sábado, 10 de noviembre de 2012

LA OFICINA VIRTUAL

Además de la canonjía que supone el propio cargo, diversos chutes en metálico por movilidad y residencia, beneficios fiscales exclusivos y jubilaciones únicas, nuestros diputados nacionales reciben, al incorporarse como oficiantes al templo de la democracia, un lote-regalo consistente en: un iPhone, un iPad, un módem 3G, línea de voz y datos gratis, ADSL gratis en domicilio particular, asistente y despacho propio con PC, que todo es poco para que puedan cumplir su sagrada misión. Y ahí hubiera quedado la generosa bienvenida, en esa nebulosa etérea que destila el frufrú de las altas instancias patrias, si no fuera porque, en estos días, ha salido a relucir el trasiego que se han traído estos trileros 3.0 con los iPad, que desaparecían o se extraviaban como por arte de magia, de manera que, en apenas 10 meses, casi han acabado con los 50 que el Congreso de los Diputados tenía de reserva. Sus señorías, supuestas víctimas del robo o extravío del artilugio, no tenían más que solicitar otro para que les fuera repuesto. De bóbilis, claro. El asunto no tiene un coste económico excesivo, como se ha apresurado a decir alguno de los protagonistas, y sacarlo a la luz sólo sirve, añade,  para avivar el desencuentro entre la población y la clase política. Pero el tema no es tan baladí como este listillo quiere hacernos creer ni puede despacharse con dos frases hechas, porque el busilis no está en el gasto que supone el cambalache, que también, sino en la actitud de frivolidad y manga ancha en el gasto que patentiza. Y el poso que nos queda no es sólo los euros que nos cuestan, que también, sino la sensación de que estos andobas andan a lo suyo, ajenos y distantes, gastando a su antojo con pose de nuevos ricos y sin intención de renunciar a prebendas, brevas y bicocas varias que el cargo, incomprensiblemente, lleva aparejadas. Me gustaría saber cuántos de estos señoritos prestidigitadores de última tecnología eran de los que aplaudían, con frenesí orgásmico, la batería de recortes que el gallego tarumba que nos gobierna nos embutió este verano. ¿Estará entre ellos la tipa del “¡que se jodan!”?

Y hablando de privilegios, bicocas y despilfarros, por aquí, en plan doméstico, ha vuelto a salir a la palestra el asunto de la oficina del expresidente que, curiosamente, es una oficina de una virtualidad tangible ya que, sin existir, tiene oficinistas e, incluso, automóvil oficial con chófer. Y además, aunque al principio fue una, ahora son dos sin ser ninguna. El lío es gordo, ya ven. Creo que el problema viene de la contradicción intrínseca que acarrea el artículo 3 del Estatuto del Expresidente, que es en el que se apoya este truco de ilusionista y que dice: “Los presidentes de la comunidad autónoma de Extremadura, a partir de su cese, contarán con los medios materiales y personales necesarios para el sostenimiento de una oficina adecuada a las responsabilidades y funciones ejercidas”. Para empezar, los presidentes, a partir de su cese, ya no lo son, por lo que todo lo que viene detrás, huelga. Y como lo que mal empieza, mal acaba, ¿cómo estos entes de razón precisan de una oficina que sostenga de manera adecuada unas responsabilidades y funciones que ya no ejercen? Entonces, ¿qué se ha de sostener, el no-ejercicio? Yo no soy capaz de poner en claro este galimatías, aun teniendo visos de ser sublime.

