sábado, 12 de mayo de 2012

PARECIDOS RAZONABLES

El pasado viernes 27 de abril, presenté en las casas consistoriales el libro ganador del XXX premio de poesía “Ciudad de Badajoz”. Escrito por Manuel Jurado López, se titula Crónicas de Atenas, y es eso, una crónica urgente, personal y a pie de calle de los sucesos que conmovieron a Grecia desde diciembre de 2008, fecha en que la policía asesinó al joven Alexandros Grigoropoulos, hasta finales de 2010. Dos años convulsos en aquel país que son los mismos que tardó el autor en escribirlo. Entre otras cosas, decía: “Cuando leí por primera vez este libro, el verano pasado, pensé: ‘¡Qué lejos está Grecia!’ Y veía y sentía su drama con la sensible conmiseración que otorga la distancia, con la solidaridad facilona del que mira. Ahora que, para esta presentación, lo he releído, he descubierto que Manuel Jurado López, al escribirlo, ofició, no sé si conscientemente, de vate, en las dos acepciones que el diccionario de la RAE da a esa palabra: poeta y adivino. Poeta para nuestra satisfacción, por habernos regalado este hermoso libro. Y adivino para nuestra desgracia, que también es la suya. Porque, sin ser exhaustivo, no hay más que sustituir, y pruébenlo al leerlo, la mitología griega por personajes de la España mágica, Quijote y Lazarillo incluidos; al PASOK por el PSOE; a los coroneles por Franco; la plaza Síntagma por la Puerta del Sol,  Papandreu por ZP y el ouzo por el sol y sombra, y no hay ni que cambiar los relojes de hora. El decorado sería el mismo: el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo, Bruselas, los mercados, la prima de riesgo, las agencias de calificación. El coro lúgubre de los banqueros cómplices, vampiros insaciables, también nos sirve. Y la dómina teutona con sus botas de cuero y tacones de punta, fustigándonos con el látigo del déficit cero hasta dejarnos la espalda en carne viva y la espina vertebral al aire de sus tuétanos, también. El libro pasaría a llamarse Crónicas de Madrid y el barbero Pepe en vez de Spiros, pero el sufrimiento sería el mismo para los mismos. Porque, llegados a este punto, qué mas dan los nombres, qué más da el país.”

Este domingo se celebraron elecciones legislativas en Grecia. Los resultados han sido preocupantes, incluso en algún caso, terroríficos. El voto atomizado, la abstención, las tripas, el encabronamiento, han dibujado un panorama incierto. Tanto que es muy posible que estas elecciones no hayan servido para nada bueno y sea necesario convocar otras el mes que viene. A pesar de lo disperso del voto hay, no obstante,  una mayoría que castiga a los partidos favorables a los ajustes inmisericordes que vienen desde Berlín, vía Bruselas, que han bajado, sin contar los 50 escaños que se asignan “de regalo” al partido ganador,  nada menos que 102 escaños: 33 Nueva Democracia y 69 el PASOK, o sea, siguiendo con el posible paralelismo, el PP y el PSOE respectivamente. Tras el fracaso de Nueva Democracia para formar gobierno, también se estrella el segundo partido más votado, Coalición de Izquierda Radical, una especie de IU versión Marinaleda. Le toca el turno al PASOK. Si tampoco lo consigue,  tercer aviso y el toro a los corrales de nuevas elecciones.

