domingo, 15 de octubre de 2017

NOSOTROS O LA HOGUERA

En cierta ocasión, un activo y liberado sindicalista me preguntó si iba a ir a no recuerdo qué manifestación. Lo hizo en un tono más inquisitorio que interrogante, con la prepotencia de autoridad moral de la que algunos se creen investidos, oropel por el que, además, cobran un sueldo que les pagamos los que cada día salimos a trabajar mientras ellos, posiblemente, duermen. Estuve prudente (lo siento) y no lo mandé al carajo, que es lo que se merecía más que por la pregunta por las formas de perdonavidas con que la hizo. Sólo le contesté que yo me manifiesto mucho más que él, porque lo hago cada sábado en estas páginas expresando libremente mi opinión: "¿Qué sentido tiene entonces que yo salga a la calle para apoyar la tuya, sin duda más interesada y fingida que la mía?", acabé. Y se acabó. La conversación, digo, porque el mozuelo salió escopeteado, calamocheando, mientras esbozaba una media sonrisa despectiva e insuficiente para disimular su cabreo. Cantinflas echó mano en muchas de sus películas del refranero mexicano, verdadero vademecum de sabiduría y  retranca, para poner en su sitio a petimetres de todo tipo: “Mírenlo, ya porque nació en pesebre, presume de Niño Dios”, le soltó a un prepotente chulito pagado de sí mismo. Y lo clavó. Al espécimen que nos ocupa, este refrán también le viene de perilla.

(Fuente: Poema del alma)
La anécdota no es baladí, porque, con matices, la he sufrido y también gozado en bastantes ocasiones, y he asistido a otras muchas en las que me tocó interpretar el papel de testigo. Y siempre de por medio políticos o sindicalistas que, con un sentido alienado de pertenencia al clan, no entienden la relación con los demás si no es abriendo trincheras de por medio o, lo que es peor, levantando murallas que separen a los “nuestros” de los “otros”. Y es que hay gente muy dada a, según soplen los vientos, considerarte de los suyos o de los contrarios como si no hubiera más posibilidades que esas, como si no existiera la opción de no ser ni de unos ni de otros. En su mentalidad obtusa y dogmática, a estos deseosos de hacer a los demás bueyes uncidos, no les cabe la independencia de criterio. Es más, no permiten siquiera ni la posibilidad de criterio. Y con una frivolidad irritante te etiquetan de acuerdo a que tus manifestaciones, a la luz de su corto y esclerótico entender, sean favorables o no al grupo al que pertenecen. En fin, yo entiendo que esa seguridad que nos proporciona el estar incorporado a un grupo, (‘la tribu’, que dicen algunos indígenas patrios de pelaje diverso), es atávica, casi irracional, y prácticamente inevitable por lo que a la familia se refiere, más que nada porque en este caso no hay posibilidad de elección. Uno no puede dejar de ser miembro de una familia, (excepto de la que el propio individuo forma), según las circunstancias, por más que pueda renegar de ella. Lo que no entiendo es que la integración en un grupo de pertenencia elegido libremente, como puede ser un partido político o un sindicato, lleve tantas veces aparejado el hecho de despreciar no sólo a los que pertenezcan a otro de ideología contraria o distinta sino, incluso, a los que no pertenecen a ninguno. Posiblemente a estos últimos con más encono por su incapacidad para encorsetarlos.

Durante los años de régimen ibarrista y en lo que al mundo de la cultura se refiere, el ninguneo, los ataques directos y los chantajes más repugnantes se ejercían de manera sañuda e implacable contra los que osaban ejercer algún tipo de crítica a las actuaciones políticas emanadas del politburó o, simplemente, no se prestaban a la lisonja, el apoyo incondicional, el vasallaje o, incluso, la sumisión rastrera. O eras de su cuadra o, como mínimo, no existías. Una de la actuaciones más sangrantes que conocí y seguí de cerca se perpetró contra quien osó descolgarse de un manifiesto público de pleitesía al rey del mambo de aquella época. Y, así, fue fulminado de manera inmisericorde de cualquier cargo oficial real o virtual por sus esbirros e incluido en la lista de los malditos. En el colmo de la aberración, un libro a punto de ser publicado en una editora pública, fue también arrojado a las tinieblas exteriores o a las llamas de la intransigencia. No sólo el autor, también su obra era víctima de la furia sectaria de estos demócratas de pacotilla.  En fin, años ciertamente oscuros aquellos en los que sólo faltaba que, de madrugada, sonara el timbre de tu casa y no fuera el lechero.
(Fuente: Filóloga Bibliófila)

sábado, 7 de octubre de 2017

ABDUCIDO

Hace dos sábados escribí el primer artículo sobre el laberinto catalán con la esperanza de que me sirviera de exorcismo y, así, cubriendo el expediente, librarme de ser poseído por la legión de demonios mayores y menores que lo infectan. Me temo que no solo no lo he logrado sino que ha sucedido lo contrario, porque este es el tercero seguido que escribo sobre el tema. Y lo que es peor, creo que mi estado más que un caso de posesión que podría solucionarse con cuatro hisopazos de algún sacerdote amigo, al compás de la cantidad de noticias y comentarios que se suceden de forma vertiginosa e ininterrumpida, ha adquirido la categoría de abducción y ahora ando ya metido en un torbellino diabólico del que no sé cómo voy a poder salir. Y es que los artículos que escribo, más que para paliar mi penosa situación creo que solo sirven para retroalimentarla.  Lo único que espero, con una ansiedad plagada de incertidumbres e inseguridades, es que el problema se resuelva, en un sentido o en otro, lo antes posible. No solo por mi salud emocional, que también, sino, sobre todo, por la salud emocional de España.

(Fuente: La Vanguardia)
A la espera de lo que pueda suceder el lunes en ese pleno del Parlament convocado o sin convocar en el que, de celebrarse, aún no hay indicios que me permitan aventurar si en él se materializará  la Declaración Unilateral de Independencia, (esa DUI que a mí me suena a argot hospitalario), y de producirse, tampoco me es posible asegurar si será inmediata o diferida, pero que, en cualquier caso, suspendido como está por el Tribunal Constitucional, será nulo de pleno Derecho, el núcleo del vórtice independentista está ahora centrado en la necesidad de diálogo y de mediación. ¿Diálogo con quién? ¿Con los mismos delincuentes, (Puigdemont, Junqueras, Forcadell...), que han organizado esta zapatiesta violentando la Constitución y el Estatuto de Autonomía, desobedeciendo  las sentencias judiciales y manteniéndose empecinados en el delito? ¿Con los camisas pardas de la CUP, Òmnium Cultural y la Asamblea Nacional Catalana que acosan, señalan, persiguen, humillan y amenazan a los que no están de acuerdo con ellos y su hipotética República Independiente? Y mediación, de quién, ¿de la Iglesia Católica, como algunos portentos han señalado? Pero, ¿con cuál de ellas? ¿ Con la de la Conferencia Episcopal con el melifluo Blázquez a la cabeza; con la del párroco de Calella y los 400; con la ultramontana de ese trasunto apolillado de monseñor Guerra Campos que es el obispo de Alcalá de Henares, o con la del Papa Francisco, por poner solo 4 ejemplos?  La majadería es de órdago, ¡Madre del Amor Hermoso!

(Fuente: elmundo.es)
Por otra parte, el tarambana mediocre y megalómano de Puigdemont, (“ya me siento presidente de un país libre”, ha dicho el nota), no ha sido consciente de a quién se enfrentaba y ha calculado su envite rematadamente mal. Porque Rajoy, ya se sabe, ha dado suficientes muestras de ser un político cachazas e inmutable, capaz de aprovechar, como los expertos en artes marciales, el ímpetu del ataque de sus adversarios en su propio beneficio. Si a eso le añadimos la rara astucia ‘vicevérsica’ que posee de hacernos creer que está quieto cuando se mueve, el final de este mal llamado choque de trenes nos ha llevado a donde estamos y, sobre todo, a donde ha llegado, pian pianito,  el atolondrado cristobita catalán, ahora trémulo ante la tesitura de tener que elegir entre el fuego o las brasas, o sea, entre la cárcel o el linchamiento político de los que todavía lo jalean.  Pues eso, al pez que busca el señuelo, no hay que tenerle consuelo.


