sábado, 24 de junio de 2017

EL CORRELINDES

Tengo un amigo que cambia de opinión con una facilidad pasmosa. Enfrascados en una conversación en la que él se empeña en defender, con una vehemencia y una rotundidad encomiables, una opinión con frecuencia disparatada, si le contradices, acto seguido y sin solución de continuidad, pasa a defender la contraria con el mismo énfasis y el mismo ardor. Y se queda tan fresco, valga el oxímoron.  Cuando le haces ver la ligereza de su postura, o se limita a sonreír, encogerse de hombros, y salirte por las peteneras de que lo has convencido y de que él no es nada rígido o, si el volumen de la ingesta ha sobrepasado ciertos límites, te asegura sin ningún atisbo de duda que él estaba diciendo lo mismo desde el principio y lo que ocurre es que tú no te has enterado. En realidad, a poco que lo trates, te das cuenta de que la falta de rigidez por su parte o de entendederas por la de su interlocutor que aduce para justificar sus hocicadas no son tal, sino fruto de una ausencia absoluta de criterio y de una penuria argumental apabullante por la suya. Es un tipo feliz, todo hay que decirlo. Y además, estamos hablando de chácharas de barra cervecera sin mayor transcendencia.

(Fuente: eldiario.es)
Actitudes incoherentes como las de mi amigo pierden, sin embargo, su marchamo de inocuidad cuando su protagonista no es un ciudadano corriente, como él o como yo, sino un político con mando en plaza, o sea, presidente, consejero de Cultura, secretario general y barón rampante del partido gobernante en su Comunidad Autónoma. Y es que oír lo que decía Guillermo Fernández Vara de Pedro Sánchez ayer mismo, y ver lo que dice y donde está ahora, no solo produce vergüenza ajena y sonrojo propio, sino que me ha hecho pasar de la estupefacción al espeluzne sin darme respiro. Pasen y vean: “Los cambios de criterio están en el ADN y la trayectoria de Sánchez”. “Difícilmente puede estar al frente de una organización alguien que no sabe muy bien el partido que necesitamos ni el modelo de país”. “Nunca apoyaré la propuesta de Pedro Sánchez”. “El modelo económico que propone Pedro Sánchez y sus colaboradores va en dirección contraria a la necesidad de España”. “No reconoceré nunca el Estado plurinacional”. “Con las propuestas de Sánchez el PSOE se convertirá en irrelevante en España, porque se alejará del lugar donde están los ciudadanos”. “No tiene un criterio propio para ofrecer a la ciudadanía. Sin el líder del PP, él no es nadie”. “Desde que está Pedro Sánchez, el PSOE es menos referencia”. “Sánchez ha dejado el PSOE destrozado”. “El único objetivo de Sánchez es reescribir la historia para no decir la verdad”. Viéndolo ahora presidir, sustituyendo a Susana Díaz, el consejo de política federal del partido y formando parte del comité federal del mismo, cualquiera diría que aquel Vara y este Vara son el mismo Vara. Y lo malo es que es así.

(Fuente: 20minutos)
No habían pasado 24 horas desde que Sánchez fue reelegido secretario general del PSOE, cuando Vara ya empezó a correr la linde con el siguiente tuit: “Felicidades, Pedro. Y mañana todos a ayudarte. Ha sido una expresión democrática extraordinaria de nuestro querido PSOE”. Tratar de emboscar su regate ideológico envolviéndose en la bandera de su “partido querido”, ya da muestras de su falta de escrúpulos. Porque, ¿a qué pretende ayudar? ¿A hacer un PSOE cada vez más irrelevante, más alejado de la ciudadanía y de las necesidades de España, a reescribir la historia, a conformar  un Estado plurinacional?... Cuando le preguntan sobre su cambio de actitud y el porqué de su adhesión al proyecto político del elegido, contesta sin inmutarse y con esa pose beatífica y frailona a la que nos tiene acostumbrados: “No he tenido nada en lo personal contra Sánchez”. La excusa no puede ser más torpe ni más endeble. Porque Sánchez no lo ha llamado para hacer pandilla y salir de cena y copichuelas con él. Lo ha llamado para que apoye y le ayude a llevar a cabo en España lo que, apenas ayer, él despreciaba categóricamente. Es evidente que la consistencia de su fuste, no ya como político sino como persona a la que, por su estatus, se le debe demandar una fidelidad insobornable a sus principios y sus convicciones, se ha demostrado inexistente. Y es que el oportunismo en política, debería saberlo, es un arma de doble filo que puede resultar beneficiosa para las aspiraciones  personales e inmediatas de quien lo ejerce; pero deja un poso indeleble de resquemor y de desprecio para los que asistimos atónitos a la desfachatez y a la falta de honestidad intelectual y personal del que lo practica.
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(Y siguiendo la estela de mi maestro Tomás Martín Tamayo, aquí me despido, incluso de mí mismo. Si todo va como tiene que ir, por estas páginas nos encontraremos de nuevo el próximo 2 de setiembre. Ya a un paso de mi jubilación, primo).

sábado, 17 de junio de 2017

"ARTÍCALOR"

Antes de nada debo pedir perdón por faltar el sábado pasado a mi cita semanal con esta página y, sobre todo, contigo, que ahora me lees. Mucho más si me echaste en falta entonces y, si además, andas englobado en esa difusa categoría de lector habitual en la que la estadística nos incluye a todos aquellos que solemos visitar o comprar periódicos con una frecuencia destacable para sus cánones. La mayoría de las veces el artículo que semanalmente nos sirve de encuentro es para mí motivo de gozo por la posibilidad que me brinda de establecer comunicación, siquiera sea esta presentida, con un número indeterminado de lectores que, al fin y al cabo, son la razón última de su escritura. Sin embargo, con la misma frecuencia y dado que como dice el dicho “no hay miel sin hiel”, a medida que se va acercando el viernes, otrora el día de la semana más deseado, la angustia se va apoderando de mí y de mis ansias. Porque, a pesar del tiempo que llevo ya en estas lides, quizá no demasiado pero creo que suficiente, no he sido capaz de aplicar un mínimo de rigor disciplinario al proceso.

Sin duda el problema no es cuestión de tiempo o de experiencia, sino de capacidad. Siempre he sido absolutamente anárquico a la hora de escribir, alternando temporadas de actividad febril e ilusionada con otras de sequía e, incluso, de abandono y lejanía. Y jamás me ha importado tardar en rematar un poema o un cuento el tiempo que fuese necesario, días, meses… Ni he padecido la desazón de sufrir el síndrome del “folio en blanco” porque, siempre que me ponía delante de él, tenía ya en la cabeza la idea, el sentimiento, el pálpito de lo que quería escribir. De modo que con esos hábitos incrustados a conciencia en mi idiosincrasia, a pesar de que, con alguna excepción como la de la semana pasada, he cumplido mejor o peor con este compromiso semanal, rara vez lo he hecho sin el acompañamiento de una serie creciente de retortijones emocionales que, comenzando generalmente la tarde de los miércoles, alcanzan su estado crítico en la madrugada de los viernes en las que, desvelado, me enfrento a un síndrome aún más angustioso que el del “folio en blanco”, cual es el de “la mente en blanco”. Y ahí, como si me hubiera picado la tarántula dañina, es cuando me entra el mal de la ‘temblaera’, me levanto disparado e histérico en busca del primer café mañanero y, delante del ordenador, no hago más que maldecirme y farfullar frases del estilo: “Cago en la leche… ¿de qué coño escribo yo el artículo?... Si seré cabrón…” Y mientras pasan los minutos con mi cacumen destartalado y hueco, sumido en una desazón progresiva, la puñetera barrita parpadeante sigue en la pantalla, terca, despiadada, atormentándome con su ritmo inmisericorde y frío.

Si a esta angustiosa incapacidad interior le añadimos, como ocurre ahora, la irrupción de una primavera crudelísima, con unas calores que achicharran el pensamiento, junto con la consabida parafernalia de bichos voladores o reptantes a cual más repugnante, los efluvios que ciertos individuos desprenden a su paso, las manos sudorosamente fofas que algún cataplasma te planta en el hombro como un sinapismo de mostaza hirviente, o cualquier otra desgracia similar que exista y que esta estación asquerosa sin duda lleva implícita en su esencia, la situación puede adquirir tintes trágicos. Porque la conjunción catastrófica de estas circunstancias endógenas y exógenas puede llevarte a un colapso neuronal y anímico que te incapacite para cualquier actividad que precise el más mínimo esfuerzo, ya sea este físico o mental. Algo así me pasó a mí la semana pasada, corregido y aumentado por alguna coyuntura sobrevenida que no hizo más que agravar la languidez de mi presencia de ánimo.

