sábado, 13 de octubre de 2018

LA VÍCTIMA QUÍNTUPLE

(Fuente: EFE/ elconfidencial.com)

El pasado miércoles la ministra de Justicia, Dolores Delgado, comparecía en la Comisión de Justicia del Congreso, a petición propia, fundamentalmente para hablar de las grabaciones subrepticias, profusamente difundidas por los medios, que el excomisario Villarejo realizó en la ya famosa comida celebrada en octubre de 2009 en el restaurante Rianxo de Madrid, y a la que la entonces fiscala de la Audiencia Nacional acudió acompañada del otrora juez de la misma Baltasar Garzón. La función prometía ser todo un espectáculo pero, al final, resultó un petardo infumable en el que la estrella principal, vestida de azafata de congresos sin fular e interpretando un guión inane, escaso de recursos y exiguo de chicha, dio largas a un discurso aburrido, insufriblemente repetitivo, balbuceante y,  por momentos, deshilvanado. Ni un arranque dramático, ni una muestra del histrionismo algo energúmeno que demostró en otras intervenciones parlamentarias sobre el mismo tema. En fin, una actuación plana que defraudó todas mis expectativas.

Bueno, casi todas. Porque sí hubo un momento en el que el clímax dramático adquirió cierto empaque, y ese fue cuando la señora ministra defendió su dedicación y su sacrificio por el servicio público en sus 29 años como fiscala. Ahí recuperó el aplomo y nos ofreció un espectáculo fascinante de autoafirmación megalómana mientras enumeraba las operaciones en las que había intervenido desarticulando comandos terroristas, incautando ingentes toneladas de droga o requisando armas y explosivos listos para ser utilizados. Y todo ello lo hizo al pie del cañón, en el escenario del crimen, no desde el despacho de la Fiscalía. Tanto me subyugó ese arrebato jactancioso, tan convencida la vi de su coraje y su intrepidez altruistas, que por momentos me sentí abducido por su currículo y la imaginé como una ‘Wonder Woman’ a la española, con tiara y brazaletes mágicos incluidos. ¡Menudo subidón cervecero tuve, primo!

(Fuente: elmundo.es)
Aparte de ese espejismo fulgurante, el papel que de manera poco creíble interpretó machaconamente la señora ministra, fue el de víctima de cuatro fuerzas malignas que quieren acabar con el “gobierno decente que preside Pedro Sánchez” e impedir “el proceso de regeneración democrática y de transparencia” por él emprendido, cuales son: las cloacas del Estado personificadas por Villarejo, la derecha, la extrema derecha y la extrema extrema derecha. No contenta con este alarde de ingenio dialéctico, en un turno de réplica añadió una quinta que yo había echado en falta y que ella sólo había insinuado hasta el momento, un alegato con frecuencia utilizado por la clase política patria como vía de escape cuando la solidez argumental brilla por su ausencia: el machismo. Porque ella está segura de que, si hubiera sido hombre, no estaría pasando por este brete ni habría tenido que escuchar tanta descalificación ni tanta crítica. Pero a pesar del acoso inmisericorde de este quinteto diabólico conjurado contra la ‘Mujer Maravilla’, esta afirmó con rotundidad que no se iba a amilanar, que no pensaba dimitir (aunque, según la prensa, ya lo había hecho días atrás y Sánchez no había aceptado su renuncia) y que no había mentido en lo dicho con respecto a sus relaciones con el señor Villarejo (a pesar de las 4 o 5 versiones distintas que dio sobre las mismas) del que, recalcó, no es amiga.