(Fuente: 20minutos)
En fin, no me gustaría que Cataluña se independizara, fundamentalmente por las personas que viven allí, que sufrirían en sus carnes la trágica decepción de comprobar que la Arcadia feliz que prometen estos iluminados sería, apenas en realidad, una Albania extemporánea. Esto no quiere decir que esté en contra de una independencia que se produjera al amparo de la Ley. Y creo que desembarrancar la situación actual pasa, de entrada, por la disolución del actual Parlament y la convocatoria de nuevas elecciones autonómicas con listas que, para evitarnos entrar en un bucle terrorífico, no deberían incluir a los delincuentes recalcitrantes que nos han traído hasta aquí. Después será el momento, sin precipitaciones ni demoras, del diálogo. Y de las reformas constitucionales que hagan falta para que pueda celebrarse un referéndum consultivo legal en Cataluña. Si la mayoría está en contra de la independencia, se acabó el carbón. Si a favor, referéndum nacional vinculante a fin de ratificar o no el sí. Y en caso de ratificación, siguiendo la política de la UE con el Reino Unido y el Brexit, contrapartida económica. Porque querer el guarro, los guarrinos y la leche de la guarra, tampoco es de recibo. A ver si me queréis comprender.

sábado, 30 de septiembre de 2017

CON LA IGLESIA HEMOS TOPADO

(Fuente: DesEquiLibros)
Lamento titular mi artículo utilizando el tópico que tergiversa, haciendo una lectura interesada, la frase dicha por Don Quijote cuando, en busca del alcázar de la señora de sus pensamientos, cree que un “bulto grande y sombra” que divisaba a lo lejos era el palacio de su princesa y gran señora Dulcinea. Mas, al acercarse, comprobó que la torre barruntada “no era alcázar sino la iglesia principal del pueblo”, exclamando así: “Con la iglesia hemos dado, Sancho”. La expresión no puede ser más directa y lineal y es obvio que se refiere al edificio y no a la institución, a mayor abundamiento cuando la palabra “iglesia” aparece con inicial minúscula en el texto. Pero hubo quien, tomando el rábano por las hojas, cambió el verbo “dar” por el verbo “topar”, más contundente, y ahí comenzó a utilizarse para expresar nuestra desesperación cuando nos encontramos con un obstáculo insalvable, sea este civil o eclesiástico, que nos impide realizar nuestros deseos o proyectos. Me he permitido echar mano de ella, (no sin cierto sentimiento de culpa), para utilizarla en su sentido más literal y con “I” mayúscula, a remolque del comunicado que la Conferencia Episcopal ha evacuado para dar a conocer su postura sobre el referéndum convocado mañana en Cataluña. Como si no tuviéramos bastante con la que ya está formada, han tenido que salir los obispos al retortero para añadir confusión al caos de una grey a la greña. Pues eso, por si éramos pocos, parió la abuela y para colmo de males, sermones episcopales.

(Fuente: Infocatólica)
A nivel personal me importa un bledo lo que la jerarquía eclesiástica diga o deje de decir sobre este tema o sobre cualquier otro, entre otras razones porque, por no hablar de la credibilidad que me merece, hace tiempo que dejé de estar bajo su tutela, si es que alguna vez lo estuve de forma racional. Pero, en ocasiones, el tener que escribir un artículo semanal impone cierto tipo de sacrificios que, acaso, acaben resultando reconfortantes al estampar el punto final del mismo. Así, mi primer encontronazo con la ¿pastoral? fue escuchándola en la voz meliflua y almibarada de monseñor Blázquez. Terminada su perorata no fui capaz de discernir  qué posicionamiento era el que había concitado la unanimidad de los prelados. Y es que cuando parecía decir sí, contraatacaba con un no, para pasar a un quizá o un ya veremos. Bien es verdad que no me fiaba demasiado de la lucidez de mis entendederas  porque, con ese soniquete oleoso con retrogusto incensado que se gasta y que me resulta imposible de soportar, mientras lo escuchaba estuve más pendiente de evitar que me sobreviniera un coma hiperglucémico irreversible que de sus palabras. De modo que, pasado el empacho, la leí detenidamente. Por alejarme de cualquier tipo de prejuicio incluso una vez lo hice en voz alta, tratando de borrar de mi memoria su salmodia edulcorada. Y mi conclusión, ya más ecuánime y sin interferencias, volvió a ser la misma.

(Fuente: Diócesis de Málaga)
Si se me permite un oxímoron más que chirriante diré que no estoy nada al tanto de los fundamentos epistemológicos de religión alguna, de manera que no sé si, en el caso que nos ocupa, lo acordado por la Conferencia Episcopal Española está bajo la inspiración del Espíritu Santo. De ser así, este ente de razón del catolicismo anda en franca decadencia desde aquel Pentecostés evangélico, porque el documento es todo un modelo de ambigüedad, de ambivalencia milimetrada, una pirueta de funámbulo en la que se detecta un afán poco disimulado de querer sorber y soplar al unísono y que logra el imposible de agradar y enfadar a los feligreses de ambos bandos a la vez. La verdad es que comprobar el desparpajo que han tenido para conseguir poner una vela a dios y otra al diablo, que ya son ganas, para representar el papel de un patético Poncio Pilatos de baratillo, resulta un espectáculo ciertamente grotesco. E irritante sobremanera que lo hagan, como lo hacen, echando mano de una transcendencia del todo impostada e invocando una autoridad moral de la que carecen. Y muestras nos dieron de esa penuria ética años atrás en ocasiones más dramáticas, en las que estaba en juego la vida de personas inocentes. Los monseñores Setién y Uriarte son dos ejemplos elocuentes de esas miserias apostólicas.
(Fuente: Libertaddigital)

En fin, visto lo visto y dado que la Iglesia Católica ha sustituido en templos y púlpitos catalanes la actividad pastoral por la política, sería hora de revisar el acuerdo con la Santa Sede, claramente conculcado por curas, priores, abades y obispos mitineros, y anular la exención de la que disfrutan del pago del IBI, que ya les vale. Estaría de dios, primo.

sábado, 23 de septiembre de 2017

CATALUÑA A MI PESAR

No quería hacerlo, no quería escribir sobre el esperpento catalán. En primer lugar porque estoy más que harto de todos ellos, de Puigdemont a Forcadell, del PDeCAT a la CUP. Y en segundo lugar porque tengo la impresión de que ya está todo dicho sobre el particular, desde las idioteces más sonoras hasta las opiniones más acertadas. Y sin embargo me he decidido a hacerlo como el que se somete a un exorcismo, a ver si escupiendo negro sobre blanco todos los demonios que en estos días se han ido introduciendo en mi cacumen soy capaz de abrir el ordenador, encender la televisión o acercarme al quiosco a comprar la prensa sin que me castañeteen los dientes, mis tripas  comiencen un recital incontrolable de borborigmos o mis piernas se queden con menos fuerzas que las de las marionetas de Herta Frankel. Yo no sé con exactitud los días que llevamos con la matraca megalómana e insólita de la Generalitat y sus palmeros, pero a mí se me están haciendo infinitos. Son muchas horas asistiendo a una película que unas veces parece terrorífica y otras una bufonada, pero que habría que clasificar, sin duda, en lo últimos y más cochambrosos escalones de la serie Z más cutre. Solo espero que, de aquí al 1 de octubre, el género gore no haga acto de presencia en la pantalla.

(Fuente: Elespañol.com)
El busilis del asunto es de una sencillez apabullante: el Estado de derecho español debe impedir la celebración de un referéndum ilegal en España. No hay más y en ello está. La deriva disparatada que esta intervención inevitable y justa ha producido en la sociedad catalana es cosa bien distinta. Los acontecimientos nos han abocado a una situación desagradable, trágica, indeseada pero, al menos, nos están sirviendo para constatar la  ausencia de convicciones democráticas que ya intuíamos en los promotores del engendro. Tras las dos vergonzosas sesiones del Parlament de Cataluña donde, bajo la batuta hierática e implacable de la señora Forcadell, (inquietante personaje que igual te felicita el cumpleaños que se cisca en tus muertos sin variar un ápice la expresión de su cara de palo), se atropellaron sin contemplaciones leyes, reglamentos, estatuto y  derechos parlamentarios para aprobar las leyes que abrieron el camino oficial a la independencia, la actuación de las instituciones catalanas y de sus políticos no ha sido más que una terca y pavorosa escalada hacia un fascismo torpemente enmascarado de una falsa legitimidad. El incendio en febrero de 1933 del Reichstag, sede del Parlamento alemán, fue aprovechado por Hitler para borrar del mapa al Partido Comunista y aumentar la mayoría parlamentaria del partido nazi. En Cataluña han cerrado el suyo hasta después del 1 de octubre. No es lo mismo, pero se parece.