Como quiera que sea, Rodríguez Ibarra dispone de tres empleados de su confianza a cargo de la Junta porque, según propia confesión, él no tiene dinero para pagarles al vivir de su pensión y a los que, como no le caben en el salón de su casa, ha metido a trabajar en el “Centro de Estudios Fundación Presidente Rodríguez Ibarra” creado por él y centrado “en la experiencia de quien fuera presidente de la Junta de Extremadura durante 24 años”. Dizque los tiene ordenando su archivo personal que pondrá a disposición de cualquiera que quiera estudiar la historia de Extremadura que, por lo que se ve, no se entendería sin él. ¡Qué pretensiones, tía Paca! Y digo yo, si este archivo de Juan Palomo lo obtuvo por su cargo de Presidente, ¿por qué lo tiene en su Fundación y no está depositado en la Junta de Extremadura, que sería su legítima dueña? Y si lo obtuvo por ser, un poner, profesor de la Uex en excedencia, ¿por qué tenemos que pagar los extremeños su catalogación y ordenación? El expresidente alude a su pensión parangonándola, de forma subliminal, con la idea de probidad. Para contrarrestar su desparpajo habrá que volver a decir aquí que, antes de cesar como presidente, dejó atado y bien atado el truco del almendruco de su retiro de manera que, este hito histórico viviente, seguirá cobrando su sueldo íntegro de profesor en activo hasta setiembre de 2019. Alrededor de 5.000 euros mensuales. Un privilegio que, sufragado por la Junta de Extremadura, supone más de un millón de euros anuales, que permanece incólume frente a recortes, ajustes y déficits presupuestarios y del que siguen disfrutando, junto al prócer, 69 elegidos más.  Para finalizar, Rodríguez Ibarra ha declarado: “Yo no tengo ningún problema porque por mucho que intente el periódico HOY desacreditarme, no lo va a conseguir”. Esto ya no cuela, Ibarra, que el acudir a confabulaciones orquestadas es conocida y vieja excusa de ciertos políticos desahogados para escurrir el bulto. Pero es que además, en mi opinión, le supone al HOY la capacidad de obrar milagros, porque si desacreditar es “disminuir o quitar la reputación a alguien”, en el caso que nos ocupa, ¿cómo podría nadie disminuir o quitar lo que no existe?

sábado, 27 de octubre de 2012

INFAMIA INSTITUCIONAL Y ELECCIONES

Salió con paso pausado, la barba cana bien arreglada, una botella de agua en su mano izquierda, la boina como de atrezzo y la mirada apacible. En la puerta del hospital recibió los besos de su hermano y, por su propio pie, se introdujo en el coche que lo esperaba, se abrochó el cinturón de seguridad, recostó su cabeza con gesto cansado en el respaldo del asiento y, mientras cerraba los ojos e inspiraba profundamente, el automóvil partió hacia Mondragón, camino de su hogar, en donde fue recibido entre vítores como un héroe. Esta fue la repugnante puesta en escena de la salida del hospital de Josu Uribetxeberria Bolinaga, asesino, torturador, guardián del agujero en el que Ortega Lara padeció 532 días de entierro inmisericorde y que, si no es por la sagacidad de un guardia civil, pudo convertirse en su tumba ante la negativa del valiente gudari a confesar su ubicación. Mientras veía las dulzonas imágenes de esta desvergüenza recordaba las primeras de Ortega rescatado, el desconcierto de su mirada atemorizada, sus gestos de dolor en cada paso, su barba greñuda y sin cuidar, su extrema delgadez, la similitud de su fragilidad esquelética con la de los liberados de los campos de exterminio nazis. Y pensar que el resultado de un proceso que comenzó en la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias-Ministerio del Interior-Gobierno de España, siguió con la estupefaciente actuación del juez José Luis Castro en funciones de laico mercedario y finalizó con el visto bueno de la Audiencia Nacional, iba a ser que el SS Bolinaga durmiera esa noche tranquilamente en su cama, me produjo unas náuseas nada metafóricas de las que tardé en recuperarme, avivadas como estaban, además, por la sospecha de que no fuera casualidad que esta infamia institucional televisada se produjera apenas 48 horas después de finalizadas unas elecciones vascas en las que Bildu, el partido de los conmilitones del pistolero, lograra 21 escaños gracias al 25% de los votos emitidos.  


Del disparate sangrante que supone la presencia de Bildu en el juego democrático, gracias a la incompetencia recalcitrante de  ZP (¡qué dañino para España ha sido este suricato inane!), a la sentencia evacuada por  Pascualín de Pascualón y sus mariachis constitucionales y a la abulia del Don Tancredo gallego que nos gobierna, no hablaré otra vez. Pero lo que si diré es que está claro que estos indeseables han sabido aprovechar perfectamente la puerta abierta para meterse en tromba en la fiesta, igual que las cucarachas aprovechan cualquier rendija para colarse en la cocina e infestarla. Su  estrategia ha sido impecable. Desde que en 2011 sus compañeros de ETA anunciaran el alto el fuego y el fin de la “lucha armada”, y aprovechando las disputas sobre galgos o podencos de los infelices conejos Patxi López y Basagoiti, han conseguido hacerse protagonistas de esta suspensión de los atentados y presentarse como hacedores indispensables de la “nueva e idílica fase del conflicto”.  Han escondido a los integrantes más exaltados de la izquierda radical nacionalista poniendo en primera fila una cara más amable de la
intransigencia. Un prototipo paradigmático de este juego de trileros es Laura Mintegi, número uno al Parlamento Vasco, una especie de monja alférez de sonrisa fácil pero inquietante, culta, educada, que bajo la venerable apariencia de una profesora de universidad de suaves ademanes debe esconder más veneno letal que una mamba negra, yendo, como va toda la coalición, de la mano de los terroristas.

