sábado, 27 de diciembre de 2014

NEPOTISMO UNIVERSITARIO

En mi artículo anterior, hablando de Podemos y de algunos de sus dirigentes y sus chanchullos, comenté el más que evidente llevado a cabo por Íñigo Errejón con su contrato de trabajo en la Universidad de Málaga, plagado de irregularidades en su origen y en su cumplimiento, y por el que al insigne ideólogo han abierto expediente suspendiéndolo de empleo y sueldo de forma cautelar. Parece que en ciertos círculos no están acostumbrados a recibir críticas u opiniones que no incluyan el asentimiento o la adoración a sus posiciones o sus conductas, porque a mi blog, para nada apabullante en cuanto a número de seguidores o, al menos, de opinantes,  ha llegado una cantidad de comentarios al respecto sensiblemente superior a la recibida en otras ocasiones. Dado que el blog es mi casa y en mi casa, a no ser que la asalten, yo dejo entrar sólo a quien me peta, no he publicado muchos de ellos. No porque disintieran, que hasta ahí podíamos llegar, sino porque no pasaban de ser una letanía anónima e inconexa de anatemas e insultos de lo más primitivo y visceral. Sin embargo no me resisto a compartir éste, que reproduzco fielmente, y que salvé de la criba porque me dejó impactado por su aporte erudito, su corrección ortográfica, su más que cuidada sintaxis y, sobre todo, por la forma sutil con que su autor nos hace ver la acendrada idea que alberga sobre la libertad de expresión. Así se despachaba el individuo: “Sr.Buiza, la sociedad es movimiento y cambio, cuando un corpus de ideas emerge, cuando un paradigma de pensamiento agoniza y emerge otro que cree que hay otras formas de organización social porque algo va mal según nos dice tony judt, personajes como ud. !tolerantes!, !democratas!, tratan de aplastarlo desde un periodismo mediocre, que por educación no digo basura, escriba algo que merezca la pena, la sociedad extremeña se lo agradecerá”. Pues, como decía el otro, con estos bueyes hay que arar. Mejorando lo presente, por supuesto.



Después de esta digresión que se me ha salido de madre y de líneas, he de decir, sin que esto sirva para exculpar al susodicho, que el caso Errejón no es hecho aislado en las universidades españolas. El caciquismo y los amaños son carta de naturaleza en muchas de la plazas en las que el concurso previo es pura filfa, apenas necesidad de cubrir el expediente, de dar visos de legalidad a lo que no es más que nepotismo de lo más descarado. Es un mal endémico que se arrastra desde años, enquistado en los mecanismos del funcionamiento universitario con una naturalidad pasmosa y que abarca todo el espectro laboral: técnicos de apoyo, becarios, contratados, interinos, laborales y funcionarios. Pocos son los damnificados que han logrado hacer saltar, tras un largo proceso de recursos y presiones, los goznes de este dislate, de esta tremenda desvergüenza. Padres, hijos, cónyuges, cuñados, primos, sobrinos, amigos y correligionarios de toda índole son beneficiarios, benefactores o ambas cosas, de esta red viciosa. De modo que como los criterios para ocupar plaza nada tienen que ver, en tantas ocasiones, con el mérito y la capacidad sino con el enchufismo y la discrecionalidad, el servicio que se ofrece a la sociedad no es, consecuentemente, el mejor posible ya que la relación o la cercanía, ya sea familiar o de otro tipo, no sólo no es sinónimo de excelencia sino, muchas veces, un claro ejemplo de lo contrario. Si a esto añadimos la relajación, no generalizada pero sí lo suficientemente llamativa, a la hora de exigir el cumplimiento de obligaciones y horarios docentes, el resultado puede llegar a ser deplorable.


A mayor abundamiento, estos días también hemos sabido de las tarjetas de libre disposición de las que gozaban ciertos cargos de la Universidad de Cádiz. Si el control de horarios es somero, el de gastos puede llegar a ser estupefaciente. Sobre todo en dos Programas: el 322L (Convergencia Europea y Calidad Docente) y el 541A (Investigación Científica). En el artículo 64 de ambos, Gastos de Carácter Inmaterial, es donde se concentra la vorágine. Ahí puede entrar de todo, repartido en epígrafes como cursos, seminarios, planes, programas marco, contratos, convenios, acciones complementarias, formación y otras actividades de investigación. Mientras que se ajuste al presupuesto y los números cuadren, allá que te van comidas, viajes, adquisiciones peculiares, bienes inventariables etéreos, libros voladores,  y, en fin, facturas justificativas de lo más peculiar, como que una tienda de electrodomésticos te venda folios, bolígrafos y fotocopias. Todo cabe en el saco de la ciencia jornalera. El problema, de entrada, es que para vigilar que el gasto se ajuste a lo que se espera de él, la Universidad dispone de unos funcionarios que lo son del organismo al que controlan. Cobran de ella, están integrados en su plantilla y trabajan pared con pared con los auditados. De modo que cubren el expediente con meros retoques normativos que no cuestionan la validez ni la legalidad del gasto, sino si su aplicación presupuestaria se ajusta a la estipulada. Tan solo formulismos burocráticos inofensivos que sirven para llenar una estadística que dé sentido a su trabajo. El problema del tinglado de las universidades españolas, un coto cerrado y añejo de impunidad y “ancha es Castilla” que se renueva de generación en generación, es que las gallinas, atadas por la dependencia del voto o del sueldo, son las encargadas de controlar la voracidad de unos zorros que saben latín.

sábado, 20 de diciembre de 2014

LA CASTA TIQUISMIQUIS

Ahora van, se nos ponen tiquismiquis y descubrimos que, debajo de su puño de hierro, escondían suave piel de melocotón, sensible y delicada. Ellos, acostumbrados a ir por los pasillos mediáticos pisando alfombras, en cuanto han sentido bajo sus pies unas pocas piedrecillas se han puesto a gimotear como niños consentidos, y apenas han probado una cucharadita de la medicina con la que atiborran a los demás, han caído malitos con los reflujos. Con pose de virgen ofendida, buscan excusas peregrinas cuando se les pesca con sus vergüenzas al aire, culpando a los que miran sus miserias al oreo de no hacer la vista gorda y de tener los ojos vidriosos por el odio y por la envidia. Es lo que tienen los niños mimados y blandengues, que montan la pataleta rabiosa si les llevan la contraria. Y es lo que le ha pasado al arrogante núcleo duro de Podemos cuando algunos medios han comenzado a difundir enjuagues, trapicheos, subvenciones indecentes o trabajos fantasmas de algunos de sus miembros. Habituados como están, desde que empezaron a asomar la pezuñita por tertulias de uno y otro signo, al arrumaco y la carantoña; ensoberbecidos por las encuestas que los encumbran hasta el infinito y más allá en intención de voto; hechos a la rutina del vasallaje obnubilado rendido por un  buen número de comunicadores y opinantes, y provenientes en su mayoría de una casta tan enquistada y añeja como la universitaria, las críticas y denuncias recibidas ante sus más que evidentes trapacerías y mamandurrias les han producido en su ego el mismo efecto que el chícharo en el cuerpo de la protagonista del famoso cuento de Hans Christian Andersen, que amaneció con la espalda llena de cardenales por el daño que le hizo un guisante colocado bajo 20 mullidos colchones. En fin, que a quien no está acostumbrado a llevar bragas, las costuras le hacen llagas.

Las reacciones posteriores de los ofendidos son harina de un otro costal más peliagudo y mucho más alarmante, ya que dejan traslucir una falta absoluta de cintura política y, lo que es mucho peor, un tufo subyacente de iluminismo totalitario demasiado cercano al que emana de regímenes dictatoriales que impiden, y persiguen, cualquier atisbo de libertad.

Que tras la entrevista excepcionalmente no untuosa que le hicieron a Pablo Iglesias en RTVE a la que, por cierto, se presentó con una guardia pretoriana intimidante y con aires de matonismo, Podemos, directamente o por interposición de “consejos de informativos” jacobinos, haya pedido no sólo la dimisión de Sergio Martín, director del “Canal 24 horas” y conductor del programa,  sino también de los contertulios que intervinieron esa noche en el mismo, es un claro exponente, por si no hubieran dado ya suficientes, de lo que entienden estos elegidos para la gloria y la salvación del oprimido de la libertad de prensa, de opinión y de crítica. La ley de Serrano Súñer de 1938 en la que definía al periodista como "apóstol del pensamiento y de la fe de la nación recobrada a sus destinos”, les viene al pelo a estos tipos. Y para rematar historia tan clarificadora diré que soy incapaz de comprender, o sí, que la Asociación de la Prensa correspondiente no haya salido a defender, que yo sepa,  a su asociado. Tan prestos como andan en casos más recientes y cercanos. El crimen de lesa majestad del entrevistador fue dar la enhorabuena por la excarcelación de etarras a un individuo que dijo textualmente, con una sintaxis deplorable, “que todo demócrata debería preguntarse si no sería razonable que los presos de ETA no deberían ir saliendo de las cárceles”. Dado que él, según él, es demócrata, las felicitaciones del periodista son de lo más oportunas. Lo que vino detrás, esa histeria impostada de ofendido, es sólo el paripé de un farsante de libro.


