sábado, 16 de febrero de 2013

UNA HISTORIA SENCILLA

Le gustaba fatigarse hasta el agotamiento. Le parecía que el cansancio físico ayudaba a disipar el hastío, la angustia de vivir. Así que desde hacía ya unos meses no utilizaba el ascensor y dos, tres, hasta cuatro o cinco veces diarias o quizás más, quién sabe, y a toda la velocidad que sus piernas podían aguantar, subía las escaleras hasta el piso, un sétimo, donde se dejaba vivir. Con eso evitaba, además, el tener que saludar a algún vecino en el ascensor, soportar su mirada compasiva, adivinar sus disimulos. Al cerrar jadeante la puerta tras de sí, se daba de bruces con el desolador panorama que ofrecía lo que, en otros tiempos, había sido su hogar y ahora no era sino una tortura para su cansado corazón.

En su delirio le parecía estar encarnando el papel protagonista de una tragedia irreal, viviendo por detrás de un espejo en un sueño horrible del que despertaría al dormirse. Tantas veces había visto en la televisión situaciones similares a la de su pesadilla que albergaba la esperanza de que todo fuera producto de la alucinación, y de que la modorra le libraría de la congoja y disiparía sus obsesiones. Y por eso su afán era llegar al borde de la resistencia física para dejarse caer en el colchón y dormir y soñar en busca de la realidad de antes. Pero se sabía derrotado de antemano, consciente de que la farsa era sueño y el drama, realidad. Y entonces insomne, desesperado, recordaba paso a paso todas y cada una de las fases de su desgracia: El declive lento pero continuo de la empresa en la que llevaba media vida dejándose la vida; los ERE sucesivos; los pinchazos de intranquilidad en la boca del estómago; los meses sin cobrar; las asambleas que eran más cortejo fúnebre que posibilidad de arreglo; ese ansia irracional de creerse las mentiras; el cordón umbilical a la esperanza roto ante el despido inevitable; la miseria de indemnización con la que hubo de conformarse; el paro; el subsidio posterior; la renta básica; el vacío;  los cientos de currículos presentados inútilmente; los quilómetros recorridos en busca de la nada de fábrica en fábrica, de empresa en empresa y, poco a poco y sin descanso, el deterioro de la esperanza, la pérdida de la ilusión. Y sobrevolando todo, más dolorosa que el desasosiego o el desconcierto, por encima de la sensación terrible de impotencia y de inutilidad, más desesperante aún que la derrota, andaba volandera la tristeza como una inundación irreparable. Una tristeza espesa, lacerante, terca, pelmaza, que se metió en la casa y en los huesos y que de tan dolorosa que era, tan definitiva, le impedía el desahogo puntual del llanto. Así era de cruel. Así de despiadada.

Supo que no tenía escapatoria (lirismo amigo de un final irremediable y compartido en sueños) el día en el que recibió la notificación blanquísima, impoluta, escrita con la misma frialdad distante, exacta, judicial y cínica con la que se firman las sentencias de muerte, que le obligó a empaquetar silencios y abrazos, luces de amaneceres, sombras de figuritas de siempre en el salón, lomos de libros vistos tantas veces, la voz a ti debida, fotos de boda y nietos, de amigos y momentos, la colección de búhos, el poso de los años compartidos, el rastro de los besos de los niños, las miradas calladas, el nombre de esos ojos que siempre le miraban con cariño. Y la rendición. Conoció la fecha en la que vendrían a despojarlo del aire que había sido su vida y su sustento. Y los esperó. Desde la ventana vio llegar la comitiva fúnebre del desalojo y, en ese momento, se abrió la luz que parecía no existir, la luz con la que recuperó la ironía y el sentido del humor que habían acompañado su vida. Se acordó de Hilario Camacho y su Final de viaje, se encaramó en el alféizar de la ventana para dominarlos con la perspectiva del vencedor y canturreando largo y tendido“vuelvo la vista atrás, lo acabo de comprender,  he pasado de largo y el final de mi viaje solo puedes ser tú; solo tú puedes ser el portal de ese amanecer, el único aliento que se adentra en mi cuerpo, hundiendo mi soledad...Donde esperar que nazca de nuevo el sol...”, inició un vuelo torpe de alondra moribunda. Su cabeza tropezó contra la barandilla de un balcón de la segunda planta (fue lo último que vio) desparramando sesos en una lluvia grisácea de presagios y  sangre inocente. Después su cuerpo hizo una pirueta extraña invirtiendo la inercia y fue a caer con estrépito sordo en medio de la calle. Golpe seco y rotundo con pesadez de culpa. Ya sólo un guiñapo distorsionado abrazando la nada, los ojos semiabiertos, la boca besando el asfalto y el silencio asumiendo silencio irremediable. Hacía calor esa mañana y el sol, impertinente, molestaba a la comitiva judicial que venía a ejecutar el desahucio. Un canario cantaba no sé dónde. En el bar de la esquina alguien pidió otra ronda de cervezas. La vida y la distancia es lo que tienen.

