viernes, 11 de febrero de 2011

4.696.600 PARADOS

O sea, un 20,33% de la población activa a verlas venir, 1.328.000 hogares con todos sus miembros en edad de trabajar sin empleo, y el 43,60% de los jóvenes, 909.000, sin trabajo. Y las cifras subiendo trágicamente. Datos para las lágrimas de cualquiera con un mínimo de sensibilidad social. Pero no para el Sexpe porque, según la bochornosa campaña publicitaria que ha emprendido, quienes están sin empleo no están parados, ¡qué dices tú!, están orientándose o formándose. O quizás, digo yo, rebuscando en la basura chatarra que vender, o haciendo cola en los comedores de Cáritas, o esperando en las traseras de los supermercados para reciclar comida o, al menos y al mismo tiempo, eso espero, ciscándose en la madre que parió al gracioso o a la iluminada que ideó semejante escarnio. Porque si, según Fernández Vara, “estar en desempleo no es incompatible con desarrollar itinerarios de inserción y formación” (agárrame el circunloquio), digo yo que, estar orientándose, tampoco debe ser incompatible con el desahogo escatológico.

Si como pienso, y perdón por la digresión, todo aquél que escribe se confiesa de una u otra forma, yo lo hago ahora para reconocer que el problema del paro me sobrecoge de manera especial. No tan sólo por lo que de angustioso tiene en sí mismo sino, también, por haberlo sufrido durante casi dieciocho meses en propias carnes por culpa de una serie de coincidencias de desgraciados elementos. ¡Eso sí que fue una conjunción planetaria, y no la que anunció la pitonisa extasiada, maldita sea mi puñetera suerte! De modo que me encontré, de la mañana a la noche, con 48 años, 3 hijos, sin trabajo, con hipoteca y, lo que es peor (y sigo con la jodida conjunción) con mi santa recuperándose de una enfermedad grave que nos obligaba a viajar a Barcelona una vez al trimestre, huyendo de la muerte y de un insigne ginecólogo local. Sobreviví a la debacle porque ella, maestra en activo, superó la enfermedad y trabajaba. Y yo, parado, en casa, cocinaba y escribía. Y lloraba y escribía. Y planchaba y escribía. Vaya, ni Guillermo Sautier Casaseca al aparato.

Han pasado diez años y el dolor ya es sólo cicatriz indeleble, que no es poco. Pero conozco situaciones cercanas, de ahora mismo, absolutamente dramáticas, en las que la desesperación sólo deja vislumbrar salidas brutales e irreversibles. Y, entonces, la cicatriz vuelve a doler. Mientras, el badulaque de la sonrisa necia sigue en el lamento del escaqueo afirmando, sin rubor, que el paro es un problema estructural de la economía española, al tiempo que posa para la foto con esa impostación de zarigüeya, con Leoncio y Tristón de palmeros sindicalistas y los patronos de comparsa, en el cínico alumbramiento de este “Acuerdo Social y Económico” que en su delirio eleva a categoría de hito histórico, cuando no es más que un navajazo trapero a los pensionistas, un refrito trufado de vacuidades evanescentes muy a la medida de su pobre cacumen. Todo por, haciendo de la necesidad virtud, agradar a la “frau” teutona que venía de inspección y ante la que adoptó una actitud genuflexa propia de alumno mediocre y pelotillero. Sólo espero, por el bien de todos los parados, que la carga de halagos, empachosa hasta la náusea, que ha recibido este ignorante en el último cónclave de Zaragoza, al más puro estilo franquista versión Solís Ruiz, no haya sido sólo una labor de maquillaje, sino más bien de embalsamamiento, para que el cadáver no apeste mientras llegan las exequias. Por si acaso y en un alarde de clarividencia, un inmigrante malí ha intentado saltar la valla que separa Ceuta de Marruecos. Pero, quizás por temor a que el muerto resucite, lo ha hecho en sentido contrario, o sea, huyendo de España, elevando así a categoría metafórica lo que, en otras circunstancias, no dejaría de ser anécdota.

6 comentarios:

Carlos Rivero. dijo...

Hombre Jaime!!!.Muy oportuno tu comentario.
Lo mejor es que lo has sufrido en tus carnes y sabes lo que se siente.
A mis 53 años llevo 25 meses sin trabajo y...con 426 euros de mi subsidio, como único ingreso familiar. Nos queda la salud y un pedazo de pan que llevarnos a la boca cada día. Ilusionado por haber tocado fondo,estoy esperanzado en encontrar un simple trabajo.A pesar de todo, me considero un privilegiado respecto a la situación que padecen otros seres humanos.
Un abrazo.

Jaime Álvarez Buiza dijo...

Vaya, Carlos, no sabes cómo lo siento.
La cicatriz vuelve a doler, ¿ves?
En cualquier caso, te deseo buena suerte y que la pesadilla acabe pronto.
Un abrazo fuerte.

Anónimo dijo...

Lo triste es que hay algunos que nunca pierden

Daniel dijo...

Tremenda situación la de los parados.
Siento mucho por lo que has pasado,Jaime,y lo siento tambien por Carlos.¡Ojalá encuentre pronto un trabajo!
Saludos

StreetSurfer7 dijo...

Hola Jaime, soy Antonio Sudón,
Me alegra que se te hayan resuelto los problemas, yo te comprendo bien. Me encuentro parado con 51 años, desde hace 36 meses, con dos hijos, y una hipoteca (que no soy capaz de pagar), después de haber pasado una depresión, y lo más importante un cáncer de mama que padeció mi mujer (de lo cual se esta recuperando).
Me alegra haberte encontrado por casualidad y haber leído el articulo de tu blog.
Buena suerte y un abrazo.

Jaime Álvarez Buiza dijo...

Lo siento mucho, Antonio. La verdad es que éste es un problema de pandemia. Os deseo mucha suerte a tu mujer y a ti.
Un fuerte abrazo.