Y si los verdaderos ganadores, números aparte, han sido los canallas, el gran derrotado de estas elecciones y de las gallegas ha sido el PSOE, que se ha dejado en la gatera 9 y 7 escaños, respectivamente. Patxi López ha andado triste y errático, el Pachi gallego me ha parecido un candidato de tercera división con menos carisma que una piedra, y a los dos se les notaba que llevaban sobre sus hombros el lastre de las encuestas, que auguraban el batacazo morrocotudo que al final se dieron. Ahora, desde el fondo del pozo, hablan de una “renovación ideológica”. O sea, lo de Groucho Marx: “Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros.”  Pero una renovación, tal y como están las cosas y, lo que es peor, como se pondrán si las encuestas de las elecciones catalanas se cumplen, no es suficiente. Necesitan una catarsis contundente que veo complicado que pueda llevarse a cabo en un partido cada vez más esclerotizado, dirigido por un fósil como Rubalcaba, un segundón eficaz que ha sabido moverse entre las bambalinas del poder con cierta soltura intrigante, pero sin los reflejos y la agilidad necesarias para liderar la oposición. Si le añadimos el peso muerto de una biografía oscura de hombre oscuro, con algunas incursiones en terrenos verdaderamente pantanosos, y ese olor metafísico a tiempos pasados y naftalina que desprende, me parece muy difícil, por no decir imposible, que el problema se solucione. Porque, a mayor abundamiento, él forma parte del mismo. Es lo que pasa cuando el mozo de espadas comete la imprudencia de meterse a torero.

sábado, 13 de octubre de 2012

SE LE FUERON LOS TIEMPOS

Leí este verano, en el mes de agosto, un reportaje en el XLSEMANAL que me estremeció y me llegó al corazón. Narraba cómo en Colombia, al norte de la ciudad de Medellín, en el departamento de Antioquia, hay una serie de aldeas aisladas por las abruptas condiciones del terreno, aldeas como Angostura o Tamural que sufren, desde el siglo XVIII, el terrible azote de lo que allá llaman “la bobera”, una enfermedad que les roba la memoria. Los lugareños la creen producida por un maleficio o por árboles envenenados, pero no es sino una variedad de alzhéimer precoz, muy virulenta, que la endogamia y los sucesivos matrimonios consanguíneos, productos del aislamiento, han hecho que se propague y se transmita de manera dramática entre un buen número de familias. Algunas de ellas han visto infectados a la mitad o más de sus miembros. Es el caso, por ejemplo,  de Blanca Nelly, cuya abuela, madre, cinco tíos y tías, hermano, hermana y marido la han padecido. Además, para añadir dolor al dolor, si en el alzhéimer común el hecho de que uno de los padres lo sufra solo aumenta de una manera marginal las probabilidades de que sus hijos la hereden, en esta variedad precoz las probabilidades llegarían hasta el 50%. Si ambos progenitores fueran portadores de esta llamada “mutación paisa”,  el índice aumentaría hasta un 75%. Quienes hereden la forma paisa de la enfermedad, la padecerán sin remedio. Al final de crónica tan dramática, no obstante, se abre una puerta a la esperanza al darnos noticia del inicio de un ensayo clínico que probará una terapia preventiva en 300 habitantes de la región, sanos pero predestinados genéticamente a desarrollar alzhéimer. “Entramos en una nueva era”, afirma el Dr. Reiman, coordinador de la iniciativa, “estas familias son una fuente investigadora sin precedentes. Por primera vez tenemos buenas posibilidades con esta enfermedad”.