Aprovechando el viaje para dejarlo en el Instituto Anatómico Forense, por aquello de los recortes y los ajustes presupuestarios, el cadáver se fue, camino de la autopsia, en la misma camioneta que llevaba los muebles a subasta. Lo acomodaron en el sofá color gris perla donde dormía la siesta cada día de antes. Todo un detalle del Ministerio de Justicia, Gobierno de España.

domingo, 3 de febrero de 2013

EL NIDO DEL CUCO

La hembra del cuco, la cuca, es una pájara de cuenta oportunista, zángana y actriz principal de un caso de poliandria ciertamente sui géneris que, aprovechando la ausencia o la distracción de los propietarios, pone sus huevos, uno a uno, en nidos ajenos y se larga después con viento fresco, dejándolos al cuidado de una hembra de carrillero, bisbita o cualquiera otra de las más de 30 especies que parasita, madre adoptiva a la fuerza ésta que se encargará de empollarlo y lograr el milagro de la eclosión. Cuando el impostor nace, más corpulento que sus desdichados hermanos ficticios, los arroja fuera del nido camino de una muerte segura y él queda dueño del piso, de la despensa y de la madre burlada que lo alimenta hasta que, alcanzado el doble del tamaño que tenía al nacer, ahueca el ala, se da el piro y si te he visto no me acuerdo.

Me ha venido esta imagen al cacumen a cuenta de las aguas turbias que corren en la política española por el rosario de corrupciones, corruptelas, chanchullos y canonjías de todo pelaje y condición que cada día afloran en los medios y que dejan a la casta política pringada y tocada del ala. El daño de los tejemanejes de los corruptos y ladrones en la vida pública no es sólo el que se refiere al expolio de capitales y a la inmoralidad del robo, que también, sino al poso que estas actuaciones egoístas, depravadas y absolutamente repugnantes va dejando en el inconsciente colectivo hasta crear un peligroso arquetipo que identifica políticos con sinvergüenzas, política con bellaquería y delincuencia. Y ésa es la puerta abierta para que los cucos entren en acción. Porque el primer problema, el puramente legal del fraude, tendría fácil solución si hubiera verdadera voluntad política de atajarlo acometiendo una profunda reforma del Código Penal que, de entrada, endureciera en progresión geométrica las penas para los mangantes titulados, agravándolas no sólo por la cuantía de lo robado sino también por la graduación y privilegios del cargo que ocuparan y estableciera, como condición sine qua non para poder reducir años de cárcel, la devolución íntegra de lo robado más intereses y haciendo, en su defecto, al partido político en el que militaran responsable civil subsidiario de sus fechorías. Reforma en la que debería empeñarse, con sólo quererlo, este gobierno con mayoría absoluta, y no en la que ha emprendido el ministro Gallardón, ese “falangista de derechas” según lo definió su padre de manera acertada aunque generosa, que a golpe de tasas abusivas e indultos escandalosos está diseñando una justicia elitista a la que sólo podrán acudir los ciudadanos que dispongan de posibles o de influencias y la Administración, claro, que lo hará de bóbilis. O sea, avanzando con paso firme y marcial hacia un nuevo pasado asimétrico. Lo dicho, por un lado la clase política torpe, ayuna de realidad, cegata adrede y abrazada como garrapata a sus privilegios de dietas y prebendas mientras que, con balas de fogueo por aquello del miedo a los rebotes, hace el paripé de combatir la corrupción; y por otro la ciudadanía que de manera injusta y maximalista hace tabla rasa, confunde categoría con anécdota y dispara al bando con cartuchos de postas sin diferenciar urracas de palomas.