En fin, calores y primaveras cochambrosas aparte, no consigo racionalizar el tener que escribir a plazo fijo para, así, poder hacerlo con la normalidad de lo asumido, por más que esa asunción contradiga mi forma inveterada de vivir el hecho de hacerlo. Por decirlo de alguna manera, no me preocupa escribir, todo lo contrario. Lo que me atosiga es el tener que hacerlo. Me abrumo ahora semana a semana, igual que lo haría mes a mes si mi colaboración tuviera esa periodicidad. El tiempo de que disponga, repito, es indiferente. Por eso estoy convencido de que esto seguirá siendo así hasta el final de mis días como articulista, sea esta despedida por noqueo, no lo quiera la vida, o por abandono. Ya lo dijo el torero: “Ca uno es ca uno y tiene sus caunás”. Pues esa es una de las mías. Y es lo que hay, primo.

sábado, 3 de junio de 2017

LA CASA DE MIS PADRES


Yo no puedo volver a la casa de mis padres, aquella en la que crecí y empecé a ser. Se lo decía días atrás a mi amigo Manuel, en su bar, recostado en ese rincón sabatino que me abraza como un viejo amigo mientras él me contaba, de nuevo, su visita a la casa en que nació. Entretanto describía, ilusionado, vehemente y apacible, un recorrido por el túnel del tiempo de paredes, ventanas, cocina, pasillos de su infancia, con sus ojos repletos de una ilusión antigua y conocida, yo solo veía escombros de lo que fue la mía. Me costaba escuchar la ilusión de sus manos dibujando recuerdos porque yo estaba en otros que eran tan solo ruinas, muros desnudos, solos, por donde nuestros ecos, como salamanquesas, subían y bajaban sin encontrar consuelo. Metáfora obligada que la vida te ofrece destartaladamente, casi sin saber cómo, tan solo por el hecho de estar mientras seamos.

Cuando se quedó sola, esperando el derribo que inexorablemente acabaría con ella, más de una tarde fui a recorrer ausencias por sus habitaciones, a cosechar olores cada vez más callados, a revivir latidos. Como un fantasma triste, ensimismado, por detrás de su luz y su silencio huérfano, me parecía escuchar las voces de otras veces, la música de entonces, el ruido de carreras infantiles avasallando el aire, las notas de un piano, el trinar de un canario, el ritmo cadencioso de un proyector de cine desparramando magia, el tintineo inseguro de un antiguo xilófono, el dulce retumbar de panderetas, el rodar inocente de canicas melladas, las risas de una dicha que seguía siendo nuestra y que nada ni nadie podría jamás quitarnos… Dejé de ir a su encuentro después de que una tarde, al traspasar la puerta, no pude escuchar nada. Tan solo oía mis pasos y el latir apagado de mi pecho. Comprendí en ese instante que mi casa había muerto. De soledad, quizá. Tal vez del vértigo de sentirse inservible, abandonada. Acaso por hartarse de silencio. Y mientras deambulaba comprobando los baldosines sueltos de mi vida de entonces, tuve la sensación de estar andando por entre las entrañas de un cadáver. A pesar de la tristeza que sentí, me alegré de que la muerte le hubiera evitado el sufrimiento lento de tener que escuchar el ruido endemoniado de las máquinas, de sentir el dolor de la piqueta traspasando su cuerpo, de vivir la vergüenza de quedar descuartizada en mitad de la calle. Tras cerrar la puerta tras de mí, bajé la escaleras con la parsimonia de aquel que sabe que nunca volverá. Para qué andar con prisas si casi estaba huyendo de mí mismo.


Al cabo de unos días, llegaron ellos. Y todo lo que mi casa se evitó de ruidos, de destrozos, de escombros, de paredes desnudas doliendo en la impotencia, de voces apagadas, lo sufrí yo al tiempo que veía cómo el cobijo de mi infancia feliz, despreocupada, caía a borbotones como una vida rota. Sobre el sudario frío que envolvió su cadáver se erigió un edificio moderno, confortable, equipado, perfecto. Un hacedor de olvidos torpe, necio. Porque yo cuando sueño sea dormido o despierto con esos años dulces, mi casa vuelve a ser y a estar conmigo. Incluso cuando paso por la calle en donde el impostor se alza orgulloso, no suelo distinguirlo, no lo veo. Sigo viendo los cierres, los balcones corridos, la Artesanía Española, las dos placas doradas adornando la entrada, los mástiles inútiles, y el portero en la puerta con su gorra de plato y su uniforme gris que a veces me saluda y otras veces me mira casi sin conocerme. Los años no perdonan, a pesar de que él se conserva estupendo.

sábado, 27 de mayo de 2017

AYUNTAMIENTO ABIERTO

(Fuente: hoy.es)
Tras lo leído en la prensa sobre el desarrollo de la sesión del Ayuntamiento Abierto celebrado en Badajoz el pasado miércoles, que acabó en un fin de fiesta bochornoso y barriobajero con los insultos que varios de los allí presentes, incluido el exconcejal de Ciudadanos, Luis García-Borruel, dirigieron a la concejala Julia Timón, me picó la curiosidad y busqué el video de la función. Y es que no escarmiento. Porque hay que ver los peñazos que me he tragado a lo largo de mi corta vida articulística para poder pergeñar algunos de estos escritos con un cierto conocimiento de causa. Pero este, que me zampé ayer mismo, no sé si porque objetivamente así lo sea o porque con los rigores de estos calores traicioneros me ha cogido con el cuerpo más flojo y, por ello, obró antes en  mi desánimo, es el que me ha parecido más insoportable de todos, el que más ha desmadejado mi presencia de ánimo. Con el añadido de que, en determinados momentos, la calidad del sonido era tan  deplorable, que a pesar de los cascos, debía rebobinar y volver a escuchar esta o aquella perorata tratando de comprender, sin conseguirlo la mayoría de las veces, lo que su protagonista decía. De este modo, las dos horas y pico que duraba el asunto se transformaron en más de tres en las que mis fuerzas se fueron debilitando al compás que crecían mi cabreo y mi desesperación. Al borde de un abatimiento paroxístico más que severo llegué a la conclusión de que, sin dudar de las buenas intenciones de sus promotores, la iniciativa sirve para bien poco. Si acaso, escasamente, para dar una imagen de accesibilidad y transparencia de cara a la galería. Pero, a efectos prácticos, para nada más. Quizás falle el mecanismo de funcionamiento unido al hecho de que, excepto honrosas excepciones, hay ciudadanos que, más que a otra cosa, van allí a tratar de lucir su osadía o su oratoria generalmente con resultados del todo contrarios a sus  optimistas previsiones.

(Fuente: elperiodicoextremadura.com)
Como decía al principio este último concilio municipal tuvo un estrambote de lo más cochambroso, por mor de los insultos que Antonio García-Borruel, sobrino del exportavoz, y tal vez algún satélite más, dirigieron a Julia Timón. El coro vociferante y energúmeno al que se unió, repito, el propio concejal ahora no adscrito,  rompió a desafinar de forma estentórea a raíz de la pregunta que José Antonio Hinchado Alba, cofrade de correrías por las redes sociales del mentado Antonio, realizó a la concejala de C’s sobre la destitución de Olivia Pérez Borrego, cónyuge de este último y secretaria de dicho grupo municipal hasta su reciente despido. Hasta el menos avispado sabe que el ocupante de un cargo de confianza ocupa el mismo hasta tanto continúe en el puesto su mentor. Es un efecto dominó de lo más normal y lógico. A mayor abundamiento si, como en este caso,  la despedida es sobrina política del cesado. Sería del género bobo por parte de C’s mantener en la secretaría del grupo a la sobrina del concejal que acaban de laminar, porque tener el enemigo en casa, en este caso, dejaría de ser pura retórica. Con ello, es evidente para mí que la pregunta de Hinchado sobre un tema que a una gran mayoría de los pacenses le trae al pairo, no era más que una excusa urdida para montar el pitote tabernario que montaron, salir en los medios, desbarrar en las redes y alcanzar un efímero momento de gloria. Aunque esta gloria sea tan casposa y fétida como para acabar siendo arrojada directamente al “cubo de las vísceras”. Por lamentable que parezca hay quien se conforma con regodearse en sus miserias y, así, seguir viviendo en la creencia de ser todo aquello de lo que carecen.