Con el gobierno de Puigdemont arengando a la ciudadanía a ocupar la calle, los camisas pardas de la CUP y adláteres, que utilizan la situación como trampolín de sus delirios revolucionarios, se encuentran como pez en el agua acosando y señalando a quienes no quieren aceptar el trágala ilegal y antidemocrático que pretenden imponerle: Jueces, fiscales, alcaldes, funcionarios, concejales, políticos, ciudadanos, se llamen Juan Marsé o Pedro Palotes, son blanco de sus insultos y de sus amenazas. Incluida la guardia civil, retenida por una pandilla de estos mamarrachos fascistas, ante la mirada ausente de los Mossos, en las dependencias de la Consejería de Economía adonde habían acudido en cumplimiento de una orden judicial. En fin, lo de ‘camisas pardas’ no lo dije a humo de pajas, porque leyendo que la tienda de los padres de Albert Rivera, me imagino que como otras, amaneció una de estas mañanas empapelada de pegatinas y pasquines independentistas, me vino a la cabeza “La noche de los cristales rotos”, en la que grupos de las SA nazis y ciudadanos, entre otras y más graves fechorías, asaltaron las tiendas de
ciudadanos judíos en Alemania y Austria, rompiendo sus escaparates y marcándolas con la estrella de David. La autoridades calificaron estos hechos como “una reacción espontánea de la población”. Pues eso.

Cuando al principio hablaba de bufonada me refería, mayormente, a esos dos botarates, artistas de la falacia y maestros en solemnizar paparruchas y bobadas cuales son Gabriel Rufián y Pablo Iglesias. No dan una estas criaturas. El primero confundiendo cargos electos con altos cargos, que ya es confundir siendo él electo, si es que acaso sabe que lo es;  y el segundo hablando de presos políticos cuando ni siquiera hay presos, solo detenidos y, de haberlos, habría que denominarlos ‘políticos presos’, porque no lo estarían por sus ideas sino por haber cometido un acto ilegal, o sea, por delincuentes. Como lo están o han estado Ignacio González, Jaume Matas y Jordi Pujol, hijo. Es que hay gente, mira tú, que tiene la rara astucia de acostarse tonta y levantarse idiota. Y sin comer mierda de pavo, primo.
(Fuente: VilaWeb)


sábado, 16 de septiembre de 2017

ANIMALARIO

Aparecen debajo de las piedras, detrás de las esquinas, emboscados tras de una columna periodística, en las redes sociales, en la televisión, por los pasillos de la Universidad,  en la sopa de fideos. Después de que a partir del año 1982 se reinstaurase, casi sin solución de continuidad,  el pensamiento único, hay en esta tierra una cultura del clientelismo, del mamoneo, que ya es un estigma que sobrevuela el aire del aire. Esta sociedad de aquí, la nuestra, la de andar por casa, tiene  una tara genética que a ver quién es el guapo que la rompe y la manda a las cloacas de la historia.

(Fuente: Expansión)
Tres prototipos, a mi corto entender, forman esta fauna culebrera y sectaria: trepas, pelotas y chivatos, siendo los primeros los más numerosos a pesar de que, para serlo, han de hacer méritos. Hay quien los hizo llevando la cartera de un consejero, riendo las gracias de un alcalde,  represaliando un libro, dejando de hablar al amigo “desafecto”, masajeando espaldas... Los hay que renunciaron a su partido y a su ideología. Se encaramaron a la cola del pesebre y, una vez que sintieron en sus espaldas la caricia seductora del sillón de respaldo alto y palparon las pelusas de la moqueta, si te he visto no me acuerdo. Estos conversos, furibundos, resultan los más patéticos. Han de hacerse merecedores de la unción  para que su pasado descarriado no suponga un obstáculo a sus ansias. Y entran a saco en el engranaje. Les da igual llevarse por delante a sus amigos, a sus sueños, a su libertad. La palabra riesgo no existe en sus diccionarios. Todo sea por el riñón, todo sea por la causa  que les permita vivir creyéndose lo que no son. Es fácil cambiar dignidad por estabilidad. Al fin y al cabo, la integridad es un mito que acabó en El Quijote. Y hay que huir del crítico como de un apestado, cruzarte de acera si lo ves por la calle,  no contemporizar con estos puñeteros amargados, con los no uncidos, vaya a ser que alguien vea y  pida explicaciones. Y se arrellanan a vivir. Les pierde el interés porque un trepa no tiene más ideología que el trepar. Y servirán al amo mientras dure la bicoca.

(Fuente: Diario Información)
Pelota y trepa, ¿son el mismo espécimen? Yo creo que no, aun siendo ambos de la misma familia. Porque aunque el trepa siempre es pelota al hacer de la adulación su piolet para el ascenso,  hay pelotas de línea dura, altruistas en su ceguera modorra, que no buscan recompensa material y ejercen su peloteo sólo por idolatría, como el que reza, como el que adora. El pelotillero puro daría la vida por su dios de pacotilla y mataría por él. Es el más peligroso de todos porque, creyéndose portador de valores inmutables, te pisa la cabeza como mancilles el buen nombre de su caudillo. No espera recompensa alguna. Este talibán se siente satisfecho defenestrando infieles, sin que le importe que su nombre  figure o no en parte alguna. Si alguna vez coincide con su dios terrenal y éste le sonríe como quien mira a una grulla, él guardará esa sonrisa como un viático. Es la tropa fanática, la minoría genuflexa de los sin nombre.


(Fuente: Inversor global)
Por las razones aducidas, habría que deducir que no todo pelota es chivato, pero a la viceversa, siempre. Cuando se juntan estas dos características en alguien, ojo de chícharo con él  porque estos bifrontes son  hijos de mala madre. Desde chicos. Empiezan con el peloteo y las chivadas en la escuela y ya no pueden parar. Es como una droga que se les mete en el cuerpo y, cuando no ejercen, alcanzan tal crisis de abstinencia que son capaces de llevarse por delante a Cristo bendito hasta conseguir un chisme que llevarse a la boca y propalarlo. Incluso, en el colmo de su paroxismo, endilgando a algún inocente falsas fechorías con tal de meterse la dosis que los tranquilice. En la propia delación obtienen su doble recompensa, satisfaciendo así, mientras babean de gusto, su inmoralidad bífida.

En el mundillo de nuestra ‘cultura oficial’ conocí yo, mientras rigió nuestros destinos regionales “el gran conducator”, a algún elemento que, mientras estaba encaramado en el machito, logró reunir en su repelente cuerpecillo las tres características zoomórficas antes descritas, sazonadas, a mayor abundamiento, con un veneno viscoso que ni la víbora cornuda. Todo un portento que ahora, venido a casi nada, anda por ahí pataleando rabietas egocéntricas. En fin, ya habrá ocasión más adelante, si se tercia, de hablar de algunas situaciones más que patéticas de las que fui testigo en aquella época oscura, protagonizadas por algunos de estos ejemplares tóxicos.
(Fuente: lavoz.com.ar)