Lo peor, reitero, de este escenario de distanciamiento, desconfianza e incluso desprecio es que es terreno abonado para los cucos oportunistas que, aprovechándose del ambiente embarrado y de la terrible situación económica que lo alimenta, intentan poner huevos en nidos que no les pertenecen. Y lo hacen ofreciendo soluciones mágicas como profetas del Apocalipsis y apóstoles de la salvación. Charlatanes de la nada, vendedores de humo que, aprovechando el deterioro que la clase política se gana a pulso día a día de manera suicida, se presentan como políticos diciendo que no lo son y como líderes virtuales de un movimiento ciudadano redentor que acabará con la partitocracia degenerada y sucia que nos asola. Ejemplo paradigmático de estos especímenes cuentistas es el ínclito Mario Conde, retirado una temporada después del descalabro que sufrió en las elecciones gallegas y que, al rebufo de los papeles malolientes de Bárcenas, ha vuelto a asomarse a su tertulia intereconómica para dar lecciones de honradez con pose empachosa de prima donna límpida y maravillosa. Como sacamuelas de feria ambulante no tiene precio este estafador condenado que, por cierto, no devolvió un duro de lo que robó y que, por intríngulis legales que no alcanzo a comprender, anda por ahí suelto y chuleando. Y encima erguido. En la misma función que este ventajista desaprensivo aparece una organización, un engendro que dice llamarse “Partido X. El partido del futuro”,  batiburrillo amasado de 15M, acracia de salón, redentorismo ciudadano, tufo antipolítico y modernidad asamblearia, de origen desconocido por anónimo, que dice que es bueno que se desconfíe de él porque de los partidos hay que desconfiar por principio. O sea, el colmo del absurdo, algo así como ver a Yul Brynner vendiendo crecepelo. Detrás de estos dos ejemplos vodevilescos fácilmente detectables en su inconsistencia ideológica y, por tanto, sólo peligrosos en lo que puedan tener de gorrones arribistas, pueden aparecer otros elementos más preocupantes. El decorado de crisis económica, recortes salvajes, paro galopante, desencanto político, casos significativos de corrupción y ausencia de futuro, es caldo de cultivo para que las ratas, maestras en aprovecharse de las fragilidades estructurales y de las grietas, se cuelen en el edificio. Y eso ya son palabras mayores porque, al menor descuido, pueden convertirse en plaga. En Grecia ya han dado la cara con el nombre de “Amanecer Dorado”. Aquí todavía no han asomado los bigotes, pero ya se las oye corretear por el sótano.