(Fuente: elperiodicoextremadura.com)
En fin, el penúltimo berrinche (habrá más) con que nos obsequió el concejal no adscrito uniéndose al esperpento, me proporcionó un dato más para corroborar mi opinión sobre su estatura moral, que ya intuí tras verlo pajear en sus primeros pasos por esta legislatura y que, parafraseando a Churchill, me hizo comentar en algún foro que el PP tendría que estar más pendiente del enemigo que tenía como aliado que de los adversarios de enfrente. Ciudadanos ha perdido demasiado tiempo en darse cuenta de que esa frase era fundamentalmente aplicable a ellos y no al PP. Porque era evidente que, dada la demostrada y enfermiza necesidad de notoriedad del interfecto, lo de “concejal no adscrito” le viene al pelo. Y confirma mi impresión de que este individuo solo es capaz de estar adscrito a sí mismo. Que por otra parte es como estar adscrito a nada. Pues eso.

sábado, 20 de mayo de 2017

NI PIES, NI CABEZAS

En mi anterior artículo, hablando del anhelo de querer engañar a la inexorabilidad del paso del tiempo, echaba mano del refrán aquel que nos dice que “el que no se consuela es porque no quiere”. Y hete aquí que esta semana he tenido ocasión de volver a acordarme de él. Bien es verdad que por otro motivo, carente de cualquier atisbo de lirismo, cual ha sido el del final apoteósico del folletín tragicómico que se ha venido representando en el escenario consistorial pacense, y que ha tenido como argumento la abortada, (nunca mejor dicho), moción de censura a su alcalde. Este, (el único personaje que podría haber celebrado algo pues, apareciendo como víctima sentenciada en las primeras escenas de la obra, gracias a un golpe de timón de los guionistas del libreto ha resultado indemne), ha sido comedido en la exteriorización de un más que presumible regocijo. No así los frustrados victimarios que, tras su estrepitoso fracaso, han comparecido no diré que exultantes, pero sí incomprensiblemente orondos y satisfechos de la calabazada sufrida. Más que querer consolarse parece que hubieran querido, quizá intentando a la desesperada hacer de la necesidad virtud, alardear de su infortunio.

(Fuente: elperiodicoextremadura.com)

El principal urdidor de la trama y portavoz del PSOE municipal, Ricardo Cabezas, que quizá, como trasunto prosaico de Antoñito el Camborio, ya se veía en sus ensoñaciones con la vara de alcalde en la mano, acaso destinando a algún funcionario díscolo a hacer fotocopias en el cementerio de San Juan, salió el pasado lunes a la palestra en rueda de prensa. Obviando cualquier asomo de autocrítica, afirmó que “no es posible impulsar la moción de censura pues [con la salida de Ciudadanos de Luis García-Borruel] ha cambiado el escenario político en el Ayuntamiento de Badajoz”. Según sus palabras y siguiendo la lógica más elemental, habría que inferir que antes de esa ‘expulsión voluntaria’ del ahora exciudadano, el escenario político sí hubiera permitido promoverla. Entonces, digo yo, ¿por qué no lo hiciste cuando pudiste, alma cándida, si lo tenías a huevo? Se me ocurren dos respuestas para pregunta tan simple. La primera es mala, porque implica que, mejorando lo presente, el pretendiente a alcalde ha actuado con una torpeza inaudita al dejar escapar una ocasión de oro para hacerse con el ansiado báculo. La segunda es peor, porque dejaría al descubierto la falacia que esconde la media verdad de su aserto, y esa es que nunca, con Borruel o sin él, la iniciativa podría haber prosperado porque C’s no la apoyaba y, a mayor abundamiento, la obstinación de aquel en presentarla en contra del criterio de los dirigentes de su formación ha sido la causa de su viaje al limbo. En este segundo caso, la candidez que pudiera disculpar la torpeza política del líder municipal socialista en nuestra primera hipótesis, achacable, siendo generosos, a su bisoñez, no ha lugar. Porque estaríamos ante el descaro lánguido y palmario de un embustero descarado consciente de serlo. Igualmente torpe, eso sí, cualidad esta que parece ser el único ítem común a ambas posibilidades. Y lo que es peor aún, pretende que los que escuchamos o leemos sus declaraciones seamos partícipes solidarios de su insuficiencia.

(Fuente: elperiodicoextremadura.com)
No contento con lo anterior y tras intentar hacernos creer, con vaguedades y frases hechas, que su intento fallido ha sido un revulsivo para recuperar la gobernabilidad de una ciudad sumida en el caos y la molicie por mor de unos dirigentes corruptos, finaliza su perorata con un estrambote  que ofrece, por su simpleza, un desmantelamiento argumental inmediato. Dice este buen señor que con la destitución de García-Borruel como portavoz, se ha procurado “dar un giro de 180 grados al posicionamiento de C’s hasta convertirlo en una marioneta del PP”. Además de reincidir en el engaño recurrente de querer inducirnos a que confundamos  la parte (Borruel) con el todo (C’s), siguiendo la lógica elemental aplicada anteriormente habría que deducir entonces que, antes del cese, C’s no era más que un títere del PSOE. Porque si cuando sí, no, ¿por qué cuándo no, sí?

En fin. Como última reflexión diré que los entresijos de la política y de los partidos no son mi fuerte. Jamás milité en ninguno ni pienso hacerlo en los muchos o pocos años que me queden de andar por las calles y estar con los que quiero. Pero eso no me impide maliciar que las venias que las ejecutivas, locales o regionales o como quiera que sean, regalan a  algunos de sus militantes, son bombas de relojería perfectamente programadas para el descalabro de los que estorban. Y no estoy diciendo, ni tan siquiera insinuando, que esto pueda aplicarse al caso que nos ocupa. Faltaría más, primo... que eres un primo.

sábado, 13 de mayo de 2017

DE ASOMBRO EN ASOMBRO

Mi añorado Jesús Delgado Valhondo, un inmenso pozo de sabiduría poética y vital, me aseguraba con la contundencia de sus manos volanderas en unos de esos encuentros de confesionario y vinos que nos traíamos los dos, que el día que empezamos a hacernos viejos es ese en el que empezamos a perder nuestra capacidad de asombro. “Porque envejecer es una cosa, Jaime, y ser viejo es otra. Como una cosa es la edad y otra los años que uno tenga”. Gracias a su revelación tengo que decir, entonces, que una de las cosas buenas que tiene este país, digo, esta España de nuestras entretelas, al menos para mí, es que me confirma un día sí y otro también que, a pesar de mis años, no he perdido la capacidad de sorprenderme. Aunque con frecuencia la situación epatante vaya acompañada de una buena dosis de irritación o tristeza, siempre me queda el regusto retranqueado, agridulce y un punto gozoso que me produce el sentir que no soy tan viejo como creen mis años. Como dice el refrán, ‘el que no se consuela es porque no quiere’ pero, en cualquier caso, bendito sea Jesús y benditas sus enseñanzas que me permiten soñar, asombro tras asombro, con la utopía de eludir el paso del tiempo, siquiera sea esta elusión apenas un espejismo esperanzado de mis afanes, un imaginario oasis en el desierto inclemente de lo inevitable.

(Fuente: hoy.es)
Estando en días de libros como estamos, (el próximo viernes se inaugura la 36 Feria de ellos en Badajoz), esta semana ha habido dos noticias, ciertamente peculiares, en las que han sido forzosos e involuntarios figurantes y que dan buena medida de las ventoleras que corren por algunas chavetas. Una de ellas se ha producido en Cataluña y la otra en Andalucía, como queriendo demostrar que la estulticia es un elemento de cohesión nacional que no entiende de fronteras o particularidades autonómicas. También es verdad que ambas, y aquí cada cual puede sacar sus propias conclusiones, han sido propiciadas por personas integradas o cercanas a las formaciones políticas emergentes nacidas alrededor del 15M, llámense estas círculos, mareas o confluencias, que han dado sobrada muestra de ser un vivero inagotable de espantos que, bajo la pátina de una solemnidad grotesca, oscilan desde la frivolidad hasta la sinsorga sin ningún tipo de complejos.