Y que tras salir a la luz los entresijos del contrato de trabajo sui géneris de Errejón en la Universidad de Málaga, repleto de irregularidades en su cumplimiento y en su desarrollo, la defensa esgrimida por el niño repelente haya sido apelar a su papel de víctima de una campaña mediática de la casta, temerosa del ascenso imparable de su caudillaje, en la que se mezclan infamias, odios y envidias soterradas, como en una reedición alucinante del Falcon Crest más cutre versión conspiración judeo-masónica y contubernio de Munich, más que alegato exculpatorio viene a ser un pastiche cochambroso y manido de una pobreza intelectual apabullante.  

Pero bueno, ya sabemos que el victimismo, como arma política y como bandera en la que envolverse tratando de tapar miserias, no es patrimonio de nadie ni de ninguno. Es un cajón de sastre en el que pueden encontrar amparo tirios, troyanos, culpables, inocentes, jueces y ladrones. Aunque a unos y a otros se les vea el plumero charlatán y demagógico incluso cerrando los ojos. Todo sea por la casta. Y por el pueblo, faltaría más.

sábado, 13 de diciembre de 2014

LA 'CAGUEMOS', RAFA

En mis inicios casi prehistóricos como funcionario en la Universidad de Extremadura, cuando el campus de Badajoz, con más barbechos que construcciones, hacía verdadera justicia al significado de la palabreja, todos sus Servicios Centrales, incluido el ICE, cabían en apenas 4 salas de mediano tamaño. No sé el número exacto de personas que conformábamos la cuadrilla pero me atrevo a asegurar que no más de 25. Las relaciones eran, pues, casi familiares, incluyendo las consabidas e inevitables distorsiones familiares producidas por algún indeseable que aún sigue en la brecha. El grueso de la tropa nos llevábamos razonablemente bien, convivíamos sin problemas y “combebíamos” con menos problemas aún. Incluso había lugar para las bromas, ninguna de ellas pesada, generalmente urdidas por un par de elementos maquiavélicos que no desaprovechaban ocasión para hacer trastadas. Una de las más logradas la tramaron contra Fernando, hombre bueno y paciente que tenía la costumbre de tomar, junto con el café de la mañana, al menos una copita de anís. Más que nada para entonar los huesos y escalofriar los músculos. Solía acompañarle Rafael, un cachondo de Cheles que, llegado el momento, se prestó a ser cómplice del dúo chancero. Éstos enjaretaron sendos escritos, ficticiamente firmados por el Gerente y dirigidos a cada uno de los tempraneros degustadores de matalahúva, en los que se les reprendía por su actitud disoluta y contraria al decoro que debían guardar como miembros de la comunidad universitaria. Al tiempo, se les conminaba a que abandonaran de manera inmediata esa fea costumbre so pena de ser objeto de expediente disciplinario incoado en su contra, que podría resolverse con la inmediata expulsión de ambos de la institución.

Fernando recibió la misiva admonitoria en su mesa de trabajo. Después de leerla, cuando recobró la presencia de ánimo y las fuerzas necesarias en sus piernas para que pudieran sostenerlo, salió pitando en busca de Rafael con el fin de comprobar si había recibido escrito similar y de ser así, como estaba convencido, consensuar la estrategia a seguir. Éste, que él creía compañero de infortunio y no copartícipe en el pitorreo, lo convenció de la gravedad del asunto y de la necesidad de que suprimieran el rito del anisete, porque se estaban jugando el puesto y el oprobio público. Y así lo hicieron... al menos en collera. Porque Fernando, hombre de costumbres, era reticente a dejar sin más una tan arraigada en su rutina y, por otra parte, tan beneficiosa para encarar con optimismo y diligencia el monótono quehacer cotidiano. De modo que, venciendo su carácter pusilánime y haciendo de su necesidad virtud, ideó una táctica para disfrutar a diario del lenitivo prohibido, sin que ello supusiera correr riesgos innecesarios que hicieran peligrar su empleo. Así, sacrificó el paladeo del elixir por la rapidez en su ingesta. Para el camino de ida hasta el bar y vuelta a la trinchera, trayecto en que se exponía, a cuerpo gentil, al incordio del presunto enemigo, concibió una maniobra de distracción simple pero efectiva. Una sabia combinación de celeridad y despiste. Aprovechando que el bar de Isidro estaba contiguo a la sala de reprografía, o sea, una sala con una fotocopiadora antediluviana, convino con él que cuando se asomara, a la ida, pusiera en el trozo de barra que quedaba detrás de la puerta y, por tanto, oculto al mundo exterior, una copita de anís. A la vuelta, entraba como un rayo, se escondía tras la puerta de miradas indiscretas, se metía de un trago el lamparillazo y salía escopeteado. Máximo, diez segundos. Una acción fulminante. Y como maniobra de distracción que le sirviera de coartada o de excusa para sus incursiones, siempre se proveía de una carpetita azul  llena de escritos desechados, que iba o venía de fotocopiar según la dirección en que lo pillara el ‘tocahuevos’ de turno. Todo un prodigio de pericia.

Pero una mañana aciaga hubo una conjunción de circunstancias que llevaron a Fernando a pensar que, irremisiblemente, el final de su trayectoria en la Uex había tocado a su fin. De la que iba al paripé fotocopiador, su parapeto estaba ocupado. De manera que a la vuelta, ya algo angustiado por esta inconveniencia, Isidro le señaló el fondo de la barra. Allí lucía su copita de anís, huérfana y desamparada. Se armó de valor, recorrió nervioso el trecho que los separaba y, no bien la había cogido, apareció Rafael que, relajado en su rol de gancho o quizás olvidado ya del asunto, fue hasta él, pidió otra copa y lo entretuvo en la charla. En esas estaban cuando nuestro protagonista, más relajado, degustando la copa como antaño, divisó en la puerta la figura del gerente que le hacía señas para que se acercara. Y ahí se le precipitaron, en yuxtaposición, la flojera y el crujir de dientes, al tiempo que toda la negrura del futuro más tenebroso hizo presa en él. Miró a su compañero y, con un hilillo de voz apenas audible, demudada la color, le dijo: “La ‘caguemos’, Rafa. Nos manda ‘pa’ Cheles”. Se acercó hasta el jefe y comenzó a balbucear excusas que el otro ni entendía ni vislumbraba a qué cuento podían venir. Se limitó, desconcertado, a lo que iba, pasarle una orden de transferencia que tenía que hacer con cierta urgencia, y luego “miró al soslayo, fuese y no hubo nada”.


No sé si Fernando descubrió o se malició la trama. Bien es verdad que siguió yendo a tomar la copita diaria pero, por si las moscas, lo hacía siempre escondido detrás de la puerta y con su carpetita azul bajo el brazo llena de papeles, inútiles para todos menos para él.

sábado, 6 de diciembre de 2014

TXIQUITOS DE SANGRE


Según el último barómetro del CIS de noviembre pasado, los tres asuntos que más preocupan a los españoles en la actualidad son, por este orden, el paro, la corrupción y los problemas de índole económica. En cuarto lugar, “los políticos en general, los partidos políticos y la política”, o sea, en una interpretación amplia, la base que sustenta dos de los tres poderes del Estado de Derecho, el ejecutivo y el legislativo. En décimo lugar, y sólo para el 3,6% de los encuestados, aparecen los relacionados con la administración de justicia, la tercera pata del banco de la ortodoxia teórica. Bien es verdad que, por simple estadística, la mayoría de la población nunca pisará un juzgado si no es para casarse o para inscribir a los hijos en el Registro Civil, por lo que esa sensación despreocupada con respecto a esta institución fundamental en el acontecer diario de un país es producto, probablemente, de la lejanía y ajenidad con que es percibida. Incluso estoy por asegurar que un tanto por ciento elevadísimo de ese 3,6%  forma parte, de una u otra forma, del estamento judicial.

No deja de sorprenderme esa percepción de indiferencia al pensar que estamos hablando de la institución que tiene en sus manos, con mucha más impunidad y amparo que las otras dos, la potestad, a través de sus jueces, de dar y quitar, directa a o indirectamente, algo tan fundamental como es la libertad de cada uno de nosotros si alguna vez, el destino no lo quiera, debemos pasar por sus horcas caudinas. Ellos se ponen las togas con sus puñetas, te miran como si no estuvieras y a esperar a que dicten qué serás a partir de entonces. A no ser, claro, que aquellos que tienen en sus manos esa tantas veces sutil y caprichosa concurrencia que hace que nuestro destino venga a ser el que es y no el que debiera, en lógica, haber sido, sean personas tan razonables en su sinrazón como las tres que integran la Sección Primera de la Audiencia Nacional. Y es que nunca ha de faltar un roto para un descosido.