Siendo esto inquietante por lo mucho que pueda afectar a la UE, la desazón se transforma en escalofrío con los 21 escaños conseguidos por Amanecer Dorado, un partido ultranacionalista y nazi (nada de neonazi, ¿o es que hay neosocialistas o neodemócratas?) cuyo líder, Nikos Mijaloliakos, es un energúmeno xenófobo con ademanes de perro rabioso, según afortunada imagen de Tomás Martín Tamayo en su artículo del miércoles con el que, dicho sea de paso, me madrugó éste. Afortunadamente no tenemos, por ahora, un partido aquí comparable a este engendro. Las heridas de la dictadura franquista todavía sangran y a las alimañas gamadas las hemos arrinconado en grupúsculos marginales. Pero, por si acaso, habrá que estar atentos, con ojo de chícharo. La enseña de este amanecer tenebroso es una cuasi cruz gamada sobre fondo rojo, y la responsable de sus nuevas generaciones y su sección femenina, (¡vaya con las coincidencias léxicas!), su hija Urania. Después de propugnar el minado de fronteras para impedir la entrada de emigrantes, una vez expulsados los que hay dentro, esta lumbrera, entre elogios a José Antonio y al Alcázar de Toledo,  ha declarado: “No somos neonazis porque no somos alemanes. Ni fascistas, porque no somos italianos”. Frase de tal enjundia y profundidad que merece figurar en el frontispicio de la Academia y en los manuales de ciencia política que se precien. Hombre, no llega a la complejidad conceptual de ese “oxímoron pleonásmico” que ahora recorre nuestras plazas, y que ha supuesto el hallazgo de una nueva dimensión en el mundo del pensamiento, cual es que “las ideas están por encima de las ideologías”, que alguien dijo y otros propalaron. Siendo la ideología un conjunto de ideas que forman una unidad, mi corto entender no llega a alcanzar cómo, en este caso, una parte puede estar por encima del todo siendo éste uno. Los cimientos de la física han sido pulverizados con esta teoría revolucionaria porque es como decir, un poner,  que las yemas están por encima de los huevos. Es que no lo veo. A no ser que esos huevos sean “collons”, que entonces sí que algo barrunto.

viernes, 4 de mayo de 2012

ELOGIO DE LA POESÍA SOCIAL

(Texto que leí en la presentación del libro Crónicas de Atenas, de Manuel Jurado, ganador del XXX PREMIO DE POESÍA "CIUDAD DE BADAJOZ")

Cuando leí por primera vez este Crónicas de Atenas me asaltaron dos sentimientos si no contradictorios sí, al menos, dispares. Por un lado la alegría de encontrarme con un libro de poesía compacto, que no denso, unitario, que no monótono, y con sus poemas perfectamente encajados en un mecanismo que funciona con precisión. Y por otro, la inquietud por el aparente anacronismo de estar leyendo un libro de poesía social, entendida ésta como una interpretación de la realidad que vivimos, aquí o allí y ahora, en la sociedad globalizada en la que nos ha tocado lidiar. Parece que, asentada ya la democracia, repito, aquí y allí, y libre la añosa Europa de dictaduras residuales, la poesía social debiera estar condenada, siendo generoso, a los muesos etnográficos, compartiendo escaparate con viejos aperos de labranza y molinillos de café de manivela. Digo que leyendo este libro, de un lirismo sencillo, que no fácil, comprometido con la actualidad, retrocedí, en la historia, en mi cacumen y en mis sensaciones, a los últimos años de la dictadura franquista y primeros de la transición, esos años de plomo en los que algunos hacíamos poesía social, fuertemente crítica con la dura realidad de entonces y con un claro mensaje de rebeldía. Conceptos estos últimos desgraciadamente devaluados por una utilización cansina y sobona de los mismos, tantas veces esgrimidos de manera zafia y ramplona, pero que fueron la base de poemas excelentes y de libros magníficos, como sucede en el caso que nos ocupa.

Creo, y lo he dicho en más de una ocasión, que entre otras muchas cosas, la poesía es un sentimiento misterioso. O, mejor, un misterio sentido. Y en el equilibrio de estos dos factores está el quid de la cuestión, la frontera finísima que separa el trigo de la paja. Es el sentimiento quien pudiera darle el calificativo con la que queramos acompañarla: social, política, amorosa, etc. Pero es el misterio, esa posibilidad de las palabras de ser libres, de travestirse para sugerir,  quien le da marchamo de calidad. Creo que, en poesía, el sentimiento sin misterio conduce al ripio, y el misterio sin sentimiento al vacío, a un bello pero inútil producto de laboratorio.