domingo, 13 de enero de 2013

LA UEX Y LOS ENIGMAS DE LA PAGA EXTRA


Decía en mi anterior artículo en referencia al adelanto (que no anticipo) de la paga extra de junio en la Uex, que me maliciaba yo que sus empleados iban a ser las víctimas de una pelea de gallos entre los representantes de los dos gobiernos implicados en el asunto, el de Extremadura y el de la Universidad. Y las declaraciones cruzadas y los acontecimientos que se han desarrollado esta semana han venido a darme la razón. Dudaba entonces de si el peaje que deberían pagar los damnificados de esta escaramuza de egos sería el retraso o la anulación del cobro y al final el rector firmante, demostrando una terquedad digna de objetivos menos pedestres, ha optado por la salida más traumática para el colectivo, no adelantándole dicha paga y dejándolo a la luna de Valencia. Todo bajo el lema hidalgo de “sostenella y no enmendalla” y canturreando aquello de que “en mi casa mando yo y si quiero rompo un plato…”. Debería darse cuenta de que, si es que de verdad manda en ella, ni ésta -el Rectorado- es su casa, que está ahí de alquiler, ni los platos que está haciendo añicos le pertenecen. Pero el sentido patrimonialista del poder es lo que tiene.

No sé desde cuándo tendría pensada el rector firmante la torpeza de tomar esta decisión, pero colijo que debió de hacerlo en los primeros días de diciembre que fue cuando el consejero le ofreció y él rechazó, por primera vez, los fondos necesarios para que no la tomara. La comunidad universitaria la conoció oficialmente más de un mes después, primer enigma, en concreto el martes 8 de enero alrededor de las 6 de la tarde, a través de un correo electrónico farragoso, cuajado de medias verdades y con más trampas que una película de Fu Manchú.  En dicho correo y a lo largo de dos folios trata de justificar su insensatez al tiempo que se esfuerza, con descaro, en tomar por ignaro a todo aquél que lo leyera porque, exceptuando el primer punto de su exposición en el que alude a la discrecionalidad legal que le ampara para tomar un derrotero u otro, los cuatro siguientes caminan por un filo en el que lo verdadero y lo falso andan de la mano.

En el segundo apartado justificativo alude a la singularidad del personal funcionario docente, que se rige por las directrices de la Ley General de Presupuestos del Estado y que ésta no “contiene previsión alguna que haga factible los anticipos de pagas extras a este colectivo”. Si esto es así, que lo es, ¿cómo pudo acogerse este colectivo a la convocatoria de anticipos que la Uex puso en marcha en diciembre pasado (por cierto, otra maniobra de distracción) precisamente para paliar la sisa de la paga extra? ¿Por qué entonces sí y ahora no? Segundo enigma, Píriz. Sigue tratando de engañar con el enredo de que, además, estos profesores cotizan a Muface, de la complejidad del devengo de 14 pagas y patatín y patatán. Mi santa es maestra de instituto, cotiza en Muface y cobró la extra el día 4. ¿Por qué la Junta paga y la Uex no? Tercer enigma. Inasequible en la falacia, nos habla a continuación del personal laboral y sus 3 pagas extras. Aparte de que el número de sus integrantes es exiguo en nuestra universidad, porque ya se encargaron de funcionarizarlos a marchas forzadas y por la patilla, bastaría con trasladar a enero su paga de diciembre y punto. Y sigue con su matraca hablando ahora de problemas técnicos a resolver y de su coste. Me imagino que un panorama similar al de otras Universidades como la de Navarra y el País Vasco que parece que ya pagaron. ¿Por qué ellas sí y la Uex no? Cuarto enigma si, a mayor abundamiento, cuenta con excelentes especialistas informáticos a los que parece menospreciar. El tercer apartado para mi gusto es el más trompetero. El rector firmante nos endilga un galimatías aberrante desde el punto de vista contable, confundiendo, espero por el bien de la Universidad que por estrategia y no por ignorancia, presupuesto con tesorería y afirmando de forma gratuita que el adelanto supondría dificultar el pago de las nóminas ordinarias y de proveedores. ¿Por qué la extra sí dificulta este pago en enero y en junio no? Quinto enigma. A continuación, haciendo categoría de la anécdota, mete a empujones un cuarto punto en el que habla de posibles bajas de personal y de la (falsa) imposibilidad de recuperar, en tal caso, la paga adelantada a los que las causaren. En cualquier caso, una casuística estadísticamente despreciable.

