sábado, 10 de diciembre de 2011

LA UEX Y LOS ENIGMAS DEL PRESUPUESTO

Esperpéntico espectáculo el que nos ha obsequiado (y lo que te rondaré, morena)  el Gobierno de Extremadura a costa de los próximos presupuestos y la incomprensible estocada de veintidós millones de euros a la Uex. Después de la tabarra que nos venían dando a costa del rigor en las cuentas, lo imprescindible de ajustes en busca de la austeridad para paliar el manirroto descontrol socialista y, en fin, la promesa campanera de que estos presupuestos serían ejemplo de cómo reducir déficit sin menoscabo de servicios esenciales, (¿no lo es la Uex?) agarran y se dan el barrigazo sin haber empezado aún la carrera, o sea, en la línea de salida. Nada más asomar la jeta en el escenario, los actores, bisoños, se olvidaron del guión y sólo acertaban a meter morcillas mientras tropezaban con el decorado. Y claro, el respetable a tomatazos con ellos y pataleo al canto. Si desde la Consejería de Economía se dieron las directrices a cada una de las restantes para que presentaran sus respectivos presupuestos para 2012 con una rebaja, grosso modo, del 5% respecto a los actuales, me imagino que la Consejera de Cultura reuniría a su Consejo de Dirección y se pondrían manos a la obra. El resultado final ha sido el buscado, pero la forma de llegar a él, en cuanto a la Universidad de Extremadura se refiere, no ha podido ser más catastrófica. Claro que si, como me cuentan, los principales urdidores del bajonazo han sido el Consejero de Educación in péctore y el Secretario General, o sea, uno que poco o nada sabe de nuestra Universidad y otro que estuvo en ella y ya no está, y después, queriendo estar no pudo, confluyen dos circunstancias como son la ignorancia y el resentimiento de las que nada bueno puede salir. Porque, primer enigma, si la rebaja final del presupuesto de la Consejería es de poco más del 2%, ¿por qué  la aportación a la  Uex disminuye en un 24, que supone más del 15% de su presupuesto total?  Estos números harían imposible su funcionamiento y, evidentemente, no son producto del error, sino de un acto consciente e intencionado y, posiblemente, alevoso.

Segundo enigma: ¿Qué pinta en todo este cacao el Director General de Universidad a su vez profesor en la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales? Que alguien lo explique, mayormente él. Si ha estado de convidado de piedra aceptando con buenas tragaderas la infamia perpetrada contra su antigua y futura casa, malo. Si, dándose cuenta del desatino, ha expuesto los graves problemas de supervivencia que para la Uex supondría la ejecución de este presupuesto y no le han hecho puñetero caso, peor. Yo que él, dimitiría y saldría corriendo camino de la Facultad. No sólo por dignidad, que también, sino por puro egoísmo, vaya a ser que cuando quiera reocupar su plaza docente, si esto no se arregla, se encuentre con que ha sido amortizada por no poder dotarla y se quede como el gallo de Morón. Aunque le estaría bien empleado, por su complicidad activa o pasiva en el descalabro.

Sigamos. Una vez recibido el presupuesto en la Consejería de Economía y Hacienda, si el Consejero Fernández detecta el “desajuste”, ¿por qué da su visto bueno al engendro? Tercer enigma. Siendo él catedrático universitario de Contabilidad y exdecano de la Facultad de Económicas conoce perfectamente los problemas que su aprobación a estas cuentas conlleva. ¿Quizás la visa es consecuencia de algún tipo de rencor contra la institución, motivado por rencillas personales o menosprecios sufridos o sentidos que han aflorado, ya con el grifo en la mano y la sartén por el mango, en esta salida de pata de banco con retranca? Yo no lo creo así pero habrá gente, por supuesto muy mal intencionada, que  lo piense. Y si el Consejero Fernández no detecta la cojera de los números, cuarto enigma. Porque, ¿cómo es posible que un catedrático de economía cometa un error propio de un alumno de diversificación? Sin entrar ahora a considerar cómo se logran, a veces, cátedras y doctorados,  a ver si va a resultar que el profesor es tan solo un maestro Ciruela vocinglero al que su soberbia le impide reconocer errores. Ambos supuestos, en cualquier caso, resultan aterradores.