(Fuente: AFP)
Pues sí pero no, porque a mí me quedan muchas dudas. Vamos a ver: Cuando en su comparecencia la señora ministra criticó (y me parece muy bien) la ‘policía patriótica’ ideada por el anterior gobierno y la concesión de una medalla al mérito policial pensionada a uno de los comisarios investigados en la trama Tándem, ¿se olvidó de la que el gobierno de ZP concedió al chantajista Villarejo? Cuando aseguró que en la comida de marras se reunió con altos mandos policiales con los que colaboraba, ¿se olvidó de que en la misma lo que se celebraba era la concesión de esa medalla al chantajista Villarejo? Cuando enfatizó su sacrificio como fiscala y su alejamiento de las cloacas del Estado, ¿se olvidó de que en dicha comida tuvo conocimiento de un hecho delictivo grave cometido por el tal? ¿Por qué en vez de levantarse e irse al despacho a enjaretar la correspondiente denuncia, lo jaleó diciendo “éxito asegurado”?  Yo no tengo ni idea del lenguaje jurídico, pero su actitud ¿podría calificarse como dejación de funciones, complicidad pasiva...? ¿Ni siquiera se le pasó por la cabeza que esa inacción la podía hundir hasta los corvejones en las cloacas de las que dice abominar? Cuando habló del “gobierno decente” de Sánchez, ¿se refería al de ahora, después de la dimisión de 2 ministros? ¿Se le olvidó la tesis tenguerengue de su líder, el problema de Borrell con la CNMV, las lagunas en la declaración de bienes de Celaá, la sociedad patrimonial de Duque...? Y otrosí digo, teniendo en cuenta la antigua amistad entre la señora ministra y el ahora abogado Garzón, y conociendo que este es defensor de algunos de los investigados en la trama Tándem, ¿nunca coincidieron ambos como abogado y fiscala en algún juicio contra los mismos, o en cualquier otro? Si es que sí, ¿no sería su estrecha amistad causa de algún tipo de incompatibilidad? Y a mayor abundamiento, en sus paseos y comidas juntos, ¿nunca hablaron de sus trabajos divergentes y opuestos, del caso Tándem, de Villarejo...? Si es que sí, ¿no sería eso una forma de relación profesional con el excomisario, siquiera sea por la cabeza interpuesta de su abogado Garzón?

En fin, yo no sé (o sí) si la señora ministra miente, pero estoy convencido de que no dice la verdad. Y parafraseando a Monterroso, lo peor para ella y para nosotros es que cuando se despierte, Garzón todavía estará allí. Y Villarejo, detrás.

sábado, 6 de octubre de 2018

ELECCIONES PONDERADAS Y RATAS SUELTAS


Con toda probabilidad a finales del próximo mes de noviembre será la primera vuelta de las votaciones a rector de la UEx. Dado que habrá, al menos, tres candidatos al puesto (y a mayor abundamiento si hay un cuarto emboscado), lo normal es que se tenga que ir a una segunda vuelta, porque no se prevé que alguno de ellos alcance de entrada “el apoyo proporcional de más de la mitad de los votos”. En esta segunda se votaría a los dos candidatos “más apoyados en la primera votación” y será suficiente entonces la mayoría simple, ponderadamente hablando, para que el afortunado sea proclamado Rector. Algo así como que de primeras hay dos que cantan línea ponderada, y de segundas, uno de ellos, con ponderación, se lleva el bingo.

Siempre abominé de la ley D’Hondt, ese engendro que ponderadamente beneficia no a los partidos minoritarios, que sería asumible, sino a los mayoritarios y a los que se presentan por menos circunscripciones. Fue uno de los peajes que hubo que pagar para impedir que el PNV, esa garrapata egoísta y santurrona agarrada con saña a la  política y la economía de un país que le importa un pimiento, y CiU, que todavía no se había quitado la piel de cordero ni cambiado de nombre, sacaran los pies del tiesto. Visto lo visto, para poco ha servido la servidumbre democrática. Si acaso, para que año tras año estos ganapanes vayan usurpando más parcelas de poder y logrando más concesiones hasta llegar a la penosa situación actual. Si de muestra vale un botón, en las elecciones generales de 2015 Izquierda Unida (aún viva antes del que el ‘pijipanoli’ de Alberto Carlos Garzón Espinosa se la entregara a Podemos por un plato de lentejas agrias) obtuvo 923.000 votos, que le supusieron 2 escaños, mientras el PNV con 301.000 consiguió 6 y CiU con 929.000, 16. La perversión del método es palmaria. E tremendamente injusta. Pues bien, siendo este método de escrutinio tan diabólico, si lo comparamos con la normativa electoral que consagra la Ley Orgánica de Universidades para las elecciones a Rector, puede llegar a parecernos incluso arcangélico. Cumpliéndola, la normativa electoral de la UEx establece que “el voto para la elección del Rector se ponderará, por sectores de la comunidad universitaria, en la siguiente forma: 51 por ciento para los profesores doctores pertenecientes a los cuerpos docentes universitarios, 16 por ciento para otro personal docente e investigador, 23 por ciento para los estudiantes, y 10 por ciento para el personal de administración y servicios”. Durante mis años activos en la UEx jamás voté. Me repugnaba participar en semejante engendro. Ahora, ya jubilado, no puedo hacerlo por imperativo legal, pero la ley no me impide seguir sintiendo la misma repugnancia ante el descaro con que se trata de enmascarar una cacicada infame tras la pátina de un supuesto pluralismo. Ni Franco con su democracia orgánica (familia, municipio y sindicato) llegó a tanta impostura. En fin, llamar a esta mojiganga elecciones es como llamar escritora a Belén Esteban, un disparate grotesco.