(Fuente: elmundo.es)
Y es así que el Instituto  de Cultura de Barcelona, inició una campaña de fomento de la lectura bajo el nombre de “Barcelona, Ciutat Llibre”. Una cucada que pretendía inundar la ciudad con carteles, banderolas y grafitis. Bajo el liderazgo de Jaume Collboni, teniente de alcalde socialista, el evento fue adjudicado en 108.000 euros a la empresa “After Share S.L.”, productora del publicista Risto Mejide. Yo no sé si, con el descaro al que tiene acostumbrados a sus seguidores, el individuo incluiría entre sus méritos haber llevado la campaña del PSC en las pasadas elecciones municipales, en las que logró la proeza de que el grupo socialista pasara de once ediles a cuatro, que no es peccata minuta. La guinda que remataba la parida propagandista presentada por el pretencioso icono televisivo, era la de enviar a Donald Trump un amplio surtido de libros elegidos por los libreros y bibliotecarios de Barcelona, porque “nadie más que él necesita abrir su mente”. La idiotez trompetera que rezuma la ocurrencia educadora ha provocado tal lluvia de mamporros dialécticos sobre sus urdidores, que no han tenido más remedio que renunciar a ella. Lo que me figuro que habrá sido un alivio para el presidente yanqui que, según me cuentan mis infiltrados, andaba en un sinvivir con el tema.

(Fuente: elconfidencial.com)
Al unísono o así, en Sevilla, Juan Porras Blanco, (“Huan Porrah Blanko” para la ocasión), doctor en Antropología Social y licenciado en Filosofía que alcanzó minoritaria y lastimosa popularidad en las redes siendo concejal en el ayuntamientode Mijas, presentaba el martes día 9 en Sevilla su traducción al ‘idioma’ andaluz de El principito, (“Er prinzipito” para la ocasión), de Saint-Exupéry, editado por el Sindicato Andaluz de Trabajadores. Leer las declaraciones de este esclarecido que confunde oralidad con lenguaje y lengua con acento, es ir de un asombro a otro dándote de coscorrones con lo inaudito y el absurdo más desesperante. Las idioteces contundentes que desgrana en ellas no tienen cabida en un cacumen medianamente recuperable. Entre otras dice que los andaluces, para enterarse de lo que están leyendo, tienen que leerlo en voz alta. Pues ahí va:‘Una beh, kuando yo tenía zeih z’añiyoh, bi un dibuho mahnífiko en un libro a tento’e la zerba bihen ke ze yamaba ‘Histoires Vécues (Ihtoriah bibíah’... Ese es el comienzo en ‘andalú’ de ‘Er prinzipito’. ¿Y ahora qué, primo, cómo ‘te s’ha quedao’ el cuerpo?...‘Pos revirao del to, velaíla’.

sábado, 6 de mayo de 2017

MISERIAS DEL OLIMPO

(Fuente: elconfidencial.com)
Debo empezar confesando que la patulea de cocineros de la llamada ‘nueva cocina’ me revuelve las tripas tal que si me hubiera comido alguno de sus churriguerescos menús. Con la complicidad de ciertas cadenas televisivas, el beneplácito de una audiencia sumida en la estulticia modorra de la mitomanía doméstica, una mercadotecnia perfectamente programada, el desparpajo propio de los desahogados y la labia embaucadora de los sacamuelas, han conseguido encaramarse a las alturas de un Olimpo gastrónomico tan ficticio y artificioso como el nombre de  la mayoría de sus platos. Lo explica a las mil maravillas el ‘profesional de la comunicación gastronómica’ José Juan Iglesias del Castillo y Díaz de la Serna, de nombre artístico Pepe Iglesias, en un magnífico y esclarecedor artículo titulado Nueva Cocina, de la evolución a la aberración, pasando por la extravagancia, en el que, entre otras suculentas cosas, dice: “Hay muchos críticos que en su casa comen prefabricados y, cuando salen a un comedor, no pueden comprender que un simple gazpacho bien hecho tiene mucho más mérito que esa pamplina con trufas que acaba de presentar Sergi Arola, porque el Tuber Melanosporum se vende ya en cualquier tienda, pero unos tomates de huerta hay que buscarlos con teleobjetivo… Creo que la cocina de estos próximos años irá en la línea de aprovechar todo lo bueno que la tecnología y la evolución han aportado al sector, pero hacerlo para el disfrute del consumidor, no para extasiar a críticos funámbulos ni para salir monos en las revistas del corazón”. Espero que se cumplan sus deseos, pero por el momento lo que tenemos en la élite de la gastronomía española es a esta partida de diosecillos engreídos, más pendientes de la imagen que de la chicha, pontificando cursilerías y vendiéndonos humo como si fuera una deconstrucción de salmón ahumado.

Por si lo anterior no fuera bastante para que me repelan, esta semana nos enteramos de las condiciones deplorables que tienen que soportar los ‘becarios’ que muchos de estos reyes del cuento acogen en los fogones de sus negocios. La media es que supongan el 50% de la plantilla de cocineros de estas estrellas Michelín. A cambio de rancho y, en algunos casos, catre, con un horario de 8 a 16 horas diarias, sin sueldo ni seguridad social, trabajan solo a cambio de aumentar su currículo mientras ellos se ahorran el coste que les supondría incluirlos en nómina. Con el añadido de que, además, deben  estar agradecidos por ser explotados en el negocio de un fuera de serie y no de un ‘cualquierilla’. Cuando el asunto apareció en la prensa, (bien por David Brunat),  los aludidos salieron al retortero a defenderse con mayor o menor torpeza. Pero el que lo ha hecho con mayor énfasis ha sido Jordi  Cruz, guaperas televisivo de pomposa melena y dueño del restaurante Àbac en
(Fuente: elconfidencial.com)
Barcelona. He de reconocer que desde que lo vi por primera y última vez en televisión, me acordé de aquel Cantinflas que, acosado en El analfabeto por un fiscal tan petimetre como el cocinero que nos ocupa, balbucea: “Me cae gordo, me cae gordo. Se cree muy rock and roll y muy supérfulo”.  Por eso, en aras de aparentar objetividad, ese ente de razón tantas veces invocado en la prensa, prefiero que sean sus palabras las que den cumplida cuenta de la ruindad del interfecto: “Un restaurante Michelín es un negocio que, si toda la gente en cocina estuviera en plantilla, no sería viable. Tener aprendices no significa que me quiera ahorrar costes de personal, sino que, para ofrecer un servicio de excelencia necesito muchas manos”. Y si son gratis, miel sobre hojuelas, le quedó por decir. Y si la gratuidad me viene dada por la necesidad de acumular méritos de los que necesitan salir del pozo negro del paro, a mí que me registren, pensaría. Y esto lo dice un tipo que se acaba de comprar en Madrid un palacete de 3.000.000 de euros. Ainda mais: “Aprendes con los mejores en un ambiente real, no te está costando un duro y te dan alojamiento y comida. Es un 'tú me das tus manos y yo te enseño'. Es un privilegio”. Aunque serlo ya lo es, para que el régimen de esclavitud que invoca este impresentable tuviera marchamo oficial solo le faltaría exigir el certificado de propiedad de sus aprendices. Que, visto lo visto, no es ningún dislate.