Quinto enigma, aunque menor, que a algunos se les ve el plumero: ¿Por qué, ante esta flagrante agresión presupuestaria, el mutismo absoluto de sindicatos, Juntas de Personal, Comité de Empresa, Consejo de Estudiantes y pelmazos escribidores varios? Y, para acabar por ahora, sexto enigma: ¿Por qué cuando el Rector se presentó en Mérida para deshacer el entuerto, acompañado por el Gerente y la Vicegerenta de Asuntos Económicos, pusieron pegas para que estos entraran aduciendo que aquella era una reunión política? ¿Quiere esto decir que el sablazo tiene otros motivos distintos a los puramente contables?

Ya ven, demasiados misterios, demasiadas preguntas sin respuesta. Aunque algo bueno nos queda de todo este follón. En primer lugar, admirar la maravillosa capacidad de idiotez sintética del portavoz del PP, que reduce todo a un problema de tizas. Y en segundo lugar, felicitarnos por la rapidez de reacción del Rector y del equipo económico de la Uex, Gerente y Vicegerenta, que parece que han logrado parar la embestida de los morlacos. Porque estos camándulas lo que querían aplicar a nuestra Universidad no era el rigor presupuestario, era el rígor mortis.





sábado, 19 de noviembre de 2011

BURÓCRATAS MAULAS

He leído con interés el relato que, en las páginas del Diario Hoy, el empresario Fermín Caraballo hace de su experiencia kafkiana con la Administración. Dos años de dilaciones tortuosas e injustas que dan medida de su tenacidad y su paciencia al tiempo que de la estructura paquidérmica y esclerótica de la burocracia extremeña y, por elevación, de la española. Si a este envaramiento crónico al que, a pesar de sucesivas promesas electorales,  parece que nadie quiere poner fin, unimos la actitud camastrona de (y me aprovecho, ahora, de la gilipollez lingüística en aras de la justicia distributiva)  algunas funcionarias y algunos funcionarios, estaremos arrimando la gasolina al fuego. Viene a ser la pescadilla que se muerde la cola: burocratismo más vagancia igual a tortura para el administrado, curioso eufemismo gubernamental éste para designar a las víctimas propiciatorias de una conjunción calamitosa de despropósitos. Resulta sangrante que en los tiempos difíciles que vivimos, las trabas de un régimen obsoleto se alíen con la actitud de una panda de rascabarrigas para, no sólo torpedear las iniciativas novedosas como la que nos ocupa, sino también para amargar la vida de los ciudadanos por el simple hecho de serlos. La imagen de la funcionaria carota haciendo la compra por teléfono mientras el público espera es una representación paradigmática del asunto.  Leyendo las tribulaciones de este empresario, he recordado la desagradable experiencia que sufrí en las oficinas del Sexpe de la calle Juan Carlos I de Badajoz, cuando fui a presentar la documentación para darme de alta en el paro y me tocó en suerte un funcionario avinagrado y despótico, al que sólo le faltaba un látigo para fustigar a los desgraciados a los que atendía, como si los que estábamos allí sólo lo hiciéramos por el gusto de importunarle y hacer que trabajara. Cuando correspondí a este tiparraco borde con su misma medicina acética y el rifirrafe escalaba a mayores, terció una funcionaria que aplacó mi ira con paciencia y sicología y me atendió con educada profesionalidad. Será cosa del yin y el yang. En los cuentos hay ogros y brujas zapaquildas, pero también hadas madrinas.

Las respuestas dadas por los sindicatos a las quejas pormenorizadas de nuestro sufridor han sido diversas, pero “todos coinciden en que no hay que generalizar”, y también en que la funcionaria pública y el funcionario público sólo cumplen los procedimientos que están marcados por Ley.  Después esgrimen como excusa del desaguisado la rigidez de los procedimientos, la obligación de seguir el protocolo,  patatín y patatán.  Podemos coincidir en el tópico de que las generalizaciones son casi siempre injustas, pero había que añadir que igual de injusto es el corporativismo aplicado por los sindicatos, que no deja de ser otra generalización, positiva en este caso. De modo que cometen la injusticia que denuncian. Porque hay funcionarios (volvamos al genérico, que ya me cansé de utilizar la memez no sexista) absolutamente indefendibles, maestros del escaqueo, zánganos por oposición y peritos en bajas médicas, que esa es otra. Tengo un amigo que salió de la trena con el tercer grado tres meses más tarde de lo que tenía que haberlo hecho, porque ése fue el tiempo que tardó su expediente en pasar de una mesa a otra de la misma dependencia judicial. Ya me dirán si tiene eso que ver con lo inflexible de la ley y “el rigor del protocolo” o con la desidia y el incumplimiento de obligaciones. Si al culpable de este desatino, siendo benévolos,  lo hubieran suspendido tres meses de empleo y sueldo, para la próxima vez, antes de haraganear con algo tan delicado como es la libertad de una persona, ya se tentaría los machos. O las hembras. Sacan también a relucir, para justificar lo injustificable, la falta de medios y de recursos, contando de entrada con la buena voluntad del servidor público. Craso error ese del buenismo como premisa porque al final resultará que el gandul redomado es, pobre criatura, una víctima más del sistema, que no le proporciona los medios adecuados para desarrollar su trabajo.