En fin, no seré yo quien tilde al rector firmante de embustero, que ya lo hizo por activa y por pasiva el consejero Fernández en su comparecencia ante los medios, pero sí diré que su actuación me ha parecido pasmosa, emboscado tras un silencio cobarde durante más de un mes y dando la cara (dura) cuando la situación ya era insostenible. La ristra de milongas que enjaretó en su espuria justificación queda en evidencia en el titular que dio a este periódico el jueves pasado y que, al tiempo, resuelve todos los enigmas anteriores de golpe: “La  Universidad no quiere dinero para un anticipo cuando se le deben 20 millones”. Ahí está bien claro el busilis egocéntrico del asunto y el plumero en la cresta galluna. Bajo la máxima absolutista de “La Uex soy yo”, se permite el lujo de echar un pulso al gobierno extremeño y lo hace rechazando no un anticipo, como pretende hacernos creer, sino los dineros para el adelanto de la paga extra de los 3.200 trabajadores de la Uex, que se han quedado sin cobrarla por sus delirios de grandeza y su soberbia. Si se tercia, la próxima vez  debería presionar a la Junta poniéndose en huelga de hambre, un poner, y no chuleándole el sueldo a los trabajadores, que con Rajoy ya tienen las criaturas bastante cruz.

domingo, 6 de enero de 2013

ADIÓS BISIESTO, HOLA CENIZO

Se acaba el año, este 2012 difícil y antipático en el que la angustia y la zozobra para muchos han sido una noticia continuada a lo largo de los días. Y termina peor que empezó para casi todos, abriendo una puerta al mismo pasillo incierto y oscuro que dejamos atrás. Se fue el bisiesto parido por mala madre y entra el 2013, con la aureola de gafe, envuelto en brumas y nieblas tempraneras, imagen extendida en humedales de  penas de parados y familias desahuciadas. Y la luz anda escamoteada bajo los pliegues de tanta promesa traicionada y tanta mentira hecha ley por esta panda despistada y asustadiza que nos gobierna, desde el primer momento uncida al remolque de los acontecimientos y superada por ellos, parapetada detrás de una herencia que, a estas alturas de la historia, es ya solo una excusa arestinosa e inválida de tanto esgrimirla como causa de todos los males que nos lacran, de tanto sobetearla con la impudicia torpona de los inútiles. Porque de eso se trata, de escurrir el bulto culpando de nuestras desgracias a la crisis y al suricato esdrújulo que no supo o no quiso verla, a imponderables intangibles consustanciales al sistema capitalista, al crecimiento desmesurado del estado del bienestar, al engranaje incontrolable de los mercados y, rizando el rizo del descaro y la desfachatez, incluso a nosotros mismos, a los ciudadanos inconscientes que no supimos poner coto al gasto alegre de nuestras economías familiares, y hemos hundido las cuentas del país a fuerza de vivir por encima de nuestras posibilidades al hipotecarnos sin ton ni son, veranear quince días al año en La Antilla y tomar los sábados en El Deportivo unas cañitas de cerveza con una tapa de jamón. De modo que el trabajador despedido o el autónomo arruinado como consecuencia de la quiebra de la burbuja inmobiliaria y del desbarajuste salvaje del liberalismo económico, no es víctima sino culpable de la catástrofe  por gastoso e imprevisor.

