viernes, 20 de mayo de 2016

EL CONVERSO ZAINO

A veces me cuesta entender a este país, al que percibo en muchas ocasiones como un eterno principiante siempre comenzando a ser, novicio terco e inseguro absorto en la producción prolífica de asombros. Y, por ende, no soy capaz de aceptar algunas de las situaciones que esta perenne inmadurez provoca. Una de ellas, que me enerva hasta el sarpullido, es la descarada falta de honradez de quienes se presentan ante los ciudadanos como ejemplo de rectitud y de consistencia y, a pesar de que sus acciones o sus actitudes dicen lo contrario, se empecinan en alardear y exponer su cinismo con una ausencia de escrúpulos asombrosa. Cambian de opinión defendiendo una postura y su opuesta, con la misma firmeza impostada cada vez, sin que se les altere un ápice el rictus ni sufran empacho o sonrojo haciéndolo. Es el problema que tiene el populismo,  que no es nada de entrada porque se construye en sentido inverso y edifica sus argumentos y sus propuestas al albur de los vientos que lo mueven. No busca convencer con sus propuestas, sino que las elabora en función de los apoyos que pueda recibir. Con lo que, de salida, tampoco es nada, apenas una estructura doctrinal carente de doctrina, un paripé acomodaticio y oportunista con escasa solidez ideológica. No obstante sus protagonistas, con un desparpajo digno de mejor causa, se nos presentan como los poseedores en exclusiva del remedio para todos nuestros males. Si, en general, el estalaje político tiene un considerable componente de oportunismo jabonoso y de humo de pajas, el populismo hace de esta exposición de embustes interesados su razón de ser. Lo peor de todo, por lo que distorsiona y enturbia la política, es que esta táctica farisea suele tener éxito. Buena muestra de ello son el fenómeno Donald Trump en los Estados Unidos, y los aumentos en número de votos conseguidos por el Frente Nacional en Francia, Syriza en Grecia y Podemos en España, dos a dos aparentemente dispares en su posible ideología y, sin embargo, parecidos en muchas de sus propuestas, ya que todas salen del mismo saco común, del mismo cajón de sastre improvisado y mutante. La endeblez doctrinal es lo que tiene.

De entre los especímenes que nutren la familia ‘podemita’, no hay que quebrarse mucho la cabeza para dar con uno que cumpla los requisitos del buen populista, porque hay una serie de ellos que parecen enfrascados en una competición exteriorizada de charlatanes vacuos. Pero últimamente me tiene subyugado el exjefe del Estado Mayor de la Defensa de España, José Julio Rodríguez Fernández. Fichado para la política por Pablo Iglesias, fue presentado por el líder coletudo como el próximo ministro de Defensa en aquel quimérico y petulante reparto de sillones con que nos sorprendió en su momento. Tras unos primeros días de verborrea propagandista, estaba el hombre últimamente alicaído en el ostracismo a consecuencia del batacazo, ciertamente descorazonador, que sufrió en las pasadas elecciones del 20 de diciembre, en las que no consiguió escaño por la provincia de Zaragoza. Metido de matute para las próximas como número uno en la lista  de Podemos por Almería, cacicada que ha sido blanco de las críticas de la coordinadora de IU en dicha provincia, ha vuelto a salir a la palestra y, en un arrebato de euforia tan propio del converso en fase de meritar, ha declarado con la solemnidad que el momento merecía: “Soy pacifista y antimilitarista”. Y el individuo, aliviado de  la excrecencia, se quedó más ancho que pancho.



En fin, lo de pacifista puedo entenderlo, porque militar y belicista no son sinónimos. Pero que un señor, integrante durante 47 años de su vida del ejército español en el que, para mayor escarnio, ha llegado al punto culminante de su jerarquía, una vez fuera de él confiese sin rubor ser antimilitarista, sólo puede entenderse si quien así se expresa es el mayor hipócrita que vieron los siglos. Porque una de dos: O durante 47 años ha vivido en la impostura y, por muy patriota que se confiese, como él se encarga de pregonar, ha sido desleal, por falaz, con su patria y con sus compañeros; o miente ahora, con lo que está traicionando y siendo igualmente felón con sus posibles electores. Ahí no hay tío páseme usted el río, ni déjame que te lo explique para que tú le entiendas, primo. Pero bueno, con estos políticos volanderos uno cree haber alcanzado siempre el máximo grado de estupefacción posible para al poco descubrir, tras un ligero sopitipando, que ese límite ha sido de nuevo superado. Porque no nos dan respiro de una idiotez ocurrente a otra. Y así hasta la próxima, que estará al caer. O, en su defecto, hasta que el cuerpo aguante sin colapsar.

2 comentarios:

Manuel Cabello Rivero dijo...

De donde saca usted que el EXHUMADAS haya dicho ser antimilitarista? Lo ha sacado usted de 13TV?? A ver, seamos serios, Julio en Almería lo único que dijo es "respetar" las ideas antimilitaristas, repito: respetar, no compartir. Con este nivel de tergiversación no vamos a ningún sitio. Hoy la juez a Rosell ha anunciado no ir en las listas de Podemos por estar acusada...lo grave es que con pruebas prefabricadas por el juez Alba....Ah, de esto no se habla! Gracias señor Alvarez por tergiversar y colaborar con los corruptos!

Jaime Álvarez Buiza dijo...

De nada, señor Cabello. ¿13TV?... Le adjunto un enlace para que se ilustre.
http://politica.elpais.com/politica/2016/05/17/actualidad/1463511703_542539.html