Y siendo la poesía, como es, una creación humana, está, como tal, sujeta a la historia, a la evolución, a los cambios, a la inevitable contingencia de la vida, a su limitación temporal. Incluso, apurando, al día tras día, a amaneceres y atardeceres, repetidos o no. Y si apuro aún más, a días tan concretos y tan dispares como los que, al unísono, sientan poeta y lector. O sea, que la poesía está también sujeta a la evolución de la sensibilidad y las sensibilidades, de todos y de cada uno, a lo largo de la historia y de las historias.

Y esto me lleva a decir que la poesía es también comunicación. No entiendo poesía sin lector, porque no entiendo el arte por el arte. Creo que la esencia de toda obra artística está en el hecho de comunicar, no sé qué, pero algo. No sé si sensibilidad o esfuerzo o sentimientos o miserias. Producir en “el otro” una reacción, aunque sea de desprecio. El sol, el agua, nada serían sin la grandeza que tienen de generar vida. De no ser así, ahí seguiría el sol alumbrando la nada y el agua empapando el vacío. Tal que una poesía cuyo fin sea ella misma.

Y también la poesía es una manera de decir, de sentir. Una forma peculiar de sentir la vida y de decirla, tal vez con límites difusos, inconcretos, dado el reino de libertad en que se mueve, pero absolutamente alerta a lo que se sale de ellos. Y tan libre es este mundo, y tan impalpable, que hasta el silencio se hace palabra en él y hasta las mismas palabras, a veces, son sólo silencio. Siendo una manera de interpretar la realidad, la interior también, en un proceso de ida y vuelta o mejor, si se me permite la carambola, de vuelta e ida, resulta evidente la carga ideológica que, inevitablemente, lleva desde el mismo momento de la creación e, incluso antes, cuando sólo es proyecto; e incluso antes todavía, cuando no es nada. Si el autor, como es el caso, no es un anacoreta y vive en sociedad, no puede impedir que los problemas y las vicisitudes que esa sociedad sufre o goza le influyan como persona. Y a pesar de que se confiese, que no es el caso, como un ente apolítico, idiotez cada vez más repetida entre determinados puristas por la contradicción intrínseca que acarrea ya que, en sí misma, es un posicionamiento político,  no puede evitar tampoco que la ideología, esa superestructura intangible que sobrevuela por encima de él, esté ejerciendo su influencia sin que él mismo lo sepa.

Estos principios de epistemología poética, (perdón por la pedantería), son aplicables a este libro de buena poesía, que es lo que dice su título: una crónica a pie de calle, urgente y personal, (las tres partes en que está dividido), de los sucesos que han conmovido y removido Grecia en los últimos años, provocados por la maldita y omnipresente crisis económica, y de la angustia que esta crisis ha provocado en la sociedad helena en forma de ajustes, recortes, despidos, desahucios, pobreza  y miseria. Desde el asesinato por la policía del joven Alexandros Grigoropoulos, en diciembre de 2008, hasta el cambio de gobierno y las amenazas de rescate de finales de 2010. Con una poesía urgente, que no precipitada, y ágil, que no liviana, el autor nos hace vivir el desamparo de los obreros en huelga, presos de la indigencia; el miedo a las manifestaciones de la joven camarera de ojos redondos de la heladería Heraklea; la muerte de Alexandros, su duelo y su entierro; el fragor de las algaradas callejeras; la desigual batalla contra los bárbaros del norte; la pérdida del valor de las palabras; la sabiduría agnóstica del anciano barbero Papaloukas. Al fin, la crónica del derrumbe de una forma de vida artificial, asentada sobre unos cimientos que eran sólo espuma.

