domingo, 13 de enero de 2013

LA UEX Y LOS ENIGMAS DE LA PAGA EXTRA


Decía en mi anterior artículo en referencia al adelanto (que no anticipo) de la paga extra de junio en la Uex, que me maliciaba yo que sus empleados iban a ser las víctimas de una pelea de gallos entre los representantes de los dos gobiernos implicados en el asunto, el de Extremadura y el de la Universidad. Y las declaraciones cruzadas y los acontecimientos que se han desarrollado esta semana han venido a darme la razón. Dudaba entonces de si el peaje que deberían pagar los damnificados de esta escaramuza de egos sería el retraso o la anulación del cobro y al final el rector firmante, demostrando una terquedad digna de objetivos menos pedestres, ha optado por la salida más traumática para el colectivo, no adelantándole dicha paga y dejándolo a la luna de Valencia. Todo bajo el lema hidalgo de “sostenella y no enmendalla” y canturreando aquello de que “en mi casa mando yo y si quiero rompo un plato…”. Debería darse cuenta de que, si es que de verdad manda en ella, ni ésta -el Rectorado- es su casa, que está ahí de alquiler, ni los platos que está haciendo añicos le pertenecen. Pero el sentido patrimonialista del poder es lo que tiene.

No sé desde cuándo tendría pensada el rector firmante la torpeza de tomar esta decisión, pero colijo que debió de hacerlo en los primeros días de diciembre que fue cuando el consejero le ofreció y él rechazó, por primera vez, los fondos necesarios para que no la tomara. La comunidad universitaria la conoció oficialmente más de un mes después, primer enigma, en concreto el martes 8 de enero alrededor de las 6 de la tarde, a través de un correo electrónico farragoso, cuajado de medias verdades y con más trampas que una película de Fu Manchú.  En dicho correo y a lo largo de dos folios trata de justificar su insensatez al tiempo que se esfuerza, con descaro, en tomar por ignaro a todo aquél que lo leyera porque, exceptuando el primer punto de su exposición en el que alude a la discrecionalidad legal que le ampara para tomar un derrotero u otro, los cuatro siguientes caminan por un filo en el que lo verdadero y lo falso andan de la mano.

En el segundo apartado justificativo alude a la singularidad del personal funcionario docente, que se rige por las directrices de la Ley General de Presupuestos del Estado y que ésta no “contiene previsión alguna que haga factible los anticipos de pagas extras a este colectivo”. Si esto es así, que lo es, ¿cómo pudo acogerse este colectivo a la convocatoria de anticipos que la Uex puso en marcha en diciembre pasado (por cierto, otra maniobra de distracción) precisamente para paliar la sisa de la paga extra? ¿Por qué entonces sí y ahora no? Segundo enigma, Píriz. Sigue tratando de engañar con el enredo de que, además, estos profesores cotizan a Muface, de la complejidad del devengo de 14 pagas y patatín y patatán. Mi santa es maestra de instituto, cotiza en Muface y cobró la extra el día 4. ¿Por qué la Junta paga y la Uex no? Tercer enigma. Inasequible en la falacia, nos habla a continuación del personal laboral y sus 3 pagas extras. Aparte de que el número de sus integrantes es exiguo en nuestra universidad, porque ya se encargaron de funcionarizarlos a marchas forzadas y por la patilla, bastaría con trasladar a enero su paga de diciembre y punto. Y sigue con su matraca hablando ahora de problemas técnicos a resolver y de su coste. Me imagino que un panorama similar al de otras Universidades como la de Navarra y el País Vasco que parece que ya pagaron. ¿Por qué ellas sí y la Uex no? Cuarto enigma si, a mayor abundamiento, cuenta con excelentes especialistas informáticos a los que parece menospreciar. El tercer apartado para mi gusto es el más trompetero. El rector firmante nos endilga un galimatías aberrante desde el punto de vista contable, confundiendo, espero por el bien de la Universidad que por estrategia y no por ignorancia, presupuesto con tesorería y afirmando de forma gratuita que el adelanto supondría dificultar el pago de las nóminas ordinarias y de proveedores. ¿Por qué la extra sí dificulta este pago en enero y en junio no? Quinto enigma. A continuación, haciendo categoría de la anécdota, mete a empujones un cuarto punto en el que habla de posibles bajas de personal y de la (falsa) imposibilidad de recuperar, en tal caso, la paga adelantada a los que las causaren. En cualquier caso, una casuística estadísticamente despreciable.