La verdad es que cada vez que veo aparecer a alguno de nuestros políticos señalados en la pantalla de los telediarios o de los diarios digitales, la sangre se me llena de diablos al comprobar la impostura a la que pueden llegar. Comprobar la falsedad que irradia la cara compungida del don Tancredo gallego que nos gobierna hablándonos del dolor que le producen las medidas canallas que ha tenido que tomar para salvarnos, sencillamente me repugna.  Y me inquieta ver cómo al tiempo que se desvanece a golpe de decretos-leyes y presupuestos la situación de bienestar que habíamos conseguido después de tantos años, se está desmantelando la propia sociedad, haciendo al ciudadano más vulnerable, más desasistido, más indefenso, más preocupado de subsistir que de vivir y, así, con menos capacidad de reacción, con menos posibilidad de rebeldía. La sanidad ni universal ni gratuita y en manos de una ministra de Barrio Sésamo que además, para más INRI,  se llama Mato; la justicia alejándose del ciudadano al gravarla con tasas desorbitadas y con una clara intención clasista, como no podía ser de otra manera viniendo el invento del personaje siniestro y emboscado del que viene; la enseñanza pública cada vez con menos recursos humanos y materiales en manos de un carpetovetónico desbocado, y el acceso a la cultura ya casi siendo un artículo de lujo, completan el panorama desolador de este año cenizo. Lo cual, que además de la penuria económica, la sanidad, la educación, la justicia y la cultura cada vez más difíciles para el común de los mortales. Y ahora que vengan a mí a decirme que eso de la ideología ya no existe y la política solo es cuestión de gerencia y resultados.

Pero ellos, políticos y asimilables, digo, siguen a lo suyo, distanciándose de los ciudadanos, aislados cada vez más en su mundo de privilegios, sin sufrir la contundencia del impacto que sus medidas tienen en el resto de la sociedad, ajenos al dolor y la esperanza de tantos porque, por mucho que digan, es imposible que vean desde tan lejos. Y si para muestra de este alejamiento vale un botón y aprovechando que el Rivillas pasa por mi casa, baste hablar de la situación grotesca que están viviendo los funcionarios de la Universidad de Extremadura a costa del cobro adelantado de la paga extra de junio de este año. Después de sufrir el robo de la de diciembre del año pasado, ahora tienen que sufrir la incertidumbre sobre el cobro de ésta (el retraso ya está sufrido)  por el desencuentro entre unos y otros, o sea, Gobierno de Extremadura y Gobierno de la Uex, que andan en una pelea de egos y encocores. Y ahí están sacando pecho galluno los que mandan, a expensas del salario de los que debieran cobrar, resignados éstos a ser espectadores atónitos de rumores y noticias sobre las causas de la demora. O de la anulación. Lo dicho, políticos y asimilados enfrascados en ver quién mea más lejos, y sus meadas cayendo sobre las cabezas de los inocentes damnificados de sus chulerías. Lo de siempre. No sé con qué derecho se creen unos y otros a jugar con un dinero que no es suyo y utilizarlo como moneda de cambio de sus soberbias. Como decía alguien en no sé cuál película de la que solo recuerdo que era de Clint Eastwood y del oeste: “Lo malo no es que me meen en la cabeza. Lo malo es tener que decir que está lloviendo”. Pues yo no pienso decir que está lloviendo si luce un sol espléndido.

sábado, 15 de diciembre de 2012

INTENTO DE SUICIDIO

Esta semana me llamó mi hija Andrea desde Barcelona, donde vive y trabaja sin discriminaciones, a pesar de ser extremeña; sin sentirse esclavizada más que por el propio mecanismo diabólico del capitalismo cutre que nos toca sufrir; sin problemas de comunicación en la vida diaria a pesar de la guerra de idiomas virtual que unos contra otros se montan; integrada con absoluta normalidad en su entorno sociolaboral y sin una excesiva inquietud por las ensoñaciones estrafalarias de Mas y sus monaguillos bolivarianos. En resumen, siendo ejemplo palpable de los mundos diferentes en que viven los ciudadanos y los políticos: unos con los pies en el suelo de la vida real y, en su mayoría, ajenos a los problemas artificiales que los otros se montan y crean para aparentar ser útiles, tratar de justificar el sueldo que no se merecen y enmascarar su inoperancia y su mediocridad. Y a lo que iba, que me pierdo por los cerros de Peramola.  Decía que me llamó desde Barcelona mi hija Andrea, horrorizada y con la voz aún temblorosa por la angustia porque, camino a casa,  había sido testigo del intento de suicidio de una mujer que, en el balcón de un quinto o sexto piso, inclinada cabeza abajo por fuera de la barandilla, trataba de zafarse del hombre que la tenía sujeta por la cintura. A pesar de sus decididos intentos por matarse, el hombre consiguió impedírselo y logró ponerla a salvo en el balcón para, acto seguido, refugiarse con ella en la casa. Afortunadamente esta vez la muerte se quedó en propósito y, con ese argumento, traté de tranquilizar a mi hija, bien es verdad que con poco éxito. Mientras lo hacía, las tripas se me llenaron de desahucios. Y la cabeza de nombres desconocidos. Y los ojos de lágrimas.