Cuando leí por primera vez este libro, el verano pasado, pensé: ¡Qué lejos está Grecia! Y veía y sentía su drama con la sensible conmiseración que otorga la distancia, con la solidaridad facilona del que mira. Ahora que, para esta presentación, lo he releído, he descubierto que Manuel Jurado López, al escribirlo, ofició, no sé si conscientemente, de vate, en las dos acepciones que el diccionario de la RAE da a esa palabra: poeta y adivino. Poeta para nuestra satisfacción, por habernos regalado este hermoso libro. Y adivino para nuestra desgracia, que también es la suya. Porque, sin ser exhaustivo, no hay más que sustituir, y pruébenlo al leerlo, la mitología griega por personajes de la España mágica, Quijote y Lazarillo incluidos; al PASOK por el PSOE; a los coroneles por Franco; la plaza Síntagma por la Puerta del Sol,  Papandreu por ZP y el ouzo por el sol y sombra, y no hay ni que cambiar los relojes de hora. El decorado sería el mismo: el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo, Bruselas, los mercados, la prima de riesgo, las agencias de calificación. El coro lúgubre de los banqueros cómplices, vampiros insaciables, también nos sirve. Y la dómina teutona con sus botas de cuero y tacones de punta, fustigándonos con el látigo del déficit cero hasta dejarnos la espalda en carne viva y la espina vertebral al aire de sus tuétanos, también. El libro pasaría a llamarse Crónicas de Madrid y el barbero Pepe en vez de Spiros pero el sufrimiento sería el mismo para los mismos. Porque, llegados a este punto, qué mas dan los nombres, qué más da el país.

Por si dudan de lo que digo, voy a leerles el poema Los nuevos presupuestos y ya me dirán si no les suena el asunto:

Se congelan los sueldos,
las miradas, la sonrisa en los labios;
se abarata el despido,
la tristeza, el pensamiento firme;
las pensiones peligran,
el saludo cordial, los besos frescos;
los precios se disparan
y habrá que andar descalzos por las calles;
la inflación no permite
tener un libro abierto, escribir cartas,
invitar a un café
a un amigo de siempre,
o a una copa de ouzo
o a un trago de nostalgia.
Los nuevos presupuestos
nos ponen contra la pared.


Termino diciéndoles que no he tenido todo el tiempo que yo hubiera querido para preparar esta presentación, y no sé si habré sabido trasmitirles las inquietudes de este emocionante y premonitorio libro de poesía. Por si acaso y por si hubiere lugar, sólo me queda disculparme ante ustedes y, sobre todo, ante su autor, del que espero, si fuere necesario, su benevolencia. Si, por culpa de esta urgencia, a pesar de todo no he podido o no he sabido estar a la altura que el libro me exigía, sólo puedo deciros que “lo siento mucho, me he equivocado y no volverá a ocurrir.”

Buenas noches y muchas gracias.






sábado, 21 de abril de 2012

LA PRIMA PORTEÑA

Lo que nos hacía falta en esta primavera de pasión y martirio que nos han cocinado. No teníamos bastante con los rayos y centellas económicos que sobrevuelan nuestras cabezas y que nos tienen en un puro calambre, para que ahora salga a la palestra la argentina recauchutada con el trabuco y se embuche en el morral a la petrolera YPF. Por si fuera poco la prima de riesgo, nos aparece la prima porteña, viuda del anterior presidente argentino y, por viuda, presidenta actual en virtud de una peculiar carambola dinástica en régimen de gananciales, y consuma el expolio. Bien es verdad que el robo se ha perpetrado sobre una empresa privada española, pero nuestro gobierno se ha encargado de elevar la afrenta a nivel estatal y considerarla como un ataque a España, aunque se haya materializado en cabeza empresarial interpuesta, en concreto la de Bufrau, que se ha quedado “solo, fané y descangallado” cantando, en su particular noche triste,  aquello de “percanta que me amuraste, en lo mejor de mi vida…”.