(Fuente: elconfidencial.com)
En fin, decir que me produce repugnancia toda esta porquería, toda esta puñetera cochambre edulcorada, es quedarme corto. Y cuando leo que esta relación laboral añeja y anacrónica es legal en España, mi asco va también para quienes la hicieron y para quienes, en pleno siglo XXI, la permiten. A ellos, cocineros bendecidos y legisladores cocinillas, mi desprecio les importará un bledo. Pero a mí no, primo.   

sábado, 29 de abril de 2017

'LA TORNA' EN LA UEX

Tras la destitución fulminante, el pasado mes de febrero, de la secretaria general de la Universidad de Extremadura como consecuencia de la falsedad del certificado académico y del título de licenciado en Económicas, presentados por su cónyuge para concursar a una plaza de PDI en la Facultad de Empresariales y Turismo de Cáceres, publiqué en estas mismas páginas un artículo cuyo título, Desaparecidos en combate, hacía referencia a la actitud silente del rector y su Gabinete de Comunicación e Información sobre un escandaloso y sintomático suceso del que los no iniciados en los arcanos del círculo de los ungidos nos fuimos enterando por capítulos. Primero a través de la Radio Macuto que funciona, sin cables ni antenas, por los pasillos y despachos de la docta casa y, después, por la prensa regional. Por esta supimos que la UEx, o sea, su rector como máximo responsable, había ordenado la apertura de un ‘procedimiento interno de información reservada’ para averiguar cómo se pudieron compulsar títulos no auténticos del marido de doña Inmaculada Domínguez Fabián, la secretaria general fulminada. Y decía yo, entonces, confesando mis temores: “A ver si ahora el cabeza de turco de todo este asunto apestoso va a ser el funcionario que compulsó un título que quien le entregó -¿la propia secretaria general?- sabía que era falso de toda falsedad”. Pues dos meses largos después tengo que decir que, muy a mi pesar, mis temores se han cumplido. Porque aunque el sospechoso oscurantismo con el que se está siguiendo todo este proceso es ya de una turbiedad indecente, a través de Radio Macuto, cada vez más transmutada en La Pirenaica, nos enteramos días atrás de que al funcionario que compulsó los papelorios fraudulentos presentados por el cónyuge, o por su cónyuge, se le había abierto un expediente disciplinario. Una situación imprevisible y absolutamente injusta en la que el corporativismo recalcitrante de unos y la ineptitud o el entreguismo de otros puede acarrear resultados fatales para él, que le ha abocado a una depresión que lo mantiene de baja laboral.

(Fuente: idesinenter)
El mismo día, 2 de marzo de 1974, en que fue ejecutado Salvador Puig Antich en la cárcel Modelo de Barcelona, en la de Tarragona, 10 minutos antes, lo fue también Heinz Chez (Georg Michael Welzel), que había asesinado a un guardia civil sin motivo aparente. Su historia dio lugar a La torna, una obra de teatro escrita por Albert Boadella en la que, en tono de farsa, se presentaba esta ejecución como la maniobra criminal que el régimen franquista utilizó para tratar de restar significación política a la de Salvador. La ‘torna’ es el redondeo, la cantidad de mercancía que se añade para alcanzar el peso exacto que se precisa. Salvando la distancia sangrienta que separa ambos casos, mi impresión es que el funcionario expedientado ha sido, en este, el redondeo de la secretaria fulminada, la víctima añadida en esta farsa trágica.


(Fuente: Fonoteca de Radio)
Y es que, según lo veo yo, el expediente abierto es absurdo hasta lo esperpéntico, y solo puede entenderse si detrás de su apertura hay oscuras e inconfesables intenciones, politiqueo cortijero de baja estofa. Porque cuando se compulsa la fotocopia de un documento, lo que el funcionario está certificando es que dicha fotocopia es “fiel reflejo del original”. Con esta premisa, en el dislate que nos ocupa han podido ocurrir de cosas: 1ª). Que el marido de la secretaria fulminada, ella misma o ambos al unísono, presentaran original del título y fotocopia del mismo, (o incluso que el propio funcionario se ocupara de hacerla), con lo que la actuación de este es irreprochable. Porque, hasta ahora, la UEx no está dotada con un artilugio para detectar la falsedad o autenticidad de tales documentos, como hay para los billetes en bancos, supermercados y demás establecimientos; ni los funcionarios estamos capacitados para hacerlo. 2ª) Que solo presentaran la fotocopia del original, con lo cual habría que invocar el “principio de buena fe y confianza legítima”, a mayor abundamiento si se tiene en cuenta la auctoritas que un cargo académico como el que ocupaba la susodicha lleva inherente. Si la apelación a estas circunstancias sirvió para que los guardias civiles que secundaron a Tejero en su intento de golpe de Estado no fueran a juicio, cómo no va a servir ahora para que no se le abra expediente a este funcionario. Funcionario que, según se comenta en los mentideros, ha sido abandonado a su suerte por la fulminada. Otro dato más para poder ir atisbando la catadura moral de la interfecta que, incomprensiblemente, este mismo mes seguía presidiendo, tan pizpireta como siempre, la Comisión de Control del Plan de Pensiones de la UEx. La repanocha, primo.
(Fuente: elperiodicoextremadura.com)

sábado, 22 de abril de 2017

VIAJES A UNA FRESA

Cuando alguien, por ejemplo yo mismo, acostumbrado a leer poesía por afición, (en ocasiones hasta a atiborrase de ella), debe enfrentarse a la lectura selectiva de más de doscientos poemarios, con la zozobra añadida de sentir, bajo los rigores de una canícula infernal, cómo la fecha límite de finalización corre a tu encuentro de manera  inmisericorde y vertiginosa, un buen método para tratar de intuir qué vas a encontrar entre las páginas de este o aquel libro es leer al azar unos pocos poemas, a veces, incluso, unos pocos versos; recorrerlo sin orden ni concierto, en un ojeo arbitrario, con el fin de tratar de captar una primera impresión, si no concluyente, (en ocasiones, sí), al menos, orientativa. Tengo que decir que normalmente me da resultado y esa primera impronta, aún difusa, suele confirmarse con una lectura pausada y, digamos, ortodoxa.

Cuando inicié por primera vez la lectura de Viajes a una fresa, que a la postre resultó ganador del XXXV Premio de Poesía Ciudad de Badajoz, a pesar de que su título ya me estaba transmitiendo la sensación luminosa del hallazgo, esa certidumbre inexplicable de saber que allí había gato poético encerrado, seguí el guion y lo abrí al azar. Me encontré, para abrir boca, con la plegaria que Miguel Martínez López, el poeta y profesor de Filosofía en aquel tiempo llamado Arual, dirige a un dios en el que no cree pero al que invoca por si las moscas, siquiera sea tan solo como recurso literario. Porque, por otra parte, si no es a un dios literario o a un recurso divino, a ver a quién puedes pedirle que te conceda la posibilidad de tener dos vidas, que no es ninguna tontería. El poema fue un flechazo que me hizo presentir que aquello, la relación entre el libro y yo, también podría ser “el comienzo de una gran amistad” en la que, por supuesto, en este caso yo sería Humphrey Bogart.

O al menos eso creí. Porque no vayan a pensar que este es un libro que se conforme con un papel secundario, al que puedas llevar a tu terreno pensando ‘como yo soy el que leo, yo soy el que domina el cotarro’. Craso error. El protagonista es él y si quieres disfrutarlo como merece no tienes más remedio que dejar que sea el que lleve la voz cantante, que te zarandee el corazón sin avisarte, que cuando más tranquilo estés en la ternura de sus quimeras te propine una colleja metafísica que desvencije tus goznes, que destartale la aparente seguridad de tus premisas, que te obligue a volver sobre sus páginas para atrapar un sueño que se te había emboscado entre dos versos. Así fue que, desbordado y rendido, en una segunda lectura, consciente de mi incapacidad para hacer gavilla de sus hallazgos, de sus imágenes imposibles, de sus salidas de tono incuestionables, de su capacidad para hacerte ver la cordura convencida del desvarío, opté por la humildad encabronada de dejar que él fuese Bogart y yo Claude Rains. Y, sabiéndose ya elegido, leyéndolo entregado a su victoria, pude creer en sus deseos disparatados; soñar a su compás con utopías domésticas; descubrir lo insólito en la rutina de cada día; advertir que la pregunta de un taxista llega a ser angustiosa si tienes un escorpión transparente quemándote a picotazos el estómago; convencerte de que el mar, además de mar, es confidente cósmico, receptor obligado de preguntas y dudas; ver a un pimiento rojo, maduro, solitario, como corazón absorto de un triste e implorante frigorífico; hacer de la poesía un mecanismo mágico para escapar, transformándola, de una realidad roma y anodina; sorprenderte con la trascendencia que puede atesorar un vaso de agua en toda su aparente sencillez; pensar que la luna es un hueso redondo que ilumina los cielos por la noche; encontrar la salvación en los demás; vislumbrar que en el futuro ‘el pensamiento crítico’ será tratado como una enfermedad y dudar de que no sea ya presente de ahora mismo, y, en fin, ser testigo de un amor entregado, equívoco, sui géneris, sujeto a la frágil solidez de estar prendido de unos ojos que resulta imposible poetizar.