En fin, no seré yo quien tilde al rector firmante de embustero, que ya lo hizo por activa y por pasiva el consejero Fernández en su comparecencia ante los medios, pero sí diré que su actuación me ha parecido pasmosa, emboscado tras un silencio cobarde durante más de un mes y dando la cara (dura) cuando la situación ya era insostenible. La ristra de milongas que enjaretó en su espuria justificación queda en evidencia en el titular que dio a este periódico el jueves pasado y que, al tiempo, resuelve todos los enigmas anteriores de golpe: “La  Universidad no quiere dinero para un anticipo cuando se le deben 20 millones”. Ahí está bien claro el busilis egocéntrico del asunto y el plumero en la cresta galluna. Bajo la máxima absolutista de “La Uex soy yo”, se permite el lujo de echar un pulso al gobierno extremeño y lo hace rechazando no un anticipo, como pretende hacernos creer, sino los dineros para el adelanto de la paga extra de los 3.200 trabajadores de la Uex, que se han quedado sin cobrarla por sus delirios de grandeza y su soberbia. Si se tercia, la próxima vez  debería presionar a la Junta poniéndose en huelga de hambre, un poner, y no chuleándole el sueldo a los trabajadores, que con Rajoy ya tienen las criaturas bastante cruz.

domingo, 6 de enero de 2013

ADIÓS BISIESTO, HOLA CENIZO

Se acaba el año, este 2012 difícil y antipático en el que la angustia y la zozobra para muchos han sido una noticia continuada a lo largo de los días. Y termina peor que empezó para casi todos, abriendo una puerta al mismo pasillo incierto y oscuro que dejamos atrás. Se fue el bisiesto parido por mala madre y entra el 2013, con la aureola de gafe, envuelto en brumas y nieblas tempraneras, imagen extendida en humedales de  penas de parados y familias desahuciadas. Y la luz anda escamoteada bajo los pliegues de tanta promesa traicionada y tanta mentira hecha ley por esta panda despistada y asustadiza que nos gobierna, desde el primer momento uncida al remolque de los acontecimientos y superada por ellos, parapetada detrás de una herencia que, a estas alturas de la historia, es ya solo una excusa arestinosa e inválida de tanto esgrimirla como causa de todos los males que nos lacran, de tanto sobetearla con la impudicia torpona de los inútiles. Porque de eso se trata, de escurrir el bulto culpando de nuestras desgracias a la crisis y al suricato esdrújulo que no supo o no quiso verla, a imponderables intangibles consustanciales al sistema capitalista, al crecimiento desmesurado del estado del bienestar, al engranaje incontrolable de los mercados y, rizando el rizo del descaro y la desfachatez, incluso a nosotros mismos, a los ciudadanos inconscientes que no supimos poner coto al gasto alegre de nuestras economías familiares, y hemos hundido las cuentas del país a fuerza de vivir por encima de nuestras posibilidades al hipotecarnos sin ton ni son, veranear quince días al año en La Antilla y tomar los sábados en El Deportivo unas cañitas de cerveza con una tapa de jamón. De modo que el trabajador despedido o el autónomo arruinado como consecuencia de la quiebra de la burbuja inmobiliaria y del desbarajuste salvaje del liberalismo económico, no es víctima sino culpable de la catástrofe  por gastoso e imprevisor.

La verdad es que cada vez que veo aparecer a alguno de nuestros políticos señalados en la pantalla de los telediarios o de los diarios digitales, la sangre se me llena de diablos al comprobar la impostura a la que pueden llegar. Comprobar la falsedad que irradia la cara compungida del don Tancredo gallego que nos gobierna hablándonos del dolor que le producen las medidas canallas que ha tenido que tomar para salvarnos, sencillamente me repugna.  Y me inquieta ver cómo al tiempo que se desvanece a golpe de decretos-leyes y presupuestos la situación de bienestar que habíamos conseguido después de tantos años, se está desmantelando la propia sociedad, haciendo al ciudadano más vulnerable, más desasistido, más indefenso, más preocupado de subsistir que de vivir y, así, con menos capacidad de reacción, con menos posibilidad de rebeldía. La sanidad ni universal ni gratuita y en manos de una ministra de Barrio Sésamo que además, para más INRI,  se llama Mato; la justicia alejándose del ciudadano al gravarla con tasas desorbitadas y con una clara intención clasista, como no podía ser de otra manera viniendo el invento del personaje siniestro y emboscado del que viene; la enseñanza pública cada vez con menos recursos humanos y materiales en manos de un carpetovetónico desbocado, y el acceso a la cultura ya casi siendo un artículo de lujo, completan el panorama desolador de este año cenizo. Lo cual, que además de la penuria económica, la sanidad, la educación, la justicia y la cultura cada vez más difíciles para el común de los mortales. Y ahora que vengan a mí a decirme que eso de la ideología ya no existe y la política solo es cuestión de gerencia y resultados.