La parafernalia que ha rodeado la puesta en escena de este desatino tiene todos los ingredientes del populismo más rancio y cateto, teatralidad peronista con la sombra de la cursilona y pelmaza de Evita revoloteando en el ambiente, y la presidenta viuda invocando al marido finado y su felicidad etérea por el sueño cumplido de la mangancia, devolviendo al pueblo lo que en realidad se quedan ellos. El director y guionista de esta bufonada demagógica ha sido un tal Axel Kicillof, viceministro de Economía y miembro de la secta política peronista La Cámpora, que parece que tiene a la presidenta bajo su influjo magnético, una relación vampírica que me ha recordado la que tenía el siniestro López Rega, el Brujo, con la inefable Isabelita, la presidenta cabaretera. Esta expropiación tan chusca, tan grotesca, tiene todos los ingredientes para acabar de mala manera, mayormente para Argentina, que carece de los recursos económicos, técnicos y humanos para la explotación del nuevo yacimiento de Vaca Muerta, que es la joya de la corona petrolífera que ha desencadenado el asunto y despertado la codicia de la Kirchner. De modo que, al final,  pueden hacer un pan como unas hostias, aumentando el déficit energético y económico que es lo que, hipotéticamente, se trataba de remediar. Con el añadido, peligrosísimo, de la imagen filibustera que se han creado con el envite. Para paliar estas carencias parece que van a pedir ayuda a los chinos. Pues eso, en el pecado llevarán la penitencia.

Me preocupa, sin embargo, el posible daño colateral que pueda resultar del afano. Este país nuestro, tan maximalista él, es proclive a confundir el culo con las témporas y la parte con el todo, e identificar a la nación argentina con su gobierno. Ya ha empezado a asomar este pelo de la dehesa patriotera en RTVE que, en una decisión cochambrosa y necia, suspendió el martes la emisión que el programa “Españoles en el mundo” dedicaba a La Patagonia. No me extrañaría, conociendo el percal, que empiecen a florecer energúmenos queriendo boicotear los tangos y el churrasco. Las primeras pintadas ultramontanas ya están apareciendo. Sería un inmenso error, además de una injusticia flagrante, entrar en esa dinámica, siendo Argentina, creo, el país más culto de toda Sudamérica. Y nada tienen que ver su hermosura y su acervo con la zafiedad de su presidenta, esa especie de Carmen de Mairena en ciernes. Argentina es Borges y Lugones y Oliverio Girondo y Cortázar y Bioy Casares y Sábato y Storni. Argentina es un país musical y cantor, que desde gurí ganó mi corazón con un folclore en el que hombre y paisaje se hacen uno, de una sensibilidad que puede ser melancólica como una milonga, alegre como una chacarera, emocionante como una zamba, dulce como una huella, canalla como un tango. Un país al que amo y al que conozco a pesar de no haber estado nunca en él. De la mano de Yupanqui (mi Valhondo pampeano), de los Quilla Huasi, del Polaco Goyeneche y de tantos otros, he podido amanecer en Salta; pasear por los palmerales de Montiel; navegar por ese impresionante cielo azul que viaja que es el Paraná; platicar con amigos en el Café La Humedad; perderme por Boedo y por Pompeya; llorar ausencias en Tilcara; galopear la pampa sobre un alazán espoleado por mis nazarenas. Su música me ha acompañado en tardes eternas de desgana adolescente y en otras de repentina exaltación revolucionaria. Sus canciones me han ayudado a enamorarme y a querer más a los que quiero. Sus poetas han dado fuerza a mi corazón y despertado mi ilusión por escribir. Con amigos argentinos de acá he mateado tranquilamente a la sombra de un sauce llorón, después de haber comido de lo lindo mollejas de ternera y chinchulines. Su universo cultural ha sido para mí refugio y acicate, ha servido para acompañar mi vida y mis muertes, para darme consuelo y para acercarme en mis distancias. Argentina es la alegría de recordar lo que tan sólo viví en sueños y, ¡malhaya con mi destino!,  la tristeza de no poder volver a lugares en los que jamás estuve. Todo eso y más es Argentina. Nada que ver, che, con la pelotuda fascistoide.