Aparte de otros, creo que el principal problema de fondo es que el puesto de trabajo del funcionario es vitalicio, y echar a la puñetera calle a uno de estos sinvergüenzas resulta harto difícil. Si en la Administración se aplicaran las pautas que se aplican en la empresa privada, toda esta morralla perezosa andaría por ahí despiojándose al sol y no fastidiando al prójimo. Y el tanto por ciento de los que no cumplen no es de ninguna manera insignificante, siendo la actitud despreciable de esta panda de maulas la que crea un estado de opinión desfavorable que, al final, ensucia a todo el colectivo. En fin, tengo yo una gallina en mi gallinero que come más que un sabañón, cacarea más que caga y sólo pone un huevo cada tres o cuatro días. Mientras, las demás van cumpliendo sin alborotos, como es su obligación. Pues eso, de aquí a nada le corto el pescuezo a la cantarina y me la zampo en pepitoria. Por listilla

sábado, 5 de noviembre de 2011

GADAFI Y EL TORO DE LA VEGA

Tenía yo un compañero de colegio, obseso onanista de almohada y sádico sin paliativos, que inventó una silla eléctrica para los gusanos de seda. Estaba construida con piezas del Mecano, sobre una base aislante de madera, con dos abrazaderas metálicas con las que inmovilizaba al bicho seleccionado, al azar entre los de mayor tamaño, como víctima propiciatoria de las maldades de su mente retorcida. Hasta conseguir que el artefacto cumpliera su siniestro cometido, reventó los plomos de su casa varias veces recibiendo, como justo castigo a su tozudez dañina, collejas y vergajazos de intensidad variable. Al final, a costa de cardenales y castigos y para desgracia de los pobres gusanos, logró hacer que funcionara sin que la instalación eléctrica y su integridad física sufrieran más mermas. Lo curioso de este diabólico Doctor Pat en miniatura es que le repugnaba el olor a carne churruscada, de modo que cada martirio que infligía a las desdichadas orugas le suponía a él otro, si no tan irreversible como el que sufría el animal, sí lo bastante mortificante y asqueroso dado que, mientras el bicho se retorcía fuliginoso y echaba babas verdes, al verdugo, aun con la nariz tapada, le asaltaban las náuseas y se deshacía en arcadas y convulsiones que, con frecuencia, acababan en una vomitera que surgía de su boca como un obús descontrolado. Las plantas que adornaban el pequeño patio donde el infame tenía instalada su pequeña sala de tortura, sufrían la lluvia de los restos no digeridos de su almuerzo, con lo que se podía hacer una lista bastante exacta de sus menús diarios: garbanzos con guarnición morcillera, lentejas con chorizo, carne a saber,  plátanos, melón o sandía con sus pipas e, incluso, tropezones de castañas pilongas de “Las Antigüinas” que el glotón ansia viva deglutía sin terminar de triturarlas. Me resultaba chocante que un individuo de calaña tan primaria, capaz de organizar en pequeña escala un engranaje de martirio y aniquilación tan sofisticado, albergara en su forma de ser y actuar un matiz tiquismiquis tan contradictorio. Pero así era.

Me ha venido a la memoria esta anécdota cruel y paradójica de mi niñez viendo la ignominiosa muerte del dictador Gadafi y la reacción farisaica de los gobiernos occidentales que, habiendo armado a sus asesinos y estando de acuerdo con el final del sátrapa, se escandalizan por las formas en que ha sido pasaportado. Hay que matar pero civilizadamente, con humanidad, vienen a decir estos hipócritas. Sueltan a la jauría en busca del cerdo al que hace apenas un año besuqueaban con impudicia y después se rasgan las vestiduras porque los perros le sacan las tripas a mordiscos mientras lo empalan. Y es que la jarca que acabó con el dictador pirado (ojito a lo que viene) era una horda de cánidos asilvestrados, chuchos cimarrones sin clase, cuando en Occidente lo que se lleva son las realas de perros de pura raza y pedigrí contrastado, como en “El toro de la vega”, por poner un ejemplo cercano de acendrada tradición cultural y estética semejante. Y es esa falta de estilo la que ha impresionado a estas almas melindrosas y educadas. Donde esté una buena horca, una inyección caritativa o, si me apuran, un garrote vil bien engrasado, que se quite la barbarie de indocumentados llenos de un odio ciego e irracional. Me pregunto si estos besucones mojigatos hubieran persistido en su actitud reverencial con el tirano después de haber visto las torturas y asesinatos, de sobra conocidos por ellos, que eran práctica común en sus cárceles. Me temo que sí porque, ya se sabe, la pela es la pela y el petróleo es el petróleo y ojos que no ven, corazón farsante que no siente.