El pasado 21 de abril, terminaba mi artículo Tribalismo universitario diciendo: “Dentro de unos meses se convocarán elecciones a rector en la UEx. Y volverá a repetirse el oprobio del llamado ‘voto ponderado’, el paradigma más irrefutable de la estratificación por castas que rige en todas ellas. Tan es así que, como ya he expuesto en alguna otra ocasión, podría darse la monstruosidad de que el voto de un solo doctor, siendo el único, daría el sillón rectoral a tal candidato, por muchos miles de votos de los otros estamentos, (docentes no doctores, personal de administración y alumnos), que acumulara su oponente. Porque ese único voto equivaldría al 51% de los votos útiles escrutados. A partir de ahí, con ese espíritu feudal metido hasta los tuétanos, todo lo que venga detrás no debería sorprendernos. ¿El caso Cifuentes/Álvarez Conde una excepción?... Sí, claro. Y un jamón con chorreras también, primo.” Creo que no iba muy desencaminado teniendo en cuenta los casos de tesis y másteres que hemos conocido en estos meses. Rizando el rizo y según me cuentan, parece que ante las ya convocadas, las cloacas de la UEx andan revueltas y las ratas que las pueblan han empezado a asomar sus asquerosos hocicos. Cobardes como son, y rastreras, lo hacen con denuncias anónimas a las que el todavía rector, en una nueva demostración de su carácter pusilánime y escurridizo, presta oídos. Me he acordado de una película de 1971, Willard (La revolución de las ratas) en la que un inadaptado, el tal Willard, amaestra, hasta convertir en asesinas, a un grupo de ratas para vengarse de quienes considera sus enemigos. A estas ratas segundonas las conozco desde hace años, pero, ¿a quién le correspondería el papel de Willard en el entramado cortijero de la UEx, quién es el Rasputín ‘calamocheante’ que mece la cuna desde su privilegiado escondrijo? Yo me lo malicio. Y no me ha sido difícil. Solo he tenido que seguir el rastro de mala baba que este pájaro sátrapa ha ido dejando por los pasillos.

sábado, 29 de septiembre de 2018

MARICÓN DESCONTEXTUALIZADO


En el periodismo, sobre todo en el deportivo, y en la política también, hay expresiones que no sé quién soltó un día, y quizá porque gustaron o porque sirvieron a sus continuadores para no tener que andar quebrándose la cabeza por encima de sus posibilidades, han quedado ya incorporadas al acervo de las retransmisiones deportivas, sobre todo futbolísticas, y de las excusas de políticos cogidos de marrón. En política y aledaños las víctimas de un indiscreto micrófono abierto, un imprudente exceso de confianza o una lengua más suelta de lo deseable en el escenario menos adecuado, han encontrado la varita mágica de la lingüística para intentar, con mayor o menor fortuna, escurrir el bulto: “Mis palabras han sido sacadas de contexto” es la frase mágica que esgrimen. Aquellos andan con el cancerbero, el cuero, el gambeteo, las lamidas de poste, los goles psicológicos y otras lindezas similares, y estos encaramados a la descontextualización de sus palabras.