Yo no sé si el problema de esa mujer era que la echaban de su casa y decidía quitarse la vida para que no se la arrebatara un banco y la dejara transformada en zombi, en una muerta viviendo sin presente, pero no me extrañaría. Porque lo que está pasando en este país con los desahucios, las fusiones, las quiebras, las indemnizaciones millonarias a directivos y la política legislativa que ampara los desmanes del sistema financiero es algo escandaloso. Aquí, se han arruinado cajas de ahorro por obra y maldita la gracia de políticos, sindicalistas, monigotes y exministros, con la complicidad del Banco de España y de gobiernos de uno y otro color, y los causantes del estropicio ni pagan ni se llevan los tiestos a casa. Antes al contrario, pasean su chulería y su desfachatez por donde les place, alardeando de impunidad y, como Miguel Blesa, expresidente de Caja Madrid,  quejándose de la incomodidad de un coche blindado de medio millón de euros. Aquí, estos mismos piratas han desposeído a miles de sus clientes, muchos de ellos jubilados, de los ahorros de toda su vida con el timo legalizado de las preferentes, y parece que los culpables son los expoliados porque, otra vez el indeseable Blesa pontificando desprecios, “en este país la gente no está acostumbrada a leer la letra pequeña.” Aquí, los culpables del descalabro económico se van de rositas al Consejo de Estado a cobrar por contar nubes o a consejos de administración de empresas beneficiadas a cobrar por contar cuentos, y la gente se va al paro a contar tristezas. Aquí, se legisla con la filosofía del beneficio inmoral que imponen los grupos financieros y a los dictados inflexibles de la estricta teutona, que mal rayo la parta, al tiempo que se desmantela la sanidad pública con el euro por receta, con la privatización de hospitales, con el cierre de ambulatorios,  con el pago de ambulancias no consideradas de urgencia a razón de diez euros por diálisis o por sesión de quimioterapia. Aquí, en España, se mercantiliza la cultura, la enseñanza, la justicia, la tranquilidad de los jubilados y, al fin, todo el puñetero engranaje del Estado se mueve sólo por el motor de la rentabilidad económica, de la estabilidad presupuestaria, del control del déficit. Y cada vez más parados, más desahucios, más necesidades sin cubrir y más tragedias domésticas. Pero, ya se sabe, “gobernar, a veces, es repartir dolor”, que dice el ultra travestido. Lo jodido es que siempre le toca a los mismos.

En fin, que salimos de la sartén para caer en el cazo. Hemos pasado del optimismo antropológico y bobalicón del suricato leonés, ese inútil de récord,  a la tristeza y la inseguridad de este Don Tancredo gallego de ojos espantados, de sonrisa forzada y falsa, que anda constantemente en un puro respingo como queriendo echar a correr, tratando de engatusarnos con un futuro que siempre está por llegar, que ni él mismo se cree y a saber si existe, mintiendo una y otra vez como un bellaco y manteniéndose gracias al rodillo de una mayoría absoluta inapelable y de una oposición inútil, añosa y desnortada, que anda a dentelladas internas o viviendo ficciones peliculeras o ilusiones soberanas. Y el país cada vez más triste, más suicida, más distante, más borracho de nada y más hambriento de todo. Pero no deberíamos consentir que esta panda de majaderos nos robara la alegría, porque ése sería el principio de nuestra derrota.