sábado, 9 de septiembre de 2017

VACACIONES JUBILARES

Andrew J. Smart, un joven científico norteamericano de origen sueco, publicó en España un libro titulado El arte y la ciencia de no hacer nada. (El cerebro tiene su propio piloto automático). En él, apoyándose en  los últimos avances de la neurociencia, hace una encendida defensa de la ociosidad como motor creativo, contraponiéndola a la idea capitalista y la ética protestante de que el tiempo es el bien más preciado siempre y cuando mejor aprovechado esté para el rendimiento productivo. Según nos cuenta hay una llamada “red neuronal por defecto”, la DMN, que entra en febril actividad cuando no estamos centrados en una tarea concreta y nos parece que nuestro cacumen está en reposo y dedicándose a la dulce holganza. Esta oscilación neuronal coherente, que interconexiona diferentes áreas de nuestro cerebro, facilita la introspección, el conocimiento de nosotros mismos y, con ello, el desarrollo de la propia identidad; estimula la creatividad, facilita la visualización del futuro y el recuerdo del pasado, nos permite acceder a nuestro inconsciente y nuestras emociones, potenciando habilidades que creíamos dormidas u olvidadas, al tiempo que nos ayuda a conocernos y, lo que es más importante, a reconocernos. De modo que cuando parece que nuestro cerebro no hace nada es cuando hay posibilidad de que surjan las ideas más brillantes. En resumen, que es aceptable ser vago. Y, en algunos casos, incluso imprescindible. Sirva como ejemplo el pensar qué hubiera sido de nosotros si cuando Newton se sentó debajo de aquel manzano mítico, su cerebro, en vez de estar en este estado de ociosidad activa del que hablamos, se hubiera encontrado exánime por el duro trabajo intelectual hasta hacer que el sabio se quedara sopa y no hubiera visto caer la famosa manzana o, aun habiendo visto fenómeno tan intrascendente, por mor de la fatiga y el hartazgo el hecho le hubiese suscitado el mismo interés que, por decir algo, un discurso de Fernández Vara sobre cultura en Extremadura. Efectivamente, se deduce que no habría podido concebir su teoría sobre la ley de la gravedad y, en consecuencia, quizás anduviéramos ahora todos por las calles levitando como la niña del exorcista. Una verdadera pesadilla para mí que, además de otras peplas, sufro de acrofobia.

(Fuente: Trome)
Sirva este primer párrafo de ciencia macarrónica, aunque verídica, para reafirmarme en el convencimiento, que expresé en algún otro artículo, sobre el placer de gastar las vacaciones en eso, en gastarlas; en dejar pasar las horas sin más ocupación que la ensoñación y el ensimismamiento, sin hacer esfuerzos para saber el día en que vives y, lo que es más importante, sin angustiarte por ignorarlo. Tengo compañeros que vuelven de ellas más cansados que se fueron, metidos en una vorágine mortificante de vuelos, maletas, horarios, transbordos, urgencias y quilómetros que ni los doce trabajos de Hércules. Uno de ellos, cotilla donde los haya, me preguntó hoy qué había hecho en vacaciones. Le contesté de forma lacónica y creí que suficientemente descriptiva: “Simplemente estar”. Ante su gesto de extrañeza me sentí obligado a apuntillar: “Estar de vacaciones, digo”. Parece (ignoro sus intríngulis) que no le sentó muy bien mi respuesta porque se fue sin decir más casi en un rabotazo. No entendí mucho su reacción dado que le dije una verdad incuestionable, porque realmente es eso lo que he hecho, estar,  ya que se supone que ser lo somos todos los días del año.


Con todo y esto, la perspectiva de mi próxima jubilación, (salgo de cuentas el 17 de octubre), da un cambio radical a todo mi argumentario. Porque la excepción se hará categoría y tampoco es cuestión de confundir júbilo con asueto y estar 12 meses al año dedicado a “il dolce far niente”. De modo que ahora ando preocupado por cómo voy a irrumpir en esta etapa desconocida de mi vida, en la que estar y ser pueden llegar a confundirse y confundirme. Y digo irrumpir porque creo que del sentido que tome esa irrupción dependerá el resultado, satisfactorio o no, de mi nuevo estatus. De modo que, como decía el gran Marcelo en Ojos negros, creo que he tenido “un’idea geniale”: Voy a iniciar mi etapa jubilar tomándome unas vacaciones de la misma. Así, aunque para la sociedad esté jubilado, en mi fuero interno estaré vacacionando. Y como en este caso yo soy mi propio patrón y puedo legislar deberes y derechos según me salga de los nísperos, esta etapa durará hasta que a mí me pete, o sea, hasta el momento en que me haya aclarado. Conociéndome, igual la diño y sigo de vacaciones.

sábado, 2 de septiembre de 2017

EL CULEBRÓN DE JUANA


Ha sido protagonista, de manera constante en su intermitencia, de un buen número de titulares de la prensa escrita y audiovisual española durante este mes de agosto. Solo la tragedia de los atentados terroristas en Barcelona y Cambrils y, en algún momento, el esperpento de los delirios nacionalistas del presidente de Cataluña y sus palmeros, han sido capaz de descabalgarla de las cabeceras. Y ha sido tanto el atiborre de información y de presencia protagonista de Juana Rivas día tras día de este mes a costa de su huida de Italia, de su lucha por conseguir la custodia única de sus hijos y del ocultamiento temporal de estos, que me ha dado tiempo a modular mi opinión sobre el caso desde la indignación inicial hasta el estupor final, pasando por el desconcierto. El punto de inflexión de este proceso evolutivo fue, sin duda, la entrada en escena de un grupo de figurantes capitaneadas por la asesora legal de Juana, Francisca Granados (Paqui), portando cartelitos con una frase que me repatea hasta hacer que me castañeteen los nísperos: “Todos somos Juana”. Supina idiotez esta del ‘todos somos’ que, como suele ocurrir en casos así, se ha asentado sin control en el imaginario colectivo al amparo de un gregarismo de lo más mentecato. Si a esta frase absurda y enervante le añadimos la de “Juana está en mi casa”, nacida a raíz de la desaparición de la susodicha junto a sus hijos y enarbolada también por el mismo coro solidario de voluntarias, el diagnóstico se me agravó hasta alcanzar los límites de un severo sopitipando. Bastante tengo yo con intentar saber quién coño soy como para soportar que, de buenas a primeras, tenga que ser también Juana y, para más inri, aguantar en mi casa una presencia virtual que, por el hecho de ser ella, también soy yo. Ya me dirán quién es capaz de salir indemne de este galimatías metafísico.

En cualquier caso, además de sus hijos, forzosos y olvidados protagonistas de un drama que no han provocado y del que son los mayores damnificados, creo que su madre es también una víctima más en este proceso. En primer lugar de ella misma y de su fragilidad, no sé si innata o sobrevenida por las circunstancias que, en cualquier caso, la han hecho fácilmente manipulable. Baste decir que en enero de este año se presentó ante el Congreso de los Diputados con  150.000 firmas reclamando la “protección de menores frente a padres maltratadores”. Lo hizo acompañada de Vanessa Skewes, una chilena cuyas denuncias de maltrato resultaron ser falsas y que, además y por eso, ha perdido la custodia de sus hijos. Su carta de presentación no pudo ser más fraudulenta.

En segundo lugar de la citada Paqui, directora del Centro de la Mujer, responsable de Igualdad en el Ayuntamiento de Maracena y su asesora legal que no sé si la ha inducido pero, al menos, no le ha impedido ir de error en error en su comportamiento quebrantando sentencias hasta llegar al borde del precipicio. Me da la impresión de que esta señora  ha manejado a Juana a su antojo, importándole tan solo hacer de ella bandera ideológica por encima de cualquier otra consideración. Y así la ha exhibido, de forma inmisericorde y sin escrúpulo alguno, de circo en circo mediático con el coro pancartero de claque. Su última aparición, saliendo del juzgado con los brazos extendidos envueltos en un chal tal que Betty Missiego cantando en Eurovisión y, entre lágrimas, suspiros y frases entrecortadas, lanzando besos a las allí congregadas, a mí me pareció patética y digna de lástima. Y digo yo que Paqui pensará que  resulta fácil sacar pecho y ser abanderada de una causa sabiendo que, de haber consecuencias, ya sean ridículas o carcelarias, estas solo serán sufridas por la bandera y no por quien la enarbola. Y lo digo viendo cómo una vez que un juez ha citado como investigada hasta la tan hasta ahora aguerrida feminista, la tal se ha negado a declarar y ha salido de najas. Y a mí que me registren.

