sábado, 27 de septiembre de 2014

PRESUPUESTOS CON TRUCO

Este pasado miércoles Fernando Manzano, a la sazón presidente de la Asamblea de Extremadura y, por tal, primo de su chófer, ha presentado en rueda de prensa los presupuestos de la misma para el próximo ejercicio de 2015. Dado que, por sus inefables actuaciones públicas que siempre me dan pie a un íntimo regocijo, siento hacia el personaje una especial predilección, articulísticamente hablando digo, y toda vez que en la prensa regional he leído titulares e informaciones que me han puesto en alerta sobre la posibilidad de encontrar chicha en sus palabras, he accedido a la página web del organismo para oír de viva voz sus explicaciones al respecto. Ya que estaba en faena, y para absorber datos y conocimientos sobre el menda, abrí la pestaña que dice “El Presidente”.Todo una hallazgo idiosincrásico. El primer apartado, “su lado más íntimo...”, no tiene desperdicio. Una vez informados de su currículo como profesor de formación profesional, curiosamente sin especificar el área docente de su magisterio, a partir del segundo párrafo se nos ofrece una semblanza personal, benévola y edulcorada, del personaje. Así nos enteramos de que es un “hombre risueño y de gesto amable, que siempre tiene una sonrisa para su interlocutor. Afable, buen conversador, optimista, amante de su familia, de su pueblo, de los vinos extremeños y de los platos de cuchara”. Además practica deportes como el pádel (muy propio), el ciclismo de montaña y la pesca de la tenca, esto último no a la buena de Dios, quita, quita, sino en el Monumento Natural de “Los Barruecos” en Malpartida de Cáceres, vayan ustedes a creer. Y para cerrar con broche de oro esta impagable biografía intrínseca, nos informan de que “comparte con sus hijos adolescentes el gusto por la lectura, e incluso han llegado a compartir más de un libro”. A lo mejor dos. O hasta tres. En fin, a pesar de que leyendo este panegírico empachoso me ha parecido estar ante un anuncio de esas empresas que andan en busca de la pareja ideal para sus clientes, la impresión que dejó en mi cacumen reblandecido por el exceso de melaza es que, para su apologeta, el tipo es una joya rezumante, un diamante en bruto, dicho sea lo de bruto sin ningún atisbo de ironía ni de segundas lecturas.