(Fuente: Todocoleccion.net)
Pues eso, lean Viajes a una fresa, déjense llevar por él, disfruten de sus paisajes sicotrópicos, vivan esa experiencia inolvidable. Pero les recomiendo que, antes de embarcarse en la aventura, se acerquen a un bazar chino y se hagan con una chichonera metafísica de última generación. No vaya a ser que la lasca desprendida de una metáfora, el acerado filo de una imagen o, acaso, una esquirla de luz descontrolada, acabe descalabrándoles el alma.



sábado, 8 de abril de 2017

MORIR SOLO

(Fuente: elpais.com)
Esta semana Internet me ha destartalado el corazón con la historia de  José Antonio Arrabal López. Enfermo de una esclerosis lateral amiotrófica (ELA) diagnosticada en agosto de 2015 y ahora en fase terminal, decidió suicidarse ingiriendo pentobarbital, un barbitúrico que adquirió en la red y generalmente utilizado en la actualidad para la eutanasia veterinaria. Su testimonio, -lo que me queda es un deterioro hasta acabar siendo un vegetal. No quiero que mi mujer y mis dos hijos hipotequen lo que me queda de vida para nada-, resulta estremecedor. Por sí mismo, pero también por la entereza y el convencimiento que transmite y que los minuciosos preparativos llevados a cabo para el momento de su muerte no hacen más que corroborar. Eligió para hacerlo la mañana del domingo 2 de abril, día en que su mujer y sus dos hijos no estarían y él se encontraría, así, solo en la casa. Les he dicho que tarden en volver, para que ya haya pasado todo, dice. En la mesa colocó ordenadamente su DNI, su testamento, su historia clínica, una carta al juez, un documento donando su cerebro, una hoja en la que está escrito “No reanimación” y una taza de plástico, con pajita, donde habría de vaciar la dosis letal del barbitúrico que primero lo durmió y después le produjo la parada cardiorrespiratoria que acabó con su vida. Para evitar que su familia pudiera ser acusada de colaboración en su suicidio, se decidió a grabar un video del mismo. En él decía: Ya no puedo levantarme de la cama ni acostarme. No puedo ni darme la vuelta. No puedo vestirme, desnudarme, limpiarme. No puedo comer ya solo. Cuando te diagnostican la ELA te dan la sentencia de muerte tal cual. Pero por dentro me estoy muriendo cada vez más rápido. Solo puedo beber con una pajita en una taza de plástico, porque no puedo con un vaso de cristal… Me parece indignante que en este país no esté legalizado el suicidio asistido y la eutanasia, que una persona tenga que morir sola y en la clandestinidad, que tu familia se tenga que marchar de casa para no verse comprometida y acabar en la cárcel. No quiero seguir viviendo así. Moralmente no puedo hacerlo.

(Fuente: el pais.com)
Legislar la eutanasia y el suicidio asistido es peliagudo. Quizá porque, desgraciadamente, a la hora de hacerlo influyan en los que tienen que hacerlo sus convicciones morales o sus creencias religiosas. Y, sobre todo, las de sus votantes, que son los que mandan en esta visión estrecha de la política que gastamos por aquí. Y eso lo enturbia todo. De modo que ahí sigue este asunto en vía muerta a pesar de algunos recientes intentos de resurrección baldíos y posiblemente oportunistas. Y yo me pregunto, ¿a qué moralidad, a qué creencias, a qué religión puede invocarse para justificar, prolongándolo, el sufrimiento de un moribundo? ¿Qué escala de valores éticos justifica que aquel que sabe que va a morir irremisiblemente, tenga que añadir a la angustia de su muerte inminente el castigo de un dolor imposible? ¿Qué justificación tiene que, en circunstancias similares a las que nos ocupa, no se permita al condenado a muerte elegir cuándo quiere hacerlo, cuándo quiere acabar con su padecimiento y el de los suyos? ¿Qué sentido tiene prolongar la agonía, el dolor, el deterioro, el camino a la nada? ¿Qué puede legitimar una actitud que bordea, y a veces desborda, los límites de la crueldad?

(Fuente: WordPress.com)
Por estos andurriales, tan acostumbrados a que nuestros legisladores parcheen la realidad a su conveniencia, están legislados los cuidados paliativos. Y hasta ahí han llegado, no vaya a ser que los votos se disparaten. Y a pesar de que me parezca encomiable, necesaria e imprescindible la labor que hacen los que se dedican a ellos, ya que además demuestra una capacidad de sacrificio, de entrega y de bondad poco comunes, eso no me impide preguntarme, de nuevo, cuántos de los enfermos a los que atienden preferirían estar muertos en vez de estar muriendo un día tras otro Porque quizá no entiendan, ni acepten, por qué les tiene que costar tanto morirse. José Antonio Arrabal, después de ingerir el combinado que le produjo la muerte, continuó leyendo el tercer tomo de la Trilogía del Baztán de Dolores Redondo. No tuvo tiempo de terminarlo. Pero me imagino que para él, muriendo solo, a escondidas, eso ya era lo de menos. 

sábado, 1 de abril de 2017

DORADA MEDIOCRIDAD

En más de una oportunidad he traído a colación en estas páginas el escenario que ofrecen las redes sociales para dar protagonismo a un sinnúmero de analfabetos que, con el desparpajo imprudente que les concede la ignorancia, dan en ellas rienda suelta a sus asnadas con una contundencia y una solemnidad abrumadoras. Sus sentencias, la mayoría adornadas con un variado repertorio de aberraciones ortográficas y sintácticas, no solo cocean con saña al diccionario y a la gramática, sino también al más elemental sentido de la ecuanimidad y de la razón. Hay veces en que estas “legiones de idiotas” (Umberto Eco dixit), cuando se dan las circunstancia propicias, se agrupan y, alimentándose unos de la idiotez de los otros, originan un tsunami de sandeces de tal proporción que consigue que una determinada noticia se convierta en  lo que en español podríamos denominar “tema del momento”.  Eso es lo que ha ocurrido esta semana con motivo de los 320.000.000 de euros que la fundación de Amancio Ortega ha donado a la sanidad pública española para la compra de aparatos de diagnóstico y tratamiento del cáncer.

En cualquier país medianamente sensato, suficientemente culto, en el que sus ciudadanos gocen de una anatomía normal, esta noticia hubiera dado lugar no digo ya al aplauso pero sí, al menos, al reconocimiento de su generosidad y de su filantropía. Pero España es otro hábitat, desconcertante, contradictorio y, cuántas veces, mezquino, en el que existen especímenes que tienen alojado en su cabeza el aparato digestivo, de modo que con él piensa y en él digiere determinadas informaciones, para después expulsar de forma diarreica e incontrolable las cagadas mentales más pestilentes. (E incluyo aquí a algunos gurús mediáticos que han querido unirse, con su magisterio dogmático, al coro de incontinentes innominados). Si a esta predisposición anatómica le añadimos que en el caso que nos ocupa no influye tanto el qué, sino el quién, que aquí actúa como un laxante neuronal añadido, la reacción desaforada que ha provocado puede llegar a alcanzar los límites de un brote psicótico colectivo. Porque estoy convencido de que si esta donación altruista la hubiera hecho Bill Gates, por poner un ejemplo, esta exposición de mamarrachadas no hubiera tenido lugar.