Y en tercer lugar, también víctima del desastroso y tercermundista  funcionamiento de la justicia en España. Porque el hecho de que, en pleno siglo XXI, una providencia presentada en un juzgado de Granada tarde más de un año, (desde julio de 2016 hasta agosto de 2017), en ser remitido al juzgado en Italia que debía recibirla porque entre otros obstáculos peliagudos había que traducirla del español al italiano, resulta tan increíble como que Extremadura siga prácticamente incomunicada por tren. Quizás el ministro de turno intente solucionar su inoperancia como nuestro presidente-consejero, convocando una manifestación de protesta en Madrid para así emboscar, entre la turbamulta y el griterío de bienintencionados, su incapacidad para resolver el problema. Se necesita tener poca lacha, primo.



sábado, 24 de junio de 2017

EL CORRELINDES

Tengo un amigo que cambia de opinión con una facilidad pasmosa. Enfrascados en una conversación en la que él se empeña en defender, con una vehemencia y una rotundidad encomiables, una opinión con frecuencia disparatada, si le contradices, acto seguido y sin solución de continuidad, pasa a defender la contraria con el mismo énfasis y el mismo ardor. Y se queda tan fresco, valga el oxímoron.  Cuando le haces ver la ligereza de su postura, o se limita a sonreír, encogerse de hombros, y salirte por las peteneras de que lo has convencido y de que él no es nada rígido o, si el volumen de la ingesta ha sobrepasado ciertos límites, te asegura sin ningún atisbo de duda que él estaba diciendo lo mismo desde el principio y lo que ocurre es que tú no te has enterado. En realidad, a poco que lo trates, te das cuenta de que la falta de rigidez por su parte o de entendederas por la de su interlocutor que aduce para justificar sus hocicadas no son tal, sino fruto de una ausencia absoluta de criterio y de una penuria argumental apabullante por la suya. Es un tipo feliz, todo hay que decirlo. Y además, estamos hablando de chácharas de barra cervecera sin mayor transcendencia.

(Fuente: eldiario.es)
Actitudes incoherentes como las de mi amigo pierden, sin embargo, su marchamo de inocuidad cuando su protagonista no es un ciudadano corriente, como él o como yo, sino un político con mando en plaza, o sea, presidente, consejero de Cultura, secretario general y barón rampante del partido gobernante en su Comunidad Autónoma. Y es que oír lo que decía Guillermo Fernández Vara de Pedro Sánchez ayer mismo, y ver lo que dice y donde está ahora, no solo produce vergüenza ajena y sonrojo propio, sino que me ha hecho pasar de la estupefacción al espeluzne sin darme respiro. Pasen y vean: “Los cambios de criterio están en el ADN y la trayectoria de Sánchez”. “Difícilmente puede estar al frente de una organización alguien que no sabe muy bien el partido que necesitamos ni el modelo de país”. “Nunca apoyaré la propuesta de Pedro Sánchez”. “El modelo económico que propone Pedro Sánchez y sus colaboradores va en dirección contraria a la necesidad de España”. “No reconoceré nunca el Estado plurinacional”. “Con las propuestas de Sánchez el PSOE se convertirá en irrelevante en España, porque se alejará del lugar donde están los ciudadanos”. “No tiene un criterio propio para ofrecer a la ciudadanía. Sin el líder del PP, él no es nadie”. “Desde que está Pedro Sánchez, el PSOE es menos referencia”. “Sánchez ha dejado el PSOE destrozado”. “El único objetivo de Sánchez es reescribir la historia para no decir la verdad”. Viéndolo ahora presidir, sustituyendo a Susana Díaz, el consejo de política federal del partido y formando parte del comité federal del mismo, cualquiera diría que aquel Vara y este Vara son el mismo Vara. Y lo malo es que es así.

(Fuente: 20minutos)
No habían pasado 24 horas desde que Sánchez fue reelegido secretario general del PSOE, cuando Vara ya empezó a correr la linde con el siguiente tuit: “Felicidades, Pedro. Y mañana todos a ayudarte. Ha sido una expresión democrática extraordinaria de nuestro querido PSOE”. Tratar de emboscar su regate ideológico envolviéndose en la bandera de su “partido querido”, ya da muestras de su falta de escrúpulos. Porque, ¿a qué pretende ayudar? ¿A hacer un PSOE cada vez más irrelevante, más alejado de la ciudadanía y de las necesidades de España, a reescribir la historia, a conformar  un Estado plurinacional?... Cuando le preguntan sobre su cambio de actitud y el porqué de su adhesión al proyecto político del elegido, contesta sin inmutarse y con esa pose beatífica y frailona a la que nos tiene acostumbrados: “No he tenido nada en lo personal contra Sánchez”. La excusa no puede ser más torpe ni más endeble. Porque Sánchez no lo ha llamado para hacer pandilla y salir de cena y copichuelas con él. Lo ha llamado para que apoye y le ayude a llevar a cabo en España lo que, apenas ayer, él despreciaba categóricamente. Es evidente que la consistencia de su fuste, no ya como político sino como persona a la que, por su estatus, se le debe demandar una fidelidad insobornable a sus principios y sus convicciones, se ha demostrado inexistente. Y es que el oportunismo en política, debería saberlo, es un arma de doble filo que puede resultar beneficiosa para las aspiraciones  personales e inmediatas de quien lo ejerce; pero deja un poso indeleble de resquemor y de desprecio para los que asistimos atónitos a la desfachatez y a la falta de honestidad intelectual y personal del que lo practica.
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(Y siguiendo la estela de mi maestro Tomás Martín Tamayo, aquí me despido, incluso de mí mismo. Si todo va como tiene que ir, por estas páginas nos encontraremos de nuevo el próximo 2 de setiembre. Ya a un paso de mi jubilación, primo).

sábado, 17 de junio de 2017

"ARTÍCALOR"

Antes de nada debo pedir perdón por faltar el sábado pasado a mi cita semanal con esta página y, sobre todo, contigo, que ahora me lees. Mucho más si me echaste en falta entonces y, si además, andas englobado en esa difusa categoría de lector habitual en la que la estadística nos incluye a todos aquellos que solemos visitar o comprar periódicos con una frecuencia destacable para sus cánones. La mayoría de las veces el artículo que semanalmente nos sirve de encuentro es para mí motivo de gozo por la posibilidad que me brinda de establecer comunicación, siquiera sea esta presentida, con un número indeterminado de lectores que, al fin y al cabo, son la razón última de su escritura. Sin embargo, con la misma frecuencia y dado que como dice el dicho “no hay miel sin hiel”, a medida que se va acercando el viernes, otrora el día de la semana más deseado, la angustia se va apoderando de mí y de mis ansias. Porque, a pesar del tiempo que llevo ya en estas lides, quizá no demasiado pero creo que suficiente, no he sido capaz de aplicar un mínimo de rigor disciplinario al proceso.

Sin duda el problema no es cuestión de tiempo o de experiencia, sino de capacidad. Siempre he sido absolutamente anárquico a la hora de escribir, alternando temporadas de actividad febril e ilusionada con otras de sequía e, incluso, de abandono y lejanía. Y jamás me ha importado tardar en rematar un poema o un cuento el tiempo que fuese necesario, días, meses… Ni he padecido la desazón de sufrir el síndrome del “folio en blanco” porque, siempre que me ponía delante de él, tenía ya en la cabeza la idea, el sentimiento, el pálpito de lo que quería escribir. De modo que con esos hábitos incrustados a conciencia en mi idiosincrasia, a pesar de que, con alguna excepción como la de la semana pasada, he cumplido mejor o peor con este compromiso semanal, rara vez lo he hecho sin el acompañamiento de una serie creciente de retortijones emocionales que, comenzando generalmente la tarde de los miércoles, alcanzan su estado crítico en la madrugada de los viernes en las que, desvelado, me enfrento a un síndrome aún más angustioso que el del “folio en blanco”, cual es el de “la mente en blanco”. Y ahí, como si me hubiera picado la tarántula dañina, es cuando me entra el mal de la ‘temblaera’, me levanto disparado e histérico en busca del primer café mañanero y, delante del ordenador, no hago más que maldecirme y farfullar frases del estilo: “Cago en la leche… ¿de qué coño escribo yo el artículo?... Si seré cabrón…” Y mientras pasan los minutos con mi cacumen destartalado y hueco, sumido en una desazón progresiva, la puñetera barrita parpadeante sigue en la pantalla, terca, despiadada, atormentándome con su ritmo inmisericorde y frío.