No seré yo quien diga que el tirano tuvo la muerte que se merecía, o sí, de lo que no tengo duda es de que la forma que tuvo de morir está totalmente en consonancia con la vida que vivió. Un individuo desquiciado y despreciable como éste, terrorista y torturador, es normal que muera víctima de su propia medicina, capturado saliendo de una cloaca, como una rata asquerosa. Sin juicio y brutalmente, igual que sus víctimas. Y, a mayor abundamiento, habiendo sumido a su país, como despedida y por su empecinamiento megalómano, en una guerra civil catastrófica. ¿Alegría por su muerte? También, aunque la alegría sea un sentimiento volátil y, muchas veces, contradictorio. Francamente, en este caso,  me importan un bledo las formas y me satisface que este pajarraco no pueda hacer ya más daño a nadie. Como me importaría un bledo que un etarra muriera reventado por su propia bomba. Incluso los consideraría, a ambos, ejemplos palmarios de una justicia retributiva bien aplicada. En fin, hay veces en que los límites del gozo y la indiferencia no están muy claros y se entremezclan, quizás dependiendo del estado de ánimo de cada cual en cada momento. De cualquier manera, no me ha causado ninguna sorpresa el final consecuente de este personaje odioso, como no me la causaría, un mal poner, que yo me fuera para el otro barrio víctima de un cáncer de pulmón, siendo como soy fumador desde los trece años. No me haría ninguna gracia, bien es verdad, pero lo aceptaría sin asombros. Y sin falsos melindres, claro.

domingo, 23 de octubre de 2011

DE CIRCO EN CIRCO

Los circos concéntricos, eso, los circos concéntricos me tienen copado y desbaratan mi entendimiento y mi razón. Lo de los círculos ya ha quedado antiguo y obsoleto. Ahora es el circo lo que manda en este país, grande y pequeño, en el que vivimos y sufrimos a los que nos toca vivir y sufrir. En los últimos días ¿semanas? mi capacidad de resistencia ha estado al límite. Abres, tempranito, el periódico o la pantalla del ordenador, y tienes que andar esquivando chaladuras, cascos de bombero, cartas estrambóticas, fotos comunitarias, rumbas casposas, aquelarres siniestros,  denuncias esperpénticas, cónclaves fantasmas, peleas de gallos, falsas promesas. Y uno, náufrago, anda buscando tablas de salvación como un poseso, echando mano de recursos propios y ajenos (música, cervezas, poesía, sueños, amigos, ocasos, amaneceres, artículos de Tomás Martín Tamayo) para tratar de salir de esta puñetera realidad estrecha y, definitivamente, escacharrada. Y a veces lo consigues y otras, como ésta, no. Y entonces escribes un artículo, éste, en el que poder descargar algunas de las causas de tu desdicha y así sirva de sangría y se lleve los bichos malos que bullen por tu sangre o si no, al menos, actúe de lenitivo (Juan José Poblador “dixit”) a estos males del espíritu a fin de que no se encapsulen y se hagan crónicos.

Me ha producido un malestar punzante la cantidad de páginas de periódicos y horas de programas televisivos y radiofónicos que se han dedicado, de forma impúdica, a la boda de ese carcamal con callos, paradigma de la aristocracia más mohosa y antigua, valga el pleonasmo. Y que los mismos imbéciles que, con razón, tachan de basura las coyundas y separaciones de unos y otras, y desprecian las idioteces ordinarias de una princesa de un pueblo más tonto que ella, se tiren de barriga ante el espectáculo grotesco, casi escatológico, de las contorsiones ridículas de una anciana patética y se rindan ante él porque lo protagoniza la duquesa por antonomasia, que carga en su chepa más títulos nobiliarios que arrugas. Y, a mayor pasmo y para rematar la imagen cutre y chufletera, con el acompañamiento jacarandoso de una representación ad hoc del “pueblo llano”, que bebe vino mientras jalea rumbas a la temblorosa aristócrata. ¡Qué bonita estampa de confraternización campechana, de modernidad medieval!