Pero ellos, políticos y asimilables, digo, siguen a lo suyo, distanciándose de los ciudadanos, aislados cada vez más en su mundo de privilegios, sin sufrir la contundencia del impacto que sus medidas tienen en el resto de la sociedad, ajenos al dolor y la esperanza de tantos porque, por mucho que digan, es imposible que vean desde tan lejos. Y si para muestra de este alejamiento vale un botón y aprovechando que el Rivillas pasa por mi casa, baste hablar de la situación grotesca que están viviendo los funcionarios de la Universidad de Extremadura a costa del cobro adelantado de la paga extra de junio de este año. Después de sufrir el robo de la de diciembre del año pasado, ahora tienen que sufrir la incertidumbre sobre el cobro de ésta (el retraso ya está sufrido)  por el desencuentro entre unos y otros, o sea, Gobierno de Extremadura y Gobierno de la Uex, que andan en una pelea de egos y encocores. Y ahí están sacando pecho galluno los que mandan, a expensas del salario de los que debieran cobrar, resignados éstos a ser espectadores atónitos de rumores y noticias sobre las causas de la demora. O de la anulación. Lo dicho, políticos y asimilados enfrascados en ver quién mea más lejos, y sus meadas cayendo sobre las cabezas de los inocentes damnificados de sus chulerías. Lo de siempre. No sé con qué derecho se creen unos y otros a jugar con un dinero que no es suyo y utilizarlo como moneda de cambio de sus soberbias. Como decía alguien en no sé cuál película de la que solo recuerdo que era de Clint Eastwood y del oeste: “Lo malo no es que me meen en la cabeza. Lo malo es tener que decir que está lloviendo”. Pues yo no pienso decir que está lloviendo si luce un sol espléndido.

sábado, 15 de diciembre de 2012

INTENTO DE SUICIDIO

Esta semana me llamó mi hija Andrea desde Barcelona, donde vive y trabaja sin discriminaciones, a pesar de ser extremeña; sin sentirse esclavizada más que por el propio mecanismo diabólico del capitalismo cutre que nos toca sufrir; sin problemas de comunicación en la vida diaria a pesar de la guerra de idiomas virtual que unos contra otros se montan; integrada con absoluta normalidad en su entorno sociolaboral y sin una excesiva inquietud por las ensoñaciones estrafalarias de Mas y sus monaguillos bolivarianos. En resumen, siendo ejemplo palpable de los mundos diferentes en que viven los ciudadanos y los políticos: unos con los pies en el suelo de la vida real y, en su mayoría, ajenos a los problemas artificiales que los otros se montan y crean para aparentar ser útiles, tratar de justificar el sueldo que no se merecen y enmascarar su inoperancia y su mediocridad. Y a lo que iba, que me pierdo por los cerros de Peramola.  Decía que me llamó desde Barcelona mi hija Andrea, horrorizada y con la voz aún temblorosa por la angustia porque, camino a casa,  había sido testigo del intento de suicidio de una mujer que, en el balcón de un quinto o sexto piso, inclinada cabeza abajo por fuera de la barandilla, trataba de zafarse del hombre que la tenía sujeta por la cintura. A pesar de sus decididos intentos por matarse, el hombre consiguió impedírselo y logró ponerla a salvo en el balcón para, acto seguido, refugiarse con ella en la casa. Afortunadamente esta vez la muerte se quedó en propósito y, con ese argumento, traté de tranquilizar a mi hija, bien es verdad que con poco éxito. Mientras lo hacía, las tripas se me llenaron de desahucios. Y la cabeza de nombres desconocidos. Y los ojos de lágrimas.

