jueves, 17 de septiembre de 2009

APUNTES DEL NATURAL

- Ayer leí en un digital que a un condenado a muerte en Estados Unidos le aplazaron la ejecución. Parece ser que el matarife fue incapaz de encontrar la vena en el momento de inyectarle la dosis letal. ¿Torpeza del ejecutante? ¿Nervios? No sé. Al pobre desgraciado lo devolvieron a la celda con el brazo agujereado y, en una semana, volverá a repetir el rito de encararse con su muerte. No sé si rezará para que el verdugo acierte de una vez. Debe de ser horripilante ser la víctima propiciatoria de esta macabra ceremonia y seguir vivo. La sordidez, en noticias como ésta, se desparrama como una pringue hedionda. ¡Qué tenebrosa la oscuridad de la luz!

- El toro de la Vega sigue también con su ritual de muerte. No paramos. Qué obsesión de sangre derramada. Los trogloditas lancean al animal bajo la égida de la tradición. Los veo en televisión sudorosos, sucios, babeando que la masacre es el espíritu de Tordesillas. Regodeándose en la saña. Bestias modorras, iluminadas, brutas.

- Y mientras tanto, en el Olimpo todo sigue igual. El cristobita bobo, el de las cejas refulgentes, este pingüino con ínfulas de gaviota, elevándonos a las más altas cotas de la miseria. En fin, corazón mío: se acaba este 17 de setiembre y, quizás, continúo.

viernes, 11 de septiembre de 2009

APUNTES DEL NATURAL

Puta la madre, puta la hija, puta la manta que las cobija. Pues eso.

jueves, 23 de julio de 2009

JDV


16 años ya sin Jesús. Sin Jesús Delgado Valhondo. En la madrugada del 24 de julio de 1993, insomne, desquiciado, escribí este poema, que se publicó en el Cuaderno Poético Kylix número 29.

JESÚS 23 DE JULIO
Para Joaquina y Jesús y Felipe y Sofía.

Amanece.
Aún parpadea la tarde.

Acabo de llegar de oír el silencio.


Es 24 ya, Santa Cristina,
el santo de mi hermana.
Están los grillos
musicando la pena
mientras la vida vive de su asombro
y late el corazón sin saber dónde.


Amanece.
Acabo de llegar de hace mil años.
Aún persiste la tarde repetida
y está el amor subiendo
como un amargo mar hasta mis manos,
dulce recuerdo
en el que ya no caben más recuerdos:
oigo tu voz, pero es todo silencio.


Ahora me esperas más allá de siempre.
Se ha dormido el dolor. Respira fuerte.
Hay una sensación de desamparo
recorriendo la casa. Impertinente
me pregunta la ausencia por tus manos.
Duda el reloj, monótono, sus horas,
que ya no son las nuestras:
Yo no sé responderle.


Amanece.
Me mira el sol los ojos.
Se asoma por detrás de los olivos
para darme calor. Y es este frío
el que me tiene insomne,
transparente,
frágil como un carámbano,
sombrío,
viajero del recuerdo,
apabullado
por tanta rigidez,
por tanta muerte.

Es hora de salir hacia la vida
(hace rato que dieron ya las siete)
pero no muevo un músculo:
yo sólo tengo ganas de quererte.


Es hora de salir. Pasó la noche
por detrás del dolor. La luz
va vistiendo de sábado a la gente.

Un grillo canta triste junto a mi corazón
y en tus manos, Jesús,
porque amanece.





viernes, 26 de junio de 2009

PALÍNDROMOS

3.

No es la infancia, es su ausencia
quien viene y se pregunta por aquellos que fueron.
Dulce puñal que atraviesa
la tarde. Canas de una tristeza que ya es otra,
temblorosa canción,
constancia de unas manos
que aún socorren en el momento absurdo
en el que el sueño es sólo despertar.

A quién pido perdón por el niño que he sido
y sigue estando
cuando la tarde es sol de otras mañanas.
A quién agradezco estar en nada que ya exista
para volver
mientras descorro, ilusionado, ese velo que despierta al silencio
del silencio,
trémula inundación de este vacío pletórico de ayer.
Se difumina el tiempo. Se confunde.
No sabe ya si ha sido o si será
de nuevo.

Obstinada, la noche se anticipa
y deja sin respiro a la luz que aún hubiera,
oscuridad de intentos por mis ojos,
luz sumisa que enjuga desconcertadas lágrimas,
nostalgia.

viernes, 5 de junio de 2009

PALÍNDROMOS

2.

Viene y va el aire de esta tarde. Como si su abanico
siguiera enmascarando mis tristezas. Vengo a dudar.
No sé la dirección de este camino.
Abril es soledad, así la vida me enseñó a vivirlo.
Pero es octubre. Qué hago yo aquí
apenas consolado por su aroma,
en agridulce estar, en ida y vuelta,
sin saber si he de quedarme quieto
como un muerto que espera su sonrisa
o andar hacia el encuentro del absurdo.
Quizás haya en la vida algún momento
en que el andar se vuelva retroceso
y me ha tocado a mí sentir ahora
esta perplejidad del sol que anda en los ojos
de un ayer de ahora mismo y tan lejano.

El olor de esta luz. Debe ser eso.
Porque las luces tienen sus olores
como la oscuridad tiene su tacto.
Igual que la distancia tiene encuentros.

En esta tarde, círculo de sí misma,
viene al aire y se va,
tierno sorbo de luz que huele a vida de otras vidas
y se atraganta en medio del recuerdo.
Es culpa mía, lo sé,
tanta angustia de ser, desasosiego de este
andar siempre hurgando entre presencias
que fueron otros sueños, otras tardes
con este mismo olor que ahora yo siento.