Si a esta angustiosa incapacidad interior le añadimos, como ocurre ahora, la irrupción de una primavera crudelísima, con unas calores que achicharran el pensamiento, junto con la consabida parafernalia de bichos voladores o reptantes a cual más repugnante, los efluvios que ciertos individuos desprenden a su paso, las manos sudorosamente fofas que algún cataplasma te planta en el hombro como un sinapismo de mostaza hirviente, o cualquier otra desgracia similar que exista y que esta estación asquerosa sin duda lleva implícita en su esencia, la situación puede adquirir tintes trágicos. Porque la conjunción catastrófica de estas circunstancias endógenas y exógenas puede llevarte a un colapso neuronal y anímico que te incapacite para cualquier actividad que precise el más mínimo esfuerzo, ya sea este físico o mental. Algo así me pasó a mí la semana pasada, corregido y aumentado por alguna coyuntura sobrevenida que no hizo más que agravar la languidez de mi presencia de ánimo.

En fin, calores y primaveras cochambrosas aparte, no consigo racionalizar el tener que escribir a plazo fijo para, así, poder hacerlo con la normalidad de lo asumido, por más que esa asunción contradiga mi forma inveterada de vivir el hecho de hacerlo. Por decirlo de alguna manera, no me preocupa escribir, todo lo contrario. Lo que me atosiga es el tener que hacerlo. Me abrumo ahora semana a semana, igual que lo haría mes a mes si mi colaboración tuviera esa periodicidad. El tiempo de que disponga, repito, es indiferente. Por eso estoy convencido de que esto seguirá siendo así hasta el final de mis días como articulista, sea esta despedida por noqueo, no lo quiera la vida, o por abandono. Ya lo dijo el torero: “Ca uno es ca uno y tiene sus caunás”. Pues esa es una de las mías. Y es lo que hay, primo.

sábado, 3 de junio de 2017

LA CASA DE MIS PADRES


Yo no puedo volver a la casa de mis padres, aquella en la que crecí y empecé a ser. Se lo decía días atrás a mi amigo Manuel, en su bar, recostado en ese rincón sabatino que me abraza como un viejo amigo mientras él me contaba, de nuevo, su visita a la casa en que nació. Entretanto describía, ilusionado, vehemente y apacible, un recorrido por el túnel del tiempo de paredes, ventanas, cocina, pasillos de su infancia, con sus ojos repletos de una ilusión antigua y conocida, yo solo veía escombros de lo que fue la mía. Me costaba escuchar la ilusión de sus manos dibujando recuerdos porque yo estaba en otros que eran tan solo ruinas, muros desnudos, solos, por donde nuestros ecos, como salamanquesas, subían y bajaban sin encontrar consuelo. Metáfora obligada que la vida te ofrece destartaladamente, casi sin saber cómo, tan solo por el hecho de estar mientras seamos.

Cuando se quedó sola, esperando el derribo que inexorablemente acabaría con ella, más de una tarde fui a recorrer ausencias por sus habitaciones, a cosechar olores cada vez más callados, a revivir latidos. Como un fantasma triste, ensimismado, por detrás de su luz y su silencio huérfano, me parecía escuchar las voces de otras veces, la música de entonces, el ruido de carreras infantiles avasallando el aire, las notas de un piano, el trinar de un canario, el ritmo cadencioso de un proyector de cine desparramando magia, el tintineo inseguro de un antiguo xilófono, el dulce retumbar de panderetas, el rodar inocente de canicas melladas, las risas de una dicha que seguía siendo nuestra y que nada ni nadie podría jamás quitarnos… Dejé de ir a su encuentro después de que una tarde, al traspasar la puerta, no pude escuchar nada. Tan solo oía mis pasos y el latir apagado de mi pecho. Comprendí en ese instante que mi casa había muerto. De soledad, quizá. Tal vez del vértigo de sentirse inservible, abandonada. Acaso por hartarse de silencio. Y mientras deambulaba comprobando los baldosines sueltos de mi vida de entonces, tuve la sensación de estar andando por entre las entrañas de un cadáver. A pesar de la tristeza que sentí, me alegré de que la muerte le hubiera evitado el sufrimiento lento de tener que escuchar el ruido endemoniado de las máquinas, de sentir el dolor de la piqueta traspasando su cuerpo, de vivir la vergüenza de quedar descuartizada en mitad de la calle. Tras cerrar la puerta tras de mí, bajé la escaleras con la parsimonia de aquel que sabe que nunca volverá. Para qué andar con prisas si casi estaba huyendo de mí mismo.


Al cabo de unos días, llegaron ellos. Y todo lo que mi casa se evitó de ruidos, de destrozos, de escombros, de paredes desnudas doliendo en la impotencia, de voces apagadas, lo sufrí yo al tiempo que veía cómo el cobijo de mi infancia feliz, despreocupada, caía a borbotones como una vida rota. Sobre el sudario frío que envolvió su cadáver se erigió un edificio moderno, confortable, equipado, perfecto. Un hacedor de olvidos torpe, necio. Porque yo cuando sueño sea dormido o despierto con esos años dulces, mi casa vuelve a ser y a estar conmigo. Incluso cuando paso por la calle en donde el impostor se alza orgulloso, no suelo distinguirlo, no lo veo. Sigo viendo los cierres, los balcones corridos, la Artesanía Española, las dos placas doradas adornando la entrada, los mástiles inútiles, y el portero en la puerta con su gorra de plato y su uniforme gris que a veces me saluda y otras veces me mira casi sin conocerme. Los años no perdonan, a pesar de que él se conserva estupendo.

sábado, 27 de mayo de 2017

AYUNTAMIENTO ABIERTO

(Fuente: hoy.es)
Tras lo leído en la prensa sobre el desarrollo de la sesión del Ayuntamiento Abierto celebrado en Badajoz el pasado miércoles, que acabó en un fin de fiesta bochornoso y barriobajero con los insultos que varios de los allí presentes, incluido el exconcejal de Ciudadanos, Luis García-Borruel, dirigieron a la concejala Julia Timón, me picó la curiosidad y busqué el video de la función. Y es que no escarmiento. Porque hay que ver los peñazos que me he tragado a lo largo de mi corta vida articulística para poder pergeñar algunos de estos escritos con un cierto conocimiento de causa. Pero este, que me zampé ayer mismo, no sé si porque objetivamente así lo sea o porque con los rigores de estos calores traicioneros me ha cogido con el cuerpo más flojo y, por ello, obró antes en  mi desánimo, es el que me ha parecido más insoportable de todos, el que más ha desmadejado mi presencia de ánimo. Con el añadido de que, en determinados momentos, la calidad del sonido era tan  deplorable, que a pesar de los cascos, debía rebobinar y volver a escuchar esta o aquella perorata tratando de comprender, sin conseguirlo la mayoría de las veces, lo que su protagonista decía. De este modo, las dos horas y pico que duraba el asunto se transformaron en más de tres en las que mis fuerzas se fueron debilitando al compás que crecían mi cabreo y mi desesperación. Al borde de un abatimiento paroxístico más que severo llegué a la conclusión de que, sin dudar de las buenas intenciones de sus promotores, la iniciativa sirve para bien poco. Si acaso, escasamente, para dar una imagen de accesibilidad y transparencia de cara a la galería. Pero, a efectos prácticos, para nada más. Quizás falle el mecanismo de funcionamiento unido al hecho de que, excepto honrosas excepciones, hay ciudadanos que, más que a otra cosa, van allí a tratar de lucir su osadía o su oratoria generalmente con resultados del todo contrarios a sus  optimistas previsiones.

(Fuente: elperiodicoextremadura.com)
Como decía al principio este último concilio municipal tuvo un estrambote de lo más cochambroso, por mor de los insultos que Antonio García-Borruel, sobrino del exportavoz, y tal vez algún satélite más, dirigieron a Julia Timón. El coro vociferante y energúmeno al que se unió, repito, el propio concejal ahora no adscrito,  rompió a desafinar de forma estentórea a raíz de la pregunta que José Antonio Hinchado Alba, cofrade de correrías por las redes sociales del mentado Antonio, realizó a la concejala de C’s sobre la destitución de Olivia Pérez Borrego, cónyuge de este último y secretaria de dicho grupo municipal hasta su reciente despido. Hasta el menos avispado sabe que el ocupante de un cargo de confianza ocupa el mismo hasta tanto continúe en el puesto su mentor. Es un efecto dominó de lo más normal y lógico. A mayor abundamiento si, como en este caso,  la despedida es sobrina política del cesado. Sería del género bobo por parte de C’s mantener en la secretaría del grupo a la sobrina del concejal que acaban de laminar, porque tener el enemigo en casa, en este caso, dejaría de ser pura retórica. Con ello, es evidente para mí que la pregunta de Hinchado sobre un tema que a una gran mayoría de los pacenses le trae al pairo, no era más que una excusa urdida para montar el pitote tabernario que montaron, salir en los medios, desbarrar en las redes y alcanzar un efímero momento de gloria. Aunque esta gloria sea tan casposa y fétida como para acabar siendo arrojada directamente al “cubo de las vísceras”. Por lamentable que parezca hay quien se conforma con regodearse en sus miserias y, así, seguir viviendo en la creencia de ser todo aquello de lo que carecen.