Yo no sé si el problema de esa mujer era que la echaban de su casa y decidía quitarse la vida para que no se la arrebatara un banco y la dejara transformada en zombi, en una muerta viviendo sin presente, pero no me extrañaría. Porque lo que está pasando en este país con los desahucios, las fusiones, las quiebras, las indemnizaciones millonarias a directivos y la política legislativa que ampara los desmanes del sistema financiero es algo escandaloso. Aquí, se han arruinado cajas de ahorro por obra y maldita la gracia de políticos, sindicalistas, monigotes y exministros, con la complicidad del Banco de España y de gobiernos de uno y otro color, y los causantes del estropicio ni pagan ni se llevan los tiestos a casa. Antes al contrario, pasean su chulería y su desfachatez por donde les place, alardeando de impunidad y, como Miguel Blesa, expresidente de Caja Madrid,  quejándose de la incomodidad de un coche blindado de medio millón de euros. Aquí, estos mismos piratas han desposeído a miles de sus clientes, muchos de ellos jubilados, de los ahorros de toda su vida con el timo legalizado de las preferentes, y parece que los culpables son los expoliados porque, otra vez el indeseable Blesa pontificando desprecios, “en este país la gente no está acostumbrada a leer la letra pequeña.” Aquí, los culpables del descalabro económico se van de rositas al Consejo de Estado a cobrar por contar nubes o a consejos de administración de empresas beneficiadas a cobrar por contar cuentos, y la gente se va al paro a contar tristezas. Aquí, se legisla con la filosofía del beneficio inmoral que imponen los grupos financieros y a los dictados inflexibles de la estricta teutona, que mal rayo la parta, al tiempo que se desmantela la sanidad pública con el euro por receta, con la privatización de hospitales, con el cierre de ambulatorios,  con el pago de ambulancias no consideradas de urgencia a razón de diez euros por diálisis o por sesión de quimioterapia. Aquí, en España, se mercantiliza la cultura, la enseñanza, la justicia, la tranquilidad de los jubilados y, al fin, todo el puñetero engranaje del Estado se mueve sólo por el motor de la rentabilidad económica, de la estabilidad presupuestaria, del control del déficit. Y cada vez más parados, más desahucios, más necesidades sin cubrir y más tragedias domésticas. Pero, ya se sabe, “gobernar, a veces, es repartir dolor”, que dice el ultra travestido. Lo jodido es que siempre le toca a los mismos.

En fin, que salimos de la sartén para caer en el cazo. Hemos pasado del optimismo antropológico y bobalicón del suricato leonés, ese inútil de récord,  a la tristeza y la inseguridad de este Don Tancredo gallego de ojos espantados, de sonrisa forzada y falsa, que anda constantemente en un puro respingo como queriendo echar a correr, tratando de engatusarnos con un futuro que siempre está por llegar, que ni él mismo se cree y a saber si existe, mintiendo una y otra vez como un bellaco y manteniéndose gracias al rodillo de una mayoría absoluta inapelable y de una oposición inútil, añosa y desnortada, que anda a dentelladas internas o viviendo ficciones peliculeras o ilusiones soberanas. Y el país cada vez más triste, más suicida, más distante, más borracho de nada y más hambriento de todo. Pero no deberíamos consentir que esta panda de majaderos nos robara la alegría, porque ése sería el principio de nuestra derrota.

domingo, 2 de diciembre de 2012

CAMINO A CARCUNDA

Acuciado por preocupaciones que no viene al caso detallar, he tratado estos días de focalizar mi atención en el círculo más querido y cercano, damnificado e inocente origen de mi inquietud, y mantenerme ajeno y a cubierto de los ataques del mundo exterior, léase, noticias y estrambotes con que los distintos personajes y personajillos del escenario patrio nos obsequian sin tiempo para un respiro. Inútil empresa esta de intentar mantenerme incólume y a cubierto, cuando el bombardeo es un fuego graneado de bombas racimo saturadas de sucesos, ocurrencias y disparates. Y, a mayor abundamiento, si uno sigue leyendo compulsivamente periódicos en papel y online.