La rueda de prensa que pude ver en su integridad más exasperante, a la que se presentó atildado y repeinadito, con esa estética de fotografía color sepia estilo ‘florido pensil’ que gasta, (sólo le faltaba la pizarra detrás y el globo terráqueo en la mesa para una perfecta ‘perfomance’ retro), empeñado como estaba en demostrar que los presupuestos de la Asamblea en la presente legislatura habían seguido una senda restrictiva y austera, (“austeridad absoluta”, repetía como un mantra lingüísticamente chirriante), acabó siendo un galimatías atolondrado de cifras mal utilizadas, lecturas penosas, (decir ‘consuetudinario le costó tres intentos), y un batiburrillo pitagórico en el que llegó a confundir una simple operación aritmética de suma y resta con una regla de tres. Pasen y vean: “ El presupuesto actual en vigor, el del año 2014, tuvo un crecimiento del 5,3% con respecto al 2013, y el que les estoy presentando tuvo un crecimiento del 4,3% con respecto al actualmente en vigor. Si estos dos aumentos ustedes los suman, el del presupuesto actual en vigor y el borrador para el año 2015, tendríamos con respecto al presupuesto del año 2013 un aumento de 9,6%. Esto es muy sencillo, es una regla de tres. Si teniendo la referencia de las reducciones de los presupuestos 2011,2012 y 2013, descontando los dos aumentos, el del presupuesto actual y el del borrador de 2015, tendrán ustedes que todavía esta cámara legislativa, con respecto al presupuesto de 2010, tiene una deducción del 12,7%, 12,7% con respecto al presupuesto de 2010”. ¡Agárrame esa mosca por el rabo y a ver cómo te lo explico para que tú te enteres!  En suma, nunca mejor dicho, una muestra más de las carencias del figura no sólo en el manejo de la oratoria sino, lo que es peor, en cuanto a la más rudimentaria capacidad de comunicación verbal se refiere. Y de la aritmética mejor ni hablamos.
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A lo largo de toda esa comparecencia que parecía interminable, el susodicho nos obsequió con un alarde de verborrea monótona, soporífera, repetitiva y torpe. Y además, para más escarnio, tramposa desde su inicio. Y digo tramposa porque si de las cuentas de esta legislatura hablaba, ¿por qué escogió el muy pillín, como dato inicial de la comparativa, el presupuesto de 2010 elaborado bajo el gobierno del PSOE en la legislatura anterior y, a un mayor abundamiento por él recalcado, igual al de 2009? ¿Por qué no, un poner, el de 2005 o el de 2008? Pues me malicio que fue porque, al ser el más alto de los últimos años, es el que más le convenía para intentar llevarnos al huerto de su tesis milonguera de contención del gasto. Tesis, por otra parte, falsa de toda falsedad dado que el presupuesto de la Asamblea en la presente legislatura no sólo no ha disminuido, sino que ha aumentado en 99.830 euros, los que van de los 14.400.170 del ejercicio de 2012, a los 14.500.000 del 2015. Un 0,42%. O sea, un cuarto de hora de matraca presupuestaria reducida a pura filfa embaucadora, maldita sea mi estampa. Una mentira larga, pelmaza y, sin embargo, de cortas piernas. Tan cortas, quizás, como las entendederas del caballerete que la soltó, sin el menor reparo, en sede parlamentaria, a plena luz del día, ante testigos con micrófonos y, no se lo pierdan, sin despeinarse. No puedo hacer otra cosa que lamentarlo porque este portento ‘recalcitrante’ (¿se acuerdan?) es, hoy por hoy, la segunda autoridad de la región y de su partido. Para ir a mear y no echar gota, vamos.

sábado, 20 de septiembre de 2014

ADIÓS, COMPAÑERO


Se me vinieron de golpe
sus tardes y mis recuerdos
cuando vislumbré la muerte
en los ojos de mi perro.


Hay, en la historia de cada cual, fechas malditas, odiables, envueltas en la neblina o en la certeza de la angustia. Al menos, amontonadas a lo largo de los años, yo acumulo varias, demasiadas. El 17 de setiembre, por culpa de un sueño recurrente y terco que me atormentó durante una larga temporada, es una de ellas. La pesadilla, opresiva, desapareció de mis noches tal como había venido, pero el día quedó grabado en mi cerebro y cada año, cuando llega, mi aprensión adquiere la forma de un desasosegante y prolongado mal presentimiento. Hasta este año todo había sido nada y del presagio solo me quedaba la resaca insegura de una inquietud renovable y anual. Hasta el último miércoles, en que ese 17 fatídico adquirió trágica carta de naturaleza.

