ultranacionalista y nazi (nada de neonazi, ¿o es que hay neosocialistas o neodemócratas?) cuyo líder, Nikos Mijaloliakos, es un energúmeno xenófobo con ademanes de perro rabioso, según afortunada imagen de Tomás Martín Tamayo en su artículo del miércoles con el que, dicho sea de paso, me madrugó éste. Afortunadamente no tenemos, por ahora, un partido aquí comparable a este engendro. Las heridas de la dictadura franquista todavía sangran y a las alimañas gamadas las hemos arrinconado en grupúsculos marginales. Pero, por si acaso, habrá que estar atentos, con ojo de chícharo. La enseña de este amanecer tenebroso es una cuasi cruz gamada sobre fondo rojo, y la responsable de sus nuevas generaciones y su sección femenina, (¡vaya con las coincidencias léxicas!), su hija Urania. Después de propugnar el minado de fronteras para impedir la entrada de emigrantes, una vez expulsados los que hay dentro, esta lumbrera, entre elogios a José Antonio y al Alcázar de Toledo,  ha declarado: “No somos neonazis porque no somos alemanes. Ni fascistas, porque no somos italianos”. Frase de tal enjundia y profundidad que merece figurar en el frontispicio de la Academia y en los manuales de ciencia política que se precien. Hombre, no llega a la complejidad conceptual de ese “oxímoron pleonásmico” que ahora recorre nuestras plazas, y que ha supuesto el hallazgo de una nueva dimensión en el mundo del pensamiento, cual es que “las ideas están por encima de las ideologías”, que alguien dijo y otros propalaron. Siendo la ideología un conjunto de ideas que forman una unidad, mi corto entender no llega a alcanzar cómo, en este caso, una parte puede estar por encima del todo siendo éste uno. Los cimientos de la física han sido pulverizados con esta teoría revolucionaria porque es como decir, un poner,  que las yemas están por encima de los huevos. Es que no lo veo. A no ser que esos huevos sean “collons”, que entonces sí que algo barrunto.

viernes, 4 de mayo de 2012

ELOGIO DE LA POESÍA SOCIAL

(Texto que leí en la presentación del libro Crónicas de Atenas, de Manuel Jurado, ganador del XXX PREMIO DE POESÍA "CIUDAD DE BADAJOZ")

Cuando leí por primera vez este Crónicas de Atenas me asaltaron dos sentimientos si no contradictorios sí, al menos, dispares. Por un lado la alegría de encontrarme con un libro de poesía compacto, que no denso, unitario, que no monótono, y con sus poemas perfectamente encajados en un mecanismo que funciona con precisión. Y por otro, la inquietud por el aparente anacronismo de estar leyendo un libro de poesía social, entendida ésta como una interpretación de la realidad que vivimos, aquí o allí y ahora, en la sociedad globalizada en la que nos ha tocado lidiar. Parece que, asentada ya la democracia, repito, aquí y allí, y libre la añosa Europa de dictaduras residuales, la poesía social debiera estar condenada, siendo generoso, a los muesos etnográficos, compartiendo escaparate con viejos aperos de labranza y molinillos de café de manivela. Digo que leyendo este libro, de un lirismo sencillo, que no fácil, comprometido con la actualidad, retrocedí, en la historia, en mi cacumen y en mis sensaciones, a los últimos años de la dictadura franquista y primeros de la transición, esos años de plomo en los que algunos hacíamos poesía social, fuertemente crítica con la dura realidad de entonces y con un claro mensaje de rebeldía. Conceptos estos últimos desgraciadamente devaluados por una utilización cansina y sobona de los mismos, tantas veces esgrimidos de manera zafia y ramplona, pero que fueron la base de poemas excelentes y de libros magníficos, como sucede en el caso que nos ocupa.