En cualquier caso, (a la fuerza ahorcan), me ha resultado imposible sustraerme a los vericuetos sorpresivos e imprevisibles por los que ha deambulado la posibilidad de pago de la puñetera paga extra de los funcionarios extremeños, consecuencia desconcertante del atolondramiento y la precipitación del Jefe del Gobierno de nuestra tierra al que, oyendo lo de la sentencia y los millones y digo yo que ansioso por anunciar un oasis en medio de tanto páramo económico, debió de nublársele vista y entendimiento de tal forma que, desde el conocimiento del dictamen del TC acá y en lo que a este tema se refiere, anda ora dándose contundente barrigazo, ora incorporándose desconcertado, rectificando para volver a equivocarse y, sin solución de continuidad, en busca del siguiente charco en el que despanzurrarse, en un afán desmesurado e incomprensiblemente terco en persona de tal rango de no medir antes de saltar. De modo que ahora el pago de la paga está, sin numerario contante del que echar mano, en un limbo jurídico-político que no presagia ningún final venturoso para los hipotéticos receptores de la misma. Me temo que, a la postre, los que en principio debieran haber sido agraciados al final serán los paganos inocentes de tanto dislate populista, de tanta incompetencia y precipitación interesada, y quedarán a dos velas, cacareando y con el mochuelo en sus espaldas de ser una casta de privilegiados, aunque el privilegio ande por los mundos modorros del ensueño presidencial. Por si este farragoso y ridículo asunto no tuviera, intramuros, suficientes actores torpes, nos viene de la capital el ministro Montoro nasalizando amenazas y anatemas al más puro estilo años 40. Y yo ya no sé, llegados a este punto impresentable, si nos gobierna la generación antero-posterior a  Solís Ruiz o su reencarnación consuetudinaria.

La duda se va transformando en la certeza y en el desasosiego de que algo aquí no va bien, de que poco a poco parece que la pringue va ganando terreno, ante la noticia del doble indulto, por parte del gobierno, a cuatro mossos condenados por torturas a un ciudadano al que, además, detuvieron por error. En febrero pasado el Consejo de Ministros les conmutó las distintas penas de prisión a que fueron condenados por una única de dos años de cárcel para cada uno de ellos que, teóricamente, no tendrían que cumplir al carecer de antecedentes. Como la Audiencia Provincial de Barcelona dictó que, a pesar de todo, debían entrar en prisión, el Gobierno les concedió el antepasado viernes un segundo indulto conmutando el ingreso en la misma por dos años de multa. Y sin ningún tipo de inhabilitación. Ha habido un manifiesto firmado por 200 jueces de toda España que entre otras cosas dice que este indulto “supone un menosprecio a miles de agentes de la Policía que cumplen a diario con sus funciones democráticas”. Bueno, pues así será porque no debe ser de otra manera y no debería ser digno de encomio el hecho de que así sea. Lo normal en una democracia es eso, que la policía, los jueces, los funcionarios, los políticos, los militares, cualquiera que ocupe un puesto dentro de la organización del Estado, se ajuste escrupulosamente en el cumplimiento de sus funciones a las normas democráticas que lo rigen. Por eso me resulta preocupante que el Gobierno de España indulte, no una sino dos veces, a cuatro policías torturadores de manera que las tropelías de estos matones de corral queden impunes y, por ello, justificadas de una u otra forma. Para poner la guinda al pastel, sale a la palestra el ministro Gallardón, (“la izquierda de la derecha” como algunos prisaicos interesados o miopes lo bautizaron), a poner las cosas en su sitio, o sea, en la cochambre más sibilina, mandando callar a los jueces discrepantes y reivindicando el poder del gobierno de indultar a quien le parezca bien. Zapatero indultaba a banqueros mangantes y Rajoy lo hace a policías fascistas. No sé lo que vendrá después, pero esto va camino de la carcunda. Habrá que estar con ojo de chícharo. Y piando, claro.


sábado, 10 de noviembre de 2012

LA OFICINA VIRTUAL

Además de la canonjía que supone el propio cargo, diversos chutes en metálico por movilidad y residencia, beneficios fiscales exclusivos y jubilaciones únicas, nuestros diputados nacionales reciben, al incorporarse como oficiantes al templo de la democracia, un lote-regalo consistente en: un iPhone, un iPad, un módem 3G, línea de voz y datos gratis, ADSL gratis en domicilio particular, asistente y despacho propio con PC, que todo es poco para que puedan cumplir su sagrada misión. Y ahí hubiera quedado la generosa bienvenida, en esa nebulosa etérea que destila el frufrú de las altas instancias patrias, si no fuera porque, en estos días, ha salido a relucir el trasiego que se han traído estos trileros 3.0 con los iPad, que desaparecían o se extraviaban como por arte de magia, de manera que, en apenas 10 meses, casi han acabado con los 50 que el Congreso de los Diputados tenía de reserva. Sus señorías, supuestas víctimas del robo o extravío del artilugio, no tenían más que solicitar otro para que les fuera repuesto. De bóbilis, claro. El asunto no tiene un coste económico excesivo, como se ha apresurado a decir alguno de los protagonistas, y sacarlo a la luz sólo sirve, añade,  para avivar el desencuentro entre la población y la clase política. Pero el tema no es tan baladí como este listillo quiere hacernos creer ni puede despacharse con dos frases hechas, porque el busilis no está en el gasto que supone el cambalache, que también, sino en la actitud de frivolidad y manga ancha en el gasto que patentiza. Y el poso que nos queda no es sólo los euros que nos cuestan, que también, sino la sensación de que estos andobas andan a lo suyo, ajenos y distantes, gastando a su antojo con pose de nuevos ricos y sin intención de renunciar a prebendas, brevas y bicocas varias que el cargo, incomprensiblemente, lleva aparejadas. Me gustaría saber cuántos de estos señoritos prestidigitadores de última tecnología eran de los que aplaudían, con frenesí orgásmico, la batería de recortes que el gallego tarumba que nos gobierna nos embutió este verano. ¿Estará entre ellos la tipa del “¡que se jodan!”?