Este pasado jueves, en un alarde de magnanimidad digna del mayor encomio, estos tres Salomones, Manuela Fernández de Prado, Javier Mártinez Lázaro y Ramón Sáez Valcárcel, seguro que dignos hijos de sus madres, han querido demostrar que las horcas pueden tornarse lazos de guirnalda y la rigidez, urgente ductilidad, poniendo en libertad a dos etarras: Alberto Plazaola, condenado en 1977 a 46 años de cárcel y  Santiago Arrospide Sarasola, “Santi Potros”, condenado a 3.122 años de cárcel en 11 sentencias como inductor de varios atentados terroristas, entre ellos el de Hipercor (21 muertos y 45 heridos), y el de la plaza de la República Dominicana (12 guardias civiles muertos y 32 heridos). Detrás de ellos, si nadie lo remedia y más antes que después, está previsto que salgan Francisco Múgica Garmendia, “Pakito”, condenado a más de 4.500 años de cárcel, 2.354 de ellos por el atentado de la casa cuartel de Zaragoza (11 muertos, entre ellos 5 niñas, y 88 heridos), y Rafael Caride Simón, autor material de la masacre de Hipercor, por la que fue condenado a 790 años de prisión. Parece que esta vez la justicia, gracias a la celeridad de tan dignos representantes del Olimpo procesal, ha echado por tierra la proverbial lentitud de la justicia en España porque, de haber tardado 24 horas más en decidir, les hubiera sido imposible liberarlos al entrar en vigor una ley que pone restricciones a la triquiñuela legal a la que se han acogido para el dislate, de modo que había que darse prisa. Y bien que se la dieron. “Las prisas ‘pa’ los delincuentes y ‘pa’ los malos toreros”, decía Juncal. Y qué razón tenía.

Ironías aparte, torpe recurso en el que busco amparo para impedir que la indignación haga que supere los límites de una prudencia calculada y triste, no soy capaz de asimilar el disparate. Porque me hace sufrir lo grotesco de unas sentencias a miles de años que no valen ni el papel en que están escritas. Porque no entiendo que un país como el nuestro, teóricamente civilizado y democrático, se permita el lujo de que la ley sea soporte de la injusticia, que tipejos como estos que han causado tanto dolor inútil y tanta muerte irrazonable, salgan a la calle a respirar el mismo aire que respiran los que aún lloran por los muertos que ellos causaron. Ante situaciones como ésta me siento indefenso e  inútil, porque sé que no hay remedio, que esta rueda continuará rodando, impertérrita, que mañana también tendrá un mañana y los desatinados jamás rendirán cuentas ante nadie, seguirán con sus puñetas y sus togas -ufanos quizá en su mezquindad, acaso convencidos de sí mismos- despreciando la pena de las víctimas. Y la vida de los que vivimos se cuajará de asombros similares y durará la muerte de los muertos, absorta en sus silencios. Me pregunto si alguien tendrá valor para limpiar la sangre doblemente derramada.

sábado, 29 de noviembre de 2014

MONAGO VIAJERO, SEGUNDO ACTO

Dos sábados atrás, y a raíz de la rueda de prensa convocada por Monago para tratar de explicar no sólo la legalidad, sino la licitud de sus viajes a Canarias, y defenderse del linchamiento del que, no sin razón, se sentía víctima, terminaba mi artículo Falso culpable diciendo: Y como lo que no mata engorda, el mal trago le ha hecho crecer renovando fuerzas y confianza. Habrá que estar atentos porque parece que el segundo acto de este drama no ha hecho más que empezar. Pues después de dos semanas, en que la función ha quedado limitada a conversaciones en el ambigú cada vez más mortecinas, este pasado jueves ha finalizado el segundo acto de este sainete (convertido, por la torpeza de su protagonista, en culebrón), con la comparecencia del susodicho en sede parlamentaria, dizque a petición propia cuando más bien fue porque a la fuerza ahorcan. Después de unas primeras preguntas de relleno, algo así como un calentamiento de motores, vino el plato fuerte. Fernando Manzano, a la sazón presidente de la Asamblea y, por tal, primo de su chófer, trató de explicarnos el mecanismo de la función. Con su habitual torpeza expresiva y su absoluta incapacidad pedagógica hizo de la aclaración de lo sencillo un galimatías tan obtuso como sus entendederas. Me sigue asombrando, cada vez que lo escucho, la capacidad envidiable que desarrolla para hacer patente sin rubor, en un alarde continuado de inconsciencia, su inanidad intelectual. Ignoro las virtudes ocultas, más bien recónditas, que atesora para ocupar el puesto que ocupa. A no ser que no debamos hablar de virtudes, sino de cuotas provinciales, prebendas partidistas u otros motivos más espurios en los que el mérito y la capacidad nada tengan que ver con su elección. Sólo así me puedo explicar que esté donde está y sea lo que nunca tenía que haber sido.

Ciudad sin sueño, llamó el compareciente a su discurso, copiando el título de un poema de Federico García Lorca y su Poeta en New York. Es éste un poema definitivo, desgarrado, pleno de imágenes surrealistas, en el que Federico nos habla de  la deshumanización de la gran ciudad y de la angustia, la soledad y la frustración de sus habitantes, rodeados de alimañas y robotizados e indefensos ante la indiferencia que conlleva un anonimato compartido. El presidente adulteró con solemnidad impostada algunos de sus versos utilizándolos de forma aberrante como preámbulo de su intervención, quizás en un intento patoso de epatar, con esta pedestre manipulación plena de un lirismo romo y recargado, a sus contrarios. Lo que consiguió, en lo que a mí se refiere, fue revolverme las tripas viendo cómo se destrozaba, alegre e impunemente, un poema tan distinto y tan distante de lo que allí se trataba. Y la falta de respeto hacia el autor y su obra que esa utilización rastrera supone. Después citó a Juan Ramón, porque la cosa parece que iba de poetas. Me gustaría recordarle a él y, sobre todo, al equipo pluri o unipersonal que le pueda escribir los discursos, que este poeta dijo refiriéndose a la poesía: ¡No la toques ya más / que así es la rosa! Pues háganle caso, no me sean sobones, y no magreen con descaro tan lúbrico lo que es intocable, que eso sí que creo yo motivo más que justificado para una moción de censura.

¿El discurso? Pues a lo que últimamente nos tiene acostumbrado el personaje. Mitad de autobombo y mitad de victimismo. Un “déjà vu” monótono y esdrújulo, trufado con abracadabras varios que sonaban a pólvora mojada. En cualquier caso y a pesar de su escasez, fue suficiente. Porque, como decía aquél a su hermano ante la madre moribunda, si “crees que madre está mal, ya verás padre”. Y el padre estaba muerto. La intervención del portavoz del PSOE (¿por qué no intervino Fernández Vara?), fue igual que el cardado de su tupé: vacía, inconsistente y, en lo poco que improvisó por el descoloque que le provocó el discurso con truco de Monago, desorientada. Empecinado en pedir su salida con un argumentario inconsistente y, en algunos momentos, tramposo. Y todo ello con una dicción atildada y peripuesta acorde con su pose de “¡mecachis, qué guapo soy!” que, al menos a mí, no me convence. Repito, ¿por qué no intervino Fernández Vara? El atropellado portavoz del Prex-Crex, más de lo mismo. Vehemente y, al menos, dando sensación de que se creía lo que decía, se enrocó en pedir la dimisión con los argumentos manidos que ya venimos oyendo todos estos días. Y Escobar, curiosamente el único de los tres que ha revisado los 400 folios de documentación de los que Monago alardea para justificarse, ni condenó ni absolvió. Ahí deambuló en tierra de nadie mientras daba muestras, en el momento de su intervención, de ser el mejor parlamentario de los cuatro a la hora de expresarse y de comunicar. Y, por último, la homilía del portavoz del PP, que fue una guinda de traca, una tabarra alucinante y empachosa por demás. Una cosa es apoyar a tu jefe de filas y otra llevar la veneración al líder hasta los extremos más hiperbólicamente ridículos y grandilocuentes. ¡Qué verbo cálido, qué énfasis laudatorio, qué arrebato de pasión, qué atiborre de incienso y azahares! Mientras la escuchaba, cerraba los ojos y, en mi delirio diabético, se me aparecía García Carrés, con su camisa azul, perorando las excelsas virtudes de un Generalísimo amodorrado. Menudo trago me hizo pasar el hagiógrafo.


Las réplicas y contrarréplicas fueron, en algunos momentos, una suerte de reproches y ‘contrarreproches’ digna de una discusión de comadres, de un especial de Sálvame o de una pelea de patio de colegio hablando de pandillas y de amigos. Impagable la imagen de Monago diciéndole al portavoz del PSOE que a él no le dejaría los papeles justificativos de su Visa “porque son míos, porque no quiero y porque no me da la gana”. Sólo le faltó añadir aquello de “porque además tú eres mi peste y contigo no me ajunto”. Patético. Pero efectivo. Al final, los llevó hasta su terreno, se los zampó sin masticar y no escupió ni los huesos. Pues que vayan aprendiendo.

sábado, 22 de noviembre de 2014

EL EMBUDO POPULISTA


Hay muchos que son doctores, 
y de su ciencia no dudo, 
mas yo que soy hombre rudo,  
y aunque de esto poco entiendo 
diariamente estoy viendo  
que aplican la del embudo. 

