sábado, 1 de septiembre de 2012

EL CIRCO AGOSTEÑO

Se acaban mis vacaciones. El lunes volveré al trabajo, ¡bendito sea!, y se iniciará la curva espiral de un nuevo año tras la holganza. Está bien. Es lo que debe ser y ojalá pudieran hacerlo en España, cada año, cinco millones más de trabajadores que ahora andan con la soga de la angustia al cuello. No caeré en el tópico de decir que este mes me sirve para cargar las pilas -frase estomagante que me repatea lo indecible- entre otras cosas porque no sería verdad. Antes al contrario, si un hecho tan antinatural pudiera llevarse a efecto yo creo que, en vacaciones, lo que habría que hacer es descargarlas y volverlas a cargar y mantenerlas así, a pleno rendimiento, para el trabajo. De modo que lo que yo hago es tender una hamaca imaginaria entre el paréntesis que encierra el asueto y, al tiempo que me imbuyo de todos los principios básicos del más delicioso “camastroneo”, zambullirme en ella y gozar de la dulce sensación de no hacer nada o, mejor, de no tener que hacer nada. Cierto es que sigo madrugando, porque me gusta madrugar, pero ahora lo hago para disfrutar del amanecer y regodearme en el cotidiano y parsimonioso milagro de la luz. O sea, me recreo perdiendo el tiempo que, por otra parte, es una manera de vengarte de él y de su inexorable crueldad, sin estar seguro del día en el que vivo ni de la hora que es.

Esta situación de placidez que tiene practicar “il dolce far niente” no me ha impedido, sin embargo, estar atento a los acontecimientos de este curioso mes de agosto que, por momentos, ha transformado el país en un inmenso circo al que envidiaría el mismísimo Ringling. La pista central de este tinglado la monopolizaron, sin duda, Sánchez Gordillo y su lugarteniente Cañamero, especie de Dúo Sacapuntas expropiador, que se han tirado el mes “expropiando”  hipermercados, ocupando fincas y palacetes, y liderando una marcha de jornaleros por las tierras de Andalucía. Banderas al viento, a los sones de las canciones militantes de Quilapayún, iban sembrando los áridos campos andaluces de consignas revolucionarias, en un generoso afán de despertar al pueblo de su letargo y su modorra de años. Resultaba una imagen tan estéticamente moderna, tan cargada de futuro,  que eché en falta, entre hoces y martillos y retratos del Che, una pancarta que gritara “¡Muera Franco!”. No me explico cómo no se les ha ocurrido. No contentos con eso y como si el coraje contestatario les hubiera proporcionado el don de la ubicuidad, aparecían en toda clase de tertulias radiofónicas y televisivas, ora matutinas, ora vespertinas, repitiendo sus elaboradísimos argumentos con la contumacia recalcitrante de un Serafín Latón.

Arrastrados por la fuerza de su ejemplo, los tres parlamentarios de IU en la Asamblea de Extremadura han interrumpido sus merecidos días de descanso y se han unido al movimiento, siquiera haya sido de forma esporádica y testimonial, que tampoco es cuestión de exigir a los peones el ardor guerrero del general. Uno de ellos, más inquieto, participó en el intento de expropiación de un híper en Mérida, acción abortada por la presencia intimidatoria de la policía represora y clasista al servicio del capitalismo; los otros dos, más calmos, acompañaron al líder durante una etapa de “la larga marcha”, llegando incluso a dormir una noche sobre el inhóspito colchón que les proporcionaba el césped de una gasolinera. La lucha exige esos sacrificios, pero los tres hallaron consuelo a sus penalidades exhibiendo sus hazañas. Tal es el poder de convocatoria de este autoproclamado “Gandhi del siglo XXI” que, para demostrar sus ideas pacifistas no tuvo reparo en fotografiarse, trasunto de Bob Esponja con barba y pancarta de “euskal presoak-euskal herrira” o algo parecido, junto a un grupo de militantes de Bildu o congéneres que, como sabemos, son paradigma vivo de la lucha política no-violenta en el País Vasco. Una muestra más de la coherencia ideológica de este personaje sin par.

Ha habido más artistas actuando en este circo patrio agosteño, entre otros: Mario Conde y su entrada en la política activa, el esperpento trágico del etarra Bolinaga, el sainete de la comisión de investigación de los ERE andaluces o la abracadabrante restauración del eccehomo de Borja, de los que trataré de hablar en próximos artículos. Pero ante el temor de que la inspiración tome otros caminos o, simplemente, desaparezca, me voy a permitir dar un salto cronológico hasta el jueves día 30. Ese día escuché en la radio la alocución no sé si de un jefe de pista o de un caricato de este circo patrio, Fernando Manzano, a la sazón presidente de la Asamblea de Extremadura y, por tal, primo de su chófer, que vino a poner la guinda mágica a esta función circense sin parangón. Nos hablaba de la inminente convocatoria de la comisión de investigación sobre FEVAL, con esta perorata que no me resisto a reproducir de forma literal: “Establecerán en la comisión de investigación los plazos, las formas, verán las posibles comparecientes ante esta comisión, etc., etc. Y como presidente de la Cámara le he hecho un mandato a la misma y al presidente de la misma, y es que agilice los trabajos de la misma para, a ser posible, esos trabajos pudieran estar finalizaos lo antes posible”. O sea, algo así como: “si es posible agiliza tú mismo los trabajos mismamente ya”. Un fenómeno, vaya.



3 comentarios:

agustinromerobarroso@gmail.com dijo...

es que los medios, y fines, hacen de todo mero espectáculo, estamos en la Sociedad del Espectáculo, Guy Dèbord "dixit", por eso a los peores se les silencia, y ni salen en las teles del telelediario, ni son circo, ni na de na, matan callando, pero matan, y bien que matan y seguirán matando...
que la salud no canse
agustín

Muli dijo...

Muy bueno.

Juan dijo...

Estaba esperándo impaciente tu vuelta,Jaime.No me has defraudado.Muy bueno el comentario.
Un saludo.