(Fuente: EFE/El Confidencial)
Al salir a la luz el audio de las conversaciones habidas durante el almuerzo celebrado en el restaurante Rianxo, el día 23 de octubre de 2009, en el que se escucha a la ministra de Justicia del Gobierno de España, Dolores Delgado García, tildar de “maricón” al entonces juez y ahora ministro del Interior Fernando Grande Marlaska, la susodicha, después de negar la evidencia de primeras y de segundas hablar de manipulación de las cintas, acabó reconociendo que dijo lo que dijo pero, y aquí es donde la puerca tuerce el rabo, sus palabras habían sido “sacadas de contexto”, porque el epíteto no hacía referencia peyorativa a la sexualidad de su compañero ministro, al que parece que tiene en gran estima. Pues va a ser que no, mire usted. Según el DRAE, el contexto puede referirse al entorno físico y/o al entorno lingüístico del que depende el sentido de una palabra, frase o fragmento determinados, que es el que aquí nos interesa. Y creo que es el propio DRAE quien mejor puede delimitar dicho entorno. Y él nos dice que maricón es un adjetivo despectivo y malsonante, usado también como insulto, sinónimo de marica, que deriva del diminutivo del nombre propio María, y que significa afeminado (que se parece a las mujeres), apocado, falto de coraje, pusilánime, medroso u homosexual. Si la señora ministra utilizó un “adjetivo despectivo y malsonante que es usado también como insulto” para calificar a Marlaska, para qué marear más la perdiz y andar con chorradas. Lo insultó y lo menospreció. Y punto. Con lo que me parece que quien está fuera de contexto es ella, que ha quedado sin argumentos, con el culo al aire (valga esta locución adverbial malsonante y coloquial para no desentonar  con su lenguaje) y evidenciando todo lo que tienen de fariseísmo y postureo los idearios no sexistas de algunas.

(Fuente: EFE/El Confidencial)
Junto a ella, en el citado almuerzo de marras, se sentaban el entonces juez Baltasar Garzón (inhabilitado); el comisario Villarejo (imputado y en prisión); el nº 2 de la cúpula policial Miguel Ángel Fernández Chico (fallecido), y  los comisarios Enrique García Castaño y Gabriel Fuentes (ambos imputados). Y ante ellos la entonces fiscal de la Audiencia Nacional narró excitada cómo había sorprendido, en no sé qué local de Cartagena de Indias, a jueces y fiscales del Tribunal Supremo de España, cuyos nombres ya están saliendo en la prensa, acompañados de chicas menores de edad. ¿Cómo supo ella que las chicas eran menores de edad?¿Cómo supo que ellos iban a lo que iban? ¿Estaba hablando de pederastia? Habría que preguntárselo. Y creo que mejor en sede judicial si es que los afectados, que niegan los hechos y cuya reputación ha sido menoscabada por la lenguaraz, están en disposición de presentar la correspondiente demanda o querella o comoquiera que se diga.

(Fuente: La Sexta TV)
También Villarejo tuvo su momento de gloria al contar la red de prostitución que había montado para sacar información ‘sensible’ a políticos y empresarios de alto copete, que después entregaba a las Fuerzas de Seguridad del Estado. Una red de “información vaginal”, la llama el tiparraco. ¿Se acuerdan de aquella frase de Rubalcaba?: “Mi ventaja es que yo lo sé todo sobre todos”. Pues ahí lo tienen: Vicepresidente y ministro del Interior en el gobierno del suricato esdrújulo por aquellas fechas. Y nuestra fiscal de la Audiencia Nacional, ¿qué medidas tomó ante la confesión de un delito tan flagrante? Ninguna, salvo ponerse de perfil y mirando al mar soñé. ¿Y hablan de las cloacas del Estado? Pues eso. Hay quienes las sufren, quienes la transitan en coche oficial y quienes se zambullen en ellas y bucean mientras miran al mar de perfil soñando ser sirena. O ministra. 

El exjuez Garzón ha salido como un desaforado (valga el chiste fácil) a defender a su amiga ministra. “Dolores Delgado ha dado su vida por España”, ha dicho. No creo que sea la frase más afortunada para la ocasión. A no ser, claro, que la considere ya un cadáver político.