Esta sabia reflexión, refiriéndose a la ley,  pone José Hernández en los labios del protagonista de su extenso poema narrativo El gaucho Martín Fierro, escrito nada menos que en el año 1872, perfectamente “traspolable” (Manzano dixit) a nuestros días y que traigo a colación a raíz del asunto viajero de Monago, aireado hasta el empacho a los cuatro vientos en redes y medios, sobre el que ha opinado hasta el Tato, (incluido este que lo es), y por el que se ha visto sometido a todo tipo de críticas y descalificaciones. El peso de la púrpura puede resultar aplastante y más si, como en este caso, el manto que te han adjudicado o con el que te has cubierto es el de memeces como “verso suelto”, “barón rojo” o “adalid de la transparencia” y después te pescan en un desliz tan opaco como el de los viajes canarios. Por eso no entiendo cómo aquellos que en tropel salieron a linchar al supuesto hipócrita, andan ahora mudos como piedras ante un episodio muy similar en cuanto a sus implicaciones éticas se refiere y, sobre todo, en cuanto a la contradicción dolosa entre los principios proclamados por su protagonista y su actuación en él. Y, a mayor abundamiento, si el pago de los billetes de avión de aquél, aun pudiendo ser legítimamente criticable, está dentro de la legalidad, pero el cobro de honorarios de este otro puede contravenir, de entrada, la Ley 53/1984 de Incompatibilidades que le es aplicable.

Decir que no entiendo el porqué de esta diferencia de criterio a la hora de las reacciones habidas ante dos casos tan parecidos, ha sido solo un recurso retórico que he utilizado, entre otras cosas, para aumentar el número de caracteres con espacio que me tortura cada sábado, ya que, y al título de este artículo me remito, las razones están claras. Y más que claras cuando sabemos que el segundo embrollo al que me refiero es al protagonizado por Íñigo Errejón, colíder de Podemos, y su contrato temporal de trabajo a jornada completa firmado con la Universidad de Málaga. Como primera providencia a contemplar, la plaza a cubrir está encuadrada dentro de un proyecto de investigación financiado por la Secretaría General de Vivienda de la Consejería de Fomento y Vivienda de la Junta de Andalucía, dirigida por Amanda Meyer, hija de Willy, candidato dimisionario a las elecciones europeas por IU, y hermana de Tristán, trabajador de Producciones “Con Mano Izquierda”, que realiza el programa La Tuerka, productora en la que Pablo Iglesias, hasta hace poco, figuraba como director de contenidos y creatividad. Además, gracias a que esta hada madrina les facilitó la entrada, IU es ahora uno de los mejores clientes de Producciones CMI. Transversalidad relacional pues, por decirlo en su lenguaje. (Por cierto que Pablo Iglesias tenía registrada esta empresa, a todas luces mercantil, como una “entidad cultural sin ánimo de lucro”, algo así como el Instituto Nóos de Urdangarin, pero en plan progre-mediático-lambuzo).

Vayamos a la verticalidad. El director del proyecto es Alberto Montero, profesor de Economía Aplicada en la UMA y amigo de Errejón, al que avisó, al tiempo que a otros amigos en paro, de la oferta de trabajo. Quiso el destino, siempre veleidoso, que de todos los avisados y de todos los que se enteraran de esta convocatoria, publicitada, según nos dice su responsable, siguiendo la normativa vigente, sólo se presentara a la misma el avispado Errejón. Y a él le fue adjudicada plaza tan golosa. El contrato, repito, era en régimen de jornada completa, con un horario de 8 a 16 horas de lunes a viernes, lo que completa 40 horas semanales. Se firmó el 17 de marzo por una duración de tres meses prorrogables hasta la finalización del trabajo y con un sueldo bruto de 1.825 euros mensuales. En fin, a tope. No seré yo el que diga que esta serie de bienaventuranzas que concurrieron en el feliz desarrollo de la peripecia laboral de este doctor ubicuo haya sido debida a que Alberto Montero, además de profesor de la UMA, es miembro del Comité de la Dirección Política de Podemos y vicepresidente de la Fundación CEPS, en la que Errejón colabora desde hace años. Ni que ello haya influido en que, aunque el contrato especifica un horario concreto con excepciones  puntuales, se hayan invertido los términos hasta hacer de la anécdota categoría y así permitir que, de marzo a setiembre, Errejón sólo haya acudido dos veces a su centro de trabajo, absorbido como estaba en su lucha contra la casta y sus privilegios. Ni que haya tenido que ver con que el contratado siguiera contratado de forma ilegal al incumplir la citada Ley 53/194 de Incompatibilidades, simultaneando el sueldo de la UMA con los haberes recibidos de Podemos y Producciones CMI por su contribución en la  lucha contra la casta y sus privilegios. Casi de manera simultánea a que se hiciera público este colegueo endogámico, Errejón comunicó a su jefe, en llamada telefónica, que renunciaba a la plaza que tan limpiamente había conseguido y a la que, según declaración de un cualificado portavoz de Podemos, había dedicado “el poco tiempo libre que tiene”. Pero es que el tiempo libre que le queda a este filántropo después de luchar contra la casta y sus privilegios no tiene precio. O sí: 1.825 euros al mes. Una miseria sin duda. Injusticias de este puto sistema capitalista, o sea.

¿Y los vocingleros de antaño? Pues eso, mudos hogaño. Porque la ley del embudo, para ellos, sí que es una ley de obligado cumplimiento.

sábado, 15 de noviembre de 2014

FALSO CULPABLE

El hombre que mató a Liberty Valance es una obra maestra de John Ford, del año 1962, que nos cuenta la historia de tres personajes que coinciden en Shinbone, un pequeño pueblo del oeste americano. Ellos son Ransom Stoddard (James Stewart),  abogado idealista y tozudo; Tom Doniphon (John Wayne), un hombretón solitario, brusco y taciturno; y el propio Liberty Valance (Lee Marvin), un villano de enciclopedia que aterroriza la comarca, siempre acompañado de dos secuaces, Reese (Lee Van Cleef) y Floyd (Strother Martin). Si no la conocen les recomiendo que la vean, que es el camino más corto y mejor para disfrutarla, porque el camino anterior va dirigido a quien yo quería llegar, a este ultimo canalla, Floyd, el personaje más repugnante de todos los que desfilan por la historia. Cobarde e insignificante, siempre a la sombra del matón, su calaña moral queda perfectamente definida en la escena en la que Liberty propina una brutal paliza a Dutton Peabody (Edmond O’Brien), director del periódico local “Shinbone Star”. A cada golpe que, con su fusta rematada en un cabuchón de plata, el bestia de Liberty descargaba sobre el infortunado periodista, el miserable de Floyd respondía con un respingo espasmódico que acompañaba con su asquerosa risilla de comadreja histérica, presa de un éxtasis místico-sexual vomitivo e inolvidable. O sea, la imagen de una puñetera escoria amparada en el manto protector de la brutalidad de su jefe sin el que no es más que un don nadie.

Ha venido a mi memoria este deleznable personaje a raíz de la noticia de los viajes de Monago a Canarias y de la marabunta de Floyds que, a partir de ahí, han invadido las redes sociales, cansina y machaconamente, amparados en la fuerza de la corriente y, en muchos casos, en la cobardía del anonimato, con comentarios que iban de lo pueril a lo soez, de la simpleza a la ampulosidad, de lo temerario a lo irracional, con un desparpajo asombroso. Con el  mismo que, en una buena parte de ellos, estos opinantes atrabiliarios fusilaban ortografía y sintaxis sin compasión. Solo ha faltado, como música de fondo a este guirigay de botarates, la risita impostada del granuja. La ignorancia suele ser el motor de los imprudentes, y en las redes ha funcionado a toda pastilla y colmada de mala baba, haciendo de la sospecha, certeza, y del sospechoso, un culpable expuesto en la picota de una manera injusta, precipitada y vergonzosa. El origen que dio lugar a este alud de insensateces fue la noticia publicada en un diario digital, que no se significa precisamente por su imparcialidad ni por lo plural de sus opiniones, con un matiz tan categórico que no dejaba lugar a dudas: “Monago viajaba a Tenerife para ver a su novia a costa del Senado”. Aparte de que la frase podría mejorarse en su sintaxis, no deja lugar a dudas, y la conclusión a la que empuja es inevitable: Monago es un corrupto y un malversador que utiliza dineros públicos (esos que una lumbreras socialista dijo que no eran de nadie) para su disfrute personal.  El sectarismo es lo que tiene. A partir de ahí solo hay que contar con el efecto dominó que el afán competitivo en memeces de las redes sociales provoca, para que la avalancha arrase y se lleve por delante cualquier intento de sensatez.

Bien es verdad que ha sido el propio Monago, que ha gestionado el asunto de una manera catastrófica, quien ha contribuido a que el argayo alcance dimensiones demoledoras para su prestigio. Pasó, sin solución de continuidad, de una primera pose que semejaba a Shrek expulsando a los intrusos de su ciénaga, a otra blandengue y gimoteante propia de niño mal criado al que sus compañeros de recreo han robado la pelotita; de la negación rotunda del desfalco, a balancearse en las indefiniciones de la inseguridad y elegir una vía de escape, la devolución de los dineros, que acaba volviéndose contra él. Si la estrategia ha sido obra del consejero áulico, ese octavo pasajero siempre en un segundo plano oscuro e inquietante, más vale que lo envíe de vuelta a la Nostromo en la lanzadera más rápida que encuentre, y lo deje allí orbitando por un periodo de tiempo no inferior a la eternidad. Y con él, a los integrantes de su partido que han salido a defenderlo, encabezados por Fernando Manzano, a la sazón presidente de la Asamblea de Extremadura y, por tal, primo de su chófer, al que oyéndolo hablar con su torpeza habitual para expresarse, no sabe uno si está escuchando a un compañero del acosado o está leyendo uno de los dislates anónimos de sus enemigos en las redes. Sin contar con el espectáculo grotesco de estos y sus homólogos del PSOE, enfrascados en un cruce de acusaciones y exigencias de ceses que, más que un debate político, parece una competición para ver quién de ellos larga la mayor sandez. En fin, un desastre sin paliativos que sólo ha servido para alimentar suspicacias y hacer aflorar la desconfianza incluso en los más bienintencionados.