Y aquí, intramuros, el espectáculo del PSOE y el PP a mojonazos por un “quítame allá ese primo”. Como una guerra de tartas de película muda. Los dos agarrados a un “¡pues anda que tú!” vergonzoso y vergonzante, dando testimonio de una manera barriobajera y chata de hacer política en la que asoma el pelo de la dehesa más cochambroso. A propósito de la nueva situación política extremeña tras las pasadas elecciones, escribía yo en estas mismas páginas: “Y con el PP sin mayoría absoluta, mejor que mejor, que así se evitan tentaciones de caer en el nepotismo despótico sufrido.” Vaya, creo que como vidente tengo  menos porvenir que un espía sordo, porque éstos han sacado los atrasos en un pispás, se han tirado como gato a bofe, vamos. Y los otros, inflado el pecho,  acusando a los de ahora de lo mismo que han hecho ellos durante tantos años y buscando grado de consanguinidad hasta en la novia del sobrino de la concuñada de la suegra del primo de un diputado. Y el colmo del descaro, si no del cinismo, es la propuesta de Fernández Vara de crear un registro público donde consten las relaciones familiares de los altos cargos y una ley de transparencia que impida determinados nombramientos. Qué listo, habiendo él tenido cuatro años para hacerlo y su partido treinta, ahora le sobrevino la inspiración y parió la genial idea. No importa, si no le hacen caso y esta iniciativa tan sincera y deslumbrante no llega a buen puerto, que la incluya, si es que sigue,  en su próximo programa electoral. Hombre, si Rubalcaba ha metido en el suyo que nos sacará de la crisis y ha colado, esto seguro que cuela también. Y mientras, a las engurras, los de IU como don Tancredo, haciendo la estatua mientras el toro viene bufando. ¡Qué valor!

El estrambote tenebroso a esta guerrilla navajera la ha puesto un individuo con estética de padrino hortera de boda paleta, a la sazón presidente de la Asamblea, denunciando en la policía a la autora de unas letrillas jocosas dedicadas al asunto de su primo, el conductor fiable. Cuando leí la noticia sentí un escalofrío antiguo, un sinsabor amargo que pensé ya enterrado en las cloacas de la historia próxima pasada. Si, como dice el refrán, “a quien no está acostumbrado a llevar bragas, las costuras le hacen llagas” y este señor anda con el cutis delicadito, que se unte con ungüentos sus escoceduras y deje a las personas expresarse con libertad que, si él aún no se ha enterado y anda todavía por los cerros de Fraga y su ley de prensa, es un terreno ya ganado desde hace mucho tiempo. Si tiene la mandíbula de cristal, que no se meta a boxeador. Un político, si es demócrata, no puede ir por la vida con la actitud prepotente de un chuletilla de barrio, como una pantaruja amedrentando a quien ose, aun con ironía y desparpajo, poner en cuestión su labor pública. Sólo comunicarle, señor o señorito, que la libertad de expresión no debe de andar al albur de quien confunda ser elegido con ser entronizado, creyéndose intocable cual brazo incorrupto de Santa Teresa, reliquia, por otra parte,  especialmente apreciada por el pequeño momio. A veces me parece que la historia se repite como una pesadilla recalcitrante.