Creo, y lo he dicho en más de una ocasión, que entre otras muchas cosas, la poesía es un sentimiento misterioso. O, mejor, un misterio sentido. Y en el equilibrio de estos dos factores está el quid de la cuestión, la frontera finísima que separa el trigo de la paja. Es el sentimiento quien pudiera darle el calificativo con la que queramos acompañarla: social, política, amorosa, etc. Pero es el misterio, esa posibilidad de las palabras de ser libres, de travestirse para sugerir,  quien le da marchamo de calidad. Creo que, en poesía, el sentimiento sin misterio conduce al ripio, y el misterio sin sentimiento al vacío, a un bello pero inútil producto de laboratorio.

Y siendo la poesía, como es, una creación humana, está, como tal, sujeta a la historia, a la evolución, a los cambios, a la inevitable contingencia de la vida, a su limitación temporal. Incluso, apurando, al día tras día, a amaneceres y atardeceres, repetidos o no. Y si apuro aún más, a días tan concretos y tan dispares como los que, al unísono, sientan poeta y lector. O sea, que la poesía está también sujeta a la evolución de la sensibilidad y las sensibilidades, de todos y de cada uno, a lo largo de la historia y de las historias.

Y esto me lleva a decir que la poesía es también comunicación. No entiendo poesía sin lector, porque no entiendo el arte por el arte. Creo que la esencia de toda obra artística está en el hecho de comunicar, no sé qué, pero algo. No sé si sensibilidad o esfuerzo o sentimientos o miserias. Producir en “el otro” una reacción, aunque sea de desprecio. El sol, el agua, nada serían sin la grandeza que tienen de generar vida. De no ser así, ahí seguiría el sol alumbrando la nada y el agua empapando el vacío. Tal que una poesía cuyo fin sea ella misma.

Y también la poesía es una manera de decir, de sentir. Una forma peculiar de sentir la vida y de decirla, tal vez con límites difusos, inconcretos, dado el reino de libertad en que se mueve, pero absolutamente alerta a lo que se sale de ellos. Y tan libre es este mundo, y tan impalpable, que hasta el silencio se hace palabra en él y hasta las mismas palabras, a veces, son sólo silencio. Siendo una manera de interpretar la realidad, la interior también, en un proceso de ida y vuelta o mejor, si se me permite la carambola, de vuelta e ida, resulta evidente la carga ideológica que, inevitablemente, lleva desde el mismo momento de la creación e, incluso antes, cuando sólo es proyecto; e incluso antes todavía, cuando no es nada. Si el autor, como es el caso, no es un anacoreta y vive en sociedad, no puede impedir que los problemas y las vicisitudes que esa sociedad sufre o goza le influyan como persona. Y a pesar de que se confiese, que no es el caso, como un ente apolítico, idiotez cada vez más repetida entre determinados puristas por la contradicción intrínseca que acarrea ya que, en sí misma, es un posicionamiento político,  no puede evitar tampoco que la ideología, esa superestructura intangible que sobrevuela por encima de él, esté ejerciendo su influencia sin que él mismo lo sepa.

Estos principios de epistemología poética, (perdón por la pedantería), son aplicables a este libro de buena poesía, que es lo que dice su título: una crónica a pie de calle, urgente y personal, (las tres partes en que está dividido), de los sucesos que han conmovido y removido Grecia en los últimos años, provocados por la maldita y omnipresente crisis económica, y de la angustia que esta crisis ha provocado en la sociedad helena en forma de ajustes, recortes, despidos, desahucios, pobreza  y miseria. Desde el asesinato por la policía del joven Alexandros Grigoropoulos, en diciembre de 2008, hasta el cambio de gobierno y las amenazas de rescate de finales de 2010. Con una poesía urgente, que no precipitada, y ágil, que no liviana, el autor nos hace vivir el desamparo de los obreros en huelga, presos de la indigencia; el miedo a las manifestaciones de la joven camarera de ojos redondos de la heladería Heraklea; la muerte de Alexandros, su duelo y su entierro; el fragor de las algaradas callejeras; la desigual batalla contra los bárbaros del norte; la pérdida del valor de las palabras; la sabiduría agnóstica del anciano barbero Papaloukas. Al fin, la crónica del derrumbe de una forma de vida artificial, asentada sobre unos cimientos que eran sólo espuma.