La rueda de prensa dada ayer mismo por Monago me ha obligado a rectificar este último párrafo del artículo que ya tenía listo para enviar. Espero que no se le ocurra hacerme nunca más tamaña jugarreta. Fue ésta una comparecencia que acabó resultándome latosa y repetitiva, cargada de tal autobombo que por momentos bien pareció una mezcla de hagiografía con reminiscencias del inolvidable Pepe Legrá y su “soy el mejó”. ¡Cuánto incienso, Señor! Para mi gusto le sobraron muchos minutos de una vanidad que, en ocasiones, reflejaba cierta ansia de revancha contenida. Pero, en fin, lo que importa es que, según nos contó, tiene acreditado documentalmente que los viajes particulares a Tenerife los pagó de su bolsillo, que era el meollo de la cuestión. De modo que los nuevos inquisidores, chusma o no, deberían ir desmontando picotas y patíbulos porque el condenado se les ha escabullido por la gatera. Y como lo que no mata engorda, el mal trago le ha hecho crecer renovando fuerzas y confianza. Habrá que estar atentos porque parece que el segundo acto de este drama no ha hecho más que empezar.

sábado, 8 de noviembre de 2014

VOTOS PONDERADOS AL PUCHERO


El pasado miércoles día 5, siguiendo el calendario previsto, Segundo Píriz fue proclamado ganador de las elecciones a Rector de la UEX, cargo que ocupará durante los próximos 4 años. El comunicado de la Junta Electoral que lo hace público es escueto. Se limita a reproducir los resultados provisionales, que eleva a definitivos, añadiendo la coletilla de que dicha Resolución “agota la vía administrativa, por lo que puede ser impugnada directamente ante el órgano competente de la Jurisdicción Contencioso-Administrativa”. A veces, como en ésta, la parquedad en los mensajes oficiales no se utiliza sólo para seguir las normas del lenguaje burocrático que, como decía mi amigo Enrique, “debe ser conciso y congruente con las pretensiones de la demanda”, sino también para ocultar detalles que, aunque no hay obligación de revelar, sería conveniente dar a conocer para que el administrado o, como en este caso, el elector, fuera consciente de todas las circunstancias que han concurrido en el resultado final. Harto estoy de ver, en convocatorias a plazas de cualquier tipo en el ámbito universitario, información de las reclamaciones presentadas contra los resultados provisionales, el veredicto estimatorio o no de las mismas, y las razones que lo han motivado. Incluso conocemos nombre y apellidos de los recurrentes. Si esto se hace así en procesos que afectan, generalmente, a un reducido número de personas, ¿qué motivos existen para que en estas elecciones la Junta Electoral no haya seguido el mismo criterio, ocultando a la comunidad universitaria, casi 25000 electores, las dos reclamaciones presentadas a los resultados provisionales? Porque han sido al menos dos, que yo sepa, interpuestas por el postulante en principio derrotado, Fernando Guiberteau Cabanillas, y por el profesor de la Escuela de Ingenierías Industriales, Ignacio Herrera Navarro, disconformes con los índices de ponderación aplicados y, por tanto, con el resultado final del proceso. Es evidente que ambas han sido rechazadas por la Junta Electoral, con razones y argumentos que tampoco han transcendido públicamente. Si el proceso, incluida la desestimación de las impugnaciones, ha sido limpio y ajustado a la ley, ¿a qué tanto ocultamiento, tanto misterio, tanto secretismo? Más si tenemos en cuenta que su resolución no sólo afecta a los dos candidatos, sino sobre todo a sus, repito, casi 25000 electores, que tienen todo el derecho a conocer, con luz y taquígrafos,  cómo se ha llegado a ella, y así evitar la sensación que muchos puedan tener de haber sido mangoneados. “El que algo oculta, algo esconde”, dijo alguien, posiblemente Perogrullo, en similares circunstancias.

El artículo 92 de los Estatutos de la Uex, en su punto 2, establece los índices de ponderación del voto por sectores en las elecciones a Rector. Y en su punto 3 dice: “En cada proceso electoral, la Junta Electoral determinará, tras el escrutinio de los votos, los coeficientes de ponderación que corresponderá aplicar al voto a candidaturas válidamente emitido en cada sector...”. Parece que es en esa obviedad de “a candidaturas”, ( a qué va a ser si no, ¿a lechugas?), en la que se ha apoyado la Junta Electoral para desestimar los recursos presentados, equiparando el voto en blanco al nulo. Cuando en realidad el voto en blanco es un voto a candidaturas válido, aunque no vote a ninguna de ellas. A mayor abundamiento, su argumento se contradice con su propia actuación, que diferencia nulos y blancos a la hora de comunicar los resultados e, incluso, con el hecho de que en las cabinas de votación hubiera papeletas en blanco para quienes quisieran utilizarlas. Y para remate, lo peor: su actuación contraviene el Reglamento Electoral aprobado en Consejo de Gobierno del año 2004, que en su artículo 100, una vez establecida la fórmula para hallar el coeficiente de ponderación por sector, dice textualmente: “No se tendrán en cuenta en la ponderación los votos nulos”. Cualquiera entiende, menos ellos, que, por exclusión, son válidos y ponderables todos los demás, incluidos los votos en blanco. La conclusión a la que llego es que, o bien la Junta Electoral se ha tomado a humo de pajas el reglamento, que sería la repanocha, o que es el propio reglamento el que transgrede los estatutos, que ya sería la repanocha con faralaes. En cualquier caso, el asunto ha entrado en una sinrazón alucinante. Y viene a ser un ejemplo palpable o de desahogo o de incompetencia, que es como salir de la sartén para caer en las brasas.

Al menos desde el año 2004, en la Uex, estas cosas se han venido haciendo de la misma manera. O sea, chapuceramente. Incluso, en su día, un integrante de la Junta Electoral, ante la advertencia de un funcionario de que los votos en blanco debían ponderarse,  justificó su descarte con el luminoso argumento de que “el señor blanco no se presenta a la elecciones”. Muy clarividente el individuo, sin duda. Si hasta ahora nadie pio, fue porque la diferencia de votos entre los contendientes era lo suficientemente holgada como para que el cómputo de los votos en blanco supusiera una alteración en el resultado final. Pero en esta ocasión, con el escrutinio más apretado que un chotis, si se hubieran ponderado se tendría que haber ido a una segunda vuelta, pues ninguno de los candidatos hubiera alcanzado la mayoría absoluta requerida. Y ahí es donde la puerca torció el rabo, porque los unos con el escroto en el gaznate y los otros con la miel en los labios, vieron cómo su suerte cambiaba por un puñado de votos.


El espectáculo posterior ha sido bochornoso. Los que pasaron del acojonamiento a la euforia, exteriorizando su alegría con poses exultantes rayanas en lo chabacano, y con unas declaraciones poco afortunadas del Rector electo en las que ignoraba a su contrincante y manejaba datos de forma burda y tendenciosa. Y el candidato derrotado, jugando a dos barajas con depurado estilo de trilero sectario, pues mientras que con una mano enviaba a la ‘élite docente universitaria’ un comunicado en el que aceptaba su derrota con aparente pulcritud democrática de buen perdedor, con la otra presentaba una reclamación impugnando los resultados. Todo muy edificante. Pero en fin, ya se sabe, son las cosas de la UEX. Así que lo dicho, a quien Dios se la dé –aun de aquella manera-, la Junta Electoral se la bendiga. 

sábado, 1 de noviembre de 2014

PODEMOS, A VERLAS VENIR

Parece que la filtración del resultado de la última encuesta del CIS sobre intención de voto ha resquebrajado los cimientos de nuestro sistema político o, quizás mejor, de la molicie rutinaria de la clase política española. Andan las camarillas dirigentes de los partidos ‘tradicionales’ en un sinvivir sabiendo que Podemos, ese “fantasma que recorre España”, se sitúa como primera fuerza política en intención de voto. Bien es verdad que dicha encuesta se hizo en plena crisis del virus del Ébola y con la fanfarria estupefaciente de las tarjetas negras de Bankia trompeteando a todo tren en los medios, pero la excusa de esa funesta conjunción no es lenitivo válido para sus temblores. Entre otras cosas porque la mecha está prendida, cuando se acaba una traca petardea otra, cuando Bankia agoniza surge la trama Púnica, y así sucesiva o simultáneamente, con los Pujol de golfos apandadores o la caja B del Partido Popular asomando la patita por debajo de las urnas. Y lo que te rondaré morena de aquí en adelante porque me temo, y ellos lo temen más, que esto no ha hecho más que empezar, y hasta las próximas elecciones y las siguientes vamos a asistir a un desfile de escándalos y ladrones de no te menees. Si a eso añadimos la desastrosa gestión que de los expolios de militantes y mandamases han hecho los partidos implicados, empeñados en escupirse de un pupitre a otro tratando de justificar lo injustificable y empecinados, como vienen demostrando los resultados de las distintas encuestas, en una carrera suicida, nos encontramos con que el escenario para la escalada vertiginosa de Podemos, que sólo tiene que sentarse para ver como sus contrincantes se despedazan, es perfecto. La ceguera y la torpeza de los, hasta ahora, dos grandes partidos, que en vez de limpiar sus respectivas casas se dedican a llamar guarro al vecino mientras la porquería les llega al cuello, me resulta patética e incomprensible. Si al final la mierda los asfixia, tendrán lo que se merecen. Y entretanto, Podemos, a verlas venir.