(Fuente: elperiodicoextremadura.com)
En fin, el penúltimo berrinche (habrá más) con que nos obsequió el concejal no adscrito uniéndose al esperpento, me proporcionó un dato más para corroborar mi opinión sobre su estatura moral, que ya intuí tras verlo pajear en sus primeros pasos por esta legislatura y que, parafraseando a Churchill, me hizo comentar en algún foro que el PP tendría que estar más pendiente del enemigo que tenía como aliado que de los adversarios de enfrente. Ciudadanos ha perdido demasiado tiempo en darse cuenta de que esa frase era fundamentalmente aplicable a ellos y no al PP. Porque era evidente que, dada la demostrada y enfermiza necesidad de notoriedad del interfecto, lo de “concejal no adscrito” le viene al pelo. Y confirma mi impresión de que este individuo solo es capaz de estar adscrito a sí mismo. Que por otra parte es como estar adscrito a nada. Pues eso.

sábado, 20 de mayo de 2017

NI PIES, NI CABEZAS

En mi anterior artículo, hablando del anhelo de querer engañar a la inexorabilidad del paso del tiempo, echaba mano del refrán aquel que nos dice que “el que no se consuela es porque no quiere”. Y hete aquí que esta semana he tenido ocasión de volver a acordarme de él. Bien es verdad que por otro motivo, carente de cualquier atisbo de lirismo, cual ha sido el del final apoteósico del folletín tragicómico que se ha venido representando en el escenario consistorial pacense, y que ha tenido como argumento la abortada, (nunca mejor dicho), moción de censura a su alcalde. Este, (el único personaje que podría haber celebrado algo pues, apareciendo como víctima sentenciada en las primeras escenas de la obra, gracias a un golpe de timón de los guionistas del libreto ha resultado indemne), ha sido comedido en la exteriorización de un más que presumible regocijo. No así los frustrados victimarios que, tras su estrepitoso fracaso, han comparecido no diré que exultantes, pero sí incomprensiblemente orondos y satisfechos de la calabazada sufrida. Más que querer consolarse parece que hubieran querido, quizá intentando a la desesperada hacer de la necesidad virtud, alardear de su infortunio.

(Fuente: elperiodicoextremadura.com)

El principal urdidor de la trama y portavoz del PSOE municipal, Ricardo Cabezas, que quizá, como trasunto prosaico de Antoñito el Camborio, ya se veía en sus ensoñaciones con la vara de alcalde en la mano, acaso destinando a algún funcionario díscolo a hacer fotocopias en el cementerio de San Juan, salió el pasado lunes a la palestra en rueda de prensa. Obviando cualquier asomo de autocrítica, afirmó que “no es posible impulsar la moción de censura pues [con la salida de Ciudadanos de Luis García-Borruel] ha cambiado el escenario político en el Ayuntamiento de Badajoz”. Según sus palabras y siguiendo la lógica más elemental, habría que inferir que antes de esa ‘expulsión voluntaria’ del ahora exciudadano, el escenario político sí hubiera permitido promoverla. Entonces, digo yo, ¿por qué no lo hiciste cuando pudiste, alma cándida, si lo tenías a huevo? Se me ocurren dos respuestas para pregunta tan simple. La primera es mala, porque implica que, mejorando lo presente, el pretendiente a alcalde ha actuado con una torpeza inaudita al dejar escapar una ocasión de oro para hacerse con el ansiado báculo. La segunda es peor, porque dejaría al descubierto la falacia que esconde la media verdad de su aserto, y esa es que nunca, con Borruel o sin él, la iniciativa podría haber prosperado porque C’s no la apoyaba y, a mayor abundamiento, la obstinación de aquel en presentarla en contra del criterio de los dirigentes de su formación ha sido la causa de su viaje al limbo. En este segundo caso, la candidez que pudiera disculpar la torpeza política del líder municipal socialista en nuestra primera hipótesis, achacable, siendo generosos, a su bisoñez, no ha lugar. Porque estaríamos ante el descaro lánguido y palmario de un embustero descarado consciente de serlo. Igualmente torpe, eso sí, cualidad esta que parece ser el único ítem común a ambas posibilidades. Y lo que es peor aún, pretende que los que escuchamos o leemos sus declaraciones seamos partícipes solidarios de su insuficiencia.

(Fuente: elperiodicoextremadura.com)
No contento con lo anterior y tras intentar hacernos creer, con vaguedades y frases hechas, que su intento fallido ha sido un revulsivo para recuperar la gobernabilidad de una ciudad sumida en el caos y la molicie por mor de unos dirigentes corruptos, finaliza su perorata con un estrambote  que ofrece, por su simpleza, un desmantelamiento argumental inmediato. Dice este buen señor que con la destitución de García-Borruel como portavoz, se ha procurado “dar un giro de 180 grados al posicionamiento de C’s hasta convertirlo en una marioneta del PP”. Además de reincidir en el engaño recurrente de querer inducirnos a que confundamos  la parte (Borruel) con el todo (C’s), siguiendo la lógica elemental aplicada anteriormente habría que deducir entonces que, antes del cese, C’s no era más que un títere del PSOE. Porque si cuando sí, no, ¿por qué cuándo no, sí?

En fin. Como última reflexión diré que los entresijos de la política y de los partidos no son mi fuerte. Jamás milité en ninguno ni pienso hacerlo en los muchos o pocos años que me queden de andar por las calles y estar con los que quiero. Pero eso no me impide maliciar que las venias que las ejecutivas, locales o regionales o como quiera que sean, regalan a  algunos de sus militantes, son bombas de relojería perfectamente programadas para el descalabro de los que estorban. Y no estoy diciendo, ni tan siquiera insinuando, que esto pueda aplicarse al caso que nos ocupa. Faltaría más, primo... que eres un primo.

sábado, 13 de mayo de 2017

DE ASOMBRO EN ASOMBRO

Mi añorado Jesús Delgado Valhondo, un inmenso pozo de sabiduría poética y vital, me aseguraba con la contundencia de sus manos volanderas en unos de esos encuentros de confesionario y vinos que nos traíamos los dos, que el día que empezamos a hacernos viejos es ese en el que empezamos a perder nuestra capacidad de asombro. “Porque envejecer es una cosa, Jaime, y ser viejo es otra. Como una cosa es la edad y otra los años que uno tenga”. Gracias a su revelación tengo que decir, entonces, que una de las cosas buenas que tiene este país, digo, esta España de nuestras entretelas, al menos para mí, es que me confirma un día sí y otro también que, a pesar de mis años, no he perdido la capacidad de sorprenderme. Aunque con frecuencia la situación epatante vaya acompañada de una buena dosis de irritación o tristeza, siempre me queda el regusto retranqueado, agridulce y un punto gozoso que me produce el sentir que no soy tan viejo como creen mis años. Como dice el refrán, ‘el que no se consuela es porque no quiere’ pero, en cualquier caso, bendito sea Jesús y benditas sus enseñanzas que me permiten soñar, asombro tras asombro, con la utopía de eludir el paso del tiempo, siquiera sea esta elusión apenas un espejismo esperanzado de mis afanes, un imaginario oasis en el desierto inclemente de lo inevitable.