¿Se acuerdan de mi perro, Chaqui? En un artículo publicado en estas páginas el mes de diciembre pasado hablaba de su historia: de cómo hace más de trece años apareció, asustado y esquelético, en la cancela de nuestra casa; de cómo logramos, con paciencia franciscana, que confiara en nosotros hasta que accedió a formar parte de nuestras vidas, de nuestro aire y de nuestra familia; de su espíritu indócil y libre, rebelde y único, que le hacía rechazar cualquier tipo de collar o de arnés que oprimiera sus ansias de viento y vida. Feliz persiguiendo gallinas y destrozando aspersores, al menor descuido escapaba de los límites del jardín, demasiado estrechos para su corazón y, sordo a nuestras llamadas, regresaba a casa cuando su santa voluntad así lo quería. Le cantaba a la luna con un ladrido sordo y prolongado y las orejas tiesas como escarpias, igual que un trovador romántico e iluso. Cuando llovía, ya fuera a mares o livianamente, se tumbaba en el césped y disfrutaba dejándose empapar, igual de imperturbable que una estatua. Se divertía viviendo, feliz, despreocupado, y así contagiaba de vida nuestro jardín y nuestros corazones. Envejeció bien, con dignidad, llevando con resignación las limitaciones que los años habían impuesto a sus fuerzas y, sabiamente, supo adaptar el ritmo de sus arranques a unas posibilidades cada vez más mermadas. Si acaso, en su mirada, podría adivinarse un deje de añoranza, un algo de melancolía mientras miraba, quizás al tiempo de recordar su juventud exultante, la marcha de las nubes o las piruetas traviesas de los gorriones nuevos. Pero nunca fallaba recibiéndonos o diciéndonos adiós pegado a la cancela. Era un viejo mimoso y entrañable, mi buen Chaqui. Y adoraba a mis hijos como pudiera hacerlo un hermano mayor.


Vivió dichoso hasta este mes de julio en que empezó el declive, lento pero constante. Cada vez más inmóvil, más triste, menos él... Irregular en su evolución, alternaba días de postración con otros en que parecía que la sombra de la muerte se hubiese disipado. Pero de cada recaída salía con menos vida. El martes 16 lo encontramos tumbado debajo de la morera, respirando de forma agitada y convulsa e incapaz de mantener la cabeza erguida. Parecía insensible a mis caricias y a mis palabras hasta que, tal vez exhausto por una batalla tan cruel como desigual, la respiración adquirió un ritmo sosegado y se durmió. 24 horas después seguía en el mismo sitio y casi en la misma postura, acaso algo más contorsionada. Sus ojos, perdidos en los míos, me corroboraron que no había nada que hacer. Mi hija Ángela, (pobre mía), llamó a la clínica para que vinieran a terminar con su agonía. Me arrepiento de haber tardado tal vez demasiado en tomar la decisión, al tiempo que lo hago de no haber tenido paciencia para esperar un poco más. Y me arrepiento, sobre todo, de no reunir el coraje suficiente para acompañarlo mientras moría, seguro como estoy de que él lo hubiera hecho. En el furgón que habría de llevárselo para siempre lo acaricié, lloroso, mientras le decía adiós, y quise ver en su mirada una rendición consciente y agradecida, agotado ya de lucha sola y de tristeza suya. Antes de cerrar la puerta, sabedores los dos de que no volveríamos a vernos, me miró por última vez, dulcemente, como apiadándose de mí y de mis lágrimas. Viendo cómo el coche se alejaba hacia el gris de la tarde y de su ausencia, recordé este hermoso poema de Yupanqui, mi Valhondo del otro lado del mar, dedicado a su viejo caballo, su alazán, en una situación similar a la que yo sufría ahora: “Inmóvil y de pie, sobre una loma, / manteníase apenas. Su figura / parecía evocar con desventura / su antiguo tiempo de potranca y doma. / Por entre un pastizal de blando aroma / me acerqué a contemplar su desventura. / Sólo a su lado mi piedad segura / y el vuelo ocasional de una paloma. / Miré su pelo sucio, deslucido, / su belfo triste, su mirar vencido, / todo eso suyo de animal hundido. / Y al contemplar su soledad serena / sentí que estaba, como yo en el mundo, / sin más sostén que el de su propia pena”.
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viernes, 12 de septiembre de 2014