(Fuente: elpais.com)
Creo que el mayor error que ha cometido Amancio Ortega ha sido el de triunfar en un país tan cainita y tan envidioso como este. Que el hijo de un ferroviario, que con 14 años empezó a trabajar en dos tiendas de ropas de La Coruña, sea en la actualidad la 4ª persona más rica del mundo, es su pecado original. Y no hay sacramento humano ni divino que pueda perdonárselo. En España, a la aurea mediocritas horaciana se le han dado dos vueltas de tuerca, desvirtuándola y adaptándola al resentimiento de tantos adocenados. Porque aquí la medianía no suele ser la búsqueda consciente que garantice la protección frente a los riesgos que corre y la envidia que suscita el que destaca, sino el producto de la cobardía o de la incapacidad de los que no pueden ser otra cosa; y el ver que “el rayo alcanza las cumbres más altas de las montañas”, no sirve para que los mediocres se sientan satisfechos de su situación segura, sino para que deseen que la catástrofe destruya a los que, arriesgándose, están en la cima. Amancio Ortega es un empresario y la obligación de un empresario es ganar dinero. Esta máxima no sé si es de Perogrullo, pero podría serlo. En cualquier caso, él la ha cumplido con creces en toda su aparente simpleza. Las acusaciones que en alguna cadena televisiva y en algún medio digital dizque trotskista se han vertido contra él, pintándolo como a diablo de seis cuernos, explotador de una infancia deprimida y de unos trabajadores esclavizados, evasor de impuestos y otras lindezas por el estilo, me merecen las misma credibilidad que me merecen esos medios. O sea. Y además, -y esto es culpa añadida a ojos de los defensores de la mendacidad y el reconcomio-, se le ve feliz. Posiblemente porque, dentro de los límites que la vida nos marca, lo sea. Y eso ya sí que es pasarse para estos zopencos.


(Fuente:oncologiaradioterapicamir2010.es)
En medio de todo este galimatías populista y sesgado, valga el pleonasmo, leí ayer la declaración del presidente electo de la Sociedad Española de Oncología Radioterápica, que desentraña, en su sencillez y su concisión, el busilis del asunto: "La inversión nos ayuda a salir de una situación crítica, íbamos a una catástrofe a medio plazo... Nos permite ponernos a un estándar europeo, porque ahora estábamos más cerca de la ratio de un país en vías de desarrollo". Pues de eso se trata, de salvar vidas, imbéciles. 

sábado, 25 de marzo de 2017

UNA TARDE CUALQUIERA

Me acompañan mis muertos. Sus horas desahuciadas vienen a visitarme y me sonríen en el revés ajado de mi alma, tal vez queriendo ser la sombra de un ensueño. Puede que sea el silencio que oscurece mi ojos en esta luz difusa de la tarde y los baña entre brumas para mirar ausencias. Sin que exista remedio y sin pensarlo, porque el silencio es eso,  me enfrento con mi vida de improviso, como un contable antiguo con visera y manguitos. Es la añoranza, entonces, una partida doble, una suma impasible de pérdidas y encuentros, el debe y el haber de mi pasado. No hay trampas. No hay posibilidad de hacer ingeniería contable. Todo está ahí, tan nítido, tan cierto, como la lluvia que ahora se dispersa en el aire, constante y grácil, un pestañeo de sueños de otras horas. Los recuerdos me agobian mientras me dan la vida. Los detalles minúsculos duermen en mis bolsillos como un pañuelo antiguo que conservara lágrimas de alguna despedida, canicas, relojes desarmados que marcan los vacíos, fábulas imposibles,  intentos que quedaron jugando con la infancia. Y una música lenta de tantas tardes lentas junto a la celosía acompaña al recuerdo como una novia dulce, virgen, como un amor absorto dormido  entre mis manos. Me miro en el espejo de los años y veo el niño que fui, el sufridor absurdo de las penas perdidas, el lector de alegrías, el héroe derrotado,  el buscador de encantos, el triste enamorado de una vida imposible. Atesoro en mis ojos el mirar de otros ojos, los de mi madre, acaso, llorando la distancia de una huida infinita y cotidiana. Y a veces veo con ellos lo que no supe nunca, lo que jamás miré, lo que se lleva escrito en los pliegues del alma. La muerte no es olvido, pero el olvido es  muerte.  Los recuerdos ayudan a la vida que tengo, a los años que cargo. Y no es melancolía tan sólo lo que guardan, es el gozo asumido de lo irrecuperable, el placer agridulce de lo que vuelve a estar, la ilusión de volver de otra manera, de hacer que el tiempo sea un palíndromo eterno, repetido y distinto, un ir y regresar por un camino de límites abiertos. Casi un delirio, un duermevela de inventos y constancias, de pérdidas y hallazgos.

Como el que vuelve al hogar después de un largo viaje y, al abrir la puerta, llena el ansia del regreso reconociendo olores, y distingue el reflejo en el mueble gastado por los años o siente, de repente, el escalofrío del encuentro, así retorno yo, como a un refugio, a los momentos que quedaron atrás. Y, dulcificado el regreso por el paso de los años y la equívoca placidez de la distancia, vuelvo a vivir situaciones en las que la emoción se ofrece contenida, desprovistas aquellas de todo el dramatismo que conlleva la ausencia. Disfruto en soledad de la añoranza, gastado calcetín de la memoria, dulce alcancía donde atesoro voces, espectros que se vienen a consolar la vida, risas casi olvidadas, besos que quedaron dormidos y ahora se desperezan en la tarde y rompen el dolor para besarme. Al fin, somos prolongación de lo que fuimos y esta magia de volver al pasado, de reencontrar las pérdidas, de estar de nuevo allí donde estuvimos, reafirma lo que somos y pone los cimientos de lo que al fin seremos.


La culpa es del silencio que canta en mi ventana y arrulla los cristales de  mi vida con una niebla tímida, discreta, que empapa de caricias mi nostalgia. A su amparo me acojo como niño indeciso, como un muerto inexperto. En su revoloteo de presencias ausentes, caigo, calladamente,  junto a lágrimas tibias que el viento desparrama por el jardín de mi alma. Se me antojan, quimera de esta tarde contradictoria y mía, pequeños pañuelitos con los que, quienes fueron, siguen diciendo adiós, mientras esperan regresar otra vez una tarde cualquiera del mañana absoluto.

domingo, 19 de marzo de 2017

ESPERANDO A MAÑANA

Cuando la tarde esparce
su luz destartalada
de improviso, terrible,
vienen a visitarme
los muertos de mi vida.
Prendidos de mis manos,
por detrás de mis ojos,
por encima de todo.
Y el silencio me invita
a sollozar sus gestos,
sus manos, sus miradas.

Los muertos de mi vida
vienen a acompañarme
en el silencio
como si no tuvieran
otra cosa que hacer.
Y siempre me sonríen.
Ellos no tienen límites
para su generosidad,
para quererme.

¿Sentirán que me duele
no poder abrazarlos?
¿Notarán que su ausencia
no compensa mis sueños,
que no sé despedirme?

Nunca me decepcionan.
Y yo asumo que, siendo,
manipulo su pérdida
y la acompaso al ritmo
del instante y mi vida.
Y ellos, condescendientes,
se amoldan al capricho
de mi ayer y mis besos.

Lejos, sin saber cómo,
me dan un golpecito
en la espalda del alma.
Y vuelven al silencio
esperando a mañana.



sábado, 18 de marzo de 2017

"HORARIOS MASCULINIZADOS"

Ya va para año y medio que en esta mismas páginas publiqué un artículo, Vidas ejemplares, comentando la impresión, no demasiado satisfactoria, que me produjo el recorrido por las páginas del blog que bajo el nombre de El cuaderno de Guillermo publicaba el presidente-consejero de Cultura de la Junta de Extremadura, Guillermo Fernández Vara. El blog sigue ahí, mi impresión sobre él no ha variado, pero su protagonista ha dado un paso más en la utilización de Internet para darnos a conocer sus cuitas o sus reflexiones publicando en las redes unos videos, breves, que vienen a complementarlo. Lo hace de manera esporádica y yo los veo, unas veces sí, otras no, dependiendo de cómo me coja el cuerpo, que no está uno siempre igual de receptivo para según qué tipo de pláticas. El pasado martes, al hilo de lo publicado el día anterior en su blog, (No puedo poner todas las reuniones por la tarde-noche porque tengo que cuidar de los míos), con la locución salmodiada e intermitente a que nos tiene acostumbrados, nos hablaba de la reunión mantenida con la actual secretaria general de la UGT de Extremadura, Patrocinio Sánchez Escolar y del tema de los horarios y la conciliación familiar que había surgido en la misma. Y me la lio parda el individuo.