sábado, 31 de marzo de 2012

PARADOJAS ELECTORALES

Ahí los estaba yo esperando, que desde que llegaron al poder no han hecho más que acojonarnos. Entre ajustes de presupuestos, recortes de sueldos, subidas de IRPF y, como broche de oro, la infame reforma laboral que se carga de un plumazo la seguridad en el puesto de trabajo, legalizando la discrecionalidad en el despido y las indemnizaciones miserables, nos han hecho pasar, en poco más de tres meses, de la preocupación a la angustia, del escalofrío a la tiritona. Y en Andalucía, digo, los estaba yo esperando, que se pensaban que iba a ser un paseo militar y, al final, se han quedado como el gallo de Morón, sin plumas y cacareando. Les ha pasado lo mismito que al Real Madrid con el Málaga y el Villarreal, se creyeron que les iban a ganar con los cascos puestos a ritmo de “ai se eu te pego” y, después de los dos partidos empatados, fue la debacle con caguetilla incluida. La chulería y la prepotencia es lo que tienen. Y eso que lo que se dice ganar, en Andalucía el PP ha ganado. Ha sido el partido más votado y, con respecto a las elecciones de 2008, ha subido 3 escaños hasta llegar a los 50, a pesar de haber dejado por el camino 165.000 votos, la mayoría de ellos, creo yo, en estos últimos tres meses de gobierno de su partido. Y tan seguros estaban, además, de lograr la mayoría absoluta, apoyados en unas encuestas lamentables, que se han permitido el lujo de pasear por los mítines a Cristóbal Montoro y a Fátima Báez, cabezas visibles de los acogotamientos económicos y laborales que nos están infligiendo. Y eso ya suena a recochineo, a “si no quieres leche, tres tazas te doy”. Así que esos miles de sus votantes que no votaron habrán pensado que sí, que a la fuerza ahorcan, que leche sí, pero no de la nuestra y con su pan se lo coman. Creo que, en el fondo, pueden darse por satisfechos con los votos logrados, echando los perdidos en el saco de la abstención general. Ahora deberán asimilar la frustrante paradoja que supone constatar que a pesar de haber ganado, han perdido, que no es moco de pavo.

Lo del PSOE es asunto mucho más peliagudo, que éstos no es que se hayan dejado pelos en la gatera, es que se han desollado queriendo meter cabeza. El fracaso ha sido estrepitoso: 9 escaños y 650.000 votos menos que en las autonómicas anteriores. Y es que el mamoneo de los ere y los fondos de reptiles tenían que pasar factura a estos desahogados. Y una tasa de paro nueve puntos por encima de la media nacional, que ya es ansia, también. Y, sin embargo, Rubalcaba contentísimo, proclamando que era un gran día para el PSOE porque había empezado un nuevo ciclo político. Pues como todos los ciclos políticos que inicien bajo su batuta sean como éste, en ocho años están en el asilo de ancianos desamparados. Pero es que a ellos, con el fiasco de las encuestas, les ha pasado lo contrario que a los de Arenas, que estaban eufóricos. A ellos no les llegaba la camisa al cuerpo de modo que, con estos resultados, la paradoja se invierte y, habiendo perdido, se sienten ganadores. Por dos razones, porque el PP no ha conseguido la temida mayoría absoluta y porque ahora tienen la posibilidad de formar gobierno con el apoyo de IU. En esta última cuestión, yo que Griñán me tentaría la ropa, porque la cosa no está tan clara. IU está crecida y con razón. Es la única fuerza política que puede estar verdaderamente satisfecha con el resultado de estas elecciones, ya que, a pesar de que la abstención ha sido más de un 10% superior a la del 2008, son los únicos que han crecido en número de votos, 120.000, habiendo duplicado el número de escaños hasta 12. Con lo cual no es que tengan la llave del gobierno, es que tienen la llave, la puerta, el recibidor y la salita de estar, y están dispuestos a vender caro su apoyo. De hecho ya han surgido voces como la del alcalde de Marinaleda, Sánchez Gordillo, que piden un referéndum vinculante sobre el tema. Según él, apoyar al PSOE mandaría a IU al infierno y supondría su desaparición a corto plazo, como le ha ocurrido al PA. “Tenemos que remarcar nuestro perfil anticapitalista y no arrimarnos a un barco que se hunde, ni a una derecha troglodita”, ha declarado. A mayor abundamiento si, como él cree y yo también, el incremento de votos proviene de votantes socialistas cabreados. He tenido la paciencia de leer el programa de IU para Andalucía y, dependiendo de los mínimos que exijan para el pacto, la cosa promete porque hay propuestas, cuando menos, sorprendentes. Ya veremos. Lo que sí estamos viendo por aquí, al rebufo de lo anterior, es un reverdecimiento pactista al amparo falaz de la llamada “mayoría social de izquierda”. Y anda Vara tirándole los tejos y haciéndole cucamonas a Escobar y los suyos. Vamos, la escena del balcón entre Richelieu y los tres mosqueteros, que ya es gana de ver cosas. Y es que al relente, esperando que te echen la escala para subir y encaramar, las horas se hacen muy largas.