CUESTIÓN DE SUPERVIVENCIA

Continuando con la enumeración iniciada en mi artículo anterior, otro de los motivos que me impidieron el sosiego necesario en mi paréntesis vacacional además del caso Pujol, al que me refería en él, ha sido el seguimiento de las atrocidades cometidas por el llamado Estado Islámico, cada vez más rutinarias en su salvajismo, y a la expansión de sus dominios en Irak y Siria donde ya abarca, según algunas estimaciones, casi 90.000 quilómetros cuadrados. Con unos efectivos, convencidos o forzosos, de más de 30.000 hombres, que manejan artillería pesada, lanzadores de cohetes, ametralladoras, baterías antiaéreas, tanques y vehículos blindados, y con una financiación producto fundamentalmente de la venta de petróleo y gas de los campos que controla que le permite disponer de unos 2.000 millones de dólares en efectivo. En los territorios invadidos extermina, de todas las formas imaginables e inimaginables, en metódica y brutal limpieza étnica y religiosa, a todo aquél, musulmán o no, que disienta de su doctrina fanática, mientras que las mujeres no musulmanas son tomadas, regaladas o vendidas como esclavas sexuales, cuando no asesinadas directamente. La ablación vuelve a ser práctica común por obligatoria. En fin, un horror creciente que los gobiernos occidentales veían por televisión con una pasividad preocupante hasta que los EE.UU. reaccionaron, empezando en solitario una serie de bombardeos más o menos selectivos contras los monstruos, quizás conscientes del fiasco final que ha supuesto su invasión de Irak, a la que han dejado dividida, militarmente enclenque y a merced de los yihadistas que ahora tratan de comérsela.

Tras este primer paso dado por los americanos se ha formado, afortunadamente, una coalición internacional de 40 países para luchar contra el EI. Diez árabes, entre ellos Irán, además de Francia, Alemania, Reino Unido e Italia entre otros. ¿España? Pues no, España no. Porque a pesar de que nuestro pasmado y pasmoso presidente ha reconocido que en Irak y Siria existe “una gravísima amenaza... que también afecta a nuestra seguridad”, a pesar de que no va a haber despliegue de tropas y de que el grado de colaboración depende de lo que quiera el país colaborador según su mejor saber y entender, (apoyo logístico, espacio aéreo, entrenamientos, servicios de inteligencia, armas o ayuda humanitaria), Rajoy ha dicho que no, que por el momento que les vaya bien, que España si acaso, mañana, ya veremos a ver... Las palabras de Alejandro Alvargonzález, secretario general de política de defensa explicitan nítidamente, a pesar del circunloquio, la verdadera razón de la espantada: “No está España en una situación todavía como para pensar en acciones militares en Irak. En el imaginario colectivo español el tema de Irak es complicado”. Quiere esto decir, o al menos yo así lo veo, que la causa de la deserción de España de la defensa común y, por ende, de la suya, no ha sido más que un ataque agudo de cagalera electoral de su presidente, que piensa en Irak y en el 11M, con la elecciones municipales a la vuelta de la esquina, y se nos va por la pata abajo. En cualquier caso, y hay que hacerlo notar, una decisión encomiable de gran estadista, sereno y ponderado, no superada por ninguna de las tantas a que nos tenía acostumbrado su insigne predecesor en el cargo. Gracias a ella seguro que la confianza en nuestro país ganada a pulso en los círculos internacionales por el suricato antecesor, a partir de ahora seguirá brillando, más refulgente si cabe, como la de un aliado fiable en el seno de la OTAN y del mundo occidental.

Ironías aparte, lo que estos mastuerzos parece que no comprenden o no quieren comprender, o sí,  es que este asunto no tiene nada que ver ni con Irak, ni con el imaginario colectivo ni con otras falacias que nos quieran hacer tragar creyéndonos tontos. Es mucho más, tanto más como que viene a ser una cuestión de supervivencia. De supervivencia no sólo de nosotros, ni siquiera de ellos, que mira tú, sino de la cultura occidental como la hemos conocido y disfrutado hasta ahora. Sirva como dato que casi el 10% de los integrantes de esas mesnadas de asesinos son occidentales, han crecido en nuestras calles y en nuestras ciudades, y se han fanatizado en el odio al amparo de una permisividad tan bobalicona como suicida. Y habrá que saber qué tanto por ciento se ha quedado entre nosotros esperando su oportunidad. Y escuchar sus intenciones: “No disfrutaremos de la vida, no descansaremos hasta que todos los prisioneros musulmanes sean liberados, hasta que conquistemos Al-Andalus por la fuerza y no con las palabras. Estableceremos el estado islámico, que se expande día a día, con bombas y explosiones. El califato ha regresado. Los corazones de los infieles están llenos de terror. Los bombardeos no pararán hasta que la cruz sea destruida, los cerdos asesinados y la ley islámica restablecida. Volveremos al islam a través de la coerción, moliendo a palos vuestras narices y cortando vuestros cuellos”.