sábado, 22 de septiembre de 2018

EL PAPA, GUADALUPE Y UN FRAILE LEGO




 Tendré que decir de entrada que soy agnóstico y que todo ese barullo de patronas, patrones, vírgenes y mártires, procesiones y lágrimas ante imágenes engalanadas me importan menos que nada. Incluso, en ocasiones, cuando la devoción de ciertos creyentes se exacerba hasta los límites del esperpento y la fe católica se exterioriza en espectáculos inquietantes de niños y bebés aterrados llevados en volandas hasta la imagen bamboleante de una  virgen blanca, o en escenas de latigazos masoquistas por las calles de los pueblos, llego a pensar, no sin ciertas dosis de inquietud, si la intransigencia religiosa, la histeria iluminada y el fanatismo místico no estarán más arraigados de lo deseable en determinados estratos de nuestra sociedad; o si la Edad Oscura no andará emboscada y viva entre nosotros tras una pátina de folclore verbenero y tradiciones aparentemente fervorosas. Porque nunca entendí, ni siquiera en aquella infancia mía de maristas y jesuitas, todo ese sortilegio críptico y retorcido de la fe católica, que es la que me tocaba: la transustanciación, el credo, el fuego eterno de los infiernos, el purgatorio, el Juicio Universal, la vida perdurable, transitaban por un mundo ajeno y enfrentado al que yo sentía y vivía. Y para qué hablar de la resurrección de la carne, que tiene mandanga. Aún menos la aberración de que un tal Abraham, de pelo y luengas barbas canas, pudiera apuñalar a su hijo Isaac  para calmar la ira de un dios a todas luces desquiciado y cruel. Ese mismo dios que, después de arrasar con su fuego apocalíptico y despiadado Sodoma y Gomorra, transformó en estatua de sal a una mujer curiosa con cuyo fisgoneo yo me identificaba; mandó un diluvio universal que ríete tú del cambio climático y que, para colmo de otras tantas atrocidades que omito, mató al primogénito de Yul Brinner en Los diez mandamientos, algo que no tiene perdón de él mismo.

Tampoco cabía en mi cabeza, todavía medianamente lúcida, esa creencia en un alguien o algo intangible y etéreo que tuviera la capacidad de ver mi presente, mi pasado, mi futuro y hasta mis más ocultos pensamientos; de vigilar mis pasos tratando de encauzarlos, cualquiera fuesen sus enigmáticos designios; y al que tenía que dar gracias constantemente por vivir, comer a diario, no romperme una pierna, ser medianamente feliz, gustarme el cine o haber nacido en el seno de una familia insustituible. Bastante tenía yo, en aquellos entonces, con intentar no defraudar a mis padres ni darles más disgustos de los necesarios, ir aprobando el bachillerato y jugar mejor al pimpón, como para estar pendiente de un ente de ficción omnisciente, incomprensible y absurdo que no había por dónde cogerlo.

No obstante, mi agnosticismo, por definición de lo que es, (ese vivir en una duda abierta que aleja de cualquier tipo de certeza y, por tanto, de dogmas), transita por la senda calmada que le corresponde, muy alejada de ese ateísmo folclórico y desorbitado del que alardean quienes pretenden ganar votos o notoriedad explicitándolo de manera torpe y grosera, ya sea con tetas de por medio o con cagadas infantiloides. Es más, cuando viajo y visito pueblos de acá o allá, siempre entro en sus iglesias. Me queda de mi infancia ese regusto dulce del recuerdo de un eco repetido entre sus muros, de un indeciso rutilar de velas o del olor de una cera que, ardiente, se derramaba amparando pecados que no eran. Y de la soledad de cada cual consigo.

(Fuente: Junta de Extremadura)
En fin, teniendo en cuenta todo lo anterior, me ha resultado más que chocante el viaje público pagado con fondos públicos que el presidente Vara, cual nuevo fray Papilla, ha hecho hasta Roma para ver al papa Francisco y conseguir de él que la virgen de Guadalupe dependa de alguna diócesis extremeña. “Yo entiendo que es una anomalía que un territorio, en este caso una región administrativa, tenga una patrona que dependa de un territorio diferente al suyo, en este caso el de Toledo", declaró mientras tomaba el rábano por las hojas. Creo que el intento de justificación del desatino no puede ser más atolondrado. O seré yo más torpe que él. Porque yo no entiendo qué tiene que ver una “región administrativa” con una “región eclesiástica”. Ni qué hace el presidente de una “región administrativa”, al tiempo que enarbola el presunto anhelo de la “sociedad civil”, metiéndose a organizar la distribución eclesiástica de la misma si no es confundir el culo con las témporas y mezclar churras con merinas. Y porque yo entiendo que quienes tendrán que dirimir asunto tan transcendental para la buena marcha de la región, que tiene guasa la cosa, deberán ser los obispos implicados en el tema y no un fraile lego metido a redentor. Y allá ellos que se reúnan con el papa, con el nuncio... o con dios bendito, que igual lo tienen más a mano, primo.  