La verdad es que, con las fotografías y los testimonios que acompañaban a la narración, el asunto me sobrecogió, aunque también es cierto que yo estaba predispuesto a que esto ocurriera. No es que esté obsesionado con la enfermedad de Alzheimer, o quizás sí, es que, de unos años acá,  me angustia terriblemente el olvido,  angustia que va aumentando a medida que envejezco, sin que nada tenga que ver esto con mi variado catálogo de hipocondrías y aprensiones. Es una cuestión mucho más simple y evidente, tanto como que a medida que voy cumpliendo años es inevitable que vaya teniendo más pasado que futuro, de modo que la vida va siendo cada vez más recuerdo y menos proyecto. Y el presente, de una forma sutil y constante, se va transformando en un fugaz relámpago que va quedando atrás, futuro que se hace pasado en un suspiro. Y es entonces, cuando ya eres quien eres mucho más por lo que has sido que por lo que podrás llegar a ser, es cuando esta terrible enfermedad, traicionera, puede sobrevenirte para robarte tus recuerdos y con ellos tu vida, hasta llevarte a no ser alguien o, quizás, a ser alguien que no eres tú. Porque si eres por lo que has sido, al borrarte la memoria de ti mismo, ¿qué te queda, en qué te conviertes? Este verano incandescente que hemos padecido vi en un telediario a una mujer a la que le había ardido su casa. Entre sollozos se lamentaba de que, con ella, se había abrasado su vida, quedando todos sus recuerdos reducidos a cenizas. Pensé, en ese instante, que eso viene a ser el alzhéimer, un fuego interior que arrasa con tu vida y difumina tus recuerdos como cenizas esparcidas por el viento del olvido. Y que te arrebata, de manera inmisericorde, la capacidad de añorar, la posibilidad consciente de sentir el dolor agridulce de la nostalgia.

Me comentaba un amigo que en algunos países sudamericanos de habla hispana se dice que, al que padece este mal, lo que le ocurre es que “se le fueron los tiempos”. A dónde se habrán ido, entonces,  los tiempos de mi amiga Quina, inteligente, dicharachera, torbellino imparable de ocurrencias. O los de mi amiga Rosamari, tan elegante, tan culta, tan acogedora. Sus tiempos se van hacia el olvido y, a menudo, se llevan con ellos el tiempo de quienes les rodean y los quieren y los cuidan, como una tempestad que desatase todos los demonios de la desmemoria, impidiéndote, siquiera, reconocer lo conocido. En el sobrecogedor y esperanzado libro de Pedro Simón, Memorias del Alzheimer, en el que se recogen con delicada ternura las historias de personajes que padecen o padecieron la enfermedad, de Solé Turá a Maragall, de Chillida a Antonio Mercero, el hijo de este último dice una frase que viene a resumir la angustia insoslayable de las circunstancias que rodean al mal, este terrible dolor de ida y vuelta: “Todo el mundo te habla de cuando tu padre no te va a conocer, pero nadie te prepara para el día en que tú no vas a conocer a tu padre”.

lunes, 17 de septiembre de 2012

EL CIRCO AGOSTEÑO (2)

En mi artículo anterior intenté hacer un recorrido sobre las diversas actuaciones circenses que ha habido durante el mes de agosto en esta “España insólita”. No sé si es que me faltó espacio o me explayé en demasía, pero sólo me dio tiempo a glosar dos: la intervención estelar del “Dúo Sacapuntas” expropiador de garbanzos y su protesta andariega por los campos de Andalucía, y la magistral lección de labia y oratoria que, agonizando el mes, nos obsequió Fernando Manzano, a la sazón presidente de la Asamblea de Extremadura y, por tal, primo de su chófer.  


Uno de los asuntos que se me quedó en el tintero metafórico, digo, es el de la entrada de Mario Conde en la política activa, aunque por el momento sea más un anuncio que una realidad. Se presentaría bajo las siglas de un partido, “Sociedad civil y democracia”, que tampoco es partido, sino una agrupación de personas que entrarían a hacer política sin ser políticos y que, además, no están de acuerdo en la forma en que está organizado el sistema participativo y democrático en España. O sea que, después de tanto oxímoron, no sé si anuncia que se presenta sin anunciarlo o, rizando el rizo, que no se presentará presentándose. El caso es que él, amparado en el grupo Intereconomía,  pontifica desde su blog y sus tertulias con pose de prima donna, como si fuera una virgen inocente recién llegada a este lupanar en que políticos de uno y otro signo han convertido la arena patria, asegurando tener la fórmula para sacar a este país de la crisis. Además promete dar voz al ciudadano de a pie y, ojo al parche, acabar con la dictadura financiera impuesta por bancos y banqueros. No alcanza el nivel de Ruiz-Mateos, otro que tal, al que le he oído decir que tiene seis maneras diferentes para arreglar nuestra debacle económica en veinticuatro horas. Lo cual, que a ver quién mea más lejos. El adelanto de las elecciones gallegas ha cogido al exbanquero cuentista metido a redentor con el paso cambiado, pero ha estado diligente y, al final,  se batirá el cobre en la circunscripción de Pontevedra. Además el próximo 6 de octubre, cuando se celebre el congreso constituyente de este engendro de partido-antipartidos, el relamido expresidiario presentará su candidatura a presidente del mismo. En cualquier caso si por la premura de tiempo tuviera problemas para enjaretar las listas, me permito sugerir algunos nombres que, en mi humilde opinión, pueden encajar en el proyecto sin desentonar con su líder, a saber: Roldán, Correa, el Bigotes, Matas, Carlos Fabra, Camps, Urdangarin, el Méndez de Caixa Galicia, la Amorós de la CAM, Vera, Barrionuevo, la princesita Munar y el Dioni. Habrá más, digo yo,  pero esos ya que los busque él entre sus compañeros de patio.