Este es el panorama y este es el enemigo. La contundencia de sus intenciones no deja ningún resquicio para los paños calientes. Repito, esto es una cuestión de supervivencia de ellos o de nosotros, de vivir en el siglo XXI o volver a la Edad Oscura. Pero aquí parece que estamos a otra cosa: el registrador cachazudo con su tancredismo cobarde a verlas venir, y la progresía de casino sacando pecho con su laicidad militante de una sola dirección, eliminando crucifijos de escuelas y hospitales mientras asustan a monjas por las esquinas y se meriendan a curas con sotana y todo. Dicho esto desde mi más que pertinaz agnosticismo. Pero es que una cosa es ser agnóstico y otra muy diferente ser idiota. 

sábado, 6 de septiembre de 2014

PUJOL, CEAUCESCU Y LOS FARISEOS

En mi artículo del último sábado de julio me despedía de ustedes y de estas páginas convencido de que el mes de agosto, vacacional y alejado de obligaciones, iba a dedicarlo mayormente a disfrutar haraganeando, con la alegría añadida de saber, gracias al libro de Andrew J. Smart, que mi ociosidad no iba a ser baldía sino, antes al contrario, de lo más creativa y fructífera. Tengo que decir que mi proyecto de engrandecimiento interior al tiempo de contar musarañas no ha podido completarse de modo satisfactorio. Y la culpa es sólo mía y de mi obsesión viciosa que, compulsivamente,  me lleva a atiborrarme de periódicos a primera hora de la mañana como si, de no hacerlo, estuviera traicionando mis principios o siendo desleal conmigo mismo. Y si, a mayor abundamiento, este mes de agosto ha venido más cargado que otros de noticias de las que no he podido escapar, habré de cerrar el balance de mi dolce far niente agosteño con un saldo positivo, sí, aunque exiguo para lo que prometía.

