sábado, 1 de abril de 2017

DORADA MEDIOCRIDAD

En más de una oportunidad he traído a colación en estas páginas el escenario que ofrecen las redes sociales para dar protagonismo a un sinnúmero de analfabetos que, con el desparpajo imprudente que les concede la ignorancia, dan en ellas rienda suelta a sus asnadas con una contundencia y una solemnidad abrumadoras. Sus sentencias, la mayoría adornadas con un variado repertorio de aberraciones ortográficas y sintácticas, no solo cocean con saña al diccionario y a la gramática, sino también al más elemental sentido de la ecuanimidad y de la razón. Hay veces en que estas “legiones de idiotas” (Umberto Eco dixit), cuando se dan las circunstancia propicias, se agrupan y, alimentándose unos de la idiotez de los otros, originan un tsunami de sandeces de tal proporción que consigue que una determinada noticia se convierta en  lo que en español podríamos denominar “tema del momento”.  Eso es lo que ha ocurrido esta semana con motivo de los 320.000.000 de euros que la fundación de Amancio Ortega ha donado a la sanidad pública española para la compra de aparatos de diagnóstico y tratamiento del cáncer.

En cualquier país medianamente sensato, suficientemente culto, en el que sus ciudadanos gocen de una anatomía normal, esta noticia hubiera dado lugar no digo ya al aplauso pero sí, al menos, al reconocimiento de su generosidad y de su filantropía. Pero España es otro hábitat, desconcertante, contradictorio y, cuántas veces, mezquino, en el que existen especímenes que tienen alojado en su cabeza el aparato digestivo, de modo que con él piensa y en él digiere determinadas informaciones, para después expulsar de forma diarreica e incontrolable las cagadas mentales más pestilentes. (E incluyo aquí a algunos gurús mediáticos que han querido unirse, con su magisterio dogmático, al coro de incontinentes innominados). Si a esta predisposición anatómica le añadimos que en el caso que nos ocupa no influye tanto el qué, sino el quién, que aquí actúa como un laxante neuronal añadido, la reacción desaforada que ha provocado puede llegar a alcanzar los límites de un brote psicótico colectivo. Porque estoy convencido de que si esta donación altruista la hubiera hecho Bill Gates, por poner un ejemplo, esta exposición de mamarrachadas no hubiera tenido lugar.

(Fuente: elpais.com)
Creo que el mayor error que ha cometido Amancio Ortega ha sido el de triunfar en un país tan cainita y tan envidioso como este. Que el hijo de un ferroviario, que con 14 años empezó a trabajar en dos tiendas de ropas de La Coruña, sea en la actualidad la 4ª persona más rica del mundo, es su pecado original. Y no hay sacramento humano ni divino que pueda perdonárselo. En España, a la aurea mediocritas horaciana se le han dado dos vueltas de tuerca, desvirtuándola y adaptándola al resentimiento de tantos adocenados. Porque aquí la medianía no suele ser la búsqueda consciente que garantice la protección frente a los riesgos que corre y la envidia que suscita el que destaca, sino el producto de la cobardía o de la incapacidad de los que no pueden ser otra cosa; y el ver que “el rayo alcanza las cumbres más altas de las montañas”, no sirve para que los mediocres se sientan satisfechos de su situación segura, sino para que deseen que la catástrofe destruya a los que, arriesgándose, están en la cima. Amancio Ortega es un empresario y la obligación de un empresario es ganar dinero. Esta máxima no sé si es de Perogrullo, pero podría serlo. En cualquier caso, él la ha cumplido con creces en toda su aparente simpleza. Las acusaciones que en alguna cadena televisiva y en algún medio digital dizque trotskista se han vertido contra él, pintándolo como a diablo de seis cuernos, explotador de una infancia deprimida y de unos trabajadores esclavizados, evasor de impuestos y otras lindezas por el estilo, me merecen las misma credibilidad que me merecen esos medios. O sea. Y además, -y esto es culpa añadida a ojos de los defensores de la mendacidad y el reconcomio-, se le ve feliz. Posiblemente porque, dentro de los límites que la vida nos marca, lo sea. Y eso ya sí que es pasarse para estos zopencos.


(Fuente:oncologiaradioterapicamir2010.es)
En medio de todo este galimatías populista y sesgado, valga el pleonasmo, leí ayer la declaración del presidente electo de la Sociedad Española de Oncología Radioterápica, que desentraña, en su sencillez y su concisión, el busilis del asunto: "La inversión nos ayuda a salir de una situación crítica, íbamos a una catástrofe a medio plazo... Nos permite ponernos a un estándar europeo, porque ahora estábamos más cerca de la ratio de un país en vías de desarrollo". Pues de eso se trata, de salvar vidas, imbéciles. 

4 comentarios:

Caita Cruz-Guzman Lopez dijo...

Como la mayoría de los artículos, este es ¡fantástico!.
Que triste cuadro realista!. Menos mal que de cuando en cuando se plasman otras imágenes reconciliadoras

Gracias por tus artículos

Fernando dijo...

Genial articulo, Jaime.ojala lo lean los desgraciados envidiosos que critican a este empresario ejemplar.

juvelca dijo...

Rigurosa reflexión sobre las actitudes de algunos medios y personas, desde luego, no todos los españoles enjuiciamos el gesto altruista de este industrial bajo esos mismos criterios. Es un bellísimo gesto que le honra y destaca su sensibilidad ante esa lacra que es el Cancer. Por otro lado, los facultativos que deberán utilizarlos seguro que no olvidarán jamás ese gesto. !¡enhorabuena!.

Jose Ignacio Ruiz de la hermosa bou dijo...

Ciertamente es penoso que sigamos teniendo envidia de los ajenos porque han conseguido más que nosotros. Y para colmo envidiamos a gente que ha crecido de la nada que viene de dsmilia humilde y que además no olvida sus orígenes pues este empresario ejemplar invierte mucho dinero en ONG o fundaciones para atender a gente desprotegida o con carencias importantes. Es un verdsdero ejemplo a seguir. Mi admiracion y tespeto a este triunfador