A nivel doméstico, en Extremadura, y a raíz de la publicación en estas mismas páginas de un estudio sobre intención de voto que da 9 escaños a Podemos en las próximas elecciones autonómicas, la función se repite, si bien con matices en las tiritonas. Lo primero que hizo el PP, por medio de su portavoz Hernández Carrón, fue negar la validez de la encuesta. Argumentó este Protágoras que, en ella, Monago aprobaba y era el político regional más valorado, por lo que no es posible que pudiera bajar en intención de voto. Puestos a decir perogrulladas, yo, siguiendo el brioso esquema de su razonamiento, la digo a la viceversa y me quedo tan pancho: Si Monago baja en intención de voto, es de todo punto inverosímil que pueda recibir un aprobado, y agárrame esa mosca por el rabo si es que puedes. El sofisma es lo que tiene, que sirve lo mismo para llegar a una conclusión que a su contraria. Y mientras, el valorado presidente implorando, al estilo Lola Flores,  un “si me queréis, votarme” enternecedor. Después de abrir boca, en el segundo acto de este entremés mugroso andan ya nuestros próceres regionales abriendo el tarro de las esencias pestosas, aunque a un nivel más modesto que en la capital. Si allí los proyectiles son como heces de paquidermo, aquí nos conformamos con cagalutas ovinas y alguna bomba fétida: un alcalde condenado por acá, otro multado por un delito de faltas por allá, un gerente del SES acusado de irregularidades administrativas... En fin, el chocolate del loro. Y entretanto, Podemos, a verlas venir.

Lo que más me sorprende de este asunto es que Podemos, a nivel de representación institucional, no es nada en España. Cero patatero. Hasta hace poco tan sólo una serie de círculos o circunferencias secantes que, después del golpe de mano dado en la última asamblea nacional por el politburó, se ha transformado en un partido político constituido dentro de la más pura ortodoxia leninista, con su centralismo democrático y todo. Con un batiburrillo ideológico de sus integrantes digno de estudio, su programa político, que aparece en la página Web, es un compendio de buenas, y no tan buenas, intenciones, muchas de ellas irrealizables, que se ajustan a lo que un gran número de ciudadanos quiere oír, de manera que, en algún momento de su lectura, me ha parecido que esté hecho al revés, quedándome con el regusto de que se riza el rizo del oportunismo político más elaborado bajo el lema de, mejorando lo presente y sin ánimo de ofender, “a los bueyes, paja”. Pablo Iglesias, el doctor Frankenstein padre de la criatura, es un producto paradigmático de la más refinada mercadotecnia mediática que domina a la perfección el control de los tiempos. Gracias a ello consiguió, como cabeza de lista, entrar en el Parlamento Europeo junto a otros cuatro camaradas. Tras él, como ayudantes de laboratorio en la creación de este artificio populista,  me inquieta Monedero, un personaje con cara de comisario político que nos ofreció, en la entrevista de esta semana en HOY, una buena ristra de frases hechas, eslóganes manidos y consignas estereotipadas de lo más ilustrativa y, con perdón por la frivolidad,  me estomaga hasta la arcada Errejón, mezcla de Pitagorín y repelente niño Vicente que destila una arrogancia marisabidilla y una pedantería insoportables.

En cualquier caso, sin programa de gobierno aún y sin candidato, en España se encarama al primer puesto en intención de voto y en Extremadura se le pronostican 9 escaños. Bien es verdad que juegan con la ventaja de no tener un pasado como formación política, lo que les permite presentarse limpios del estigma de la corrupción, aunque esta limpieza pueda ser sólo debida a que no han tenido ninguna posibilidad material de ensuciarse. Pero también que, para darles aún más facilidades, la campaña se la están haciendo gratis los demás partidos, a mamporro limpio con el “y tú más”. De modo que entre unas cosas y otras, se lo están poniendo a huevo: Sólo tienen que sentarse y esperar a verlas venir.

sábado, 25 de octubre de 2014

EL GRAN NICOLASITO

Tuve como profesora de Historia, en aquellos gozosos años en que cursé el bachillerato en el Instituto Zurbarán, a doña María Bourrellier. Recuerdo sus lecciones magistrales en las que, con una infinita paciencia y un lenguaje exquisito, trataba no sólo de que conociéramos la Historia de España, sino también de espolear nuestra curiosidad por los temas que a ella le apasionaban y así se abriera en nosotros el deseo de saber más. No le debía resultar fácil a una educada mujer como ella, de lenguaje correctísimo y poseedora de una elegancia antigua y atemporal, lidiar con una pandilla de mozancones como nosotros. Pero creo que el amor a su vocación la hacía inasequible al desaliento. Tengo frescas en mi memoria su imagen en el estrado, muchas de sus enseñanzas y algunas anécdotas de las que fue involuntaria protagonista. Y, especialmente estos días, ha destacado por entre el batiburrillo de mi magín la disertación que nos dio sobre “Las meninas”, de Velázquez, lienzo del que nos ofreció una radiografía precisa y detallada, al tiempo que nos empapaba de sus conocimientos sobre los Austria y, en este caso, sobre el reinado de Felipe IV. En aquella época sin ordenadores ni pizarras electrónicas, para que pudiéramos seguir mejor sus explicaciones nos entregó, a cada uno, una reproducción de la obra que, como es natural, debíamos devolver al finalizar la clase. Así aprendimos cómo se llamaban los personajes que en ella aparecen, su función en la Corte y su ubicación en el cuadro. De todos los nombres el que más hilaridad nos producía, por su sonoridad trompetera, era el de Nicolasito Pertusato, que es el enano que aparece a la derecha, junto a Mari Bárbola y el mastín.

Evidentemente, como el avispado lector ya habrá deducido, me ha aflorado este recuerdo de juventud gracias al personaje de moda en la actualidad española, tocayo del enano velazqueño, Francisco Nicolás Gómez Iglesias, bautizado en los medios como “El pequeño Nicolás” y rebautizado en mi cacumen, quizás por un ataque de añoranza de aquellos tiempos mágicos, como “El gran Nicolasito”, detenido el pasado día 14 por la policía acusado de estafa, falsedad y usurpación de funciones públicas. A partir de ahí y en apenas diez días, hemos ido sabiendo de las andanzas y engañifas del personaje. Ahora tiene veinte años pero, como poco, lleva actuando desde hace por lo menos tres. Una carrera corta pero intensa porque en ese tiempo se ha codeado y ha vendido la pluma verde a políticos, empresarios, sindicalistas, policías e, incluso, a la Casa Real, que lo invitó a la coronación de Felipe VI. El tipo es un portento, sin duda, que ha conseguido, entre otras cosas, la cuadratura del círculo, como es la de engañar a políticos y gerifaltes significados que han sido, y siguen siendo, expertos en el tema del engaño. Se ha fotografiado con ellos, que ahora aparecen a nuestros ojos con caras de tonto, emulando a los retratos sicológicos de Alberto Schommer, y haciéndoles probar de su propia medicina. Si este asunto, al que muchos medios han dado un toque de frivolidad picaresca que raya en lo anecdótico, es tan sencillo y lineal, sólo me queda quitarme el sombrero ante el desparpajo de un tipo que, lampiño y a partir de los diecisiete años, ha sido capaz de engatusar a nuestra élite política, económica y social, y hacernos ver que este país es, cuanto menos, un país escaso y corto por demás. Porque, según la versión oficial,  Nicolasito empezó su carrera diciendo que era de las juventudes del PP, consiguió las primeras fotos con unos incautos y otros papanatas y, a partir de ahí,  subió como un suflé. Digo que si esto es así de simple y visto lo visto, cuando el Estado Islámico quiera invadir Al-Andalus, sus integrantes tan solo deberán afeitarse las barbas, quitarse el turbante y la mugre, enseñar unas cuantas fotografías y decir que son de las juventudes del PP. Cuando nos demos cuenta están en los Pirineos y nos tienen rodeados y, los que queden, todos zumbando a la llamada del muecín.

Y es que en este asunto hay cosas que no cuadran, que chirrían a poco que se escarbe en lo meramente folclórico: ¿Por qué fue detenido por la Unidad de ‘Asuntos Internos’ de la Policía, que es la policía de los policías? ¿Por qué, tras un interrogatorio de siete horas y por los detalles que les dio sobre el CNI, éstos llamaron allí para preguntar si el elemento era uno de los suyos? ¿Cómo pudo colarse en la coronación de Felipe VI? ¿Quién lo avaló, quién lo acreditó? Cuando se entrevistó con el dirigente del sindicato Manos Limpias para interceder por la infanta, ¿cómo pudo mostrarle unas grabaciones de sus conversaciones telefónicas? ¿Por qué la empresa que lo hacía le pagaba un chalet de lujo en Madrid de a 5.000 euros mensuales? ¿De dónde sacaba el dinero para el alquiler de los coches de lujo que usaba? ¿Cómo pudo utilizar un coche policial para su viaje a Ribadeo con la falacia de que iba a comer con el rey? Si el delito por el que ahora la justicia le procesa ha quedado reducido a una simple estafa, ¿dónde fueron la falsedad y la usurpación de funciones que también motivaron su detención?  ¿Por qué el juez de instrucción que ha asumido el procedimiento ha decretado el secreto de sumario? ¿Qué ‘información delicada’ hay en la declaración de Nicolasito que no debe conocerse? En fin, demasiadas preguntas sin respuesta.