Verán: Sentado en la mesa camilla de la cocina, con mi Estrella Galicia fresca a la vera, relajado e indulgente, seguía sereno la alocución presidencial. Me encontraba desprevenido y confiado porque ya había vivido situaciones similares y no me habían causado respingos dignos de mención. Si acaso, en alguna que otra oportunidad,  ligeros hormigueos estomacales por la peculiar puesta en escena o  por cursiladas pasadas de edulcorante. De modo que no pude defenderme de la bomba conceptual que el orador guardaba en la recámara y que me estalló en los morros de improviso dejándome patidifuso por unos momentos. Con la mala suerte añadida de que la deflagración me pilló a la mitad de un sorbo, produciéndome un severo atragantamiento que me llevó a espurrear el trago con ímpetu tan desbocado, -nunca mejor dicho-, que la pantalla del ordenador quedó completamente empercudida de churretes cerveceros. Un desastre sin paliativos, vaya. Y no es para menos. Porque el presidente-consejero de Cultura peroraba, como digo, de horarios y conciliación, y va y suelta sin previo aviso: “… Hablaba yo con la secretaria general, Patrocinio, de la dificultad de llegar a un puesto de tanta responsabilidad como el que ella ahora ocupa, teniéndose que adaptar a horarios… eeeh… ‘masculinizaos’…” Y ahí sobrevino la debacle. Por la gloria de Cotón, ¿qué coño es eso de horarios masculinizados, señor mío? ¿Me lo puede usted explicar sin que me tronche de risa? Porque con este tema de la igualdad de género hemos tenido que leer y escuchar muchas tonterías estratosféricas, pero para mí que esta sinsorga se lleva la palma cum laude. ¡Menudo demarraje!

(Fuente: Digital Extremadura)
En cualquier caso, desde el martes estoy, como hermeneuta obsesionado, en un permanente sin vivir tratando de descubrir el busilis de este hallazgo conceptual. Y no he sido capaz siquiera de arañar su cáscara. Porque mientras más trato de desentrañar su lógica, su intríngulis epistemológico e, incluso, semántico, más dudas me abordan. A saber: Cuando el puesto que ahora ocupa esta señora lo ocupaba Francisco Capilla, ¿también él sufría los rigores de la masculinización horaria? Si sí, ¿qué importa entonces el sexo de quien lo ocupe? Si no, ¿es porque esos rigores solo actúan contra la conciliación familiar de la mujer? ¿Por qué? ¿Porque los hombres pasan de conciliaciones o no tienen derecho a ellas? ¿Sólo las mujeres tienen familia que conciliar, madres a las que visitar, hijos a los que atender y acompañar? ¿Será, tal vez, que los horarios practican una suerte de hermafroditismo adaptativo de género, feminizándose o masculinizándose en sentido inverso al sexo de la persona que deba cumplirlos? ¿Hay horarios neutros? ¿Nos estamos volviendo todos tontos o algunos venían ya con la tontería en lo alto?... Confío en que algún avispado lector de estas líneas sea capaz de contestarme, al menos, a una de estas preguntas. Me conformo con poco.

Sea como fuere, dejando de lado hermenéutica y zarandajas sarcásticas, hay quien quizá piense que nuestro presidente-consejero de Cultura queriendo huir del fuego, ha caído de bruces en las brasas. Porque, no sé si por torpeza o por la precipitación del directo, de sus palabras pudiera deducirse que el problema no está en la masculinidad de los horarios, sino en el hecho de que quien ocupe determinado puesto sea mujer y que por serlo tenga que compaginar trabajo con, ‘por decirlo de alguna manera’, labores domésticas. Y aun convencido de que Fernández Vara no lo es, eso tiene un tufo machista de aquí te espero, primo. 

sábado, 11 de marzo de 2017

EL GUARDIÁN INVISIBLE

(Fuente: doloresredondo.com)
Decía el sábado anterior que este país llamado España, sus gentes, a veces me zarandea y me lleva desde el desaliento a la esperanza, en un camino de ida y vuelta que agrava mis oscilaciones ciclotímicas. El abatimiento lo llevo con cierta resignación, por otra parte nada pasiva y siempre tratando de que no agrave mi natural tendencia al pesimismo, y el júbilo nunca me permite la euforia, entre otras cosas porque la mayoría de las veces es fugaz e inmediatamente eclipsado por la sombra espesa que nos rodea. De modo que cuando me regodeaba con la noticia de ese milagro que devolvió a la vida al conductor de una furgoneta por la rápida intervención del motorista al que había socorrido, salieron los cabestros al ruedo de la actualidad para llevarse a los corrales mi alegría. Y sustituirla por un cabreo estupefacto que casi me descangalla los goznes.

Y es que el pasado día 8 de febrero la televisión pública vasca  emitió un programa, supuestamente humorístico, titulado Euskalduna naiz, eta zu?'(Soy euskaldún, ¿y tú?). Era el sexto y último de una serie concebida por sus creadores como “una radiografía con humor de cómo somos los vascos”. Dedicado a España, fue el más visto de los seis con una audiencia de 27.000 espectadores, más o menos media España o así. En él, entre otros, aparecía la actriz Miren Gaztañaga declarando que nos veía (a los españoles) como culturalmente atrasados y un poco catetos, que cuando oía el himno  español en la televisión le entraban ganas de apagarla y no sé qué otras simplezas. Personalmente, las declaraciones que haga una actriz pueblerina de tercera, (la susodicha ha intervenido en solo 3 películas en toda su carrera), en un programa cutre dirigido al autoconsumo de la tribu euskaldún, me importan un bledo. Pero como el principio de acción y reacción puede descontrolarse en países como el nuestro en donde, como bien dijo don Antonio Machado, de diez cabezas, nueve embisten y una piensa, lo que podría haberse quedado en el reducto del establo de un ‘baserri’, por obra y gracia de algún melindroso guardián de los valores patrios más añejos adquirió en las redes sociales categoría de universalidad, coreado por los mugidos de un rebaño innúmero de morlacos que saltó al ruedo de Internet calamocheando y soltando gañafones a todo lo que se movía.

Las estampidas, ya se sabe, arrasan con todo lo que se les pone por delante. Y como por arte de magia surgió, entre bufidos iracundos, la etiqueta de #BoicotElGuardiánInvisible. ¿Salió del cacumen de alguno de estos guerreros del antifaz redivivo o fue producto de los intereses aún más turbios y espurios de alguien que se subió a un tren ya en marcha? No lo sé. Lo que es evidente es que, como suele ocurrir en ese submundo culturalmente inope, se convirtió en apenas 24 horas en tema del momento. Y así esta patulea de zopencos consiguieron hacer protagonista de la historia a una actriz con un papel marginal en la misma, al tiempo que despreciaban, en el colmo de su  ignorancia, a los artífices de una película que a mí me pareció excelente, de una oscuridad luminosa desconcertante,  con unos intérpretes ajustadísimos (espléndidos Marta Etura y Carlos Librado), una música que se escucha cuando debe escucharse, y un guion fiel a la novela original de Dolores Redondo que el film no desmerece pero tampoco mejora, algo que hubiera sido harto difícil porque es magnífica. Y es por ella por quien más me irrita esta sinrazón. Porque, sin conocerla personalmente, la siento muy cercana en el agradecimiento por las horas de emoción y de compañía que me produjeron la Trilogía del Baztán’y Todo esto te daré, su última novela. Me imagino que a la mayor parte de estos camándulas analfabetos que salen en tromba contra lo que ni conocen ni valoran, alardeando de la idiotez recalcitrante que es inherente a su aborregamiento modorro, les dará igual. Pues eso, que sigan uncidos a su inopia.

Esta situación me ha hecho recordar algo que dijo Umberto Eco y que retrata a la perfección el caso que nos ocupa: "Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Pero ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los imbéciles... Si la televisión había promovido al tonto del pueblo, ante el cual el espectador se sentía superior, el drama de Internet es que ha promovido al tonto del pueblo como el portador de la verdad”. Y yo, a pesar de suscribir sin reservas lo anterior, ¿por qué sigo maliciándome que en esta campaña hay, además, un gato encerrado que ha escondido sus uñas entre las uñas de los cretinos? Seguro que Amaia Salazar sería capaz de despejar mis dudas.