viernes, 30 de septiembre de 2011

LA MÚSICA


Tengo la gran suerte de haber vivido una infancia feliz. Último, con mi melliza, de diez hermanos, crecí en un ambiente tranquilo y lleno de cariño sólo alterado, de vez en vez, por las consecuencias de ser el menor de tantos y, por eso, diana de las trastadas de los que me precedían. Peccata minuta, al fin. Recuerdo, envuelto en una bruma nítida, las canciones que me cantaba mi madre cuando era pequeño y vuelvo a sentir la misma sensación amable, la dulce placidez de entonces. En casa teníamos un piano vertical, marca “Erard”, en el que ella tocaba algunas piezas de oído. Me fascinaba ver, con mi nariz a la altura de las teclas, el ritual de inicio previo a su pequeño concierto: cómo abría la tapa con parsimonia, ponía en posición horizontal la pequeña repisa que servía de atril y colocaba en ella el anillo, con una gran piedra violeta, que antes lucía en el dedo anular de su mano izquierda. Después venía la magia de verla acariciar las teclas y escuchar una cancioncilla que había aprendido de pequeña, de la que nunca supe el título y que yo tarareo, aún hoy, sin dificultad. Quizás por esta vivencia repetida me obsesioné con una escena de la película Cría cuervos de Carlos Saura, en la que una Ana Torrent niña, de “ojos oceánicos”, pide a su madre, como hacía yo con la mía, que le tocara al piano esa canción que tanto le gustaba. Y Geraldine Chaplin interpretaba entonces, para complacerla, Canción y Danza nº 6, de Federico Mompou. Cuando vuelvo a ver esta película, que conseguí en DVD, esa imagen sigue sobrecogiéndome hasta las lágrimas. Y es que desde que me recuerdo y recuerdo la casa de mis padres, la música es una constante que acompaña a la memoria. Desde las Partitas de Bach a las canciones de Renato Carosone, pasando por las milongas de Yupanqui, los Nocturnos de Chopin o, por ejemplo,  los 80 éxitos de París, con Pierre Dorsey, su piano y sus ritmos. Siempre la música con nosotros, como alguien más de la familia, telón de fondo sentimental de alegrías y penas.

Sirva este prolegómeno de añoranza lírica, salvaguarda de mi estabilidad emocional y freno a la estampida instintiva que la sangre pedía, como contrapunto necesario a la indignación que me ha producido el carajal que el Consejero de Economía del Gobierno extremeño, con voz tronante y ademanes cuarteleros,  ha montado a costa de la Orquesta de Extremadura. Con la excusa de los desorbitados haberes percibidos por el Director de la misma (con lo que se puede estar de acuerdo) y la existencia de unas presuntas irregularidades contables inconcretas, que dijo la Teniente, venía a sugerir su desaparición con la falacia demagógica añadida de, así,  poder arreglar la vida de 150 parados con sus familias. Al poco de su estampida, quiso arreglar el entuerto y acallar el revuelo producido con nuevas declaraciones, llenas de inseguridad, en las que vino a decir, balbuceante, que no dijo lo que dijo sino que dice lo que está diciendo en ese momento, que era lo que quería haber dicho antes igual que lo decía ahora. O algo por el estilo. Tras este galimatías tembloroso comparó la gestión de la economía de la comunidad con la de una familia, ya que en ambas se debían priorizar gastos. Antes comer que ir al cine porque primero cubrir las necesidades básicas y después el lujo, dijo.  Y ahí es donde la puerca torció el rabo. El jefe proclamando hasta el empacho que la gestión no entiende de ideologías, y su consejero económico haciendo una declaración mayestática de principios ideológicos al catalogar la cultura como un artículo de lujo. ¿Que el sueldo del Director de la Orquesta de Extremadura se considera excesivo? Pues a tomar por el saco bellaco la orquesta y caso cerrado. Eso, fuera lujos. Me recordó esta actitud intransigente y, si no fuera por lo que es, hilarante, a la del presidente Bush, otro ejemplo de sutilidad, que aventuró como solución a la plaga de incendios forestales que azotó Estados Unidos el acabar con sus bosques a base de buldóceres. Por aquello de muerto el perro.

Y, a todo esto,  sin tratar de hacer una lista exhaustiva, ¿qué han dicho los Conservatorios Superiores de Música extremeños, sus profesores, sus alumnos, los profesores de música de primaria, secundaria y bachillerato, las gentes de la Universidad de Extremadura, la Real Academia de las Artes y las Ciencias, la Asociación de Escritores Extremeños...? Que yo sepa y hasta la fecha, no sé si por desidia, por miedo,  por mantener cada cual sus momios o, simple y llanamente, por aborregamiento modorro, nada de nada. O quizás es que estén de acuerdo con el asunto.  Lo peor, me malicio, es que esto de la orquesta es la punta del iceberg calamitoso que se nos viene encima, o sea,  que salimos de Herodes y nos metemos en Pilatos. Aquellos, manipulando la cultura, pringándola de unte bajo el lema “café para todos y a estar calladitos”, que dijo la Consejera anterior a la anterior a ésta, y el que no quiera café, directo a las tinieblas exteriores; y éstos a considerarla como un artículo de lujo del que se puede prescindir.

Mientras escribo este artículo escucho el segundo y emocionante movimiento, Largo, del Concierto para flautín en Do mayor, de Antonio Vivaldi. Todo un lujo. Está incluido en la banda sonora de una magnífica película de François Truffaut titulada El pequeño salvaje. Digo yo que ha debido de ser una asociación de ideas.