sábado, 15 de septiembre de 2018

LA SOLEDAD BUSCADA


Il dolce far niente prolongado del que disfruto desde mi jubilación me ha hecho un experto en soledades. Y un sibarita en remolonear madrugadas. Poco a poco, un día tras otro, ensimismadamente, me he ido instalando en la creencia de que el tiempo es un esclavo triste, de que su paso es un triunfo de los míos con cada advenimiento de la luz, con cada entrega al sueño. De este modo, relativizando la crueldad de su intransigencia, siento que consigo ganarle la partida. Sé que él seguirá siendo, que al final, cuando yo ya no esté, ni tú, ni nadie, él continuará atado a su servidumbre, a su obligado transcurrir monótono, aburrido. Pero me iré con la certeza de una victoria que no es tan solo mía, la comparto con vivos y con muertos porque  hasta que eso llegue, habré disfrutado de caminar al compás de su ritmo, regodeándome en su pesar, en su impotencia, mientras lo desprecio y me ensaño en su fracaso con cada amanecer, con cada latido de mi corazón, emoción tras emoción, muerto tras muerto. Y lo humillo al refugiarme en el fulgor de la luz de unos ojos que me dan la razón de vivir. Venzo su exactitud en cada silencio, en cada mirada furtiva, disimulada, absorta, que recuesto en aquellos a quienes quiero y que él, mientras yo amanezca, no podrá impedirme. Juego con la ventaja de que se sabe esclavo de sí mismo.

Mi melliza y yo.
Busco la soledad como un respiro. Y me aíslo en la ausencia de aquellos que me llaman, en silencio,  tratando inútilmente de evitar su distancia. Rendido, cubierto de imposibles, rodeado de caminos que nunca podré andar hacia el encuentro, me dejo engatusar por la cadencia diferente e igual, callada y triste, del murmullo interior .Y sueño que renazco en otra vida libre, limpia, próxima, que anida en los recuerdos, mientras converso a ratos, en silencio, con los amigos muertos para echarlos de menos y sufrir, tratando de que entiendan, en su ausencia obligada, que sigo en una espera imposible y callada en busca de sus sueños. Y es el momento absurdo de abrazar  a mis padres y a mi hermana melliza atravesando olores de otro entonces por pasillos de luz y resplandores.

Busco la soledad como una huida. Y mientras disecciono la tarde cual un forense experto y descubro el misterio de la melancolía, suena el tiempo en mis manos. Hay arrullo de intentos detrás de las palabras que laten en mi pecho. Vivo los días, los años, el instante infinito de un trayecto al vacío, sabiendo que el avance es retroceso en el tiempo que vive o duerme uncido a lo inflexible de su marcha. La vida es tan cobarde que al compás de la artrosis va cavando trincheras, va separando sueños, invita a la distancia, predispone al olvido. Recupero la duda y asumo la ignorancia para matar su inercia. Porque asumiendo lo que ignoro, esa mujer bifronte que intenta camelarme dejándose querer, nunca podrá ganar. Y doy a la añoranza atisbos de futuro. Desconcierto de caminante quieto. Trucos de ilusionista en esta feria impuesta.

Mi perro, Chaqui.
Busco la soledad como un retorno. La luz que se atardece, pardeando, derrama suavemente su tristeza sobre las ramas de la morera amiga, tótem leñoso y quieto de mi anhelo. El campo huele ausente, tiene un algo de insomne desquiciado. Dentro de mis oídos, en el revés del alma, oigo ladrar a Chaqui, guardián de mi memoria, con un quejido ausente, estupefacto. Y yo vengo a escribir estos quebrantos como un asombro que la vida orilla. Me arrebata, de pronto, la nostalgia. Florecen los recuerdos como lágrimas. Me siento un junco herido de futuro en medio de esta tarde de setiembre que se ignora a sí misma. Presa del desaliento, en mi desasosiego, hago inventario. Compruebo, satisfecho, que nada está perdido y que aún conservo todo: ilusiones, ternura, sentido del humor, la dicha de una duda permanente, mi libertad, el amor, la ciclotimia, las dosis oportunas de iconoclasia crítica, un cierto escepticismo que invita a la ironía, mi carácter gruñón, mis zapatillas... Recupero mi pulso poco a poco, despacio, abrazado a unos ojos que acarician mis labios en silencio, hablando con mis hijos y aprendiendo sus sueños. La vida es un milagro. Soy ‘el amo del tiempo’.