Uno de los asuntos que ha contribuido al ajustado final de mis cuentas holgazanas no ha sido otro que el de Jordi Pujol y sus fechorías. Que ha servido, además de para encabronarme e impedirme el disfrute de mi ensimismamiento, para comprobar lo increíble que puede llegar a ser la memoria, ese almacén de recuerdos que creemos dormidos pero que están ahí y solo hace falta que un estímulo exterior los despierte para que aparezcan nítidos como si acabaran de ocurrir. Después de que el personaje, acabando el mes de julio y quizás con la intención de extender una cortina de humo que enmascare otras mayores,  nos ¿sorprendiera? con una confesión estrambótica y tramposa de su mangancia testamentaria, y tras días de vivir escondido en una de las masías de las que disfruta, pude ver en un telediario las primeras imágenes de su exposición a la luz pública, paseando con su esposa por el pueblecito gerundense donde veranea. No sé si fue por la actitud displicente y soberbia con la que caminaban saludando a los lugareños, por el tinte sepia que interioricé en mis pupilas mientras los miraba, por la sensación de impunidad que me transmitieron, por las palabras de Marta Ferrusola a su marido convencida de que el asunto se olvidaría, por el parecido físico de ésta con la mujer de Ceaucescu o, quizás, por todo a la vez, pero el caso es que el recuerdo dormido de las imágenes del dictador rumano y su mujer mientras eran juzgados despertó en mi cerebro con una claridad pasmosa. Las dos secuencias se superpusieron en mi interior,  y las dos rezumaban el mismo olor acre y añejo, fuera de tiempo, casi irreal. Y en las dos la encorvada altanería de quienes se creen intocables y protegidos por la bandera de un patriotismo tan falso como ellos. Las imágenes y actuaciones posteriores del matrimonio Pujol, juntos o por separado, no han hecho sino reafirmarme en la analogía que intuí en el primer fogonazo. Las egolatrías de un dictador y de un cacique son almas gemelas que beben del mismo manantial, aunque tengan matices diferentes. Uno decía ser el padre de la República Popular de Rumania y de sus habitantes para no reconocer al tribunal que lo juzgaba, y el otro asume la paternidad de Cataluña y de los catalanes, (pero también de sus hijos, dignos de tal padre trapicheando caudales) y quiere comparecer en el Parlament el día que él fije para no interferir en la vida política catalana. Elena Ceaucescu, con el pañuelo anudado a lo Doña Urraca, le gritaba al soldado que la maniataba para conducirla al paredón que ella era su madre, mientras Marta Ferrusola, pelo estilo El Puma, manda a la mierda a un periodista que la aborda mientras se monta en un taxi. Hay diferencias, claro, como las hay entre la corneja común y la corneja cenicienta. Apenas matices que se van incorporando a la desvergüenza al ritmo que marcan los años, la historia y la evolución de especies y especímenes.

Los Ceaucescu acabaron como acabaron, de la peor manera posible. Camino del paredón, abandonados por todos, condenados a muerte en un simulacro de juicio por quienes pocos días antes colaboraban con ellos en la represión y sin asimilar aún que eso les estuviera pasando a ellos siendo quienes eran, aún albergaban la esperanza de que la Securitas, la terrible policía política rumana, acudiera a rescatarlos a última hora. Eso no sucedió y fueron ametrallados sin piedad. Afortunadamente en España esto no puede pasar, al menos mientras no gobierne Podemos o no nos invadan los islamistas de EI, que todo es posible. Lo que veo imprescindible para que el Estado de Derecho no la cague por enésima vez es que Pujol sea juzgado, y no sólo por la felonía ya reconocida en esa confesión esperpéntica con más agujeros que un saco de rosquillas, sino por las que se barruntan y puedan demostrarse. Y que con él se sienten en el banquillo todos los delincuentes y cómplices que por acción u omisión hayan participado en esta chorizada institucional que presumo de dimensiones ciclópeas por continuada en el tiempo hasta la rutina, que al parecer todo el mundo conocía, sobre la que todo el mundo callaba y de la que, estoy más que seguro, algunos muchos  se beneficiaban. Ahora toda la clase política catalana ha salido de estampida y andan sacando pecho con comisiones de investigación y denuncias al por mayor. Excepto Mas y CDC que, bien es verdad que cada vez con menos contundencia, siguen acompañándolo, ignoro si por agradecimiento o por temor a quedar con el culo al aire y tener que sentarse junto al pare de la pàtria ante el tribunal. Como tampoco sé si este frenesí de denuncias es por civismo o por disimulo, si tenemos en cuenta que por el gobierno catalán han desfilado todos, desde CIU a Ezquerra, pasando por el PSC e IC.


“El que esté libre de pecado que tire la primera piedra”, frase que según los Evangelios salvó a Jesús de una encerrona de los fariseos, en este país hubiera fracasado con estrépito. Porque aquí si de lapidar adúlteros, corruptos y blasfemos se trata, habría una jauría dando peñascazos al interfecto. Y, tras el deber cívico cumplido, los ejecutores se irían a celebrarlo a una casa de putas, ciscándose en la Corte Celestial y pagando la juerga con los flecos de tesorería de la Caja B. Todo metafóricamente hablando, claro.