(Fuente: hoy.es)
Estando en días de libros como estamos, (el próximo viernes se inaugura la 36 Feria de ellos en Badajoz), esta semana ha habido dos noticias, ciertamente peculiares, en las que han sido forzosos e involuntarios figurantes y que dan buena medida de las ventoleras que corren por algunas chavetas. Una de ellas se ha producido en Cataluña y la otra en Andalucía, como queriendo demostrar que la estulticia es un elemento de cohesión nacional que no entiende de fronteras o particularidades autonómicas. También es verdad que ambas, y aquí cada cual puede sacar sus propias conclusiones, han sido propiciadas por personas integradas o cercanas a las formaciones políticas emergentes nacidas alrededor del 15M, llámense estas círculos, mareas o confluencias, que han dado sobrada muestra de ser un vivero inagotable de espantos que, bajo la pátina de una solemnidad grotesca, oscilan desde la frivolidad hasta la sinsorga sin ningún tipo de complejos.

(Fuente: elmundo.es)
Y es así que el Instituto  de Cultura de Barcelona, inició una campaña de fomento de la lectura bajo el nombre de “Barcelona, Ciutat Llibre”. Una cucada que pretendía inundar la ciudad con carteles, banderolas y grafitis. Bajo el liderazgo de Jaume Collboni, teniente de alcalde socialista, el evento fue adjudicado en 108.000 euros a la empresa “After Share S.L.”, productora del publicista Risto Mejide. Yo no sé si, con el descaro al que tiene acostumbrados a sus seguidores, el individuo incluiría entre sus méritos haber llevado la campaña del PSC en las pasadas elecciones municipales, en las que logró la proeza de que el grupo socialista pasara de once ediles a cuatro, que no es peccata minuta. La guinda que remataba la parida propagandista presentada por el pretencioso icono televisivo, era la de enviar a Donald Trump un amplio surtido de libros elegidos por los libreros y bibliotecarios de Barcelona, porque “nadie más que él necesita abrir su mente”. La idiotez trompetera que rezuma la ocurrencia educadora ha provocado tal lluvia de mamporros dialécticos sobre sus urdidores, que no han tenido más remedio que renunciar a ella. Lo que me figuro que habrá sido un alivio para el presidente yanqui que, según me cuentan mis infiltrados, andaba en un sinvivir con el tema.

(Fuente: elconfidencial.com)
Al unísono o así, en Sevilla, Juan Porras Blanco, (“Huan Porrah Blanko” para la ocasión), doctor en Antropología Social y licenciado en Filosofía que alcanzó minoritaria y lastimosa popularidad en las redes siendo concejal en el ayuntamientode Mijas, presentaba el martes día 9 en Sevilla su traducción al ‘idioma’ andaluz de El principito, (“Er prinzipito” para la ocasión), de Saint-Exupéry, editado por el Sindicato Andaluz de Trabajadores. Leer las declaraciones de este esclarecido que confunde oralidad con lenguaje y lengua con acento, es ir de un asombro a otro dándote de coscorrones con lo inaudito y el absurdo más desesperante. Las idioteces contundentes que desgrana en ellas no tienen cabida en un cacumen medianamente recuperable. Entre otras dice que los andaluces, para enterarse de lo que están leyendo, tienen que leerlo en voz alta. Pues ahí va:‘Una beh, kuando yo tenía zeih z’añiyoh, bi un dibuho mahnífiko en un libro a tento’e la zerba bihen ke ze yamaba ‘Histoires Vécues (Ihtoriah bibíah’... Ese es el comienzo en ‘andalú’ de ‘Er prinzipito’. ¿Y ahora qué, primo, cómo ‘te s’ha quedao’ el cuerpo?...‘Pos revirao del to, velaíla’.

sábado, 6 de mayo de 2017

MISERIAS DEL OLIMPO

(Fuente: elconfidencial.com)
Debo empezar confesando que la patulea de cocineros de la llamada ‘nueva cocina’ me revuelve las tripas tal que si me hubiera comido alguno de sus churriguerescos menús. Con la complicidad de ciertas cadenas televisivas, el beneplácito de una audiencia sumida en la estulticia modorra de la mitomanía doméstica, una mercadotecnia perfectamente programada, el desparpajo propio de los desahogados y la labia embaucadora de los sacamuelas, han conseguido encaramarse a las alturas de un Olimpo gastrónomico tan ficticio y artificioso como el nombre de  la mayoría de sus platos. Lo explica a las mil maravillas el ‘profesional de la comunicación gastronómica’ José Juan Iglesias del Castillo y Díaz de la Serna, de nombre artístico Pepe Iglesias, en un magnífico y esclarecedor artículo titulado Nueva Cocina, de la evolución a la aberración, pasando por la extravagancia, en el que, entre otras suculentas cosas, dice: “Hay muchos críticos que en su casa comen prefabricados y, cuando salen a un comedor, no pueden comprender que un simple gazpacho bien hecho tiene mucho más mérito que esa pamplina con trufas que acaba de presentar Sergi Arola, porque el Tuber Melanosporum se vende ya en cualquier tienda, pero unos tomates de huerta hay que buscarlos con teleobjetivo… Creo que la cocina de estos próximos años irá en la línea de aprovechar todo lo bueno que la tecnología y la evolución han aportado al sector, pero hacerlo para el disfrute del consumidor, no para extasiar a críticos funámbulos ni para salir monos en las revistas del corazón”. Espero que se cumplan sus deseos, pero por el momento lo que tenemos en la élite de la gastronomía española es a esta partida de diosecillos engreídos, más pendientes de la imagen que de la chicha, pontificando cursilerías y vendiéndonos humo como si fuera una deconstrucción de salmón ahumado.

Por si lo anterior no fuera bastante para que me repelan, esta semana nos enteramos de las condiciones deplorables que tienen que soportar los ‘becarios’ que muchos de estos reyes del cuento acogen en los fogones de sus negocios. La media es que supongan el 50% de la plantilla de cocineros de estas estrellas Michelín. A cambio de rancho y, en algunos casos, catre, con un horario de 8 a 16 horas diarias, sin sueldo ni seguridad social, trabajan solo a cambio de aumentar su currículo mientras ellos se ahorran el coste que les supondría incluirlos en nómina. Con el añadido de que, además, deben  estar agradecidos por ser explotados en el negocio de un fuera de serie y no de un ‘cualquierilla’. Cuando el asunto apareció en la prensa, (bien por David Brunat),  los aludidos salieron al retortero a defenderse con mayor o menor torpeza. Pero el que lo ha hecho con mayor énfasis ha sido Jordi  Cruz, guaperas televisivo de pomposa melena y dueño del restaurante Àbac en
(Fuente: elconfidencial.com)
Barcelona. He de reconocer que desde que lo vi por primera y última vez en televisión, me acordé de aquel Cantinflas que, acosado en El analfabeto por un fiscal tan petimetre como el cocinero que nos ocupa, balbucea: “Me cae gordo, me cae gordo. Se cree muy rock and roll y muy supérfulo”.  Por eso, en aras de aparentar objetividad, ese ente de razón tantas veces invocado en la prensa, prefiero que sean sus palabras las que den cumplida cuenta de la ruindad del interfecto: “Un restaurante Michelín es un negocio que, si toda la gente en cocina estuviera en plantilla, no sería viable. Tener aprendices no significa que me quiera ahorrar costes de personal, sino que, para ofrecer un servicio de excelencia necesito muchas manos”. Y si son gratis, miel sobre hojuelas, le quedó por decir. Y si la gratuidad me viene dada por la necesidad de acumular méritos de los que necesitan salir del pozo negro del paro, a mí que me registren, pensaría. Y esto lo dice un tipo que se acaba de comprar en Madrid un palacete de 3.000.000 de euros. Ainda mais: “Aprendes con los mejores en un ambiente real, no te está costando un duro y te dan alojamiento y comida. Es un 'tú me das tus manos y yo te enseño'. Es un privilegio”. Aunque serlo ya lo es, para que el régimen de esclavitud que invoca este impresentable tuviera marchamo oficial solo le faltaría exigir el certificado de propiedad de sus aprendices. Que, visto lo visto, no es ningún dislate.

(Fuente: elconfidencial.com)
En fin, decir que me produce repugnancia toda esta porquería, toda esta puñetera cochambre edulcorada, es quedarme corto. Y cuando leo que esta relación laboral añeja y anacrónica es legal en España, mi asco va también para quienes la hicieron y para quienes, en pleno siglo XXI, la permiten. A ellos, cocineros bendecidos y legisladores cocinillas, mi desprecio les importará un bledo. Pero a mí no, primo.