sábado, 20 de febrero de 2016

ANGELITO

Este jueves pasado, a las 8:13 h de la mañana, recibí un wasap remitido desde un teléfono desconocido para mí. No era de alguien que yo tuviera en mi lista de contactos: “Angelito murió anoche de repente. Hoy lo llevarán del Instituto Anatómico Forense al Tanatorio del Puente Real”, decía.  Por un momento no fui capaz de comprender lo que estaba leyendo. Algo debió de bloquearse dentro de mí, quizás en la parte del cerebro que tengamos para sortear a la vida cuando no quieres aceptar los golpes que, inesperada y fríamente, te asesta; cuando quieres escapar de esa crueldad indiferente de la que alardea en su afán de hacer daño y de doler. Al leerla, la sencillez de esa primera frase, tan clara, tan concisa, tan contundente, tan terrible, se enturbió tanto que se me hizo indescifrable. No acertaba a saber. No quería hacerlo. Inútil, torpe intento el mío porque el mensaje, cerrado, incontestable, no tenía escapatoria, ni una tronera que dejara entrever un atisbo de luz.

Pero, a pesar de todo, tuve que verle allí, a través del cristal -espejo sin azogue, transparente ilusión que separa la vida de la muerte- para aceptar su pérdida. Tuve que verle allí, distante y solo, dormido sin soñar, para sentir que nunca más vendría. Tuve que verle allí, presencia ausente, callada y triste música imposible, para decirle adiós. Mientras le contemplaba, inerte y pálido, prisionero en el mundo de la nada, musitaba hacia adentro los versos de Vallejo: “Y el hombre... Pobre... ¡pobre! Vuelve los ojos, como / cuando por sobre el hombro nos llama una palmada; / vuelve los ojos locos, y todo lo vivido / se empoza, como charco de culpa, en la mirada. / Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!”.

Porque dime, Angelito, amigo, hermano, ¿qué hago con tus recuerdos si no estarás conmigo para vivirlos juntos? No servirán de nada, nunca serán consuelo y siempre serán tristes aun en medio de risas. A ellos nos aferramos en un baldío esfuerzo por volver a vivir lo ya vivido, por resucitar muertos y espantar soledades, por conjurar ausencias. A ti y a mí nos ha pasado al recordar momentos con Cosme, con Leoni, con Goyo, con El Niño... Siempre acabábamos más tristes, más callados, más dentro de nosotros. Y ahora, contigo ya del otro lado del espejo, me toca a mí sufrir en soledad. Acompañado, tal vez, pero penando solo porque mi corazón palpita ya repleto de silencios, porque la misma pena es otra en cada sangre. Mientras paseaba con Alejandro por la explanada del Tanatorio, sorteando lágrimas y fantasmas en el absurdo de un día luminoso y fúnebre, me lo dijo: “Nos vamos quedando los viejos, Jaime”. Sí. Y nos quedamos cada vez más viejos, más solos, con más desgarros que suturar.


Yo seguiré viviendo, mi tierno y generoso Belvedere de aquellos días aciagos, y pasaré a menudo por donde me esperabas cada sábado para tomar café. Pero no estarás nunca. Y volveré al rincón del Deportivo y hablaré con Manuel para disimular el imposible anhelo de que llegues. Y tú jamás vendrás. Y un día, tal vez pueda, cuando ya la resaca de la pena haya pasado a ser parte del pulso de mis días, entraré en Universitas. Y no podrás mirarme por encima de esas tus gafas mágicas, perdidas y encontradas tantas veces. Porque tú ya te has ido para siempre. Y yo no sé que hacer para aliviarme, porque no sé qué hacer para llamarte y conseguir que vuelvas.

6 comentarios:

fernando dijo...

Jaime, eres un buen tío. Un fuerte abrazo.

Carlos Rivero. dijo...

Maldita sea!...Que tenga que ser en medio de un profundo y sangrante desgarro donde brote la esencia de tu alma en tristes y a la vez bellas palabras. Creo que Angel estudió magisterio en la misma promoción que yo pero en diferente especialidad, o es que lo veía mucho por allí....¿no, Jaime?
Lo siento. Un abrazo.

Manuel López dijo...

Se traspasan a los lectores tus pesares. Gracias por sentir tan hondo

Manuel López dijo...

Gracias por tu sentir tan hondo

cele dijo...

Cuanto sentimiento. Mucho ánimo jaime

Oscar Gata Garcia dijo...

Gracias por hacerle este gran homenaje ami tío ángel mi "tití" como nosotros le decíamos era una gran persona se le hechara mucho de menos gracias por esta publicación Jaime