Y para coronar con una  guinda agria, el caso del etarra Bolinaga, que ha sido la representación de un sainete trágico en sesión continua y que seguirá coleando para vergüenza de unos, regodeo chulesco de otros y desgarro e indignación de muchos. La blandenguería y los miramientos que Gobierno y jueces han tenido con esta sabandija, invocando el estado de derecho y el imperativo legal, es una tomadura de pelo dramática que sólo podría explicarse por motivos espurios que ningún responsable de la afrenta se ha atrevido a confesar. Porque lo que sí está claro, de entrada, es que la ley no obligaba al gobierno a concederle el tercer grado a la bestia. La concesión está dentro de la ley, pero también lo hubiera estado el negársela. Y el que diga lo contrario, ministro o no, miente. Después vino el informe de los médicos del hospital donostiarra, al que concedo la misma objetividad que a los profesores de la UPV calificando exámenes de  presos etarras. Le siguió la pantomima grotesca de la huelga de hambre del criminal, que duró poco si es que alguna vez empezó y a la que se unieron, también de manera virtual, las huestes filoetarras de Bildu y asimilados, que compensaban el sufrimiento del sacrificio solidario hartándose de mortadela con aceitunas que escondían debajo del colchón. Continuó con la actuación desconcertante del juez José Luis Castro, viajando hasta la cabecera del doliente para comprobar in situ el estado de salud del pajarraco. A la vuelta emitió un peculiar auto plagiario en el que, sin atender al dictamen de la forense de la Audiencia Nacional y de la fiscalía, concedía la libertad condicional al asesino. Dadas, según parece, sus  profundas convicciones religiosas, podría colgar toga y puñetas y abrazar los hábitos de la Orden de la Merced, que se dedica a la redención de cautivos y al auxilio de enfermos, caritativas acciones ambas que se ajustan mucho mejor a su intervención en este turbio caso. Y por último, esta semana la AN, también contra el criterio de fiscal y forense,  ha cerrado el círculo infamante y ha liberado al bicho preso.

“A las leyes no les gusta que nadie muera en la cárcel”, ha frivolizado Rajoy destrozando la sintaxis. Tampoco debe de gustarles que alguien descerraje 18 tiros por la espalda a un guardia civil, Mario Leal Baquero, como hizo este cobarde. Lo que ocurre es que esto no es cuestión de gustos, ni siquiera de leyes. Es cuestión de justicia. Y justo sería que esta escoria de mirada oscura cumpliera la pena íntegra a la que fue condenado. Si, enfermo de cáncer, muriera antes de salir del trullo y saliera de él con los pies por delante, mala suerte. O buena, según se mire.

sábado, 1 de septiembre de 2012

EL CIRCO AGOSTEÑO

Se acaban mis vacaciones. El lunes volveré al trabajo, ¡bendito sea!, y se iniciará la curva espiral de un nuevo año tras la holganza. Está bien. Es lo que debe ser y ojalá pudieran hacerlo en España, cada año, cinco millones más de trabajadores que ahora andan con la soga de la angustia al cuello. No caeré en el tópico de decir que este mes me sirve para cargar las pilas -frase estomagante que me repatea lo indecible- entre otras cosas porque no sería verdad. Antes al contrario, si un hecho tan antinatural pudiera llevarse a efecto yo creo que, en vacaciones, lo que habría que hacer es descargarlas y volverlas a cargar y mantenerlas así, a pleno rendimiento, para el trabajo. De modo que lo que yo hago es tender una hamaca imaginaria entre el paréntesis que encierra el asueto y, al tiempo que me imbuyo de todos los principios básicos del más delicioso “camastroneo”, zambullirme en ella y gozar de la dulce sensación de no hacer nada o, mejor, de no tener que hacer nada. Cierto es que sigo madrugando, porque me gusta madrugar, pero ahora lo hago para disfrutar del amanecer y regodearme en el cotidiano y parsimonioso milagro de la luz. O sea, me recreo perdiendo el tiempo que, por otra parte, es una manera de vengarte de él y de su inexorable crueldad, sin estar seguro del día en el que vivo ni de la hora que es.