Este pasado jueves ha sido la huelga contra una reforma laboral que yo también considero injusta, y de la que abomino porque deja al trabajador indefenso ante los caprichos del Estado y de la patronal. Sin embargo, a pesar de estar a favor de la misma, ese día fui a trabajar, porque no puedo apoyar activamente a unos sindicatos a los que considero cómplices silentes de la catástrofe en la que nos encontramos. Porque me resulta imposible ir de la mano de unos dirigentes sindicales camastrones, apoltronados en la subvención, que han colaborado, por omisión, en el desastre y la tragedia de tantos millones de parados. O sea que huelga contra la reforma laboral sí, pero con Leoncio y Tristón ni a coger billetes de 500 euros. Además porque estoy seguro de que ellos se quedarían con todos y yo a la luna de Valencia. ¡Pues anda que no son finos!

sábado, 17 de marzo de 2012

SIN DERECHO AL PATALEO

El presidente del BBVA, Francisco González, en un simposio internacional celebrado en México al que han acudido banqueros de todo el mundo y representantes del sistema financiero internacional, ha declarado, respecto a las últimas disposiciones económicas tomadas por el gobierno del Partido Popular, que está convencido de que la mayoría de los españoles las apoyan. “No se preocupen. Estoy absolutamente seguro de que la mayoría de los españoles aceptan estas medidas y están dispuestos a aguantarse”, ha pontificado. El foro donde parió aseveración tan aventurada y enclenque no puede resultarme más inquietante, que allá fueron a juntarse una buena patulea de culpables de nuestras desgracias, seguramente para urdir nuevos mecanismos de expolio y asegurarse la inmortalidad capitalista. Porque estos virtuosos del birlibirloque siempre ganan. A nuestra costa. Cuando la economía crece, se hinchan como hipopótamos con aerofagia. Cuando la economía se rompe y entra en crisis, como hipopótamos pedorros. Pero se hinchan. Y digo yo, ¿qué derecho asiste al Sr. González para hablar en nombre de los españoles? ¿Quién lo ha investido para erigirse en portavoz de la mayoría de nosotros? ¿Cómo se atreve un señor que el año pasado ganó, que sepamos, casi cinco millones de euros, a decir ante un auditorio internacional de congéneres que la mayoría nos aguantaremos con lo que nos echen, recortes, contratos basura, despidos discrecionales, paro, desahucios salvajes? Me repatean las tripas estos lenguaraces insaciables que, desde sus privilegios, se permiten el lujo de sermonearnos pautas de solidaridad y mansedumbre. Ya no se conforman con robarte la casa y negarte préstamos, es que, en su avaricia sin límite,  pretenden también uncirte y quitarte el derecho al pataleo. Es el colmo del ansia viva.

