domingo, 2 de diciembre de 2012

CAMINO A CARCUNDA

Acuciado por preocupaciones que no viene al caso detallar, he tratado estos días de focalizar mi atención en el círculo más querido y cercano, damnificado e inocente origen de mi inquietud, y mantenerme ajeno y a cubierto de los ataques del mundo exterior, léase, noticias y estrambotes con que los distintos personajes y personajillos del escenario patrio nos obsequian sin tiempo para un respiro. Inútil empresa esta de intentar mantenerme incólume y a cubierto, cuando el bombardeo es un fuego graneado de bombas racimo saturadas de sucesos, ocurrencias y disparates. Y, a mayor abundamiento, si uno sigue leyendo compulsivamente periódicos en papel y online.

En cualquier caso, (a la fuerza ahorcan), me ha resultado imposible sustraerme a los vericuetos sorpresivos e imprevisibles por los que ha deambulado la posibilidad de pago de la puñetera paga extra de los funcionarios extremeños, consecuencia desconcertante del atolondramiento y la precipitación del Jefe del Gobierno de nuestra tierra al que, oyendo lo de la sentencia y los millones y digo yo que ansioso por anunciar un oasis en medio de tanto páramo económico, debió de nublársele vista y entendimiento de tal forma que, desde el conocimiento del dictamen del TC acá y en lo que a este tema se refiere, anda ora dándose contundente barrigazo, ora incorporándose desconcertado, rectificando para volver a equivocarse y, sin solución de continuidad, en busca del siguiente charco en el que despanzurrarse, en un afán desmesurado e incomprensiblemente terco en persona de tal rango de no medir antes de saltar. De modo que ahora el pago de la paga está, sin numerario contante del que echar mano, en un limbo jurídico-político que no presagia ningún final venturoso para los hipotéticos receptores de la misma. Me temo que, a la postre, los que en principio debieran haber sido agraciados al final serán los paganos inocentes de tanto dislate populista, de tanta incompetencia y precipitación interesada, y quedarán a dos velas, cacareando y con el mochuelo en sus espaldas de ser una casta de privilegiados, aunque el privilegio ande por los mundos modorros del ensueño presidencial. Por si este farragoso y ridículo asunto no tuviera, intramuros, suficientes actores torpes, nos viene de la capital el ministro Montoro nasalizando amenazas y anatemas al más puro estilo años 40. Y yo ya no sé, llegados a este punto impresentable, si nos gobierna la generación antero-posterior a  Solís Ruiz o su reencarnación consuetudinaria.

La duda se va transformando en la certeza y en el desasosiego de que algo aquí no va bien, de que poco a poco parece que la pringue va ganando terreno, ante la noticia del doble indulto, por parte del gobierno, a cuatro mossos condenados por torturas a un ciudadano al que, además, detuvieron por error. En febrero pasado el Consejo de Ministros les conmutó las distintas penas de prisión a que fueron condenados por una única de dos años de cárcel para cada uno de ellos que, teóricamente, no tendrían que cumplir al carecer de antecedentes. Como la Audiencia Provincial de Barcelona dictó que, a pesar de todo, debían entrar en prisión, el Gobierno les concedió el antepasado viernes un segundo indulto conmutando el ingreso en la misma por dos años de multa. Y sin ningún tipo de inhabilitación. Ha habido un manifiesto firmado por 200 jueces de toda España que entre otras cosas dice que este indulto “supone un menosprecio a miles de agentes de la Policía que cumplen a diario con sus funciones democráticas”. Bueno, pues así será porque no debe ser de otra manera y no debería ser digno de encomio el hecho de que así sea. Lo normal en una democracia es eso, que la policía, los jueces, los funcionarios, los políticos, los militares, cualquiera que ocupe un puesto dentro de la organización del Estado, se ajuste escrupulosamente en el cumplimiento de sus funciones a las normas democráticas que lo rigen. Por eso me resulta preocupante que el Gobierno de España indulte, no una sino dos veces, a cuatro policías torturadores de manera que las tropelías de estos matones de corral queden impunes y, por ello, justificadas de una u otra forma. Para poner la guinda al pastel, sale a la palestra el ministro Gallardón, (“la izquierda de la derecha” como algunos prisaicos interesados o miopes lo bautizaron), a poner las cosas en su sitio, o sea, en la cochambre más sibilina, mandando callar a los jueces discrepantes y reivindicando el poder del gobierno de indultar a quien le parezca bien. Zapatero indultaba a banqueros mangantes y Rajoy lo hace a policías fascistas. No sé lo que vendrá después, pero esto va camino de la carcunda. Habrá que estar con ojo de chícharo. Y piando, claro.


3 comentarios:

Muli dijo...

Muy bueno el comentario.A mí tambien me ha parecido una barbaridad el indulto concedido a los mozos de escuadra.Un abrazo,Jaime.

Anónimo dijo...

Tienes todo la razón en las dos cuestiones que abordas en tu comenntario.Comentario muy bien escrito y muy ameno,como siempre.

agustinromerobarroso@gmail.com dijo...

"Zapatero indultaba a banqueros mangantes y Rajoy lo hace a policías fascistas. No sé lo que vendrá después, pero esto va camino de la carcunda. Habrá que estar con ojo de chícharo. Y piando, claro."

muy clarito, amigo mío, estupendo escrito que suscribo
salud y alegrías