La primera jueza que se hizo cargo del caso dice en su auto: Vaya por delante que esta instructora no acierta a comprender cómo un joven de 20 años, con su mera palabrería, aparentemente con su propia identidad, puede acceder a conferencias, lugares y actos a los que accedió sin alertar desde el inicio de su conducta a nadie, por muy de las Juventudes del PP que manifieste haber sido. Pues eso mismito digo yo. 

viernes, 17 de octubre de 2014

DEL DESENCANTO POLÍTICO

Ahora viene, de nuevo, el desencanto. Las aguas turbias traen de vuelta desde el pasado una sensación que parecía superada después de años viviendo en la ilusión recobrada, porque en determinadas situaciones el optimismo solo sirve, al cabo, para abrir la puerta por la que se cuela la desesperanza como un viento helado y recurrente, y así el hormigueo del desánimo recupere carta de naturaleza. De un tiempo a esta parte vuelvo a sentir en el estómago ese nudo asfixiante de la decepción, esa angustia de constatar que España es una patria condenada a devorarse a sí misma, un país en el que la clase política, ciega y obcecada, anda en un permanente ensayo de canibalismo, siempre empezando a ser para no acabar siendo nunca mientras, torpe y ensimismada, vuelve a caer en los mismos errores, en el mismo egoísmo ausente de siempre, en el mismo extrañamiento de la sociedad a la que dice entregarse. Estoy hastiado de esta pléyade mediocre de sacamuelas, de su pose hipócrita de sacrificados servidores del bien común, y de las peroratas rancias que nos arrean desde el púlpito de un supuesto liderazgo moral tan artificioso y falso como lo es su empatía con el pálpito que late en las calles, ajenos como están a todo lo que no sea su propio ombligo y el mantenimiento de su estatus... En fin, perdón por esta jeremiada introductoria, por este desahogo terapéutico, pero en mi descargo he de decir que ayer viernes cumplí 62 castañas y quizás el paso de los años, que estrecha el tiempo y magnifica los recuerdos, me haya cogido esta vez más flojo, algo más cansado o, simplemente, más hasta los mismísimos albarillos de toda esta patulea de continuos principiantes, que andan trastabillando y dando palos de ciego a costa de nuestras vidas y nuestras haciendas.

Y es que llevamos una temporadita (crisis del ébola, sainete catalán, tarjetas negras...) en la que leer periódicos, escuchar noticias o ver telediarios me ha supuesto vivir en un estado de constante sobresalto, yendo de la indignación al pasmo y del abatimiento a la ira como un muñeco del pimpampum. La ralea de personajes estomagantes y despreciables que han desfilado por páginas y pantallas ha sido la repanocha. El elenco es para arrasar en los premios Golden Raspberry sin despeinarse: un consejero de Sanidad zampabollos y bocazas; una ministra del ramo inútil y a punto de arrojar la literalidad de su apellido sobre ciudadanos inocentes; políticos de ideología y partidos dispares, sindicalistas de diverso pelaje y empresarios de alta y baja estofa, insaciables, capitaneados por un ex ministro taimado y un viejo-verde lechuguino y prepotente, enfrascados al alimón en el trinque tarjetero con un desparpajo y una desfachatez que ni el Dioni; un presidente de la Generalitat pelele y alucinado, jugando a ser el miramamolín de un país forjado a imagen y semejanza de sus delirios de grandeza y caudillaje; un expresidente de lo mismo, trincón y embustero, con una ristra de hijos que dejan a los Dalton en pañales y, envolviéndolo todo como una costra pegajosa y cutre, un rezume permanente de incapacidad y de pringue que te deja en la boca el sabor acre de lo irremediable, la sensación de que nuestra suerte está echada porque lo nuevo viene cargado de lo que ya pasó y (ahí es donde la puerca tuerce el rabo) ansioso por repetirlo. Maquillado y a la moda, pero cateto y antiguo. Se repiten esquemas, soluciones, actitudes, de tal manera que escarbas un poco en la superficie de tanta parafernalia novedosa y sólo hallas más de lo mismo. Un rodeo florido y engañoso para volver al punto de partida en el que te encuentras con las telarañas y el moho de siempre.



Aprovechando el ruido de campanas y para acabar de completar el cuadro patético de esta realidad encorsetada y fatal, sólo faltaba la aparición de un grupo, de un partido que lo es sin serlo, de unos círculos que, comandados por los nuevos profetas de la esperanza y la felicidad, prometen arreglar este cotarro haciendo tabla rasa. Tienen la fórmula mágica para acabar con todos los problemas que afligen al país gracias a un cóctel ideológico, de lo más novedoso sin duda, mezcla de estalinismo-leninismo-trostkismo, democracia bolivariana, libertad castrista, participación ciudadana y unas gotas de angostura, perdón, unas gotas de acracia sui géneris, que acabará con el paro, la desigualdad social, la deuda estatal, la corrupción y la casta, todo del tirón. Jauja, vamos. Y aunque ellos, por motivos obvios de conservación y supervivencia, no hablan de caspa, me recuerda este embaucamiento de charlatanes a la película Por mis pistolas, de Cantinflas. En ella interpreta a un boticario de un pueblo mejicano, Fidencio Barrenillo, que le da a beber a un parroquiano una pócima que no la supera ni el bálsamo de Fierabrás. El potingue, según el talentoso boticario, es válido para curar “la agrura, los vómitos, el mal de espanto, el mal de ojo, la bilis, los riñones, el recargo intestinal, las anginas de pecho y erupciones, los tabardillos, la ‘garraspera’, el dolor de cabeza, el dolor de muelas y el dolor de estómago. Y para el mal de San Vito, la pulmonía, los soponcios, el chorrillo, granos, torzones y hasta para la caspa, que se cae con todo y pelo”. Su nombre científico es nada menos que el de “Agua Límpida Milagrosa”. Pero lo que en realidad le estaba dando al incauto era tan sólo bacanora. O sea que si ganan estos magos del cuento, nos veremos en su paraíso todos calvos y borrachos. Dada mi alopecia, la mitad del camino yo ya lo tengo hecho. Pues el que venga detrás que arree.

viernes, 10 de octubre de 2014

CHAPUZAS CRIMINALES

“No hay mal que por bien no venga”, dicen que dijo Franco, dando muestra fehaciente de una altura moral aún menor que la física, cuando se enteró de que su amigo Carrero Blanco había volado por los aires a manos de ETA. Salvando todas las distancias, infinitas entre una situación y otra, y dado que es frase hecha y sobada que lo mismo vale para un roto que para un descosido, eso mismo podríamos decir, si lo analizamos con mediana sensatez, del embrollo con todos sus pormenores que se nos ha venido encima a partir del contagio por virus de Ébola de la auxiliar de enfermería Teresa Romero. En unos pocos días ha habido tal acumulación de noticias, sucesos, declaraciones, dictámenes, medidas, actuaciones y medias verdades que no encontraba manera de aclararme ni de saber, con un poco de calma desinteresada, si tenían razón los unos, los otros o ninguno de ellos. De modo que para poder adquirir razón (si es que esto es posible en este caso) he tenido que bucear en el maremágnum de una información apabullante -y tantas veces sesgada por la ideología o el pesebrismo- intentando separar el trigo de la paja. Y ni aún así creo haber salido airoso del trance. Pero, bueno, si de este asunto, manipulado por aquí y por allá, han opinado (y ahí va mi primera valoración) un consejero de Sanidad ceporro y disparatado, y una ministra del mismo ramo insípida y berzas, por qué no voy a poder hacerlo yo.

Desde mi punto de vista y (recalco para los cerriles) a partir del contagio de la auxiliar de enfermería Teresa Romero, la primera víctima irreversible del desconocimiento o del cinismo de las autoridades encargadas de gestionar la crisis ha sido el perro de la enferma, Excalibur, al que han matado por si las moscas. Una vez que se supo que la decisión estaba tomada, las movilizaciones que se organizaron para impedir una muerte a todas luces precipitada les vinieron a los mandamases como anillo al dedo, así desviaban el foco de atención desde su inoperancia hasta la algarada callejera de unos desaprensivos que, etiquetados así por corifeos de uno y otro pelaje, ‘valoran más la vida de un perro que la de una persona’, siendo esto último absolutamente demagógico y falso, pues los manifestantes sólo trataban de impedir una muerte en principio innecesaria. (Si se me permite la digresión, puestos a elegir y dependiendo de qué persona estemos hablando, en más de un caso yo me quedaría con el perro sin el menor atisbo de duda). Una de las razones que se esgrimieron para la felonía fue que la Comunidad de Madrid no dispone de instalaciones adecuadas para poner al animal en cuarentena. Leo en “La Razón”, (y cito al medio sólo para evitar suspicacias paranoicas), que en esa Comunidad, en Valdeolmos,  existe un animalario nivel 4, que depende del INIA-Ministerio de Economía y Competitividad-Gobierno de España, capacitado para acoger a Excalibur. Se negaron a hacerlo puesto que ya estaba dada la orden para su sacrificio. Pues eso, ¡fuera bicho!, aunque muerto el perro no se acabó el ébola, valga la salida facilona.