Cuando leí por primera vez este libro, el verano pasado, pensé: ¡Qué lejos está Grecia! Y veía y sentía su drama con la sensible conmiseración que otorga la distancia, con la solidaridad facilona del que mira. Ahora que, para esta presentación, lo he releído, he descubierto que Manuel Jurado López, al escribirlo, ofició, no sé si conscientemente, de vate, en las dos acepciones que el diccionario de la RAE da a esa palabra: poeta y adivino. Poeta para nuestra satisfacción, por habernos regalado este hermoso libro. Y adivino para nuestra desgracia, que también es la suya. Porque, sin ser exhaustivo, no hay más que sustituir, y pruébenlo al leerlo, la mitología griega por personajes de la España mágica, Quijote y Lazarillo incluidos; al PASOK por el PSOE; a los coroneles por Franco; la plaza Síntagma por la Puerta del Sol,  Papandreu por ZP y el ouzo por el sol y sombra, y no hay ni que cambiar los relojes de hora. El decorado sería el mismo: el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo, Bruselas, los mercados, la prima de riesgo, las agencias de calificación. El coro lúgubre de los banqueros cómplices, vampiros insaciables, también nos sirve. Y la dómina teutona con sus botas de cuero y tacones de punta, fustigándonos con el látigo del déficit cero hasta dejarnos la espalda en carne viva y la espina vertebral al aire de sus tuétanos, también. El libro pasaría a llamarse Crónicas de Madrid y el barbero Pepe en vez de Spiros pero el sufrimiento sería el mismo para los mismos. Porque, llegados a este punto, qué mas dan los nombres, qué más da el país.

Por si dudan de lo que digo, voy a leerles el poema Los nuevos presupuestos y ya me dirán si no les suena el asunto:

Se congelan los sueldos,
las miradas, la sonrisa en los labios;
se abarata el despido,
la tristeza, el pensamiento firme;
las pensiones peligran,
el saludo cordial, los besos frescos;
los precios se disparan
y habrá que andar descalzos por las calles;
la inflación no permite
tener un libro abierto, escribir cartas,
invitar a un café
a un amigo de siempre,
o a una copa de ouzo
o a un trago de nostalgia.
Los nuevos presupuestos
nos ponen contra la pared.


Termino diciéndoles que no he tenido todo el tiempo que yo hubiera querido para preparar esta presentación, y no sé si habré sabido trasmitirles las inquietudes de este emocionante y premonitorio libro de poesía. Por si acaso y por si hubiere lugar, sólo me queda disculparme ante ustedes y, sobre todo, ante su autor, del que espero, si fuere necesario, su benevolencia. Si, por culpa de esta urgencia, a pesar de todo no he podido o no he sabido estar a la altura que el libro me exigía, sólo puedo deciros que “lo siento mucho, me he equivocado y no volverá a ocurrir.”

Buenas noches y muchas gracias.






sábado, 21 de abril de 2012

LA PRIMA PORTEÑA

Lo que nos hacía falta en esta primavera de pasión y martirio que nos han cocinado. No teníamos bastante con los rayos y centellas económicos que sobrevuelan nuestras cabezas y que nos tienen en un puro calambre, para que ahora salga a la palestra la argentina recauchutada con el trabuco y se embuche en el morral a la petrolera YPF. Por si fuera poco la prima de riesgo, nos aparece la prima porteña, viuda del anterior presidente argentino y, por viuda, presidenta actual en virtud de una peculiar carambola dinástica en régimen de gananciales, y consuma el expolio. Bien es verdad que el robo se ha perpetrado sobre una empresa privada española, pero nuestro gobierno se ha encargado de elevar la afrenta a nivel estatal y considerarla como un ataque a España, aunque se haya materializado en cabeza empresarial interpuesta, en concreto la de Bufrau, que se ha quedado “solo, fané y descangallado” cantando, en su particular noche triste,  aquello de “percanta que me amuraste, en lo mejor de mi vida…”.