Esta situación de placidez que tiene practicar “il dolce far niente” no me ha impedido, sin embargo, estar atento a los acontecimientos de este curioso mes de agosto que, por momentos, ha transformado el país en un inmenso circo al que envidiaría el mismísimo Ringling. La pista central de este tinglado la monopolizaron, sin duda, Sánchez Gordillo y su lugarteniente Cañamero, especie de Dúo Sacapuntas expropiador, que se han tirado el mes “expropiando”  hipermercados, ocupando fincas y palacetes, y liderando una marcha de jornaleros por las tierras de Andalucía. Banderas al viento, a los sones de las canciones militantes de Quilapayún, iban sembrando los áridos campos andaluces de consignas revolucionarias, en un generoso afán de despertar al pueblo de su letargo y su modorra de años. Resultaba una imagen tan estéticamente moderna, tan cargada de futuro,  que eché en falta, entre hoces y martillos y retratos del Che, una pancarta que gritara “¡Muera Franco!”. No me explico cómo no se les ha ocurrido. No contentos con eso y como si el coraje contestatario les hubiera proporcionado el don de la ubicuidad, aparecían en toda clase de tertulias radiofónicas y televisivas, ora matutinas, ora vespertinas, repitiendo sus elaboradísimos argumentos con la contumacia recalcitrante de un Serafín Latón.

Arrastrados por la fuerza de su ejemplo, los tres parlamentarios de IU en la Asamblea de Extremadura han interrumpido sus merecidos días de descanso y se han unido al movimiento, siquiera haya sido de forma esporádica y testimonial, que tampoco es cuestión de exigir a los peones el ardor guerrero del general. Uno de ellos, más inquieto, participó en el intento de expropiación de un híper en Mérida, acción abortada por la presencia intimidatoria de la policía represora y clasista al servicio del capitalismo; los otros dos, más calmos, acompañaron al líder durante una etapa de “la larga marcha”, llegando incluso a dormir una noche sobre el inhóspito colchón que les proporcionaba el césped de una gasolinera. La lucha exige esos sacrificios, pero los tres hallaron consuelo a sus penalidades exhibiendo sus hazañas. Tal es el poder de convocatoria de este autoproclamado “Gandhi del siglo XXI” que, para demostrar sus ideas pacifistas no tuvo reparo en fotografiarse, trasunto de Bob Esponja con barba y pancarta de “euskal presoak-euskal herrira” o algo parecido, junto a un grupo de militantes de Bildu o congéneres que, como sabemos, son paradigma vivo de la lucha política no-violenta en el País Vasco. Una muestra más de la coherencia ideológica de este personaje sin par.

Ha habido más artistas actuando en este circo patrio agosteño, entre otros: Mario Conde y su entrada en la política activa, el esperpento trágico del etarra Bolinaga, el sainete de la comisión de investigación de los ERE andaluces o la abracadabrante restauración del eccehomo de Borja, de los que trataré de hablar en próximos artículos. Pero ante el temor de que la inspiración tome otros caminos o, simplemente, desaparezca, me voy a permitir dar un salto cronológico hasta el jueves día 30. Ese día escuché en la radio la alocución no sé si de un jefe de pista o de un caricato de este circo patrio, Fernando Manzano, a la sazón presidente de la Asamblea de Extremadura y, por tal, primo de su chófer, que vino a poner la guinda mágica a esta función circense sin parangón. Nos hablaba de la inminente convocatoria de la comisión de investigación sobre FEVAL, con esta perorata que no me resisto a reproducir de forma literal: “Establecerán en la comisión de investigación los plazos, las formas, verán las posibles comparecientes ante esta comisión, etc., etc. Y como presidente de la Cámara le he hecho un mandato a la misma y al presidente de la misma, y es que agilice los trabajos de la misma para, a ser posible, esos trabajos pudieran estar finalizaos lo antes posible”. O sea, algo así como: “si es posible agiliza tú mismo los trabajos mismamente ya”. Un fenómeno, vaya.