Siendo lo anterior grave, la cadena de chapuzas, improvisaciones y despropósitos que ha llevado a que Teresa se contagie y haya podido contagiar a otros, entra de lleno en el terreno de lo criminal. Empezó mal, con el ingreso de los dos misioneros en el Carlos III a cargo de un equipo médico que denuncia la falta de formación recibida y la insuficiencia de las medidas de seguridad: Equipados con trajes de protección nivel 2, cuando los indicados para estos casos son de nivel 4, obligados a quitárselos en un cuchitril de 1x1,20 metros y, en el día en que presuntamente la enferma se contagió, sin otra persona que la vigilara ni cámara grabando como es obligatorio. Y siguió peor, con la surrealista situación de ‘vigilancia pasiva’ a la que pasó después de la muerte de ambos misioneros, en la que se le permite hacer vida normal, sólo obligada a tomarse la temperatura dos veces al día y, si tuviera fiebre, a llamar al Servicio de Prevención de Riesgos Laborales de La Paz. Así lo hace el día 29 de setiembre, pero como la temperatura no alcanza los 38,6º que indica el protocolo sui generis de Sanidad, y a pesar de que dicho Servicio tenía constancia de sus antecedentes de exposición al virus, se le indica que vaya a su médico de familia, cosa que ella hace al día siguiente sin contarle su situación al no pensar, quizás por la pasividad del mencionado Servicio, que pudiera estar infectada. Le diagnostican gripe y le recetan antipiréticos y analgésicos. En la madrugada del 6 de octubre se encuentra peor y llama a Emergencias. Un epidemiólogo de Salud Pública le hace telefónicamente la encuesta protocolaria y descarta el riesgo de ébola. No obstante un médico de Emergencias la visita y, viendo su estado, ordena su traslado en ambulancia al hospital Fundación Alcorcón. La ambulancia es la habitual y los profesionales que realizan el traslado no adoptan ninguna medida precautoria, dado que la alerta por ébola no está activada. Es en el hospital de Alcorcón donde, tras conocer sus antecedentes, la aíslan y, tras dos análisis, confirman el contagio por virus de Ébola. A todo esto la ambulancia sigue realizando traslados, hasta siete, antes de ser desinfectada. A partir de ahí, el vía crucis para Teresa, que lucha por salvar su vida, y la inquietud para trece personas ingresadas en observación. Y la riada de declaraciones mostrencas o silencios ominosos de los impresentables políticos de turno, mamarrachos que con su inoperancia han puesto en jaque la salud y la vida de un puñado de ciudadanos y para los que la destitución sería apenas un regalo navideño.


Ojalá que Teresa consiga salir airosa de esta lucha con la muerte y los demás ingresados salgan indemnes del riesgo corrido, a pesar de que parece que nuestras incompetentes autoridades sanitarias han actuado en contra de tan buenos deseos. Mientras tanto Rajoy, el jefe de la tribu, levitando en su mundo virtual, nos comunica orondo que sus colegas europeos le han felicitado por lo bien que España está gestionando esta crisis esperpéntica. Seré generoso y pensaré que semejante idiotez es consecuencia de su desconocimiento idiomático. Igual le han dicho inútil y pringue zorra y él, impertérrito en su ignorancia, les ha contestado con un “zanquiu” mayestático. Ya te digo.

sábado, 4 de octubre de 2014

ELECCIONES EN LA UNIVERSIDAD DE EXTREMADURA


Para que el ambiente se adecúe al color sepia retroactivo, el siguiente párrafo deberán ustedes leerlo, escuchando la sintonía de cabecera del No-Do, con solemnidad impostada tipo David Cubedo:

 “El próximo día 29 del presente mes de octubre, la Universidad de Extremadura va a vivir la fiesta de la democracia. Al cabo de casi cuatro años de las últimas elecciones, la comunidad universitaria volverá a tener la oportunidad de votar a la persona, y con ella  al equipo, que regirá sus destinos durante otros cuatro años más. Hasta entonces, los dos catedráticos que han formalizado sus candidaturas para ocupar el puesto de Rector (que, como cualquier atento lector de estas líneas seguro que ya habrá descubierto, es la recompensa que se dilucida en este incruento combate), estarán inmersos en la vorágine de una campaña electoral intensa, en la que tendrán la oportunidad de exponer a los electores su programa de gobierno y sus palpitantes propuestas, innovadoras o renovadas, para que la docta institución siga caminando, al tiempo que se engrandece, por la senda de la sabiduría, el conocimiento compartido y la formación de esta nuestra briosa juventud que es la esperanza del futuro regional e, incluso, patrio. Ambos candidatos saben que la Extremadura y la España del mañana están en sus manos y, con vocación y desprendimientos dignos del mayor encomio, se aprestan a la apasionante tarea de convencer a un electorado ilusionado y riguroso para que la balanza se incline a favor del latido de uno de los dos generosos corazones que, si bien ahora y por mor de la pugna electoral se sienten circunstancialmente rivales, son, sin embargo, confluyentes en el sacrificio altruista de la búsqueda del progreso común y el desarrollo de nuestra querida y entrañable Universidad”.

Aunque les haya podido parecer excesivamente caricaturesca la puesta en escena, la democracia universitaria, en cuanto a la elección de Rector se refiere, resulta aún más cochambrosa que la relamida perorata anterior. Y la calidad de la misma anda pareja con la orgánica de Franco, aquella de Familia, Municipio y Sindicato. En el caso que nos ocupa, para disimular la aberración, se ha sustituido el mecanismo franquista por otro aparentemente más aséptico pero igual de engañoso y discriminatorio. Estoy aludiendo al llamado “voto ponderado”, eufemismo maquiavélico por el cual, a pesar de que el Rector sea elegido por sufragio universal y directo, algunos votos son más universales que otros. Transcribo el artículo 92.2 de los estatutos de la Uex, para que comprueben la magnitud de la boñiga: “El voto para la elección del Rector se ponderará, por sectores de la comunidad universitaria, en la siguiente forma: 51 por ciento para los profesores doctores pertenecientes a los cuerpos docentes universitarios, 16 por ciento para otro personal docente e investigador, 23 por ciento para los estudiantes, y 10 por ciento para el personal de administración y servicios”. Según esto, el día 29 se podría dar el caso, muy improbable pero no imposible, de que votara un sólo PDI doctor y lo hiciera al postulante A, mientras que los más de 21.000 electores restantes lo hicieran al postulante B. Aplicando el birlibirloque trilero saldría elegido el primero al obtener el 51% de los votos, o dicho en su jerga, “el apoyo proporcional de más de la mitad de los votos a candidaturas válidamente emitidos, una vez hechas y aplicadas las ponderaciones contempladas”. La ponderación y la Ley Orgánica de Universidades es lo que tienen, y vienen a poner las cosas en su sitio con total justicia y equidad porque de todos es sabido que el voto de un doctor, cum laude por supuesto, es infinitamente más valioso, dónde va a parar, que el de un administrativo o un conserje, posiblemente sin capacidad de discernimiento y que bastante tienen con poder votar sin que les escupan. Y, ahora que pienso, anda el redentor coletudo atizando a la casta de su imaginario populista, cuando resulta que tendría que haber comenzado por lo que le rodea en su lugar de trabajo como docente, empezando por él mismo. Pero el tipo, ya se sabe, ve casta en cabeza ajena y no ve caspa en la suya.

En fin, hace cuatro años, con motivo de las anteriores elecciones, ya escribí un artículo en la misma línea que éste que no pensaba escribir para no repetirme. Pero en habiendo empezado la gestación de este paripé democrático, comenzaron las tripas a hacerme chiribitas y he sido incapaz de contenerme. Y es que me resulta incomprensible hasta la náusea que a las alturas en las que estamos de siglo y de civilización, pueda seguir perviviendo este sistema clasista y repugnante en los cimientos de una institución que debería ser ejemplo de todo lo contrario. Y que a los rectores no sólo no se les caiga la cara de vergüenza por el método discriminatorio, injusto y denigrante por el que son elegidos, sino que no hagan nada, en esas sonadas reuniones de la CRUE en donde demandan subsidios, para erradicarlo promoviendo los cambios legislativos que sean precisos. Quizás es que, así, sólo tengan que centrar sus esfuerzos de campaña en satisfacer las aspiraciones, generalmente cuantificables, de sus compañeros de departamento o de centro, doctores como ellos y con un voto per cápita que es oro líquido, y en donde la endogamia y el amiguismo resulta práctica común. Posiblemente los demás votantes tan solo sean vistos por estos señoritos engreídos como figurantes necesarios, pero prescindibles, de esta  mascarada insultante. Pues eso, que conmigo no cuenten. Que los voten sus iguales parnasianos o, en su defecto, su tía la del pueblo.