La parafernalia que ha rodeado la puesta en escena de este desatino tiene todos los ingredientes del populismo más rancio y cateto, teatralidad peronista con la sombra de la cursilona y pelmaza de Evita revoloteando en el ambiente, y la presidenta viuda invocando al marido finado y su felicidad etérea por el sueño cumplido de la mangancia, devolviendo al pueblo lo que en realidad se quedan ellos. El director y guionista de esta bufonada demagógica ha sido un tal Axel Kicillof, viceministro de Economía y miembro de la secta política peronista La Cámpora, que parece que tiene a la presidenta bajo su influjo magnético, una relación vampírica que me ha recordado la que tenía el siniestro López Rega, el Brujo, con la inefable Isabelita, la presidenta cabaretera. Esta expropiación tan chusca, tan grotesca, tiene todos los ingredientes para acabar de mala manera, mayormente para Argentina, que carece de los recursos económicos, técnicos y humanos para la explotación del nuevo yacimiento de Vaca Muerta, que es la joya de la corona petrolífera que ha desencadenado el asunto y despertado la codicia de la Kirchner. De modo que, al final,  pueden hacer un pan como unas hostias, aumentando el déficit energético y económico que es lo que, hipotéticamente, se trataba de remediar. Con el añadido, peligrosísimo, de la imagen filibustera que se han creado con el envite. Para paliar estas carencias parece que van a pedir ayuda a los chinos. Pues eso, en el pecado llevarán la penitencia.

Me preocupa, sin embargo, el posible daño colateral que pueda resultar del afano. Este país nuestro, tan maximalista él, es proclive a confundir el culo con las témporas y la parte con el todo, e identificar a la nación argentina con su gobierno. Ya ha empezado a asomar este pelo de la dehesa patriotera en RTVE que, en una decisión cochambrosa y necia, suspendió el martes la emisión que el programa “Españoles en el mundo” dedicaba a La Patagonia. No me extrañaría, conociendo el percal, que empiecen a florecer energúmenos queriendo boicotear los tangos y el churrasco. Las primeras pintadas ultramontanas ya están apareciendo. Sería un inmenso error, además de una injusticia flagrante, entrar en esa dinámica, siendo Argentina, creo, el país más culto de toda Sudamérica. Y nada tienen que ver su hermosura y su acervo con la zafiedad de su presidenta, esa especie de Carmen de Mairena en ciernes. Argentina es Borges y Lugones y Oliverio Girondo y Cortázar y Bioy Casares y Sábato y Storni. Argentina es un país musical y cantor, que desde gurí ganó mi corazón con un folclore en el que hombre y paisaje se hacen uno, de una sensibilidad que puede ser melancólica como una milonga, alegre como una chacarera, emocionante como una zamba, dulce como una huella, canalla como un tango. Un país al que amo y al que conozco a pesar de no haber estado nunca en él. De la mano de Yupanqui (mi Valhondo pampeano), de los Quilla Huasi, del Polaco Goyeneche y de tantos otros, he podido amanecer en Salta; pasear por los palmerales de Montiel; navegar por ese impresionante cielo azul que viaja que es el Paraná; platicar con amigos en el Café La Humedad; perderme por Boedo y por Pompeya; llorar ausencias en Tilcara; galopear la pampa sobre un alazán espoleado por mis nazarenas. Su música me ha acompañado en tardes eternas de desgana adolescente y en otras de repentina exaltación revolucionaria. Sus canciones me han ayudado a enamorarme y a querer más a los que quiero. Sus poetas han dado fuerza a mi corazón y despertado mi ilusión por escribir. Con amigos argentinos de acá he mateado tranquilamente a la sombra de un sauce llorón, después de haber comido de lo lindo mollejas de ternera y chinchulines. Su universo cultural ha sido para mí refugio y acicate, ha servido para acompañar mi vida y mis muertes, para darme consuelo y para acercarme en mis distancias. Argentina es la alegría de recordar lo que tan sólo viví en sueños y, ¡malhaya con mi destino!,  la tristeza de no poder volver a lugares en los que jamás estuve. Todo eso y más es Argentina. Nada que ver, che, con la pelotuda fascistoide.