Y hablando de privilegios, bicocas y despilfarros, por aquí, en plan doméstico, ha vuelto a salir a la palestra el asunto de la oficina del expresidente que, curiosamente, es una oficina de una virtualidad tangible ya que, sin existir, tiene oficinistas e, incluso, automóvil oficial con chófer. Y además, aunque al principio fue una, ahora son dos sin ser ninguna. El lío es gordo, ya ven. Creo que el problema viene de la contradicción intrínseca que acarrea el artículo 3 del Estatuto del Expresidente, que es en el que se apoya este truco de ilusionista y que dice: “Los presidentes de la comunidad autónoma de Extremadura, a partir de su cese, contarán con los medios materiales y personales necesarios para el sostenimiento de una oficina adecuada a las responsabilidades y funciones ejercidas”. Para empezar, los presidentes, a partir de su cese, ya no lo son, por lo que todo lo que viene detrás, huelga. Y como lo que mal empieza, mal acaba, ¿cómo estos entes de razón precisan de una oficina que sostenga de manera adecuada unas responsabilidades y funciones que ya no ejercen? Entonces, ¿qué se ha de sostener, el no-ejercicio? Yo no soy capaz de poner en claro este galimatías, aun teniendo visos de ser sublime.

Como quiera que sea, Rodríguez Ibarra dispone de tres empleados de su confianza a cargo de la Junta porque, según propia confesión, él no tiene dinero para pagarles al vivir de su pensión y a los que, como no le caben en el salón de su casa, ha metido a trabajar en el “Centro de Estudios Fundación Presidente Rodríguez Ibarra” creado por él y centrado “en la experiencia de quien fuera presidente de la Junta de Extremadura durante 24 años”. Dizque los tiene ordenando su archivo personal que pondrá a disposición de cualquiera que quiera estudiar la historia de Extremadura que, por lo que se ve, no se entendería sin él. ¡Qué pretensiones, tía Paca! Y digo yo, si este archivo de Juan Palomo lo obtuvo por su cargo de Presidente, ¿por qué lo tiene en su Fundación y no está depositado en la Junta de Extremadura, que sería su legítima dueña? Y si lo obtuvo por ser, un poner, profesor de la Uex en excedencia, ¿por qué tenemos que pagar los extremeños su catalogación y ordenación? El expresidente alude a su pensión parangonándola, de forma subliminal, con la idea de probidad. Para contrarrestar su desparpajo habrá que volver a decir aquí que, antes de cesar como presidente, dejó atado y bien atado el truco del almendruco de su retiro de manera que, este hito histórico viviente, seguirá cobrando su sueldo íntegro de profesor en activo hasta setiembre de 2019. Alrededor de 5.000 euros mensuales. Un privilegio que, sufragado por la Junta de Extremadura, supone más de un millón de euros anuales, que permanece incólume frente a recortes, ajustes y déficits presupuestarios y del que siguen disfrutando, junto al prócer, 69 elegidos más.  Para finalizar, Rodríguez Ibarra ha declarado: “Yo no tengo ningún problema porque por mucho que intente el periódico HOY desacreditarme, no lo va a conseguir”. Esto ya no cuela, Ibarra, que el acudir a confabulaciones orquestadas es conocida y vieja excusa de ciertos políticos desahogados para escurrir el bulto. Pero es que además, en mi opinión, le supone al HOY la capacidad de obrar milagros, porque si desacreditar es “disminuir o quitar la reputación a alguien”, en el caso que nos ocupa, ¿cómo podría nadie disminuir o quitar lo que no existe?