No hay duda de que la situación económica que nos ha dejado ZP, el suricato esdrújulo, con la colaboración codiciosa de la banca y la parasitaria complicidad de los sindicatos es terrorífica, y medidas de ajuste son necesarias para no arruinar España de manera irreversible. De lo que no estoy tan seguro es que éstas que se han tomado sean las que correspondan. O, al menos, que sean sólo éstas las que deban tomarse. Subir impuestos, bajar sueldos, aumentar el horario de trabajo, recortar el gasto en servicios básicos como sanidad, educación o dependencia y el ajuste de plantillas de empleados públicos, son botones de muestra de por dónde va el grueso de los tiros, siempre dirigido contra los que no tienen escapatoria, que ya me enerva. Pero lo que me saca de quicio es que estos padres de la patria, después de arrearte el estacazo, te vienen con la chufla del dolor que sienten al dártelo. Tiene guasa la cosa. Ya pueden meterse sus dolores metafísicos por donde el sol no alumbra, porque el cuento de que “esto me duele a mí más que a ti”  no cuela. Ellos doloridos, aspirina virtual va y aspirina virtual viene,  pero los descalabrados sin derecho a puntos somos nosotros.

Para que su dolor no sonara tan cínico podrían haber empezado por recortar gastos más cercanos, así sería más creíble su angustia existencial. Por ejemplo, eliminar las subvenciones a partidos políticos, sindicatos y patronal; tapiar ese pozo sin fondo cuajado de mamuts políticos que es el Senado, una institución inútil que es todo un paradigma del despilfarro y la sinecura; suprimir los privilegios de los que gozan senadores y diputados a la hora de pagar el IRPF, incluyéndolos en el mismo baremo que el resto de los ciudadanos; acabar con las ventajosas condiciones de movilidad que disfrutan y que les permiten viajar gratis, en preferente, por todo el territorio nacional con hotel pagado y dietas, sin necesidad de justificar el motivo del viaje; lo mismo para los parlamentarios europeos, otro saco de fósiles agradecidos, que amplían su radio de acción a todo el territorio de la Unión Europea; limitar los sueldos obscenos e indecentes de banqueros, adláteres y asimilados (Sáenz, el indultado de ZP y segundo de Botín, se merendó el año pasado 11,6 millones de euros); prohibir que las jubilaciones, solapadas o no, que cobran políticos de toda clase y condición sobrepasen el importe de la pensión máxima fijada por la ley; obligar a que los mangantes de cualquier pelaje devuelvan hasta el último céntimo choriceado, con los intereses que correspondan, así sea embargándoles hasta el tuétano y, en fin, penar con cárcel a los administradores públicos que, por irresponsables y manirrotos, lleven a la bancarrota a los organismos que presidan o gestionen. No sé cuánto se ahorraría con estas medidas, en absoluto exhaustivas, de lo que sí estoy seguro es de que, adoptándolas, seguramente se nos quitaría esta cara de primos paganos que tenemos ahora.

Por si todo lo anterior fuera poco, de un tiempo acá me viene obsesionando una idea tintada de negrura. Dando por sentado que otra causa de la situación catastrófica que padecemos fue la supina inanidad mental de ZP, estoy con las carnes abiertas temiendo, ¡ay, madre!, que el incompetente, además de ignaro, sea un gonizo redomado. Si es así no hay escapatoria, ya que la concurrencia de estas nefastas cualidades, unidas a la tontería innata del personaje, puede depararnos situaciones apocalípticas. Mis temores están bien fundados, porque fue anunciar este zopenco que se dedicaría a ser contador de nubes, para que se nos haya venido encima la mayor y pertinaz sequía de los últimos setenta años. Si esta jettatura cuaja (¡lagarto, lagarto!) no hay conjuro ni santero que nos salve.